1981

Era un día nublado en Londres, lo cual no era nada raro en esos días pues eran mediados de agosto y la temporada de lluvias aún no terminaba. Por lo menos en el mundo muggle hablar de días nublados era puramente climático, en cambio el mundo mágico aun estaba en época de guerra, el señor tenebroso se volvía cada vez más poderoso y de la misma manera como incrementaba sus fuerzas incrementaba su número de seguidores, ciertamente eran días duros en los que ya no se podía confiar en mucha gente y se debía andar con cuidado de no revelar información que no se pudiera contar a cualquiera, cosa que el célebre golpeador de las Avispas de Wimbourne parecía haber olvidado, o tal vez debía escoger mejor a sus amistades... Pero eso era algo de lo cual no se daría cuenta aún.

Ludovic Bagman se encontraba en un café muy popular de la calle Whitehall no muy lejos de la entrada al Ministerio británico de magia, era un lugar muy frecuentado por los magos que trabajaban en algún departamento del mismo, un café cien por ciento para magos, hechizado para pasar desapercibido por los apresurados muggles que por allí caminaban diariamente. El jugador firmaba algunos autógrafos que pedían sus admiradores y contestaba algunas preguntas mientras esperaba a un viejo amigo de la familia.

No tuvo que esperar mucho, pronto se encontraba frente a su mesa un hombre alto de pelo gris grasiento sacando una silla para tomar el asiento paralelo a Bagman.

"¡Augustus! Qué gusto verte" dijo Bagman "Lamento haber cancelado la salida de la semana pasada, pero tu sabes como es el mundo del quidditch" agregó.

"No hay problema Ludo. No tendrás que preocuparte por esos horarios tan inestables cuando termines tu contrato con las Avispas y te consiga un puesto en el ministerio" dijo con una sonrisa amistosa el Sr. Rookwood, si, el jefe del departamento de misterios.

"!Vaya! aun sigo sin creer que harás eso por mi" dijo asombrado "Oh, no me había dado cuenta de que trajiste compañía" dijo Bagman al ver a la niña de pelo negro sentada en las piernas de su padre. "Hola Blaire, que gusto me da verte, cada vez que te veo estás más grande " le dice amistosamente a la hija de su amigo, sabía que no le iba a contestar dado que aun no hablaba mucho que digamos, pero la niña lo conocía desde que llegó al mundo y miraba alegremente a su padrino.

"Y si, apenas son tres años y pareciera que tan solo fue ayer cuando era una criatura diminuta y calva" dice Rookwood mientras ve cariñosamente a su hija.

"Cada día se parece más a Hydra, será una señorita muy atractiva y de linaje" dijo Bagman, no era que estuviera obsesionado con la idea de la pureza de sangre pero era un buen cumplido que podía dar a su ahijada pues venía de una muy buena familia de sangre pura, y eso nadie lo podía negar. "Por cierto, hablando de Hydra ¿cómo se encuentra ella? Tengo bastante que no la veo".

"Muy bien, han tenido ventas excelentes en la tienda últimamente, aunque termina algo exhausta pero tu sabes como le encanta trabajar ahí" contestó Augustus con una sonrisa.

"Eso es muy bueno, y sabes que me alegro pero… ¿no crees que es algo peligroso trabajar en una tienda de esas?" preguntó con preocupación pero sin fijarse en las palabras que había elegido al preguntar.

"¿A qué te refieres con 'una tienda de esas'?" preguntó Rookwood de golpe.

"Bueno yo, lo que quise decir…" contestó Bagman sabiendo que preguntó de una mala manera pero fue interrumpido por su amigo, "Esa tienda pertenece a la familia de mi esposa desde hace años y es de las más reconocidas y de mejor calidad en el mundo mágico, ella y Borgin han hecho un excelente trabajo consiguiendo los más únicos y extraños objetos que te puedas imaginar, ¿o no se te hace eso un trabajo digno para un mago?".

"Vamos amigo, tu sabes que no quise decir eso, es solo que, vaya, no sé cómo explicarme pero no me parece que sean tiempos muy adecuados para el negocio de los objetos de artes oscuras y me preocupo por ustedes tres" refiriéndose a la Sra. Rookwood, a la pequeña niña y a el.

"No hay nada que temer Ludo, gente como nosotros y mi familia tenemos el privilegio de ser sangre limpia, los ataques son solo a los muggles y sangre sucias" dice animado Augustus.

"Cierto, tienes razón viejo amigo" dice más despreocupado Bagman.

Claro que Augustus Rookwood sabía que no había nada de qué preocuparse, o por lo menos el y su esposa, Hydra Burke, no. Siendo partidarios del señor oscuro y aparentando ser una familia digna y honorable no tenían nada que perder. O por lo menos eso pensaba que era lo correcto, pero era totalmente lo contrario.

Para su mala suerte, Augustus no contaba con que dos meses después de esa pequeña charla con su 'amigo' Ludovic, a finales de octubre pasara algo anormal e inesperado para los seguidores de Voldemort y el mundo entero cuando éste fue de alguna manera vencido por un insignificante niño, un tal Harry Potter. ¿Cómo era posible que un niño que ni siquiera mostraba aun señas de que poseyera magia pudiera sobrevivir al ataque del señor tenebroso? Cuando ni siquiera los mejores aurores se le podían acercar ni a un metro de distancia.

Justo cuando pensaba que las cosas estarían bien a pesar del desaparecimiento de su apreciado Lord, Igor Karkarov decide delatar sus actividades como mortifago tan solo unos cuántos días iniciando el nuevo año para ganar su libertad, y por si fuera poco no sólo estuvo Karkarov acusándolo a él sino que también a Hydra y a muchos de sus compañeros seguidores.

Varios lograron salvarse de toda una vida en Azkaban diciendo que se encontraban bajo el maleficio imperius y que no sabían ni estaban consientes de lo que hacían como por ejemplo los Malfoy. Pero los Rookwood llevaban las de perder. Ya que no contaba con que los asistentes que trabajaban para él en el departamento de misterios declararan también en su contra, al igual que Ludovic, quien dijo que no tenía ni la más remota idea de que la lealtad de Augustus perteneciera al lado oscuro. A pesar de que Bagman fuera inculpado por darle información que no debía a Rookwood, no fue encarcelado. Para la suerte del golpeador, los magos que se encontraban en el jurado estaban de su lado (aunque fuera solo por haber dado un fascinante partido de quidditch contra Turquía) y votaron a su favor después de haber mencionado las ofertas que Rookwood le había hecho sobre conseguirle un puesto en el ministerio y que nunca hubiera imaginado que su ´viejo amigo' anduviera en esos pasos.

Los Rookwood sin tener nada que pudiera salvarlos fueron encarcelados en Azkaban al igual que los Lestrange y otros mortifagos, así también como al joven Sirius Black (que en realidad no era culpable). No solo dejaban toda una vida atrás, un buen puesto en el ministerio o una vida llena de lujos y privilegios sino que además de todo eso dejaban a su única hija de apenas tres años y medio completamente aislada de cualquier familiar cercano. Sus abuelos ya no vivían y no había ningún otro pariente directo que pudiera hacerse cargo de ella. Lo peor del caso era que ni siquiera tendrían opción de opinar en cuánto qué sería lo mejor para la pequeña Balire o de tener derecho a verla o saber que harían ella. Fue así como se los llevaron, sin su hija y sin saber absolutamente nada.

El ministerio de magia había pensado en que lo mejor hubiera sido mandarla a un orfanato debido a su falta de familiares, por lo menos algunos que estubiesen vivos y libres. Sin embargo olvidaban que no se encontraba del todo sola, aun se encontraba Ludovic Bagman que contaba con aquellos dos requisitos que pensaban no había en nadie para esa niña. Aunque no fuera familia sanguínea, al ser padrino de la señorita Rookwood adquiría instantáneamente la tutela sobre la misma.

Mas nadie imaginaba cómo sería la vida de Blaire Rookwood a cargo de Bagman.