Disclaimer: Digimon no me pertenece. El título de esta historia se lo robe a la cumpleañera de uno de sus fics (Ironía, capítulo 19) como tributo a su trabajo.
Perdóname por enamorarme de ti...
A mitad de nuestras platicas.
Los sentimientos son algo que no se puede controlar, un momento están ahí y al otro no. Desaparecen y aparecen como un parpadeo. Por eso…
—¡Esto es ridículo! —bufó mientras se levantaba de su asiento.
—Daisuke-kun —le dijo suavemente—, este libro es muy bueno, y tú accediste a que yo eligiera.
—No pensé que fuera así de cursi. —Colocó ambos brazos detrás de su cabeza.
—Pero es para nuestra nota, reprobarás si no te empeñas en esto. —Le sonrió.
—Pero, ¿por qué leemos algo de ese tipo? Tiene apenas seis años más que nosotros, ¿qué sabe él de la vida?
—Pues mucho más que nosotros. Puedes comprobarlo por lo que escribe —exclamó al tiempo que tomaba su bolso y se encaminaba a la salida—. Nos vemos mañana, Daisuke-kun. Suerte con la tarea.
Observó su sombra como si siguiera allí con él, sonriendo y produciendo un sonido del que creía nunca se cansaría de escuchar.
En ese entonces ella era sólo un capricho. No provocaba en él sentimiento más simple que el de ver caer una gota por una ventana. Cuando llegará al final la admiración se le pasaría y pondría su atención en la siguiente gota trasparente. Lo sabía bien, y aun así se empeñaba en querer su atención en lo que el viaje finalizaba.
Ella no parecía darse cuenta.
Lo quería, sí, mucho. Pero su mirada siempre apuntaba más allá de sus ojos, a un lugar lejano, muy lejano. Internamente, Daisuke sabía que los labios de Hikari esperaban con ansias pronunciar el nombre de otra persona demasiado distante.
Su capricho pronto termino. Daisuke lo supo. Supo que entre ellos sólo podría haber amistad. Pero también supo que faltaba conjurar dos palabras para dar por sellado aquel encaprichado sentimiento infantil. Como si fuera parte de algún protocolo inventado hace años y que todos debían seguir.
«Te amo», le dijo una mañana de invierno. Hikari ni parpadeo, ni sonrió, ni se sonrojó. Simplemente lo vio con duda para después abrir la boca con sorpresa. «Gracias», respondió pasando varios minutos, haciendo una reverencia, lo siguiente que dijo Daisuke lo sabía de memoria; lo vio en sueños infinidad de veces. «Lo siento», fue lo último que salió de ella.
Después de aquel suceso la relación que conservaban no se movió ni un centímetro, todo siguió igual. Como debía ser, pues nunca hubo algo en realidad.
٭٭٭
—¡Date prisa!
—Voy detrás de ti.
—En serio, Daisuke, ya eres un universitario —resopló una vez que tomaron asiento y se cerraron las puertas del metro—, ¿cómo sigues siendo a veces tan desordenado?
—Es que ya he crecido —soltó una risotada y ella sonrió con disgusto—. Por cierto, si la tonta de Miyako estaba en problemas por qué no te llamó sólo a ti. Yo ni le caigo bien.
—Pero si ustedes son grandes amigos —dijo sinceramente—. No lo sé, dijo que tú vinieras también, por eso te hable. Se escuchaba alterada.
—Miyako siempre suena alterada.
Durante el viaje siguieron hablando de cosas sin sentido, conversaciones que nunca terminaban porque Daisuke cambiaba el tema abruptamente. Hikari estaba acostumbrada a seguirle el paso. Para ella era como si caminara en un sendero lleno de piedras, las cuales conocía de memoria de tanto andar allí.
—¡Chicos, han llegado! ¡Ken me propuso matrimonio!
Lo dijo sin más, que ellos ni tiempo tuvieron de recibir el golpe.
La mejor amiga de Hikari, y el mejor amigo de Daisuke, pronto se iban a casar. Estaba escrito que pasaría, siempre lo supieron, tal vez por esa razón no les sorprendió la noticia. Aunque no quería decir que no estuvieran felices, era imposible no estarlo al ver el rostro brillante de Miyako mientras les enseñaba el anillo, o al escuchar esa sonrisa cantarina que se tornaba distinta cuando hablaba de Ken y de la futura boda.
—¿Y cuándo se casarán? —preguntó Hikari soltándose del efusivo cuarto abrazo de Miyako.
—Primero terminaré la Universidad, eso quiere decir que… ¡Alrededor de un año! Tan poco tiempo, y con tanto que planear. ¡Hikari! Me tienes que ayudar.
La tomo de las manos, recreando un baile imaginario.
Daisuke reía apoyando sus manos en el estómago. Su risa se interrumpió cuando Miyako lo jaló abruptamente, uniéndolo también a su baile ficticio… ¡Bam! La danza concluyó cuando la frente de Daisuke y Hikari chocaron por accidente.
La chica reí suavemente, colocando una mano sobre el punto rojo de su frente. A Miyako no le pasó desapercibido el gesto de su amigo, porque sí, era su amigo aunque pelearan cada cinco segundos y continuamente se golpearan por error. Daisuke sonreía ampliamente, observaba a Hikari, bajaba la mirada y volvía a observarla. En ningún momento prolífero un sonido estrepitoso, de esos tan comunes en él cuándo ocurría algo divertido. Simplemente esbozaba una sonrisa y la veía.
Miyako recordó entonces parte de su vida escolar, cuando Daisuke era como una sombra de Hikari, cuando la miraba con ansiedad sin que ella se diera cuenta, cuando Hikari era amable con él sin intención de levantar olas infundadas.
El corazón de Hikari; demasiado puro, demasiado profundo, a veces dañaba al corazón de Daisuke; demasiado insurrecto, demasiado rápido. Miyako era la única que notaba el contraste.
—¿Miyako?
—Ah, lo siento, estas últimas horas me las he pasado en las nubes. ¡Ken se verá tan guapo con traje! ¿Te lo imaginas, Hikari? ¡Siento que estoy en un sueño! Debemos tomar una foto para recordar este día, Hikari, ¿puedes?
—Claro pero, no traigo mi cámara.
—Ese no es problema. Tengo una en mi habitación, no es tan buena como la tuya, pero servirá de algo. Enseguida vuelvo.
—Descuida, yo voy por ella.
Y Miyako sonrió maliciosamente. Sabía de antemano que Hikari se ofrecería para buscar la cámara. En cuanto su amiga se fue, ella aprovecho para dirigirle a Daisuke una mirada inquisitiva, de esas que le lanzaba cuando el chico hacia cosas como copiar en un examen o saltarse las clases.
—¿Q-qué te pasa? —preguntó él sin ocultar el sudor de su frente y el terror en su voz.
—Estás enamorado de Hikari.
—De dónde sacas eso, no es verdad.
—Daisuke —suspiró—, eres muy malo para mentir... Pensé que habías dejado eso atrás, no sólo tu sales lastimado con estos sentimientos, ella también, ¿acaso quieres que te vuelva a corretear por toda la ciudad?
—¿Piensas que no la puedo hacer feliz? —Un sabor amargo se impregno en su boca cuando esas palabras chocaron contra su lengua.
—No dudo un segundo que lo hagas. Lo que me preocupa es lo contrario a lo que dijiste.
—Me asusta tener esta plática contigo, Miyako.
—¡No eres el único! —Se abrazó a sí misma, aparentemente temblando—. Me da terror hablarte así. Pero, volviendo a lo de antes, sólo mantente como siempre con ella, no intentes nada, ¿de acuerdo?
En ese momento entró Hikari y la respuesta tuvo que quedarse en el aire. Pero a veces el viento cambia de dirección drásticamente. Quizá aquella respuesta encerrada saldría, tarde o temprano, para rozar más de una mejilla. Y como diría el autor favorito de Hikari: «El viento, a veces, es más cupido que el propio Cupido».
Este capítulo estaba planeado para publicarse el 14 de julio, por algunas razones no lo puedo publicar en los próximos días, así que he aquí el capítulo 1 de este pequeño fic para ShadowLights. Light, de verdad espero que te guste, no es algo extraordinario, pero me esforcé mucho en hacerlo :P (Y vaya que lo hice).
¡Gracias por leer!
