Vale, de acuerdo, esta historia es como la mayor locura que se me ha ocurrido hasta la fecha. Os permito que me matéis cuando la termine xD Pero hasta entonces, ¡espero que os guste!
Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.
- Diálogos.
"Pensamientos"
Memorias/Flash backs/Sueños
Canciones
"Libros/Escritos/Cuentos"
Prólogo
- Así que tú eres otro de los novatos que han entrado al Nuevo Mundo al acabar la guerra... no te pareces en nada a Monkey D. Luffy, muchacho.
- No tengo nada en común con ese niño - contestó el pelirrojo con bastante desagrado a causa de la comparación.
- No me gustas - dijo aquel extraño hombre cabezón con absoluta sinceridad -. O debería decir: no me gustas desde que has atacado mi barco y a mi gente.
- Tsk... Viajabas en un barco marine. Simplemente lo hice saltar por los aires, ¿qué iba a saber yo de que no había marines a bordo sino gays y... travestis?
Aquella pregunta sonó más burlona de lo que hubiese debido. Killer avanzó un paso hasta quedar a la altura de su capitán.
- Kidd - comenzó en un susurro - no deberíamos buscar problemas con la Armada Revolucionaria.
- ¿Qué tienen que ver estos tipos con la Armada Revolucionaria? - Inquirió el capitán, mirando de reojo a su segundo al mando, su mano derecha.
- ¿Ya no le recuerdas? Él - dijo señalando al tipo cabezón - es Ivankov, luchó con Luffy en la guerra de Marineford la semana pasada.
Aquello pareció encender la bombilla en el cerebro del pelirrojo, quien súbitamente frunció el ceño y miró fijamente al extraño tipo que era Ivankov. El tipo del pelo afro azul estaba cruzado de brazos, con cara de pocos amigos y alzó una ceja en dirección a su atacante sorpresa: el novato Eustass "Capitán" Kidd.
- ¿Y bien?
Kidd sonrió de medio lado. ¿Acaso se suponía que ahora tendría que disculparse? Ni en sueños. Se dio la vuelta y alzó una mano a modo de despedida, de un modo bastante arrogante, mientras sonreía con los ojos cerrados y se encaminaba hacia su barco, pues la Log Pose del Nuevo Mundo ya estaba lista para continuar avanzando.
Arrogante a la par que estúpido.
Estúpido a la par que burlón.
Y burlón a la par que canalla.
Fuese como fuese, el caso es que nunca debió darle la espalda a Ivankov. Y pronto pagaría las consecuencias de su actitud.
Capítulo 1: ¿Killer?
Algo estaba martilleando bruscamente su cabeza desde todos los ángulos, tanto desde el interior del cráneo como desde el exterior. Con un tosco gruñido, se llevó una de las manos hasta la frente, retirándose las gafas que siempre llevaba para poder masajearse la sien sin obstáculos. Un movimiento a su izquierda le obligó a entreabrir los ojos con cierto esfuerzo.
- ¿Mejor?
Su tripulante con aspecto de zombie se encontraba apoyado contra la pared de enfrente mirándole con aspecto serio. En un rápido vistazo, Kidd se reconoció su cama y su camarote. Su barco. Sólo que estaban navegando, ya no estaban en ninguna isla.
- Sí - gruñó a modo de respuesta -. ¿Por qué estamos navegando?
- Fue necesario para escapar de ese Emporio Ivankov. No hubo más remedio.
Escapar... Qué poco le gustaba aquella expresión.
Apretó los puños mientras se sentaba incorporándose al borde de la cama. Escapar... La expresión resonaba en sus oídos introduciéndose en su mente como frío veneno. ¿Escapar? Los "Piratas de Kidd" nunca escapaban, ni huían, ni daban la espalda a una batalla. Aunque... se rascó la nuca pensativo y fue entonces cuando descubrió algunas vendas. ¿Cuándo demonios le habían atacado?
La mirada exigente que dirigió a su compañero causó un suspiro por parte de Zombi.
- Ivankov te atacó y quedaste inconsciente después de que Killer pudiese desviar su ataque antes de que impactase de lleno en ti. Por suerte logramos trasladaros al barco y salir de allí antes de que... bueno, de que la cosa fuese a más.
- ¿A más?
- Sí.
Kidd le miró pacientemente esperando una respuesta que nunca llegó. En sus ojos dorados brillaba la rabia y la impaciencia y se levantó bruscamente encarando a su compañero.
- ¿Qué no debía ir a más? ¿A quienes nos tuvisteis que traer?
Se hizo un silencio incómodo. Kidd comprendió sin necesidad de palabras.
- Dónde está Killer - exigió.
- En su camarote, él está...
Antes de que Zombi pudiese terminar de hablar, su impaciente capitán se hizo a un lado y salió con paso firme por la puerta de su camarote. El médico salió corriendo tras él.
- Espere, capitán, Killer está... - nuevamente fue interrumpido.
- ¿Está herido?
- No exactamente, pero no debería... Debería esperar a que él quiera salir del camarote.
- Si no está herido no tiene motivos para ocultar nada a nadie - gruñó Kidd mientras se aceraba a la puerta de su mejor amigo.
Zombi parecía desesperado por detenerle y aquello sólo acrecentaba su curiosidad. ¿Qué demonios estaba pasando? Golpeó varias veces la puerta del rubio sin mucho cuidado, esperando una respuesta.
Nada.
Zombi volvió a intentarlo.
- Capitán, debería descansar... y Killer también.
Fue ignorado olímpicamente por un cada vez más molesto pelirrojo que volvió a golpear la puerta con el puño, esta vez mucho más fuerte que antes.
- ¡Killer! ¡A la próxima tiraré la puerta abajo!
...
Nada. Silencio.
Fue dicho y hecho. Antes si quiera de que Zombi pudiese impedirlo, las bisagras metálicas de la puerta se soltaron bajo la influencia del poder de Kidd y el capitán golpeó la puerta con brusquedad, apartándola de su camino.
Cuando la polvareda del golpe se fue disipando, el pelirrojo pudo distinguir la figura de su compañero de cara a la pared, dándole la espalda. Sonrió.
- Parece que no estás tan mal como decían - murmuró con un cierto deje burlón.
Avanzó un par de pasos pero algo le alertó de que había algo que fallaba en aquella escena. Para empezar, ¿desde cuándo Killer le ignoraba? ¿Y a qué venía la actitud sobreprotectora de Zombi? Y lo más importante... ¿por qué demonios de repente le parecía que la figura de su primer hombre era jodidamente pequeña?
- Oi, Killer.
Nada. Apenas percibió que su amigo cambiaba el peso de su cuerpo de un pie a otro. "¿Qué demonios?" pensó. Avanzó varios pasos hasta situarse justo tras él, comprobando con perplejidad que realmente Killer había encogido de tamaño. Su espalda era mucho menos ancha y era más bajito, también parecía algo más delgado.
- Killer, qué cojones está pasando - exigió.
El rubio suspiró y apretó una de sus pequeñas y delicadas manos sobre el cierre de su camisa antes de voltearse a encarar a su capitán.
Kidd abrió los ojos a más no poder, entre horrorizado y divertido, en un absoluto estado de shock, al ver el busto que impedía que la camisa de su compañero se cerrase por completo. El rubio, o la rubia mejor dicho, sostenía la camisa cerrada con una mano de dedos finos y alargados, con el pulso claramente alterado y la mirada baja, aunque no podía saber eso a ciencia cierta ya que aún llevaba su habitual casco metálico puesto. Los músculos de su cuerpo habían sido reemplazados por curvas excesivamente femeninas, como el perfecto culo que marcaban sus habituales vaqueros o el generoso busto que sobresalía de su blusa. De cualquier caso, la imagen no podía ser más extraña.
Kidd alzó una mano hacia el cabello rubio de la joven, quien se la apartó de un brusco manotazo, soltando sin darse cuenta la camisa.
- Ni se te ocurra - dijo una voz femenina y molesta bajo el casco.
Pero Kidd ya había desconectado. Su mirada, y la de Zombi también, se encontraba atrapada por el generoso pecho de Killer, que acababa de quedar por completo al descubierto. El rubio, o la rubia, se dio cuenta en seguida y mientras maldecía a diestro y siniestro, se cubrió su nuevo cuerpo como mejor pudo.
- ¡Kidd! ¡Maldita sea que sigo siendo yo!
La voz de su "nueva compañera" le sacó de aquel extraño trance y se volvió a mirar a Zombi, exigiendo una explicación, pero fue Killer quien se la dio en su lugar.
- Ivankov me inyectó hormonas femeninas cuando detuve su ataque, ¿satisfecho?
- Lo dices como si fuese culpa mía - murmuró Kidd, ya encontrándole sentido al nuevo estado de su amigo.
- ¡Es que es culpa tuya! ¿Cómo se te ocurrió darle la espalda?
- ¿Y qué demonios querías que hiciese? ¿Que le bailase la Macarena?
Killer puso los ojos en blanco y se levantó hacia su armario en busca de otra camisa.
- Oye, no tendrás algo de ropa... ya sabes, de alguna mujer con la que te hayas acostado - pidió con absoluta vergüenza.
El pelirrojo puso los ojos en blanco.
- No. ¿Acaso esto es permanente?
Se hizo un largo silencio.
- Eso creo. Ahora déjame solo, quiero descansar.
De no haber sido por aquella situación que Kidd sabía que resultaba humillante para su amigo, se habría puesto hecho una furia al haber recibido una orden. Pero no lo hizo. Con una última mirada a su mejor amigo, abandonó el camarote seguido por Zombi, que le acompañó en silencio hasta la cocina, donde comenzaron a picar algo para comer, pues ya era medio día. Ninguno dijo nada en un rato hasta que varios gritos se escucharon por el pasillo. Comenzaron siendo burlones antes de convertirse en agonizantes. Kidd se tensó y esperó hasta que los pasos del agresor se detuvieron frente a la puerta de la cocina, que se abrió de una brusca patada, dejando a una joven con dos cuchillas ensangrentadas en cada brazo enfrente de su capitán. Kidd sufrió un repentino cortocircuito ante la escena y se atragantó con lo que estaba comiendo.
Joder, ¡joder! ¡JODER! ¿Podía haber algo más jodidamente sexy y atractivo en el mundo que una mujer de proporciones perfectas, con la camisa medio abierta y dos espadas ensangrentadas en las manos? ¡Era una jodida mierda saber que esa chica en concreto era, o había sido, un hombre, más concretamente su primer hombre!
- ¡¿Qué demonios has hecho, Killer?
La rubia suspiró y se sentó junto a su capitán con cierta violencia.
- Más les vale no volver a tocarme el culo - sentenció con los ojos en blanco.
Kidd maldijo por lo bajo al comprender lo que significaba aquello. De pronto, aquella situación ya no le hacía ninguna gracia. Sobretodo porque apenas podía apartar su mirada del escote de su compañera.
Continuará...
