DISCLAIMER:
Todos los personajes de esta historia no me pertenecen, están registrados y pertenecen a Stephenie Meyer y su increíble imaginación. Al igual que el nombre del hospital en el que se desarrolla la historia que es propiedad de Shonda Rhimes. La trama, la intriga y el romance que leerán en los capítulos venideros si son de mi autoría.
El Sol entraba por mi ventana y se filtraba por las delgadas cortinas, era demasiado brillante, algo realmente extraño en Seattle, en ese momento me maldije mentalmente por no haberle prestado atención a Alice cuando me intentaba persuadir de comprar las cortinas oscuras, así que me puse la almohada en la cabeza, un sudor frio cubría mi rostro, tan fino que se impregnó en la almohada, era inútil tratar de quedarme dormida de nuevo, había tenido la misma pesadilla de siempre, la que me acompañaba desde hacia mas de un mes cuando dejé la casa que compartía con mi padre en Forks, ese pequeño pueblo donde había nacido, donde había ido al instituto y que solo había abandonado por algunos años mientras iba a la universidad en Phoenix, pero como buen hijo regresa a casa había regresado al conseguir mi titulo. Me levanté despacio, no tenia prisa y algo llamo mi atención, en el espejo mi rostro se veía pálido, las marcas debajo de mis ojos eran demasiado pronunciadas, sentía enojo conmigo misma, no podía permitirme llegar a ese estado, no estaba bien, no era nada saludable para mi psiquis, así que decidí por darme un baño sin pensar mucho en el estúpido sueño, caminé despacio hacia el baño que quedaba fuera de mi habitación, el apartamento estaba solo, señal de que Alice ya se había ido a trabajar, algo que agradecí en silencio, no estaba de humor para escuchar su sermón de "Bella no vale la pena que estés así por ese perro" Pero no era estar así por él, era solo el sentir que todo lo que has planeado para tu vida se había ido a la basura, no era que muriera por él, no, yo no amaba a Jacob del modo que todos pensaban, él solo era mi puerto seguro, mi lugar cálido, por eso había elegido decirle que si a él, todos los hombres que había conocido antes, todos los chicos en los bares, en mis intentos idiotas de ser seductora como Rosalie me lo había tratado de enseñar, el acostarme con James, todo había terminado porque lo tenía a él, pero todo se había terminado en el momento en que Jacob había decidido marcharse a solo unos días de nuestra boda, nadie sabia nada de él, incluso Charlie lo había reportado como desaparecido y lo estaban buscando por todo el estado, hasta que un día llamó diciendo que una fuerza mucho mayor que él le impedían casarse conmigo.
Me metí debajo de la ducha, el agua caliente quemaba la piel de mi espalda, pero de alguna manera sentía que me relajaba, me lavé mi cabello con mi shampoo favorito, y salí del baño, tiritando de frio, hoy aunque el día era soleado, la temporada era del mas crudo invierno. Me vestí con lo primero que encontré y decidí dejar mi cabello suelto, necesitaba encontrar trabajo lo mas pronto posible. Alice y yo éramos amigas desde que tenía memoria, habíamos crecido juntas como hermanas y se pasaba más tiempo conmigo y con Charlie que con su propia familia, por eso cuando necesité un lugar para empezar desde cero en la primera persona en la que pensé fue en ella y Alice no dudo ni un segundo en sacar a la calle a aquella pobre chica con la que compartía apartamento. Recordé con una sonrisa en mi rostro aquel día, en el que no le importó sacar toda la ropa de Bree a la calle antes de que regresara de su viaje a Tacoma, no sin antes dejarle una nota de "Lo Siento" encima de unas horribles botas grises.
Ojeé el Periódico mientras revolvía distraídamente mi cuenco de cereales, las noticias nacionales siempre me ponían de malas, así que fui directamente a la sección de empleos, había de todo, pero un aviso llamó mi atención.
"Seattle Grace Hospital busca Enfermera para el área de Emergencias, Por favor llevar su CV directamente a nuestra oficina de talento humano"
¡Genial! – Me dije a mi misma con entusiasmo, al menos iba a poder aplicar para un trabajo y eso me mantendría la mente ocupada, terminé mi cuenco de cereales y me apresuré a ponerlo en el lavavajillas, eché un vistazo al refrigerador, que se había convertido en nuestro muro, allí pegábamos papelitos con todas las cosas que considerábamos importantes.
Después de unos días habia perdido la noción del tiempo, no tenia idea que día era, aunque todas las noches tuviese ese estúpido sueño, no ayudaba mucho mi orientación el hablar con Alice hasta altas horas de la madrugada, asi que me sorprendí al ver una notita pegada con algo que habia olvidado totalmente.
"Bella, Recuerda tu Cita con el Dr. Gerandy, no llegues tarde"
Por un momento lo había olvidado, Alice había separado una cita con el Dr. Gerandy, un Ginecólogo muy conocido en la ciudad, la verdad al trabajar como enfermera de la Maternidad en Forks había generado en mi un temor indescriptible a los ginecólogos, me estremecí por un momento y me apresuré a organizarme, casualmente el Dr. Gerandy tenia su consulta en el Seattle Grace así que podría matar dos pájaros de un solo tiro.
Preparé mi CV demasiado elegante diría yo, pero de verdad necesitaba el empleo, mis ahorros no eran muchos – no quería recurrir a mi fondo para comprarme un auto– y salí del edificio, el aire frio golpeaba mis mejillas y la nieve caía en espesos copos que rápidamente llenaban la calzada que al estar congelada se convertía en una superficie mortífera para alguien con dos pies izquierdos como yo, por suerte una ancianita que vivía en nuestro edificio acababa de llegar en un taxi.
El Seattle Grace Hospital era un sitio inmenso, el imponente complejo blanco daba un hermoso contraste con el sol que iluminaba la nieve que lo cubría, me apresuré al quinto piso de la torre de consultorios, como lo presagió Alice llegaba tarde, una chica con cabello rubio y rizos demasiado postizos me miró con mala cara.
–¿Qué se le ofrece? – me preguntó sin dejar de mirar sus uñas que parecían falsas también
–Soy Bella Swan, tengo Cita con el Dr. Gerandy a las 10:00 am – dije sin apartar la vista del reloj.
–¡Ah! – Dijo con Despreocupación – Usted debe ser la señorita Marie Swan, Por favor siéntese mientras el Dr. Se prepara – murmuró mientras tomaba el teléfono con interés y susurraba algo demasiado bajo para escucharlo.
Me senté en la elegante sala de espera, habían revistas viejas sobre la mesa y hermosas pinturas en las paredes, pero algo más llamó mi atención, frente a mi había una mujer con el cabello rubio cereza, piel blanca y rasgos muy finos, vestía elegantemente y fijaba su atención en su BlackBerry, a su lado estaba sentado un hombre joven, su cabello destacaba en toda la sala, era de un dorado cobrizo despeinado, sus facciones eran perfectas, su piel blanca contrastaba con la camisa azul oscuro que vestía y en la cual se podía ver su pecho duro, también vestía una bata de médico, creo que lo estuve mirando demasiado tiempo, porque fijó sus ojos de un verde profundo inimaginable en mi, en ese momento sentí la imperiosa necesidad de mirar a otro lado y como no, me sonroje como siempre lo hacia – algo demasiado patético – acto reflejo tomé una de las revistas viejas y empecé a ojearla, creí haber escuchado una risita pero no mire de nuevo. La espera se estaba haciendo eterna y la verdad los chismes de farándula no era algo que me interesara, pero seguía leyendo sin prestar demasiada atención, no quería volver a enfrentarme a la mirada de aquel hombre, de repente él empezó a discutir con la mujer que estaba a su lado e inconscientemente volteé mi vista hacia ellos.
–Tanya, no puedes cambiar de opinión así, ya lo hemos hablado antes y habíamos tomado una decisión– Murmuró él con voz fuerte mientras se presionaba el tabique nasal, parecía nervioso.
–Si que puedo cambiar de opinión, además que más da, estoy cansada de todo esto, si yo hubiera sabido que esto pasaría no me habría casado contigo – repuso sin dejar de mirar su BlackBerry, que no dejaba de hacer un sonido molesto
–Esto no es como comprar un perro Tanya, es nuestro – En ese momento, Tanya, como supuse que se llamaba la mujer, se puso de pie y se marchó. El pobre hombre se quedó sentado, sujetando su cabeza con las dos manos con expresión de derrota.
–Señorita Marie Swan, Por favor siga al consultorio 513– Gritó la mujer de la recepción y me apresuré hacia allá, me sentía mal por el pobre hombre, su expresión desconcertaba a cualquiera, podría haberle dicho que todo estaría bien fuera lo que fuera que estaba pasando pero si yo era demasiado cobarde para mirarlo ¿cómo podría dirigirle la palabra?.
Al entrar al consultorio, me saludó el que debía ser el Dr. Gerandy, parecía demasiado ocupado con un montón de papeles.
–Señorita Swan de antemano queremos darle las gracias por venir – dijo con un sincero gesto de gratitud
Siento haber llegado tarde – Susurré apenada, la verdad no era demasiado común en mi llegar tarde, siempre había sido muy puntual.
No se preocupe, ha llegado a tiempo para tener todo listo, usted ya ha firmado algunos de los documentos, solamente firme este y podemos seguir con el procedimiento – murmuró mientras me extendía un documento que explicaba los riesgos de un procedimiento, algo que me pareció bastante extraño, debían de ser bastante ordenados en este hospital, todos esos documentos para un simple examen de rutina – Pensé mientras firmaba el documento sin prestar mucha atención a lo que decía.
Y dígame Señorita Swan, ¿Ha sentido alguna molestia? – Preguntó el Dr. De manera profesional, mientras yo le comentaba que estaba muy bien en los últimos meses, el Dr. Tomaba atenta nota a todo lo que yo le decía, después de eso me llevo a una pequeña sala donde supuse que me iban a examinar, el mismo sudor frio de la mañana cubría mi rostro y mis labios estaban secos, porque aunque había trabajado en la maternidad, los implementos ginecológicos me ponían demasiado nerviosa.
El metal frio entraba en mi cuerpo, odiaba la sensación de aquellos exámenes, -me sentía violada de alguna manera- escuchaba la voz del Dr. Gerandy pero los pitidos en mis oídos eran mas fuertes, así que recosté mi cabeza en la camilla y respiré profundo muchas veces intentando irme a mi lugar feliz mientras pasaba todo ese rollo del examen medico. Pasaron minutos interminables, creo que tardó mas de una hora, pero no estaba segura, Cuando al fin terminó el Dr. Gerandy me pidió que me quedase tumbada allí por un rato, creo que debió verme demasiado mareada para dejarme ir a casa y una de las enfermeras me paso amablemente un poco de algodón con alcohol para el mareo. No se cuanto tiempo pasó, pero me puse de pie en el momento en que empecé a sentirme bien, la enfermera que no se había ido en ningún momento se encargó de llamar al Dr. Gerandy.
–Señorita Swan, por favor regrese en unos veinte días para chequearla de nuevo y por favor, mantenga reposo por estos días – Dijo con voz profesional
–¿Voy a estar bien? – Pregunté y mi voz sonó demasiado ronca, empezaba a preocuparme la actitud del médico
–Si, va a estar bien, por favor no haga ningún esfuerzo en estos días y si ve algún sangrado anormal por favor háganoslo saber – Repuso el Dr. Mientras salía de la habitación, la amable enfermera que se encargó de recordarme que se llamaba Emily, me miraba con rostro preocupado.
–Haz sido muy valiente, la verdad yo no habría sido capaz de hacer algo como eso – me dijo y me dedicó una sonrisa genuina antes de salir de la habitación.
Todo el mundo actuaba muy extraño, pero pensé que era producto de mi imaginación, tenia tantas cosas en la cabeza en ese momento que en lo menos que me debía preocupar era en la actitud de la gente ahí.
Nota de Autora: Esta es una idea que la tenía rondando en mi cabeza hace mucho y que no sale de mi mente, espero les guste.
