Con aroma a tabaco y jazmín
La soledad es un paso firme
Que no he podido obligarme a dar
El corazón no tiene remedio
Y el tiempo pasará…
Despertó, igual que otras tantas veces a mitad de la noche, un aroma a tabaco inundaba la habitación, como lo había venido haciendo de ya hace tanto tiempo atrás, pero ahora sin razón...
-sin razón... no hay razón...
Aquella joven mujer conocía bien la rutina, marcharse a la cama temprano, dormir solo un par de horas y despertar a mitad de la noche sola, llorosa y con tan solo el aroma de tabaco para hacerle compañía.
No hay nadie…
Llenándome los ojos de amor…
Sacándome del pozo en donde estoy…
La luna estaba ahí...
Y tu no estas…
No encuentro…
La forma de vivir si tu no estas…
No me quiero acostumbrar a no tenerte…
Junto a mí…
-pero no, no estoy tan sola, realmente no lo estoy...
Una sonrisita triste y pálida apenas asomo en sus labios, esos que en alguna otra época fueron sugerentes, soñados; hoy solo reflejaban una quebradiza tristeza.
Dos meses atrás...
Despertó a mitad de la noche y un aroma a tabaco inundaba la habitación, sonrió ante la fortuna de su cama, la joven ilusionista sabía que esto era real, no había truco alguno, todo era real, tan real como el tabaco que para entonces ya se había combinado con el jazmín de las flores en la ventana.
Kurenai miro a lado suyo y allí se encontraba el dueño de su vida, posiblemente tan cansado como ella después de la pelea que poco antes tuvo lugar en aquella pequeña habitación, una pelea entre dos cuerpos y el amor...
Completa, se sentía ...tan completa…, observo con mas atención a aquel hombre y se sintió orgullosa, extasiada, hambrienta, feliz, pero por sobre todo se sintió completa, como nunca antes lo había estado.
Hecho aun lado el largo cabello ondulado que enmarcaba su rostro, se acerco a el y lo beso, tierna y apasionadamente, tanto que casi lo despierta, pero no fue así, ella simplemente se recostó de nuevo, con una sonrisa de entera satisfacción y durmió abrazada de aquel a quien mas amaba.
Tu beso se hizo calor,
Luego el calor, movimiento,
Luego gota de sudor
Que me hizo vapor, luego viento
Que en un rincón de La Hoja
Movió el aspa de un molino
Mientras se creaba el vino
Que bebió tu boca,
La que beso mi boca roja.
Cuando Kurenai despertó, en la habitación no había mas nadie, pero el tabaco permanecía, ese aroma a tabaco que la hacia sentir tan segura.
-segura...
Pensando en eso sonrió de nuevo, recordando la primera vez que lo sintió, tabaco…, segura de que no era el tipo de aroma que le gustaba, volteo curiosa por saber quien se atrevía a fumar en el salón de los jounins y entonces lo vio, aquel hombre joven que la miraba atento sin que ella se hubiese dado cuenta antes, lo miro con atención, se trataba del hijo mas joven de Lord Hokage, el no solo había heredado la sonrisa franca de su padre, también había heredado ese molesto habito. Ese molesto habito que para ella, ahora en este momento era fundamental, necesario para respirar, y respirando su fortuna se dirigió a la cocina de aquella reducida casa, ahí estaba el, esperándola, parado frente a la parrilla, cocinando dos trozos de carne y con un cigarrillo en la boca.
- buenos días
-buenos días, dijo el y la beso de nuevo
Asuma amaba a esa mujer firme, honesta y simple, la observo con atención mientras ella abría la ventana para sacar los jazmines que el mismo le había regalado poco antes, el no lo sabia pero inconcientemente acariciaba su espesa barba mientras la veía o cuando pensaba en ella, de la misma manera en que lo había hecho hace casi tres años atrás cuando descubrió a la recién llegada en el salón de los jounins y pensar que poco antes de aquel día, él aun la consideraba como a una niña a pesar de tener la misma edad.
Puede que te quiera secuestrar
Y después te vaya a torturar
No se... a que se deba el querer tenerte
Pero solo quiero contemplar
Cuantas de tus pecas
Puedo yo entender
Por que ya no puedo esperar
Quiero que te vengas conmigo
A tomar un té...
Se sentaron juntos para comer, ninguno de los dos quería demostrarlo pero ambos estaban hambrientos, si acaso para besar y para comer eran los únicos momentos en los que Asuma soltaba su siempre presente cigarrillo, pero aun así entre bocado y bocado, aspiraba un poco del cigarrillo, y en mas de una ocasión se había confundido dándose cuenta del error con pedazos de tabaco en la boca, ah pero al momento de besar, jamás cometió un solo error, la boca de Kurenai le daba mas placer que cualquier cigarrillo.
Al terminar el desayuno se despidió de su amada, dando un último beso mientras aspiraba el aroma de jazmín de su cabello, ese aroma que ya se había entrelazado con el tabaco de su dueño amado. Tenía que llegar a tiempo a su casa, tomar un baño y dirigirse al salón de los jounins.
Después del asesinato de su padre, muchas cosas habían cambiado en la aldea, si bien se trataba de la misma gente valiente y orgullosa, el cambio mas directo había sido cuando la princesa Tsunade tomo el trono y las obligaciones del anterior Lord Hokage, y tan grande y repentino fue el cambio que aun había a quienes se les dificultaba llamarla Lady Hokage, cosa que no hacia muy feliz a la princesa. Asuma por su parte tenia la certeza que Lady Hokage era lo ideal para su pueblo en estos tiempos de necesidad.
Al terminar la junta en el salón de guerra, se apresuro para ir a la florería de los Yamanaka y sin darse cuenta de la divertida mirada de su alumna, tomo un hermoso ramo de jazmines y se dirigió a pagar.
-para quien son las flores?
- eh? No… para nadie en especial
- ah si? bien de cualquier manera saluda a Kurenai de mi parte
- a Kurenai!! Por.. por que??
Salio de la tienda un poco sonrojado y pensando en que cada vez era mas difícil ocultar ese amor, camino por las calles de la aldea hasta llegar a la tienda de bollitos rellenos, y antes de llegar pudo ver a la mujer que amaba sonriendo junto con una de sus amigas mientras pedía una orden de bollitos.
Kurenai no podía creer lo que Anko le contaba, cada día se sorprendía mas de su extrovertida amiga y su explosivo carácter, un poco cuerda un tanto loca, así la describiría, hasta que sintió el aroma de tabaco en el ambiente y se supo felizmente observada, entonces decidió jugarle alguna broma a su amiga, y haciendo uso de su maestría en ilusionismo desapareció cual viento enmarcada por las hojas revoltosas de aquel otoño.
esta es la primera parte de la historia
aiss acabo de tirar la copa de tinto sobre el teclado y ahora debo limpiar
