Capítulo 1: El poder de Harry empieza a desarrollarse.

Harry Potter se quedó mirando hacia la ventana, tenía la sensación de que era vigilado por alguien, pero todas las veces que se había asomado por la ventana, no había nadie, tal vez el que lo espiara no quería ser visto, pero no podría engañarle, por lo menos no a él. El joven pelinegro de ojos verdes, y una cicatriz con forma de rayo, se levantó de la cama, ya estaba aburrido de estar allí tumbado todo el día, sin hacer nada. Desde la muerte de su padrino, Sirius Black, Harry Potter lo había pasado muy mal. Además, ahora que conocía la profecía, el chico sabía que su vida sería aún más peligrosa que antes, ya que tenía que matar a Lord Voldemort, o sino sería éste el que lo matara a él, ya que ninguno de los dos podría vivir mientras el otro siguiera con vida. Este miró unas cartas que tenía sobre la mesilla de noche, eran de sus amigos, que parecían bastante preocupados por Harry, y eso se notaba en sus cartas, aunque a este todavía no se había molestado en contestarlas. Harry volvió a mirar por la ventana, pero seguía sin haber nadie, lo único que se podía ver, eran las gotas de lluvia cayendo con fuerza sobre el suelo.

Harry decidió que sería mejor salir a la calle, aunque estuviera lloviendo, por lo menos tendría la oportunidad de ver al que lo espiaba, además, no le importaba mojarse. El chico bajó las escaleras despreocupadamente, pero al llegar a la puerta alguien le gritó, este se dio la vuelta y se encontró cara a cara con sus tíos, Vernon y Petunia Dursley.

―¿Se puede saber a donde vas, Potter ―preguntó su tío.

―Pues la verdad, no, no se puede saber ―contestó Harry dándose la vuelta, dispuesto a irse.

―¡Quieto ahí Potter, en primer lugar no me hables con ese tono ―dijo Vernon. Harry sonrió, la verdad le gustaba hacer rabiar a su tío, aunque antes no lo hubiese demostrado.

―No pienso hacerte caso tío, pero te diré a donde voy si eso te hará sentirte mejor, solo voy a dar una vuelta ―contestó Harry, aunque su tío tenía ganas de seguirlo y atraparlo, no lo hizo, este parecía algo asustado, por el tono de voz de Harry. Cuando Harry estaba a punto de cerrar la puerta para irse, añadió―: Por cierto, alguien vigila la casa, y creo que es un mortífago, o sea, un aliado de Voldemort.

Harry cerró la puerta con tranquilidad, y luego echó a caminar por la acera de Privet Drive, sin dirigirse a ningún lado en especial, una sonrisa se formó en su cara al ver la cara que habían puesto sus tíos cuando había dicho aquello.

Un joven de pelo rubio y ojos grises, había estado observando como Harry Potter salía de la casa de sus tíos, dejando así la protección que su madre había dejado en la casa, pero este no se había molestado en seguirlo, al contrario, se había quedado en su sitio, alerta, aunque cuando vio que Harry desapareció por una esquina, este empezó a andar sigilosamente, sin ser visto por nadie, hasta que alguien lo llamó.

―¡Malfoy! ―El joven de pelo rubio se dio la vuelta, y vio a dos figuras enmascaradas acercándose a él, este miró hacia los lados, al parecer no quería que ningún muggle los viera por allí.

―¿Qué queréis? ―preguntó el joven.

―El Lord quiere que vayas a verlo ―fue la simple contestación del mortífago―. Ahora mismo.

El joven miró hacia donde Harry había desaparecido, los mortífagos entendieron al instante porqué lo había echo.

―No te preocupes, nosotros nos ocuparemos de Potter ―dijo el otro mortífago.

―Está bien, pero no lo ataquéis si no es necesario, solo limitaros a seguirle, hacerme caso, Potter es más peligroso de lo que parece ―dijo el joven, que al parecer tenía dominio sobre los otros dos, después este desapareció dejando cierta oscuridad en la zona.

―Maldito crío, no sé como ha conseguido que el Lord confíe tanto en él, solo es un crío novato ―susurró el mortífago.

―Cállate y sigamos a Potter ―dijo el otro mortífago. Después los dos echaron a andar por donde Harry había desaparecido, pero no sin antes volverse invisibles para no ser vistos por ningún muggle.

Harry seguía caminando tranquilamente bajo la lluvia, le daba igual mojarse y luego resfriarse, en realidad su vida ya no le importaba para nada, ya que la mayoría de sus seres queridos habían muerto, ahora solo le quedaban los Weasley, aunque Harry dudaba si ellos de verdad eran como su familia, porque si fuera así ya lo habrían ido a buscar, aunque Harry no llevaba ni una semana en Privet Drive, y además, los Weasley nunca lo habían ayudado, en cambio él a ellos si, a Fred y George les había entregado mil galeones para que montaran su tienda, en cambio ellos no lo habían recompensado, a Arthur Weasley lo había salvado de morir desangrado a causa de una serpiente, y no una cualquiera, sino de Nagini, la serpiente de Voldemort.

Harry se detuvo, volvía a tener la sensación de que era espiado por alguien, y esta vez seguido también. El pelinegro se dio la vuelta, aunque no vio a nadie, este volvió a echar a caminar lentamente hacia delante como sino sospechara nada de que era seguido por dos mortífagos de Voldemort, pero en realidad si que lo sospechaba, este esbozó una sonrisa¿acaso creían los mortífagos que se iba a dejar engañar con facilidad?

El chico dobló una esquina con rapidez y luego se metió en un callejón subiendo por unas escaleras que daban a una casa y agarrándose a ellas boca abajo, cosa que hizo que los mortífagos lo perdieran de vista. Estos se acercaron al lugar por el que se había escondido Harry, pero para nada lo vieron, el chico sonrió, ahora era su turno, y le daba exactamente igual que en el Ministerio de Magia lo detectaran. Harry sacó su varita y se dejó caer encima de los mortífagos que pegaron un grito por el susto, Harry se puso en pie lo más rápido que pudo y les dio una patada a las varitas de los mortífagos alejándolas de ellos, el chico les apuntó con una sonrisa macabra en la boca.

―¿Qué vas a hacer chico? ―susurró uno de los mortífagos con una nota de pánico en la voz, que Harry notó perfectamente―, si nos atacas vendrán los del Ministerio de Magia a detenerte.

―Ja... a esos no les tengo miedo, en cambio vosotros si que lo tenéis, lo que pasa es que queréis que no os ataque, porque no queréis ni morir ni ir a Azkaban ―contestó Harry triunfante al saber que no se equivocaba―. Mmm, a ver¿qué puedo hacer con vosotros? ―El chico parecía estar reflexionando, aunque en realidad tenía muy claro lo que quería hacer con ellos, matarlos, claro que tal vez en ese momento lo mejor era que fueran enviados a Azkaban, y luego, más adelante, ya podría matar a todos los mortífagos que quisiera―. Está bien, por esta vez os dejaré vivos, pero no pienso permitir que os marchéis. ¡Desmaius! ―Harry realizó solo una vez el hechizo, y los dos mortífagos quedaron inconscientes en el suelo, luego el chico decidió que era mejor atarlos―: Incarcerous. ―Harry rompió las varitas de los dos y luego se fue de allí, pero antes conjuró un Patronus en dirección a los miembros de la Orden, así vendrían a buscar a los mortífagos, pero lo más extraño es que no era su Patronus, Harry se había concentrado en hacer otro distinto, y lo había conseguido, su Patronus había salido con la forma de un león y con las alas de dragón, cosa que impresionó bastante al chico.

Harry se volvió a esconder en el lugar en el que estaban las escaleras, pero esta vez subiendo a la terraza de la casa, claro que antes se aseguró de que no hubiera muggles que lo vieran y luego allí esperó a que viniera algún miembro de la Orden a recoger a los mortífagos que seguían inconscientes en el suelo, esto solo lo hacía para asegurarse de que estos no escaparan. Harry vio llegar a algunos miembros de la Orden, entre ellos estaban: Remus Lupin, Arthur Weasley, Alastor Moody, Kingsley Shacklebolt y Nymphadora Tonks, pero a los demás no los conocía.

―¿Alguien sabe que ha pasado aquí? ―preguntó Alastor.

―No, lo único que puedo contestarte es que un Patronus apareció en el cuartel general con un mensaje de que había unos mortífagos en Privet Drive, al principio creí que era una broma, porque nunca había visto aquel Patronus, pero ahora veo que es verdad ―contestó Remus, aunque seguía pensando en quien podría haber mandado el mensaje.

―Esto es muy extraño ―dijo Tonks.

―Ya, pero por lo menos tenemos a dos mortífagos, y tal vez nos cuenten algo sobre el paradero de El-que-no-debe-ser-nombrado y sus mortífagos ―dijo Arthur.

―Tienes razón, será mejor que los llevemos ya al Ministerio de Magia, y luego a Azkaban ―dijo Kingsley, los demás asintieron.

―Creo que yo iré a ver como está Harry ―dijo Remus.

―Yo te acompaño ―dijo Tonks, y Arthur también se unió.

Harry subió a toda velocidad a la cima de la casa y luego echó a correr por los tejados lo más rápido que podía, tenía que llegar cuanto antes al número 4 de Privet Drive, porque sino lo encontraban allí sospecharían. Harry saltaba de tejado en tejado, sin preocuparle si se caía o no, solo le preocupaba llegar cuanto antes. El chico empezaba a sorprenderse de los saltos que daba, y de la velocidad a la que corría, hasta que llegados a un punto saltó al suelo embarrado cayendo de pie sobre un charco que hizo que se ensuciara todo.

―Oh no, que mierda ―dijo el chico intentando quitarse el barro de la cara, este vio la puerta de su casa a unos metros de allí, por lo que echó a correr yendo a la parte de atrás de la casa. Harry miró la ventana de su habitación, que para su mala suerte estaba cerrada, por lo que tendría que volver a usar la magia, pero Harry decidió intentar otra cosa, aunque nunca lo había intentado. El pelinegro miró fijamente la ventana, concentrándose con fuerza, la ventana empezó a moverse poco a poco, hasta que al final se abrió del todo―. ¡Genial! ―Harry cogió impulso, y de un salto entró por la ventana de su habitación, manchando todo el suelo del barro que tenía en los pies―. Aunque todavía no tengo ni idea de porque tengo este poder... Bueno, dejaré de darle más vueltas, tengo que cambiarme antes de nada. Fregotego ―dijo señalando al suelo y a su propia ropa, que quedaron tan limpios que Harry pensó que cualquiera confundiría el suelo con un agujero, hasta había perdido el color que tenía―. Anda, creo que me he pasado. A ver, que puedo hacer... Mmm, tendría que conocer más hechizos del hogar... Bueno, de momento una alfombra lo cubrirá. ―Harry puso su alfombra sobre el suelo, y luego se secó él mismo con otra sacudida de varita, luego el chico volvió a bajar las escaleras, y justo en el momento en el que llegó abajo, alguien llamó a la puerta, claro que el tío Vernon se le adelantó y abrió la puerta, mirando sorprendido a los hombres y la mujer que estaban fuera, que sonrieron en cuanto vieron a Harry detrás de Vernon.

―Hola señor Dursley... ―empezó a saludar Arthur Weasley, pero el tío Vernon lo interrumpió.

―¿Se puede saber que hacen ustedes en mi casa? ―preguntó Vernon empezando a alterarse.

―Es lo que te íbamos a decir ce... ―empezó Tonks, pero Remus le dio un codazo para que se callara, porque sabía que esta iba a decir cualquier palabrota en contra de Vernon.

―Le íbamos a decir que queríamos hablar con Harry ―dijo Arthur―, si nos deja pasar claro.

Vernon refunfuñó, pero luego dijo:

―Está bien, pero será mejor que no molesten y que vayan a la habitación del chico. ―Remus, Tonks y Arthur entraron siguiendo a Harry que se dirigía a su habitación, mientras que el tío Vernon cerraba la puerta murmurando algo inteligible, pero seguro que era algo malo.

―Hola Harry¿qué tal estás? ―preguntó Remus en cuanto llegaron a la habitación del chico, este no contestó, solo se cruzó de hombros―. Ejem, bueno... solo veníamos a ver si estabas bien, un par de mortífagos estaban en Privet Drive, pero alguien los ha capturado, claro que no sabemos quien es¿has visto a alguien extraño por aquí? ―Harry negó con la cabeza, este seguía sin hablar―. Em, bueno, solo... intenta no salir mucho, no son muy seguros los alrededores. ―Harry asintió con la cabeza―. Esto, adiós...

Harry volvió a asentir y luego el chico se tumbó en la cama y cerró los ojos, los otros tres se miraron un poco sorprendidos y luego se fueron del cuarto de Harry.

―¿No creéis que Harry está muy raro? ―preguntó Tonks una vez fuera de la casa.

―Decir que está raro es poco, ni siquiera nos ha dirigido la palabra ―dijo Remus―, creo que algo le está pasando, aunque no tengo ni la menor idea de lo que puede ser...

―Será mejor que dejemos de lamentarnos por el momento, y vayamos al Ministerio de Magia, tal vez aquel par de mortífagos nos digan quien fue el que los atacó, y así sabremos quien es el que te envió ese Patronus, del cual no has dicho siquiera la forma ―dijo Arthur.

―Hum, el que realizó el Patronus debe de ser alguien muy poderoso, porque este tenía la forma de un león con alas de dragón ―contestó Remus sorprendiendo a los demás.

―Increíble ―dijo Arthur―, pero ese Patronus no es un simple león, por lo que has dicho, si fuera real, sería una... una... ―Este no parecía encontrar las palabras adecuadas.

―Algo como un ser mitológico ―dijo Remus para echarle una mano.

―Sí eso, los leones con alas de dragón se extinguieron hace muchos años, y casi nadie conocía su aspecto al completo, y menos el nombre de dicha criatura, pero si alguien ha mandado un Patronus con esa forma, debe de saber muy bien como son ―dijo Arthur.

―Uff, esto no da muy buena espina, mejor vayamos al Ministerio, y luego hablaremos sobre esto en la Orden.

Los tres se alejaron hasta unos matorrales, y luego se desaparecieron, aunque Harry no los había visto hacerlo, el chico supuso que habían echo eso. Vaya, no sabía que un león con alas de dragón fuera un ser tan poderoso... Je, esto me empieza a gustar, no sé como, pero cada vez me siento más poderoso. El chico volvió a sonreír, estaba cada vez más cerca, dentro de poco tendría el poder necesario para vencer a Voldemort, y así haría pagarle todo lo que había echo hasta la fecha. Harry se volvió a tumbar en la cama, y se quedó dormido al instante, ya que llevaba días sin dormir bien.