Aviso: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Stephanie Meyer. Y la historia está basada en el dorama coreano perteneciente a la cadena televisora SBS. Todo esto es sin fines de lucro, y solo por mero entretenimiento.
1. Una noche tormentosa
Bella's POV
La lluvia es una de las muchas cosas a las que le temo, no al agua cayendo, sino más bien a la sensación de encierro que aumenta con cada rayo que resuena en mis oídos, esa sensación de no poder huir de los susurros que me persiguen.
Un trueno suena partiendo el cielo y me apresuró a separar las bolsas de basura orgánica de la inorgánica. Los carteles que había puesto la semana pasada diferenciando cada cesto parecían no ayudar a los inquilinos.
Otro rayo cae, esta vez más cerca y juro que puedo sentirlo en mis pies. Sacar la basura bajo la lluvia apesta. En ambos sentidos.
—Bella. —una voz llama a mis espaldas.
Mierda. Odio cuando averiguan mi nombre. Si la ignoro quizás funcione esta vez.
— ¡Bella! Despierta niña, tienes trabajo que hacer.
Falsa alarma, solo es la señora Clare regañándome una vez más. Me giró para recibir la nueva orden a pesar de que ya estoy haciendo lo que me pidió hace unos minutos.
— ¿Sí?
—Ve a limpiar el apartamento 404, tendremos un nuevo inquilino por la mañana. — su voz que antes parecía huraña ahora desborda felicidad.
—El 404 está ocupado por la pareja de recién casados —le recordé, no quería hacerla enfadar pero a veces su memoria tenía fallos y me negaba a pensar que otra vez habían desalojado ese apartamento, la razón me daba escalofríos— Los vi esta mañana.
—Esos malagradecidos ya no están, se fueron esta tarde, ni siquiera me dieron tiempo de aviso para poner un anuncio en el diario y suplantarlos, la renta prácticamente esta regalada y así me lo pagan— da un bastonazo en el suelo y en sus ojos se lee como si quisiera correrlos con su bastón por toda la calle. —Por suerte Dios aprieta la soga pero no ahorca, un muchacho acaba de llamar desesperado por un apartamento barato, es como si fuera el destino.
Fríos dedos rozan mi hombro e intento no prestarle atención, me enfoco en la señora Clare y en su descripción del joven que la impresiono al teléfono con su amabilidad y educación, según ella, ya no se veían esos modales hoy en día.
Los roces de hielo se convierten en un fuerte agarre, mi hombro se estremece por el frío, y mi cuerpo tiembla sin poder evitarlo. Otra vez no. Por favor, otra vez no.
— ¿Bella? ¿Me estas escuchando? ¡Niña maleducada! —la frente de la señora Clare está más arrugada de lo normal—Lo dicho, ya no hay educación en los jóvenes.
Hago acopio de valor y me zafo del frío agarre.
—Lo siento.
—No tienes remedio muchacha, fuera de mi vista. Y será mejor que tengas listo el 404 para mañana si no quieres perder tu trabajo. — Se da vuelta para irse, pero la suerte no está de mi lado esta noche, algo la detiene y vuelve a dirigirse a mí — Es mejor que quitemos la mesa de luz de ese apartamento, la pareja que se fue dijo que no los dejaba dormir por los ruidos en los cajones.
— ¿Ruidos? —susurro mordiendo mi labio, odio cuando esas cosas pasan. — ¿Otra vez?
—Es la sexta vez que dejan el apartamento por esa nimiedad, es mejor sacarla si tanto les molesta— refunfuño enojada, dicho esto se fue murmurando por lo bajo sobre lo quisquillosas que podían ser algunas personas.
La señora Clare desaparece por el pasillo dejándome sola, la sensación de encierro por la tormenta vuelve con más ganas a mi interior y decido que entre más rápido limpie el 404, más rápido podré ir a esconderme a mi habitación.
Camino a gran velocidad por los pasillos y subo las escaleras evitando el elevador, no es buena idea usarlo en una noche de tormenta, y menos con mi problema.
El 404 no tiene nada de especial, es un apartamento como cualquier otro, cuenta con un dormitorio, un baño, una pequeña cocina que a la vez es comedor, buen precio, ¿Qué haría que las personas lo desalojaran con tanta rapidez?
Eso es algo que solo yo puedo ver.
No cuesta mucho limpiarlo y dejarlo listo para es siguiente inquilino. Ya casi he terminado. Casi.
Había podido ignorar la presencia que se cernía sobre la mesa de luz en el dormitorio, y solo porque ella lo había permitido, permanecía quieta y en silencio. Esperando. Ella sabe que debo llevarme la mesa de luz, y hará cualquier cosa para detenerme, y eso incluía asustarme hasta las entrañas o enfriarme. Odiaba el frío.
Por favor.
Su susurro es fantasmal, casi como en las películas, solo que más espeluznante. Me acerco simulando no escucharla. A veces funciona me recuerdo.
Por favor. ¡Debes ayudarme!
¡A la mierda! No sacaría la maldita mesa de luz, el siguiente inquilino tendría que aguantar el alma que residía en los cajones. Yo no.
No te vayas. Escúchame. Sé que puedes.
Esa fue su última advertencia, el alma me atravesó dejándome helada por dentro, mi estomago se contrajo por el frio, no satisfecha con la primera vez, se dio vuelta y volvió a atravesarme.
Me sentía como si estuviera en una montaña helada, el frío me rodeaba por dentro y por fuera.
-¡B-as-s-s-t-ta!— dije como pude, mis dientes castañeaban sin mi permiso, el frio atenazaba mi corazón, el ya tan conocido miedo me recorría el cuerpo dejándome con piel de gallina. Mis ojos estaban secosPero había aprendido que llorar no servía de nada, no con ellos.
No quería hacerlo muchacha. Lo siento, no estabas escuchando.
No iba a escucharla, esto solo conduciría a algo que no quería.
Me dispuse a correr pero el alma corto mi escape. No otra vez. Cubrí mis ojos con las manos y me deje caer apoyada en la pared. ¿Por qué a mí? ¿Qué había hecho para merecer esta maldición?
— ¡Váyase!
¡Hazlo por mis nietos! ¡Ellos lo necesitan!
Podía sentir el frío arremolinándose a mí alrededor, ¿volvería a travesarme?
— ¿Después seguirá su camino? ¿¡Lo promete!? ¡¿Dejara de molestarme?!
Lo prometo. Solo necesito este favor y me iré.
Mi respiración estaba descontrolada, mi estomago tenía tantos nudos que podría vomitar en cualquier momento, no importaba cuantas veces interactuara con las almas, el miedo siempre me dominaba, una reacción totalmente normal, pero estaba lejos de acostumbrarme.
Lentamente me puse de pie y la mire a los ojos. Todas las almas lucían diferentes, según como hubiera sido su muerte. Esta alma era una abuelita que parecía casi tierna por su baja estatura y sus pequeños rizos, podría soportarla si no fuera porque sabía que era capaz de atravesarme con tal de que la escuchara.
Odiaba cuando pasaban a través de mí.
— ¿Qué necesita?
En el tercer cajón de la mesa de luz hay un compartimiento con bonos.
Seguí sus instrucciones de cómo abrir ese compartimiento que desconocía, y efectivamente, ahí había un fajo de bonos.
— ¿Qué debo hacer?
Por favor, llévaselos a mis nietos.
— ¿Ahora? Abuelita, es muy tarde y está lloviendo.
Un poco de agua no va a derretirte muchacha.
Este era un típico problema con las almas, ellas no recibían un "no" como respuesta después de que aceptaba escuchar sus peticiones.
Mi nieto Mike está metido en el mundo de las apuestas, sino paga mañana sus deudas…
Ella parecía a punto de echarse a llorar, no había nada más triste que una abuela llorando, aunque las almas no derramaban lágrimas reales, aun así me conmovió.
—Está bien, pero tiene que prometer que después seguirá la luz y se irá… a donde quiera que sea que vayan las almas.
Lo prometo ¡Muchas gracias muchacha!
—Vamos. — le di una sonrisa temblorosa, a veces olvidaba que estaba hablando con muertos.
Conseguir un taxi fue casi imposible, parecía que en toda la ciudad de Londres ni un solo taxi estaba disponible, ¿Cómo era eso posible?
Por suerte un taxista caritativito se detuvo cuando me vio haciendo señas en medio de la calle con mi impermeable amarillo.
—Gracias por detenerse, esta tormenta esta imposible.
—No hay problema señorita. ¿A dónde la llevo?
Me quede muda, no sabía que responder.
— ¿A dónde vamos abuela? — le pregunté al alma que me acompañaba, ella había estado contándome sobre sus nietos y de cómo los extrañaba a pesar de que Mike, el mayor, era un apostador empedernido, incluso quería otro favor, que le diera un mensaje de su parte.
— ¿Abuela?—Pregunto el taxista mirando por el retrovisor. Pero claro, él solo me veía a mí preguntándole al aire.
Al barrio Hackney en Camden Town, por la calle setenta y dos.
—Perdón. Estaba distraída, vamos al barrio Hackney en Camden Town, por la calle setenta y dos.
— ¿Está segura señorita? Ese barrio es peligroso a estas horas.
Mierda. Lo que me faltaba. Un taxista asustado. Por lo menos él le temía solo a los vivos. Yo debía estar en guardia no solo por los vivos, sino también por los muertos.
—Vamos. —trate de sonar convincente.
El camino fue silencioso, la tormenta no se detenía y los rayos parecían querer partir el cielo cada diez segundos. Cuando entramos a la calle indicada mis puños se cerraban y abrían sin poder detenerlos.
Una vez más iba a parecer una loca por cumplir favores a los muertos.
— ¿Ya estamos cerca abuela? —susurre lo más bajito que pude, aún así el conductor me dio una mirada sospechosa por el retrovisor
Que se detenga en la casa de rejas negras.
Ella apuntó por la ventana y pude divisarla a pesar de que la tormenta proyectaba una cortina de agua bastante densa.
— ¿Me puede dejar aquí por favor?
El taxista no dijo nada y detuvo el coche donde le dije.
— ¿Podría esperar hasta que termine lo que vine a hacer? No tardaré.
—Claro. —No sonaba muy convencido pero apagó el motor dispuesto a esperarme.
En cuanto salí cubos de agua helado cayeron sobre mí, el impermeable no era suficiente para protegerme. Cubrí mis ojos mientras buscaba a tientas el timbre de la casa, eso no impidió que distinguiera varias almas vagando por el vecindario, incluso había dos que estaban enzarzados en una pelea en medio de la desierta calle.
Seguí presionando el timbre hasta que una voz me contesto por el altavoz fijo en la pared.
— ¿Si?
Ese es Mike. Dile que vienes de parte de su abuela Clare.
La anciana estaba contenta.
—Mike, vengo de parte de tu abuela Clare.
— ¿Esto es una broma? Mi abuela murió el año pasado ¡Váyase!
Es un insolente. Dile que traes dinero. Te abrirá en un segundo. La alegría había desaparecido de su arrugado rostro.
—Traigo dinero de su parte. —le dije al altavoz.
— ¿Dinero? Bueno, puede pasar, pero si esto es una broma no dudare el llamar a las autoridades.
¡Wow! Ese tal Mike realmente era un codicioso hijo de puta.
El portón se abrió de manera automática y pude entrar a la propiedad. No era muy grande, aunque parecía que antaño habían tenido dinero a pesar de vivir en un barrio peligroso. Quizás eso lo había llevado a apostar.
La puerta de la casa se abrió y un joven de mi edad salió a recibirme, se veía muy demacrado, sus ojeras parecían poder rivalizar con las mías, y se notaba que había recibido una golpiza hacía poco.
—Vengo de parte de su abuela muerta, ella me dejo estos bonos para que se los diera en caso de que tuvieran problemas, y parece que llegué justo a tiempo. —le dije todo a las corridas antes de que pudiera preguntar algo incomodo.
— ¿En serio?
Rebusque entre los bolsillos y le entregue el fajo de bonos envueltos en una bolsa que los protegía de la lluvia.
—Tome.
Él ni siquiera me miró, estaba concentrado en abrir la bolsa y contar los bonos. Afuera de la casa podía escuchar la pelea entre almas y como unos botes de basura cayeron estrepitosamente en el asfalto. Quizás esas dos personas habían muerto peleando así.
Mike levanto la vista al escuchar el ruido, pero sacudió la cabeza y siguió contando los papeles.
—Esto es casi un millón de libras, ¿de dónde saco tanto dinero?
Me encogí de hombros y me dispuse a irme pero la abuela a mi lado parecía querer agarrar de los pelos a su nieto.
No te olvides de mi mensaje.
—Una cosa más. Ella me dejo un mensaje para ti.
— ¿Si?
Di un suspiro y me puse rígida juntando valor para lo que iba a hacer. Extendí mis manos y agarre ambos lados del cuello de su camisa semi abierta y compuse la voz más amenazante que pude.
—¡Muchacho codicioso! ¡¿Acaso no te eduque mejor?! La próxima vez que apuestes volveré del mas allá y te cortare las mano así no volverás jamás aun casino.
Apreté mas mis puños y lo sacudí lo mejor que pude — ¡No apuestes más!
Los ojos de Mike me miraban asustados. Se había quedado mudo.
—Y eso es lo que dijo— lentamente lo solté, un poco avergonzada. —Adiós.
Salí apresurada de la casa cruzando el portón. El alma de la abuela me seguía.
Gracias. Ella me sonrió, su color volvió a la normalidad dándole el aspecto humano una vez más antes de desvanecerse. Ella por fin podía descansar en paz.
—Adiós abuela Clare— Susurre a la nada, era más fácil no estar asustada cuando ellos se desvanecían.
Era hora de irme a casa, el frío del ambiente estaba calando mis huesos. Camine hacia la acera vacía y tarde en darme cuenta que mi taxi se había ido.
— Mierda ¿Cómo voy a volver a casa? —dije en voz alta.
Lo primero era salir de este barrio y llegar a la carretera principal. Y sin incidentes. Era difícil hacerlo cuando varias almas decidieron seguirme.
Algunas intentaban hablarme, otras solo me seguían en silencio. Mi estomago otra vez daba bandazos de miedo. Pero tome valor y seguí caminando hasta que alcance mi objetivo. Ahora solo quedaba esperar a que la buena suerte me sonriera y algún taxi parara, o un auto que quisiera llevarme.
¿Buena suerte? ¿Qué es eso? Quise reírme por mi propio chiste, hasta que un alama que venía corriendo hacía mi me atravesó haciéndome estremecer.
Oye.
¿Qué te pasa?
No deberías atravesar a la señorita.
Hace frío. No enfríes nuestra estufa.
Varias almas salieron en mi defensa. Eso sería enternecedor, si no fuera por mi conciencia gritando, ¡Están todos muertos!
Lo siento, estoy muy enfadada. ¡Ese tipo no tiene corazón!
Seguí caminando como si nada, ya había tenido mi dosis de fantasmas por una noche.
¿Alguien te dejo?
Así son los ex novios.
No, no es un ex novio. Un hombre fue a la casa de mi marido para presionarlo a vender. Mi casa. Mi preciosa casa.
Era difícil ser una persona cuerda cuando tenía que escuchar este tipo de conversaciones todo el tiempo.
De pronto unas luces aparecieron a la distancia. ¡Un auto se acercaba!
Ese debe ser el cretino del que les hable.
Debemos pararlo.
La estufa, digo la chica, se está enfriando.
A medida que el auto se acercaba, no paraba de hacerle señas. Era mi oportunidad de ir a casa.
El conductor pareció no verme porque paso de largo, pero se detuvo más adelante gracias a las almas que hicieron estallar una bombilla del alambrado publico entre todas subiendo por el poste. ¿Cómo carajos hicieron eso?
Él es capaz de evitar el relámpago, pero no a ti. Dijo la mujer que me había atravesado.
—Gracias. —les dije, por una vez agradecida por ver fantasmas.
Corrí hacia el auto y sin esperar invitación me subí en él.
o-o-o-o-o-o
Edward´s POV
— ¿Usted está diciendo que hay un espíritu aquí? —le pregunte tratando de no burlarme.
—Así es, mi difunta esposa todavía está conmigo. Ella ama esta casa— el hombre me sonrió como si la recordara. —Realmente quiero vender la casa, pero eso no es algo que mi esposa hubiera querido.
— ¿Entonces su casa seguirá siendo un impedimento para la construcción de mi nueva sede? ¿Y todo por un fantasma?
Esta era una conversación surrealista, pero no me daría por vencido, Kingdom Masen tendría su nueva sede.
—Está bien, negociemos, dígale a su esposa que estoy dispuesto a pagar lo suficiente.
El dinero siempre compraba a las personas.
— ¿Cómo podría hablar con ella? No puedo verla. —el hombre me miro como si fuera idiota.
¿En serio? Así que este buen señor no podía hablar con su esposa muerta, que sorpresa.
— ¿Y cómo se comunica entonces?
—Esa rosa que está ahí — apuntó a la rosa blanca que estaba al lado de una fotografía que mostraba una pareja de recién casados— Es del jardín de mi esposa, todos estos meses siguió fresca como si recién hubiera florecido, en cuanto me decidí a vender la casa, la rosa se marchito, reconsideré mi decisión y la flor volvió a la vida.
Toda esta charla sobre rosas fantasmales me estaban dando jaquecas, el hombre realmente creía que su esposa le hablaba por medio de la flor. Estaba loco.
Quizás si aumentaba un poco más la suma, y le hablaba en su idioma de locura se decidiría.
—Entiendo, Carlisle busca la oferta D para el señor Henry. — mi secretario rebusco en su carpeta. —Esta es mi última oferta para su esposa, pero esta vez negociaré con la flor.
— ¿Edward? — pregunto Carlisle confundido.
Me levante y mire fijamente la rosa blanca, era hermosa y fresca, como si hubiera sido recién cortada.
—Esposa flor, escuche con atención y responda— le dije con voz seria, a lado de las fotos también había una tijera de jardineros, las tome para conseguir un mejor resultado. —Su marido quiere vender la casa, pero usted no se lo permite, si usted no quiere vender la casa, muéstrese ante mí y mueva el tallo de la flor, o sino cortare la flor.
—No, por favor. —Susurró Henry a mis espaldas.
—Silencio, estoy negociando con su esposa.
Puse la tijera en posición para cortar la rosa — Tiene tres segundos para decidir.
—No puede hacer esto.
—Uno… dos… tres — corte el tallo de la rosa y este cayó de la repisa al suelo.
— ¿Qué hizo? ¡¿Acaso está loco?!
—El loco es usted, no quiere llegar a un buen acuerdo por una simple rosa y una mujer muerta. ¿No es eso acaso una locura?
Henry se quedo callado observando la rosa blanca, sus pétalos aplastado en el piso de madera.
— ¿Carlisle? —extendí mi mano y él me entrego los papeles con la escritura de la propiedad y la nueva oferta de compra, mucho mayor a lo que había establecida en la primera reunión.
—Ya tenemos el consentimiento de su esposa, la rosa no lo molestará mas, ¿puede firmar la venta?
Henry no salía de su asombro, aun pálido miraba la rosa pero acepto los papeles y el bolígrafo que le ofrecí. Podía ver que el hombre estaba al borde del llanto, pero aun así firmo con desgana y me entrego los papeles.
—Es lo mejor que pudo hacer. Es algo bueno para usted y sus hijos que están vivos, su esposa está muerta y es hora de aceptarlo. Buenas noches.
Carlisle y yo salimos de estancia hacia la furiosa tormenta que no había parado ni un solo instante. Gracias a dios por la invención de los paraguas. Unos pasos se acercaron corriendo.
— ¡Bastardo insensible! No me importa lo que digas, mi esposa sigue aquí conmigo.
—No, no está aquí— le conteste tratando de que entendiera, él realmente necesitaba ayuda.
— ¡Si menosprecias el corazón de una persona, y lo ignoras solo porque no lo puedes ver, un rayo te golpeará justo en la cara cuando menos te lo esperes! —las lagrimas descendían por el rostro del señor Henry.
—Las cosas que no puedo ver, no existen, si lo que digo está mal, que me golpee un rayo entonces — me mofe de él entregando el paraguas a mi secretario Carlisle y abrí teatralmente los brazos mirando el cielo, la tormenta seguía y me mojaba sin límites, a lo lejos se escuchaban rayos, pero obviamente ninguno me golpeo.
—Parece que no atraigo a los rayos— le sonreí. —Fue un gusto hacer traro con usted. Adiós.
Le di la espalda y seguí caminando rumbo al auto. Esta lluvia comenzaba a fastidiarme.
—Si hay espíritus en este mundo, ten por seguro que irán a buscarte. — pude oírlo maldecir una vez más, pero no caí en su juego y entré al auto.
Carlisle conducía en silencio y despacio, yo iba en el asiento de atrás tratando de secarme.
— ¿Realmente no le tienes miedo a los fantasmas Edward?
— ¿Por qué debería tenerle miedo a los muertos? Son los vivos los que pueden hacer daño. —Pude oírlo suspirar pero siguió manejando sin contestarme —Quiero revisar si todo está en orden con el contenido del contrato. Por favor, dame la grabación.
—Buena idea —sin mirarme rebusco su MP3 y me lo entrego —He leído todo el documento y lo grabe en la carpeta número cinco.
Me puse el auricular en el oído derecho y busque la grabación acorde al documento en mis manos. Por centésima vez, ojee los textos que seguían al pie de la letra la grabación, pero las letras volaban, las oraciones de desparramaban y me era imposibles leerlas.
Suspirando, me concentre en los arboles pasar a un lado de la carretera principal por la que íbamos, la voz de Carlisle surgía de la grabación leyendo los documentos para mía.
No paso mucho tiempo cuando Carlisle llamo mi atención —Parece que hay una persona más adelante.
No le dije nada y seguí atento a la grabación.
—Está haciendo señas para que la llevemos, ¿Me detengo?
—No le hagas caso, y sigue adelante— Carlisle tenía un corazón de pollo, siempre dispuesto a ayudar a los demás.
Baje mi vista cuando pasamos por a lado de esa persona, pero unos metro más adelante una luz brillo y saltaron algunas chispas del alambrado público. Carlisle detuvo el auto en seco.
— ¿Qué fue eso? ¿Un rayo? — mi corazón estaba agitado ante la posibilidad.
—No lo sé, de repente…
La puerta a mi lado se abrió dándome un susto de muerte.
—Muchas gracias, creí que iban a pasar de largo sin verme —dijo una chica entrando al auto sin permiso, ella estaba completamente mojada. Sus ojos marrones me miraban sonrientes.
— ¿Qué hago? — pregunto Carlisle mirándome sin saber si debía volver a arrancar el auto o sacar a la chica a patadas.
No estaba de humor para una escena de patadas y chillidos.
—Conduce.
Carlisle asintió y siguió nuestro camino. Pero a diferencia de mi, él no prefería el silencio.
— ¿Qué hacía en la carretera con esta tormenta?
La chica de ojos marrones no dejaba de mirarme y le contesto la pregunta dejándome estupefacto. —Vine a resolver unos asuntos, pero una señora paso diciéndome que aunque evitaste el rayo, no podrías evitarme a mí.
Carlisle soltó una risotada que resonó en todo el auto.
—¿No era una fantasma? —pregunto riéndose de mi.
—Creo que sí, y tuvo razón, no me evitaste— ella no dejaba de mirarme, me estaba poniendo nervioso. —¿A dónde se dirigen?
—A ningún lado— respondí inmediatamente, quería qu esta chica se bajara.
—A Notting Hill.
—Ya veo, esta bien — respondió la chica, juntando sus manos y tronando sus dedos, parecía nerviosa, por suerte dejo de mirarme mientras se sacaba su feo impermeable amarillo.
Ya nos estábamos acercando al centro de la ciudad cuando ella se fijo en los papeles que reposaban en mis manos.
— ¿Kingdom Masen? ¿Es usted el presidente de ese centro comercial?—dijo posando su pequeño dedo en el logo impreso de los documentos.
—No toques— con mi mano aparte su dedo, pero parecía que había estática, porque pude sentir una corriente recorrer toda mi mano hasta mi hombro.
Ella aparto la mano sorprendida, —¿Sentiste eso?
—No— mentí descaradamente.
—Fue como un hormigueo— aseguro la chica mordiéndose el labio.
—No sentí nada. —la miré esperando que no se diera cuenta de la mentira.
—Fue bastante fuerte.
— ¡Dije que no! —sin querer había perdido los estribos, carraspee y modere el volumen de mi voz. —Lo siento.
o-o-o-o-o-o
Bella's POV
A pesar de ser muy guapo, este hombre era un gruñón de primera. Alise mi pelo un poco al ver por la ventana mi reflejo. Era un desastre. Sin mirarlo le hable al conductor.
—Si pasan por Kingdom Masen puedo bajarme ahí, vivo cerca.
—Puedes bajarte en aquella intersección y tomar el autobús. —dijo el hombre gruñón a mi lado.
—Pero Edward... —trato de argumentar su conductor.
—Está bien, está bien, no hay problema. — conocía esa parada de autobús y podría llegar a casa pronto.
Esta noche era un para olvidar, todo menos ese cosquilleo que sentí en mi mano, lástima que solo yo lo había sentido, o quizás Edward el gruñón no quería aceptarlo.
De pronto pude divisar una figura parada en medio de la carretera, lo íbamos a arrollar, sin poder contenerme grite, asustando al conductor del auto que frenó inmediatamente.
Pero no era un humano, era un alma, su cabeza tenía un ángulo extraño y se acerco al auto atravesándolo para quedar en frente mío. Me tape los ojos esperando que siguiéramos avanzando, pero aun estábamos detenidos.
Podía sentir el frió que provenía del alma.
—Por favor conduzca.
— ¿Señorita está bien? —pregunto el chofer.
Apenas levante la mirada, pude ver como el alma me sonreía de manera maniática, lance un chillido y mis manos volaron al brazo del señor gruñón.
El alma desapareció al instante, no dejo rastro, ni siquiera sentía el frió. Lo busque con la mirada por todo el auto pero no estaba, se había ido.
Edward me miraba raro, parecía pensar que estaba loca, luego se fijo en mis manos atornilladas en su brazo.
— ¿Qué haces? — y se las sacudió como si fuera un cachorrito que le estaba dejando pelo en el traje. —Carlisle conduce rápido, quiero llegar a casa.
El conductor me miro y le asentí indicándole que estaba bien.
Condujo unas calles más hasta que se detuvo en la parada de autobuses.
—Muchas gracias— le dije antes de abrir la puerta, pero fue grande mi sorpresa cuando vi que varias almas se agolpaban para verme bajar.
Otra vez mi mano fue inconscientemente al brazo de Edward y así como si nada, las almas se desvanecieron, no quedo ni una. ¿Qué acaba de pasar?
— ¿Está segura que quiere quedarse aquí? Puedo…
—Ella estará bien, ¿cierto?
Aún confundida por lo que estaba pasando, asentí y me baje del auto.
Apenas se cerró la puerta, el coche se fue dejándome sola con mis pensamientos, por una vez pude disfrutar sin almas acechándome con sus susurros.
Espero que hayan disfrutado de este primer capítulo, estaré subiendo el segundo el día 09/04.
Si tienen tiempo y si les gusto, déjenme un review
