Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, Shūeisha y Shūkan Shōnen Jump (manga), Hayato Date, Pierrot y TV Tokyo (anime).

Advertencias:

Basado en la obra del manga, con ligeras influencias del anime.

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física, psicológica, o contenido de índole sexual en determinado momento, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.

Notas introductorias:

Permiso expreso de Ellistriel para el uso de "la vecina molesta" de su fic "Crónicas Perdidas de Konoha", le agradezco me permita el uso del personaje y parte de la propuesta de trama para Ibiki Morino.

Dedicatorias:

Fic para el foro Desafío Shinobi ¡Hi-yah!, en la campaña "El valor de los extra"

(Más información en mi perfil)


Media Luz

Ni blanco ni negro, ni buenos ni malos. Los héroes de la luz no son tan interesantes como los que se ocultan en las sombras.


Reminiscencia

Si pudiera golpear a alguien lo habría hecho desde hacía más de una hora, aunque con toda seguridad el problema no se resolvería y el tic nervioso de su ojo derecho tampoco desaparecería. Inútilmente trató de concentrarse en el expediente que tenía en las manos, pero era la enésima vez que leía el primer párrafo y la enésima vez que no entendía ni una palabra de lo que estaba escrito; todo por culpa del infernal golpeteo del techo que básicamente era el piso del departamento de arriba.

Maldijo al constructor de la aldea, pues el muy tacaño para ahorrar en materiales no había hecho la separación pertinente entre nivel y nivel. Ni siquiera se había molestado en comprar un aislante acústico barato. Lo odiaba, a él y al concepto de vivienda popular.

Sus manos temblaban sin control alguno. Usualmente no cedía al estrés fácilmente, después de todo, se había dedicado la vida entera a estudiar las ciencias de la conducta humana, así que podía prever causa y consecuencia de cada gesto, así como la forma de controlarse para actuar racionalmente en situaciones de estrés, por eso mismo, lo que le estaba sucediendo era ridículo.

Maldijo entonces, pero muy para sus adentros porque si lo oían terminaría con todos los huesos del cuerpo rotos, a la dirigente de la aldea por obligarle a cambiarse de edificio cuando podía perfectamente analizar a la susodicha desde una prudencial distancia.

La hoja del reporte estaba temblando, la razón lógica era debido al estremecimiento de sus manos, pero viéndolo desde otro punto de vista, quizás temía por su integridad al elevarse el ruido de arriba. Parecía que había un desfile o una marcha de entrenamiento de academia, las vigas cimbraban dejando caer un poco de polvo y aserrín, el plafón cedería en cualquier momento, entonces la chica de arriba caería en seco… con un poco de suerte se rompía las piernas y tendría que estar en el hospital por un tiempo…

Resopló con cierto fastidio, se había quedado quieta al fin y sus "buenos" deseos se frustraban por completo con eso. Pero al menos podía continuar su trabajo, su ridículo trabajo a decir verdad. Detrás de él una enorme pila de archiveros de todos tamaños lo saludaba con reverendo descaro con sus brillantes cajones de metal reluciendo a la luz del único foco que servía en el lugar, tan descuidado y vacío. El anterior dueño era uno de esos sujetos que podrían acomodarse perfectamente en una caja de cartón en algún callejón olvidado de la aldea y llamar hogar a eso.

Pero volviendo a lo que hacía, tornó la mirada al reporte que tenía en manos. Era una burlesca forma de pasar el tiempo de cuida-niños encubierto: organizar los archivos viejos del cuartel de seguridad interna de la aldea.

Y así, el gran interrogador Ibiki Morino estaba haciendo de archivista marginado, pero al menos no le pagaban como a uno y la renta del piso que tenía ahora corría a cuenta del departamento de impuestos por ser "gastos de misión".

Hacía ya varios años que no le asignaban un trabajo así, no desde que terminó su residencia en el ya abandonado edificio de policía militar como el asistente general sin pena ni gloria. Aunque debía reconocer que, sin duda, aprendió muchas cosas de los Uchiha en esos días.

Cuando era más joven, soñaba con ser un ninja glorioso, pero en ese sitio se dio cuenta de que tras bambalinas, la vida era más interesante. En un sentido oscuro y tétrico, por supuesto. No era lo mismo enfrentar un cuerpo al que se le pueden quebrar fácilmente los huesos, que meterse en la mente de alguien y jugar con su voluntad hasta doblegarla y orillarlo a hacer lo que uno desee, después de todo, una vez quebrada el alma solo queda un cascarón manipulable.

Los Uchiha usaban genjutsu y técnicas del clan para hacer el trabajo, pero él no estaba en posibilidad de hacer lo mismo, no había nacido con ese precioso don así que, como buen ninja, solo le quedaba usar lo que tenía a la mano, aprender e improvisar.

Cada día procuraba hacer un poco más de tiempo en cada archivero de cada cubículo esperando el caso del día: un ladrón fantasma, algún acosador, merodeadores, secuestradores, asesinatos dentro de la misma aldea. Gente que profanaba tumbas, que coleccionaba cadáveres, que contrabandeaba mercancía o personas, niños que habían quedado huérfanos tras la gran guerra ninja convertidos en servidumbre, en esclavos sin mucha esperanza de vida, mujeres enviudadas que se vendían en burdeles…

No lo disfrutaba, de hecho, le hacía rabiar hasta querer encontrar a los culpables para obligarles a suplicar la muerte al no resistir el dolor al que los sometería. Sin embargo, sabía que su técnica de taijutsu era apenas medianamente buena. Ciertamente era capaz como cualquier otro ninja de anticipar movimientos, de leer a sus oponentes y sostener un combate decente. Después de todo era un procedimiento sencillo que en la academia lo enseñaban en cursos de acción y reacción en las líneas de movimiento del cuerpo. Pero lo que marca la diferencia en un combate no es anticiparse o no, eso es sencillo, el anticipo no sirve si el movimiento es rápido. Y siendo él de complexión tosca, su misma musculatura le restaba agilidad, su propio peso le hacía fallar en velocidad y si bien era resistente a la mayoría de ataques que le lanzaban, eso no ayuda mucho si lo que quería era atacar.

No le tomó mucho descubrir que la lógica de un combate cuerpo a cuerpo era la misma siempre porque el cuerpo no puede tomar líneas incoherentes. La mente por su parte, sí tiene esa flexibilidad, puede retorcerse a niveles extremos, cambiar a donde le plazca porque no está atada a las leyes de la física y ahí es cuando el potencial de un shinobi se requiere explotar para analizar las debilidades de un oponente, y con algunos trucos, moldear a entero gusto los movimientos y sobre todo los pensamientos del otro; sugestión, miedo, intimidación, provocación, son algunas de las armas para obligar a una mente a ir a donde se quiera.

Complicado, fue lo que pensó cuando le ofrecieron el entrenamiento para interrogador.

Después de todo, era joven y lleno de energía, lo que menos quería era pasar la vida en un cuarto oscuro con un tipo amarrado a una silla con una luz blanca sobre él, acusándolo y gritando como desquiciado para que le dijera en donde estaban sus demás compañeros. Demasiado cliché para su gusto.

Aunque ordenar los archivos tampoco era precisamente su máximo en la vida, al menos así pasaba más tiempo estudiando los casos, leyéndolos antes de meterlos en la gaveta que les correspondía y pensando las formas más crueles de hacer sufrir a cada responsable.

En realidad, tan solo estaba haciendo tiempo para conseguir una plaza titular como efectivo de policía, lo que era un poco complicado porque en primer lugar, las vacantes eran limitadas, y en segundo, le daban prioridad a las solicitudes de los Uchiha.

Al final se quedó con las ganas porque al desaparecer el clan, el edificio fue cerrado, el papeleo se pasó a una sección olvidada del cuartel general ANBU y él terminó botado de nuevo como oficinista pero en la división de tortura e interrogación. Curiosa forma de llegar y más curioso aún que cuando le ofrecieron el entrenamiento no le hubieran dicho el primer nombre de la división, si desde el principio le hubieran marcado la palabra "tortura" no se lo pensaba tanto para tomar la plaza.

Le dejó el trabajo de archivista a su hermano menor que recién se graduaba y se plantó en la oficina del comandante para hacer la solicitud del entrenamiento, misma que le concedieron al momento junto con fecha, hora y lugar para iniciar: cinco treinta de la mañana, bosque de la muerte, primer día del mes décimo del año en curso.

Puntual, él solo.

Pronto llegó quien sería su examinador. El ANBU de capa blanca le tendió un fólder que contenía los archivos de cuatro ninjas enemigos capturados, acusados de espionaje, chantaje, robo y asesinato de una familia civil a las afueras dela villa.

—Tres adultos, un anciano y tres niñas. El anciano no resistió mucho; fue el primero en morir debido a una hemorragia interna. Las niñas fueron violadas frente a su padre junto con su madre. Le rompieron los brazos y piernas al hombre por lo que no pudo hacer algo. Fueron mutilados, los miembros de las mujeres se esparcieron por la casa y dejaron vivo al padre, pero igual murió después de una agónica estadía en el hospital. Es simple lo que debes hacer.

—Los encuentro y termino la misión.

El examinador asintió.

—Pero debes dejar todo; shuriken, kunai, sellos, bombas, protectores, chaqueta y hasta el Hitai-ate.

Sin dudar hizo lo que se le pidió y entró al bosque sin importarle que a su espalda cerraran de nuevo con el candado la cerca metálica que en realidad no tenía más que un simbolismo psicológico de "no hay vuelta atrás", porque podía saltarla en un solo movimiento.

—Morino-san, tienes que demostrar que eres apto para entrar en la división de tortura e interrogación. Si te atrapan, te pedirán información, se supone que no digas nada, pero si los atrapas, sácales todo lo que puedas.

El joven se marchó asintiendo levemente. Cuando se hubo perdido de vista, dos ninjas más de ANBU se colocaron a ambos lados del que hacía de examinador.

—Los otros dos candidatos también ya entraron y el escuadrón liberó a los dos prisioneros en el centro.

—Esperen en la torre hasta nueva indicación.

—Sí.

.

Nunca se había sentido tan extasiado pese a que estaba en desventaja numérica y desarmado, dedujo que el plan era ver que tan bueno era en situaciones extremas, como si el examen a Chūnin hubiese sido solo una práctica de campo. Ahora en verdad sería supervivencia.

Se movía rápido y con todo el sigilo que podía. Estaba confiado, sí, pero no era idiota y siendo cuatro contra uno el combate cuerpo a cuerpo era muestra clara de suicidio. Necesitaba armar un plan, una emboscada que no comprometiera la vida de los sujetos para poder hacer las preguntas. Analizó la situación y fueran de donde fueran, seguro necesitarían agua y el río era la opción más lógica.

.

El día pasó demasiado rápido, aunque cuando uno corre por su vida el tiempo es cruelmente más largo, de eso se dio cuenta mientras saltaba de rama en rama no queriendo mirar hacia atrás y ver qué tan cerca estaba su perseguidor, lo más seguro es que se hubieran separado al sentirle merodeando el área ¡Valla suerte la suya! ¡Precisamente con el que tuvo que encontrarse le doblegaba las habilidades en batalla! En su desesperación por ganar ventaja puso demasiado chakra en sus pies y la rama que pisó se quebró haciéndole caer sin tiempo para nada más… lo había alcanzado.

—Vamos niño, dime ¿Cómo salgo de aquí? — el aliento fétido del ninja en su cara le revolvió el estómago pero se rehusó a hablar. El otro lo comprendió.

—Bien, veamos cuánto más aguantas…

.

Un alarido desgarrador sonó en el bosque ahuyentado a las aves de la zona, Ibiki levantó la mirada, desde su escondite pudo ver perfectamente el vuelo de la parvada, frunció el ceño ¿Qué hacían esos cuatro?

Casi salía a revisar pero un chakra que se acercaba le hizo recobrar la postura en su sitio. Ciertamente, el agua los había atraído. Miró con cuidado al sujeto. Tenía una complexión media, probablemente se especializaba en genjutsu, mientras tuviera cuidado al acercarse podía ganarle fácilmente. Aunque también podía esperar a que cayera en la trampa y…

Ni siquiera tuvo que esperar mucho, el ninjutsu somnífero que había usado eficiente. Llegó hasta él asegurándose de que no fuera una trampa a su trampa y le estuvieran esperando con una emboscada. Como no podía arriesgarse a que despertara y escapara, o lo matara en el peor de los casos si solo lo amarraba, se le ocurrió algo que siempre había querido hacer desde que estaba en las oficinas de los Uchiha. No había reglas después de todo.

El dolor cortó de inmediato el efecto de la técnica, sus brazos extendidos con las palmas hacia arriba tenían una roca sobre cada mano y al ninja sobre ellas ejerciendo más presión.

Movió los pies, de manera que las rocas hicieron fricción en las destrozadas manos y haciéndolas rodar un poco quebró las muñecas. Ibiki lo miró con atención, fuera de la mueca de dolor causada por los brazos triturados hasta el codo el tipo se veía como un sujeto normal.

Las niñas fueron violadas…

Pensándolo detenidamente, las manos eran lo de menos. Bajó de las dos piedras que apresaban al ninja que capturó y caminó un poco hacia el borde del río, se subió en una roca más o menos redonda por la erosión del agua. Con ayuda de un poco de chakra comenzó a rodarla hasta dejarla a los pies de su víctima, fue al bosque regresando tranquilamente al poco rato con un tronco delgado no muy largo, pero lo suficiente para lo que quería. Usó el leño para separarle las rodillas y volvió a subir a la roca encaminándola de nuevo con agonizante calma hasta la entrepierna del que estaba en el suelo.

Lo que pretendía era obvio, no le amputaba el miembro porque no llevaba un kunai. Horrorizado, el prisionero guardó silencio, aunque quería gritar. No le harían hablar, no le diría nada a ese sádico, aunque hasta el momento no había preguntado nada. Solo giró el rostro hacia la derecha y cerró los ojos debido a lo cual no vio venir el puñetazo a su cara generosamente cargado de más chakra que le rompió la nariz.

Todo en silencio.

Ibiki estaba aturdido, nunca se había portado así. No negaba que lo había pensado, pero hacerlo era ya diferente y el sujeto no había empezado a gritar cuando menos. Lo que implicaba más presión, pero no estaba verdaderamente seguro de hasta dónde sería capaz de hacerlo sin sentirse asqueado.

Atrajo un poco la roca y esta comenzó a hacer presión en los muslos aprisionándolos contra el suelo.

Ninguno de los dos dijo nada.

Repitió la acción, esta vez procurando dejarla lo más cerca posible de la pelvis, pero los muslos ya estaban sangrando, seguro el músculo estaba deshecho, y a juzgar por la cara del sujeto, los nervios no del todo.

No hubo diálogo, pero el prisionero le escupió con algo de sangre directo a su rostro, Ibiki respondió con otro golpe a la cara, esta vez la mejilla izquierda se había abierto, seguro le dejaría una marca no muy agradable.

Ya sin hacer más desidioso el asunto acercó el trecho faltante aplastando por completo la entrepierna del sujeto asegurándose de tener bien centrado el miembro que le quitó la inocencia a esas niñas, que si bien no conocía, de todos los crímenes, los de naturaleza sexual eran los que le parecían los más aberrantes.

— ¡¿Qué quieres que te diga?!

El alarido del prisionero bien pudo escucharse hasta el otro lado del bosque y con los gritos , seguramente sus compañeros vendrían a buscarlo, eso si aquellos no eran los suficientemente bastardos como para dejarlo morir solo. Se levantó, pues estaba de cuclillas sobre su pecho una vez que dejó la roca donde quería y se colocó a un lado, lo miró de reojo no pudiendo contener una sonrisa de triunfo. Cuando el interrogado preguntaba, ya iba ganando.

Posiblemente le habría dicho algunas cosas, y no precisamente de lo que el aspirante a interrogador quería saber, pero los quejidos no le dejaban sacar palabras completas de la boca.

Ibiki, dejó de mirarle… eso estaba siendo demasiado fácil como para no tener armas, estar en desventaja numérica y supuestamente con un cuarteto de sádicos, ¿Por qué no estaba ya él bajo las rocas en lugar de su actual prisionero?

Si te atrapan, te pedirán información, se supone que no digas nada, pero si los atrapas, sácales todo lo que puedas.

—Se supone que no diga nada si me atrapan… que pregunte si atrapo… sin bandas… esto no era supervivencia…

Ibiki habló en voz alta y aún con sus gemidos de por medio, el otro escuchó.

—Soy Raidō Namiashi, candidato para entrar a la división de tortura e interrogación de ANBU. — mustió casi ahogándose con su sangre, la que aún no dejaba de fluir por los golpes en la cara…

.

Cerró el expediente de los verdaderos asesinos de la familia a quienes encontró casi un día después del suceso en el río. ¿Quién diría que todas las suposiciones que hizo ese día eran erradas? No era examen de supervivencia, ni tampoco para ver si eran capaces de distinguir aliados de enemigos, solo les estaban haciendo un maldito examen de aptitudes y salió "adecuado" para el puesto.

Él se quedó en ANBU, tiempo después Raidō terminó como guardaespaldas del Hokage. Quedaron sin rencores pese a las cicatrices que el ninja aún tenía en el rostro pese al esfuerzo de los médicos. Aunque lo que ocurrió no era secreto y como resultado, los demás Jōnin varones dudaban bastante para acercarse a él, preocupados por su descendencia.

Se levantó después de acomodar las notas, gráficas y archivos como se suponía que debieran estar y los llevó al archivero que les tocaba. En eso el desfile empezó de nuevo arriba, escuchó cómo algo de vidrio daba al suelo, seguido de algunos golpes secos que presintió como un "me levanté de la cama sin prender la luz, choqué con la mesa de noche y se cayó la lámpara, al querer salvarla se vino abajo el perchero que tiró el espejo"… esa niña era un peligro más para sí misma que para la aldea. De repente otro golpe y luego nada, se preguntó si estaría bien, el plan no era que se muriera mientras él vigilaba, así que tomó la escoba que tenía cerca y golpeó el techo con fuerza.

— ¡¿Qué?! ¡No estoy haciendo ruido! — gritó la vecina para luego patear el suelo.

Él de nuevo uso su escoba.

— ¡Vas a romper esta cosa! — le gritó, pero no estaba muy seguro sobre si lo escuchó porque ella seguía alegando a todo pulmón que no estaba haciendo ruido.

Dejó la escoba en su lugar de nuevo, vivir con ella iba a ser complicado, decidió irse a acostar, preguntándose por qué demonios los otros vecinos no se quejaban.


Comentarios y aclaraciones:

Si ya leyeron Crónicas asumo que saben quién es la vecina.

Bueno, este capítulo es bastante ligero a comparación de los que le seguirán, espero recibir sus comentarios para saber si no estoy tan loca como presumo.

¡Gracias por leer!