Era 23 de abril, un problema para las hadas cada año, una fecha muy importante pero que trataban de evitar a toda costa, su querido Inglaterra cumplía un verano más en esta Tierra, estaban alteradas, aunque el tratara de no demostrar interés era obvio que le dolía que ninguna delas naciones lo hubiera llamado temprano para felicitarle, ni siquiera habían ido a verlo. Estaba deprimido e inclusive podría decirse afligido. Le habían dado el día libre en el Parlamento por lo que no creía que al menos la reina lo recordara. Era deplorable.

El clima era agradable, era lo menos que las hadas podían hacer para no arruinarle el día a su amigo, llamaron a los gorriones para que cantaran para Arthur y una que otra amistosa ardilla salía de vez en cuando de su árbol para regalarle frutos al decaído Reino Unido, todos estaban divirtiéndose, las hadas lo distraían lo más que podían y él trabajaba animado en los rosales.

Las hadas percibieron una criatura que al igual que ellos venía a celebrar el aniversario de su nación, era Verania, el hada que Arthur había designado para proteger al gordo norteamericano, necesitaban explicaciones y que fuera rápido.

Al final no fueron necesarias, Arthur estaba distraído regando los jardines y no se había dado cuenta de nada, por lo que la entrada de una cabeza rubia en el living del hogar le pasó desapercibido, comenzaron a llegar más, dos castañas con extraños rizos, una rubia, albina con un pajarito algo tierno y otra castaña demasiado juntas, también una color trigo con un mechón antigravedad y algo larga, todas las naciones llegaban en silencio a la casa del británico. Incluso se pudieron divisar 4 cabezas pelirrojas entrar grácilmente al living. El mocoso independizado se acercó sigilosamente a la puerta corrediza y la abrió sin hacer el menor ruido, llevaba una cámara en la mano. Estaba escondido detrás de un árbol, podía hacerlo, además el caballero autoproclamado se encontraba muy desatento de lo que ocurría a su alrededor. Clic. Un grito. Una foto.

De nuevo lo habían salvado.