"Ya hace dos meses que sentía una presencia en su casa, algo le seguía, no sabía que, pero estaba segura de que algo extraño estaba en su casa."~

Una joven de cabello rubio oro y ojos celestes como el cielo corría sin parar de un lado a otro persiguiendo al pequeño cachorro que tenía en su familia.
Su risa era como una melodía hermosa para escuchar, su sonrisa iluminaba el lugar en el que estuviese. A pesar de su pobreza, nada la haría cambiar de opinión. " La vida es solo una , y debes disfrutarla al máximo" le comentaba su tío cada vez que volvía del ejercito real, y tenía razón.
La joven disfrutaría cada minuto de su vida, cada segundo, no desperdiciaría ni siquiera una miga de pan, ¿quién sabe cuando volvería a comer?.

Su felicidad se sentía en todo el reino. Hasta que un día demasiado turbio para su pequeña memoria llegó, su madre cayó enferma, se había contagiado de peste negra. Todos sabían que esa enfermedad era letal, y que nadie sobrevivía, sin embargo no perdió las esperanzas.
Su madre era fuerte, ¡ella podía superarlo! nada la detendría.
" Mamá va a estar bien... yo lo se", pensaba la joven mientras se hallaba sentada fuera de la habitación de su madre impaciente. Repetía lo mismo cada noche, con esperanza y optimismo, deseando lo mejor para ella.

Una mañana nueva y resplandeciente provocó un brillo inusual en los ojos de la chica, sabía que todo había mejorado, el clima no cambia solo para jugar con la gente, no, también lo hace cuando las cosas mejoran, eso decía.

Cuando llegó a las afueras de la habitación de su madre, solo escucho el llanto de su padre. " ¿Por qué llora papá, si mamá esta bien? " pensó súbitamente, sin analizar la situación. La realidad obvia que no podía ver, su madre había fallecido mientras dormía. " ¿Cómo...? el clima solo cambia cuando las cosas mejoran..." pensó de nuevo la niña. Su sonrisa se quebró por una fracción de segundo, pero volvió a esbozar la inmediatamente " Mamá está mejor ahora... por eso cambio... porque ahora está con Dios... está mucho mejor, verdad? " Sonrío dulcemente.

Por supuesto, no podría haberle quebrado ese simple hecho. La joven Miku siempre le veía el lado bueno a las cosas. Ella sabía que todo era un pequeño plan de Dios padre, quien siempre busca la felicidad de su pueblo, estaba segura de ello

Reconstruyeron su vida como si nada hubiese pasado, Miku fue un gran pilar en esa historia, ya que sin su sonrisa ni su optimismo nunca hubiesen recobrado la felicidad, no siquiera la cordura.
No era una familia rota, era una familia completa, porque mamá seguía allí con ellos, y siempre lo estaría...