Amor peligroso
Advertencia: Los personajes de Inuyasha no nos pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 1
En un destartalado edificio de Tokio, un hombre vestido de traje negro y que llevaba el tatuaje de un dragón en el hombro esperaba sentado en la silla de su despacho. Inuyasha, su mano derecha, estaba tardando mucho y el hombre comenzaba a impacientarse. Para relajarse un poco, cogió de uno de sus cajones un paquete de puros y empezó a fumar, de repente, un chico de unos 20 años entró en el oscuro despacho.
¿?: ¡Vaya, Inuyasha! Me tenías preocupado, pensaba que la pasma te había atrapado.
Inuyasha: Ya ve que no, jefe Naraku.
Naraku: ¿Conseguiste que el tipo cantara?
Inuyasha: Sí, el virus Shikon se encuentra en la granja Higurashi.
Naraku: ¿Higurashi? Cuanto tiempo sin oír ese nombre, hace más de diez años. Así que Higurashi ocultó el virus en su propia casa, pero ¿sabes dónde?
Inuyasha: No, el tío no quiso soltar prenda.
Naraku: ¿Y lo mataste?
Inuyasha: Ehhhh… no.
Naraku(enfadado): ¡¿No te lo cargaste?! ¡Ahora media ciudad te estará buscando! ¡Te he dicho miles de veces que tienes que matar a todo el que nos haya visto cometiendo un crimen o una amenaza!
Inuyasha: Lo siento, jefe.
Naraku: Bien, nos ocuparemos de esto más tarde. Voy a encomendarte una difícil misión en solitario.
Inuyasha: ¿De qué se trata?
Naraku: Tienes que ir a la granja Higurashi y conseguir el Shikon.
Inuyasha: ¿Pero cómo puedo buscar el virus sin levantar sospechas?
Naraku: Eso es asunto tuyo. Quiero que mañana por la mañana vayas a ese lugar y encuentres el virus.
Inuyasha: Sí, jefe.
Mientras tanto, a las afueras de la ciudad, una muchacha de 18 años enterraba semillas de maíz en un enorme huerto. Junto a ella estaba un burro castaño de 22 años que cargaba en sus alforjas dos sacos medianos de grano. La chica se detuvo un momento y se secó el sudor, estaban en pleno verano y el calor era sofocante. En ese momento, una voz infantil la llamó.
Sota: ¡Kagome! Es hora de comer.
Kagome: ¡Ahora voy, Sota!
Kagome metió el puñado de semillas que tenía en la mano dentro de las alforjas y acarició el cuello del burro.
Kagome: Creo que este año tampoco tendremos muy buena cosecha ¿Verdad, Stubborn?
El viejo animal rebuznó sonoramente mostrando sus enormes y amarillentos dientes. La chica guió a Stubborn del cabestro hacia el establo, allí lo desensilló y colocó los sacos en un rincón. Después le dejó un cubo de agua al burro para que bebiera y entró en su casa.
Madre: Hola, cariño. ¿Cómo va la cosecha?
Kagome: Aún estoy plantando las semillas, pero me parece que en esta temporada tampoco tendremos mucha suerte. Echo de menos la ayuda de papá.
Madre: Lo sé, hija. Pero, por desgracia, papá ya no está con nosotros y debemos hacer todo lo posible para mantener la granja.
Sota: No lo entiendo. Si antes teníamos buenas cosechas y un gran ganado de vacas, ¿por qué estamos en crisis?
Madre: Porque los impuestos del banco subieron mucho.
Kagome: Además, papá murió poco después de eso y tuvimos que hacernos cargo del negocio.
Madre: Pero no debiste dejar los estudios, Kagome. Ahora todos tus amigos están en la universidad.
Kagome: El abuelo y tú no podíais solos con las tareas de la granja y la casa a la vez, así que decidí ayudaros y no voy a cambiar de opinión. Y no estoy sola, mis amigos Sango y Miroku tampoco han ido a la universidad y quedamos de vez en cuando.
Sota: Oye, Kagome. ¿Me enseñarás a llevar a las vacas hasta el pasto?
Kagome: Pues claro que sí. Después de comer sacaré a las vacas con Stubborn y te llevaré conmigo.
Sota: ¡Bien!
Después de comer, la joven llevó a su hermano al establo y ensilló a Stubborn. El burro ya estaba lo suficientemente descansado y se puso algo nervioso cuando vio a su ama con los arreos. A Sota le llamaba la atención ver a un animal tan viejo con tanta energía, pero a Kagome no le impresionaba en absoluto. El viejo Stubborn nunca había abandonado su juvenil y tozudo comportamiento, y debido a eso el Sr. Higurashi le puso el nombre de Stubborn(Tozudo en inglés). Cuando la chica terminó de ensillarlo, montó a Sota sobre el lomo del burro y se dirigió a las cuadras de las vacas, Megumi y Shelly. Las abrió y enganchó una cuerda a los cabezales de ambos animales. Las dos vacas salieron de sus compartimentos rumiando lentamente y siguieron a la joven, Stubborn hizo lo mismo sin que hiciera falta que Sota le mandase andar. Mientras iban hacia el prado, los dos hermanos charlaban.
Sota: Kagome, ¿por qué ya no tenemos a las otras vacas?
Kagome: Porque tuvimos que venderlas a casi todas para mantener la granja.
Sota: Yo no quiero irme de aquí.
Kagome: Ni yo tampoco, Sota. Por eso tenemos que esforzarnos todo lo que podamos para que el banco no nos arrebate la casa ni las tierras.
Sota: Con papá era más fácil, ¿verdad?
Kagome(triste): Sí.
Cuando llegaron al prado, Kagome abrió la verja del corral y soltó a las vacas, que se dirigieron al trote hacia las hierbas más altas. Sota intentó desmontar pero tenía miedo de caerse, así que Kagome le ayudó a bajar cogiendo al niño en los brazos. De repente, vieron que un conocido coche plateado se detenía en el arcén cerca de donde estaban ellos. Cuando vieron al hombre elegante que se bajaba del vehículo, Kagome frunció el ceño mientras que Stubborn agachaba las orejas con gesto de enfado. El hombre se acercó a la joven con gesto arrogante.
¿?: Dime, guapa. ¿Tienes el dinero?
Kagome: Aún me falta reunir otro poco, pero te lo daré pronto, Koga.
Koga: Eso espero, Kagome. Mi banco no es de los que esperan medio siglo a que se les pague. Volveré pronto, hermosa.
Koga sujetó ligeramente el mentón de Kagome, cosa que desagradaba a la chica.
Koga: ¡AAAAAHHHHHH!0-0
El joven banquero se apartó de Kagome llevándose las manos al trasero, ¡Stubborn acababa de morderle el culo a Koga!
Koga: ¡Estúpido saco de pulgas!
Stubborn: ¡Iiiiiiaaaaaahhh!
El viejo burro rebuznó divertido, a la vez que Sota se reía a carcajadas.
Kagome: Vete de una vez, Koga. Ya ves que no eres bienvenido.
Koga: Os acordaréis de esto, sobre todo ese burro pulgoso.
El chico se fue hasta su coche con el trasero dolorido y se alejó de la granja en dirección a la ciudad. Kagome y Sota palmearon el cuello de Stubborn.
Kagome: Bien hecho, viejo amigo. Así aprenderá.
Sota: Eres el mejor, Stubborn.
Al atardecer, Kagome llevó a los animales al establo y le dio doble ración de heno a su burro por haberla defendido. Después de cenar, la joven se fue a dormir completamente agotada. Al día siguiente tendría que madrugar para atender a sus tareas, pero de pronto le vino a la cabeza la idea de buscar a alguna persona que le ayudase con los cuidados del huerto y los animales para así poder terminar antes y salir más veces con sus amigos.
En Tokio, Inuyasha preparaba su ropa del día siguiente y también escondió un pequeño revólver en su chaqueta por si acaso sospechaban de él o le identificaba la policía. A la mañana siguiente tendría que ir a la granja Higurashi y comenzar a buscar el Shikon.
