Prefacio.

Y ahora, el mundo se me venía encima, justo ahora que pensaba que le podía a la vida, que de algo servia luchar, me encontraba con la maldita idea de tener que empezar de cero, pero ahora no estaba sola; tenía una compañía.

Una compañía que no era ingrata, si no que me alegraba la vida pero al mismo tiempo era una carga con la cual no me sentía capaz de soportar.

Acaricié sus cabellos, con la cabeza no muy allá. Ahora era mi vida, por muchos motivos, de faltarme, yo misma moriría pero no quería estar a su lado, no quería sentir esa responsabilidad tan grande sabiendo que yo estaba sola en el mundo, que no le podía dar lo mejor de mí por mi falta de compañía.

No veía claramente un final, no tenía demasiadas metas, pero una de ellas era no terminar tendida en el suelo, llegar como fuera al final aunque ni yo misma lo pudiera ver en ese minuto, darle lo mejor que yo pudiera y que el mundo supiera que era así.

Era como si mi corazón se agrandara, no que le quitara espacio a la gente que ya lo ocupaba, si no que crecía y se repartía de manera igual entre todas ellas, con una clara conciencia. Mi capacidad de amar crecía y de manera inimaginable.

No me gustaba la idea de sentirme sola, por lo que intentaba luchar contra el destino, intentaba hacerle frente a algo que simplemente no se podía.