Ron miró fijamente la esquina por la que debería haber aparecido Hermione hacía quince minutos como si fuera capaz de invocarla, estaba nervioso ¿y si no aceptaba? Slughorn lo suspendería, su madre lo mataría, Fred y George se reirían de él durante el resto de su vida…
El sonido de unos pasos apresurados acercándose sacaron al chico de sus pensamientos, unos segundos después Hermione apareció con las mejillas sonrojadas y el uniforme descolocado.
-Lo siento, no me he dado cuenta de la hora que era- se detuvo jadeante cuando llegó al lado de Ron, que la había visto muy pocas veces así de descolocada. Pero solo se encogió de hombros, no le convenía una pelea.
-No pasa nada ¿vamos?
Ambos comenzaron a patrullar tranquilamente por los pasillos. Habían acordado tratarse con formalidad durante los momentos en los que no pudieran evitarse, por lo que caminaban juntos pero como si estuvieran a años luz el uno del otro. Tras varios minutos de silencio tenso Ron resolvió que debía hacerlo en aquel momento o no se atrevería nunca.
-Quiero proponerte un trato- dijo decidido, parando de andar abruptamente.
-¿Perdón?
-Tengo un problema, me va fatal en pociones y Slughorn me llamó el otro día para decirme que si no mejoraba tendría que suspenderme…
-¿Esa es tu propuesta? ¿Qué te ayude en pociones? Eso no es un trato, es un favor, yo no sacaría nada con ayudarte en pociones- Hermione parecía bastante indignada, así que Ron se apresuró a corregirla:
-Sí, es un trato, ya que voy a ofrecerte algo a cambio.
-¿Qué podrías ofrecer tú que me interesara?- Ron decidió ignorar la pulla, seguía sin convenirle un pelea.
-Te enseñaré a perder el miedo a las alturas.
Esperaba recibir un aluvión de gritos y maldiciones, casi veía otra bandada de canarios dirigiéndose hacia él, sin embargo no recibió ninguna respuesta. Hermione solo lo miró fijamente durante unos segundos, la confusión se comenzó a percibir en su rostro, hasta ese momento en blanco, y finalmente habló:
-¿Cuáles serían tus condiciones?
-Es muy simple: yo te enseño a volar sin miedo y tú me das clases de pociones.
-¿Por qué no Harry? Este año es mucho mejor que yo en pociones.
-Harry solo es mejor por el libro del príncipe, él no podría ayudarme. Por favor Hermione, necesito que me ayudes o suspenderé y no podré ser auror…
-Está bien, te ayudaré. De todas formas va siendo hora de perder el miedo a las alturas- Ron sonrió aliviado, pero Hermione no parecía del todo satisfecha.
-¿Cómo vamos a hacerlo? Porque no creo que quieras que Lavender sepa esto.
- Había pensado que podríamos empezar con la teoría de pociones durante las rondas de prefectos y podemos hablar con Hagrid para que nos deje practicar vuelo cerca de su casa, cuando llegue el momento de la práctica creo que el baño de Myrtle la Llorona estaría bien; ya lo usamos una vez.
Hermione permaneció en silencio mientras recorrían un par de pasillos, probablemente valorando la situación. Ron se ponía más nervioso conforme se iban acercando al retrato de la Señora Gorda, si ella decidía no aceptar el trato su posible carrera como auror estaría acabada sin haberla empezado; probablemente acabaría en el ministerio, en una pequeña mesa haciendo un trabajo que odiaba…
-Está bien, mañana te daré la lista con lo que debes mirarte antes de la próxima ronda, yo iré a hablar con Hagrid y le pediré el favor- la voz de Hermione sacó a Ron de sus negros pensamientos; en los que estaba encadenado a una mesa leyendo un montón de papeles mientras un tipo curiosamente parecido a Snape le gritaba que trabajara más rápido.
-Gracias, muchas gracias Hermione. Te prometo que nunca volveré a llamarte sabelotodo ni nada que se le parezca. Vamos, tengo que estar descansado para poder estudiar mañana- prácticamente corriendo llegaron al cuadro de La Señora Gorda. Hermione, que lo seguía como podía; dijo la contraseña y entraron en la sala común.
Cada uno se dirigió a sus respectivas escaleras pero, antes de que pudiera poner un pie en el primer peldaño escuchó decir a Hermione:
-Por cierto, si cuando te pregunte no te sabes lo que te he pedido dejaré de ayudarte.
Sonriente, Ron se giró.
-Y si tú no tienes una actitud colaboradora durante las clases de escoba yo dejaré de ayudarte también.
-Bien, buenas noches.
-Buenas noches.
