Prologo

Iba llegando a un pequeño pueblo de Sinnoh, un lugar que no tenía el gusto de ninguna de las grandes ciudades de esa tan conocida región… Pueblo Hojas Gemelas. Yo había vivido casi toda mi vida en Ciudad Nimbasa en la región de Unova… bueno, la mitad de mi vida para ser más específico; tenía unos veinte años al llegar a esa locación de Sinnoh y empecé mi viaje recién a los diez años, como suelen hacer la mayoría de entrenadores.

Tal vez no tenía mucho que hacer en Pueblo Hojas Gemelas; vamos, no era un lugar donde un entrenador suela ir en busca de retos y las pocas casas del mismo lugar no era un gran atractivo turístico, aunque el lago cercano al Pueblo era un lugar muy conocido. Bueno, la razón por la que estaba ahí… el motivo era una linda entrenadora que conocí en Hoenn, una chica de cabello azul que era coordinadora y se llamaba Dawn. A ella la conocí en un concurso, rápidamente nos hicimos amigos y me acompañó hasta la liga Pokémon, la que, desgraciadamente, no gané (malditos Talonflames)

Luego de la liga estuvimos viviendo unos dos meses en la casa de mi familia, aunque fue parte de un trato, ya que ella quería que conociera Sinnoh, así que luego de esos dos meses, viajamos a su casa.

El viaje hasta el pueblo de donde era originaría Dawn fue muy tranquilo y relajante. Incluso, el lugar parecía ser muy bueno para vivir. Cuando íbamos llegando noté que todo era como mi amiga de cabello azul lo describió: Un pueblo pequeño, con unas pocas casas dispersas por todo el lugar, niños corriendo y jugando en todo el pueblo, varios Pokémon por todo el lugar… ahí se respiraba paz y tranquilidad.

Caminamos por todo el pueblo hasta llegar a una casa de madera de dos pisos. Afuera había un bonito jardín, llenos de flores de todos los colores, especialmente hortensias azules, las cuales daban un aspecto de profundidad al mismo, lo cual era bueno, ya que no era tan grande.

-¡Mamá, ya llegamos! –gritó Dawn mientras que su Piplup corría hacia la puerta, seguido por mi Crobat, mi primer Pokémon, el cual se lanzó sobre el pequeño Pokémon de agua mordiéndole la cabeza mientras lo levantaba del suelo en modo de un extraño y molesto juego… el pequeño Piplup sólo movía sus alas, en un desesperado intento de soltarse.

-Zubtse, bájalo ya; sabes que no debes molestar a otros de esa forma –suspiré mientras llevaba mi mano a mi frente. Mi Crobat solía ser demasiado juguetón, pero a veces podía ser molesto… y el pobre Piplup era su víctima más común. Por suerte mi Crobat obedeció, pero el pobre Pokémon tipo agua calló de espaldas, mientras que aun movía sus patas y sus alas y gritaba desesperadamente, luego se puso de pie e intentó atacar a mi Pokémon, aunque él ya se había desaparecido y se había ido a dormir a un árbol cercano.

-¡Vitaly, apresúrate! –Dawn me haló del brazo mientras me hacía correr hasta la puerta de su casa. Por cierto, antes no me presenté, mi nombre es Vitaly-. ¡Mamá, ya llegamos! –volvió a gritar la linda joven de cabello azul, nunca la había visto tan feliz, aunque está claro, que volver a casa es algo que puede alegrar a cualquiera.

¡Esperate, Dawn! ¡Mis maletas se quedaron atrás! –pude sacar una de mis Pokeballs de mi cinturón-. ¡Rency, trae nuestras maletas! –mi Gallade salió de su Pokeball y corrió por las maletas de Dawn y las mías.

Antes que Dawn volviera a gritar, alguien abrió la puerta… y ahí fue cuando la vi… ella era hermosa, su cabello azul y sus grandes ojos azules, una cara hermosa con unos labios rosas y delgados… su cuerpo era único; parecía ser una mujer aún muy joven, podría pasar incluso como alguien ligeramente mayor que yo. Lastimosamente no pude observar bien sus piernas, ya que ella vestía un delantal anaranjado, además de una blusa blanca y un pantalón pescador azul.

Al ver a la madre de Dawn me di cuenta de algo… existía el amor a primera vista y justo en ese momento yo era víctima del mismo… en ese momento… yo me había enamorado de la madre de mi mejor amiga.