Disclaimer: Ernie y Justin son de JK aunque jamas los haya tomado en cuenta

Esta es la primera viñeta del reto "Emociones y Sentimientos" del foro "Provocare Ravenclaw" y representa la frustación. Pronto subiré la segunda.

Primer acto

Ernie deja las bolsas del supermercado muggle en el suelo, ya las lleva cargando desde hace varias cuadras y pesan demasiado. Piensa por un instante en la palabra supermercado, es extraña. Bah, los muggles y sus ideas locas. Toca en el 1505, sonríe. Hace poco le han enseñado como hacer sushi con la varita y quiere mostrárselo a Justin. La pasarán bien y con mucha suerte, el chico se reirá un rato. Ojalá. Vuelve a tocar.

—Eh, Justin. Soy yo, Ernie.

La puerta se abre lentamente y ahí esta Finch-Fletcher. Tiene los rizos enloquecidos, intentando escapar a todas direcciones y los ojos inyectados en sangre. Viste solo unos holgados calzoncillos a cuadros. Ernie, aun de un humor inmejorable, le abraza y parece que está a punto de romperle. Le palmotea la espalda y entra en el departamento. Es un desastre, como siempre, los montones de ropa sucia y los envoltorios de porquerías fritas le saludan. Pero no importa, piensa Ernie, ahí está él para salvar a Justin. Deja las bolsas en el mesón de la cocina americana y se gira para mirar a Justin, que sigue parado frente a él.

— ¿Cómo has estado, hombre? —dice, intentando iniciar una conversación.

—Mal—le responden, con un tono cortante.

El hufflepuff frunce los labios. Sabe que Justin no le quiere ahí—es un milagro que le haya dejado entrar—pero no se dará por vencido tan fácilmente. No lo hará. Vuelve a la carga.

—Pues…—mira a todos lados, pensando como continuar sin cagarla—he traído comida.

—Así veo.

Ernie se levanta y comienza a sacar todo lo que ha traído. Resopla algo nervioso.

—Un amigo de la facultad, un francés hijo de muggles, me enseñó unos trucos para hacer sushi con varita. Traje todo para que lo intentemos. O sea, creo que traje todo. Últimamente, no sé dónde tengo la cabeza. ¿Te gusta el sushi, no?

—Supongo que sí—Justin se encoge de hombros. Sigue recostado en el sillón.

Hey, una oración de más de dos palabras. Ernie sonríe para sí mismo.

—Vamos a ver. Tenemos el alga negra, el arroz extraño y—mira dentro de la bolsa, instalando el silencio por unos segundos—toda clase de cosas ricas para rellenar. Lo único que falta es ponernos a trabajar—termina la frase con gran energía y por un momento es el Ernie de Hogwarts, siempre dispuesto a ser más empollón que Hermione Granger.

Mira a Justin, quien tiene ahora los ojos marrones cerrados y se rasca la cabeza. Parece rumiar mucho algo y cuando por fin lo saca, a Ernie se le cae el alma a los pies.

—Vamos, Ernie. Tú ya tienes claro que no quiero nada de eso. Quiero estar solo, necesito estarlo. ¿Puedes irte?

Eso le toma por sorpresa. Una dolorosa sorpresa. ¿Puede irse? Podría irse, la sangre que ya se le sube a la frente así lo indica. Pero no quiere. Aunque la frustración le invada a cada momento, seguirá insistiendo. Seguirá viniendo al departamento 1505, digan lo que digan Hannah y Susan. No piensa dejar a Justin solo, a su suerte.

Sin embargo, pese a toda su cabezonería y luego de una pequeña lucha interna, comprende que por esta vez es momento de irse. Es demasiado por un solo día, él no es un santo. Ya comerá sushi con Millie. Coge las bolsas, cuyos rostros felices impresos en la parte delantera del plástico blanco intentan convencerle de que siga intentándolo. Volveré, intenta decirles, pero por ahora ya es mucho para mí. Camina lentamente a la puerta y por un momento tiene el presentimiento de que Justin le pedirá que se quede. Pero no sucede.

—Adiós Justin—murmura.

Lo que no sabe es lo mucho que Justin quiere mantenerlo ahí con él. Pasarán unos meses antes de que realmente lo tenga claro.