Disclaimer: Los personajes no son míos son de Stephenie Meyer y la historia es una adaptación de Shayla Black.


Argumento

Los hermanos Edward, Jasper y Emmett, se enamoraron por completo de la nueva administrativa de Edward, la hermosa Isabella Swan. Los ejecutivos petroleros sabían que tenían que darle tiempo para que los llegara a conocer antes de que ella pudiera elegir uno… quien seduciría a la virgen y la conservaría para él. Pero cuando un peligroso acosador comienza a acechar a la pueblerina beldad, ellos trabajan juntos para protegerla, secuestrando a Bella y haciéndola desaparecer en un escondite aislado. Una vez a solas con la mujer, ninguno de ellos puede contener su ardiente deseo. A pesar de que a Jasper y a Emmett no les importa compartir, el pasado trágico de Edward ha puesto distancia entre él y sus hermanos. Ahora, ellos esperan que Bella no solo los vuelva a amar… sino tal vez reparar su fracturada familia.

Después de superar los temores iniciales de la mujer, los hombres le enseñan un placer salvaje que Hannah nunca habría imaginado. Ella se acerca más y más a cada uno de ellos, la devoción masculina disolviendo las inhibiciones femeninas. Bella se encuentra aceptando el amor de los tres hombres… y deseando poder curar el alma herida de Edward. Pero su felicidad recién descubierta se convierte en terror cuando su acosador la encuentra. ¿Perderán Edward, Jasper y Emmett a su mujer por una amenaza que pone en peligro todo lo que aman o finalmente los unirá para volver a Bella suya para siempre?


Capítulo 1

Edward Cullen dejó su café y miró la línea del horizonte de Dallas. Desde el último piso del edificio Cullen Oak Oil, él podía ver prácticamente hasta Fort Worth. Conocía al dedillo la vista. Los mismos árboles y edificios, el mismo smog suspendido sobre el mismo embotellamiento a esta hora de la mañana. Incluso el café era el mismo de todas las mañanas. Se había levantado mucho antes del sol, las pesadillas nocturnas ahuyentando cualquier atisbo de sueño tranquilo. Siempre se daba por vencido y después de una carrera agotadora, entraba en la oficina. Sus empleados pensaban que era abnegado, pero la verdad era que no tenía nada mejor para hacer.

Ahora mismo, su única razón para sonreír era la única persona de la que debería permanecer lejos, muy lejos. Isabella Swan.

Genial, hiciste un gran trabajo permaneciendo muy lejos de ella, idiota. La contrataste como tu administrativa. La manera de mantener a la chica a salvo. Ella está a unos siete metros de distancia de ti, ocho horas al día. Bien hecho, Cullen.

El timbre del teléfono sobre su escritorio interrumpió su desagradable monólogo interior.

—Oye, hermano, iré un poco más tarde.

Jasper, el hermano de Edward bostezaba mientras hablaba.

—Qué sorpresa. ¿Otra noche tardía en el club?

Tal vez Bella no era lo único que hacía sonreír a Edward. No pudo evitar el modo en que sus labios se curvaron al pensar en cómo su hermano pasaba sus noches. Zurrar a las mujeres estaba volviéndose, rápidamente, un trabajo extra para Jasper… y era bueno en eso. A menudo, Edward se preguntaba por qué no salía con sus hermanos. Tal vez no al club BDSM que frecuentaban, pero a cenar sería bonito. Se había vuelto tan solitario en los últimos años desde que…

No. Se negaba a pensar en eso.

Edward se obligó a un tono alegre en la voz.

—¿Emmett te mantuvo afuera toda la noche?

—No le mantuve fuera —dijo Emmett mientras entraba dando zancadas en la oficina, lo que demostraba una vez más, que siempre llegaba a tiempo. Por supuesto, también era el hijo ilegítimo que sentía necesidad de probar que tenía un lugar—. Jasper lo logró por su cuenta. Encontró una bonita morena. Sorpresa. Sorpresa. Cuando dejé el club, estaban poniéndose muy íntimos.

La breve incursión de Edward en un pasable humor cayó en picado. Jasper habría elegido una morena bonita por un motivo, un único motivo… fingir que era Bella. De todas las muchas razones de Edward para mantenerse lo más lejos posible de su administrativa, el hecho de que sus dos hermanos estuvieran locos por ella encabezaba la lista.

¿A quién estás engañando? No es por eso que te mantienes alejado. Si no lo haces, sabes lo que va a suceder. Sabes lo que tú le harías a esa chica. Ya has perdido a una. ¿En verdad crees que te mereces una segunda oportunidad?

Edward respiró hondo y esbozó una sonrisa forzada. Emmett ya creía que él era diferente. No quería empujar a su hermano aún más lejos.

Presionando el botón del teléfono, Edward puso a Jasper en altavoz.

—Dime que vas a participar en la reunión de la Junta Directiva.

Emmett resopló y arrojó su gran cuerpo en una de las sillas frente al escritorio de Edward. Cruzó una pierna sobre la otra, sus botas de vaquero asomando de su traje a medida. Ese era Emmett. Edward podía meterlo a la fuerza en un traje de diseñador, pero él nunca iba a perder al vaquero.

—Por supuesto que voy a participar en la reunión —dijo Jasper con un largo suspiro de sufrimiento—. No voy retrasado porque me fui de fiesta a lo grande. Solo conversé con la morena. En su mayor parte. ¿Candy? ¿Sandy? Ella estaba muy bien pero no era…

Bella. Edward vio el gesto de rechazo en la boca de Emmett. Era obvio que estaba pensando lo mismo.

Jasper continuó.

—No importa. Escucha, recibí una llamada desde el emplazamiento de Alaska. Hemos tenido un pequeño problema allí. Algo ha salido mal con la infraestructura. Voy a tener que ir allí durante unos pocos días. Me he pasado la mañana llamando para asegurarme de que la casa esté lista después de que la junta se disperse.

Edward enarcó una ceja a Emmett, quien le hizo un gesto de adiós con la mano.

—Es un problema de ingeniería, no de seguridad. Ya hablé con Mike en River Run. Me dijo que realmente ha estado tranquilo por allí. Lo peor que ha tenido es a algunos niños decidiendo que la sede de la oficina necesitaba nuevos grafitis en el lateral. También tienen problemas con los ordenadores, pero los tíos del área de tecnología de la información están en ello. La situación de la que Jasper está hablando sólo necesita un poco de seguimiento y supervisión.

Bueno, al menos la seguridad era una cosa por la que no se tenía que preocupar. Desde que Emmett había asumido el control de Cullen Oak Oil, esa parte había estado funcionando sin problemas.

Edward agarró la pila de cartas que se había llevado del escritorio de Bella, esperaba su llegada en treinta y cuatro minutos. Dios, era un idiota. Sabía la hora exacta en que ella entraría por la puerta, y la esperaba como un perro a la espera de un bocadillo prometido. Con ansiedad, buscó de manera desordenada entre la correspondencia. Era demasiado temprano para esperar que alguien más aguardara para la reunión y no tenía nada más que hacer. Ella era demasiado eficiente. Él la había contratado recién bajada del autobús de un pueblo sin nombre del oeste de Texas, sin imaginar lo rápido que se convertiría en imprescindible. A veces, incluso Edward se encontraba girando sus pulgares porque Bella hacía el trabajo de él de manera eficiente.

Hubo una ligera pausa en el extremo de la línea de Jasper y luego su hermano sonó casi renuente.

—Edward, Emmett, quiero hablar de algo con vosotros. ¿Creéis que podemos programar un almuerzo después de la junta?

El correo era toda mierda. La mayor parte podría arrojarse a la basura. Entonces llegó a un sobre grande que parecía más interesante. Tal vez contenía algo más que una oferta para reducir a la mitad su presupuesto de grandes cantidades de papel. Edward lo abrió pulcramente con un abrecartas mientras la suspicacia sobre ese almuerzo se deslizaba por su mente.

—¿Sobre qué? ¿Negocios?

Emmett se removió en la silla.

—No exactamente.

Joder. No quería hacer esto con ellos.

—¿Se trata de Isabella?

¿Por qué había incluso preguntado? Lo sabía. Sus hermanos habían estado husmeando alrededor de ella desde el día en que Edward la había contratado a regañadientes hacía casi un año. De alguna manera, ellos habían captado el hecho de que él también la quería.

—Lo que queremos no va a cambiar, Edward —dijo Emmett, su boca una línea obstinada y plana—. Sin importar lo mucho que lo desees.

—Ella es una adulta. —La voz de Jasper era zalamera donde Emmett iba directo a la confrontación—. Es inteligente y capaz de tomar sus propias decisiones. Va a estar bien.

—¿Ella tiene qué? Veintidós o algo así. —Prácticamente una niña. Al menos él continuaba diciéndose eso.

Emmett se inclinó hacia adelante como si estuviese listo para pelear si fuera necesario.

—Edward, tú estabas dirigiendo esta compañía a los veintidós años, no te olvides. Además, Bella tiene veinticinco.

Un escalofrío corrió por la piel de Edward y de repente la habitación parecía demasiado pequeña. Bella tenía veinticinco años. No hacía ni un mes que acaban de festejar su cumpleaños. Él había traído un pastel y Emmett y Jasper le habían montado una fiesta. Edward recordaba los celos que había sentido cuando sus hermanos la habían llevado fuera de la oficina. También hubiera querido estar allí junto a ella, celebrando con Bella. Abrazándola.

—Si eres completamente honesto contigo, Edward, deseas lo mismo que nosotros. Bella no es Tanya y tú no eres la misma persona que entonces.

—Tienes que olvidar lo sucedido y volver a vivir —dijo Jasper—. Estaré allí en diez minutos. Seguiremos hablando entonces.

—Independientemente de su verdadera edad, ella es inocente. No está lista para encargarse de varios hombres o jugar sus jueguecitos.

Edward estuvo encantado con la firmeza con que sonó su voz cuando todo lo que podía ver en su imaginación era el cuerpo de Tanya tendida sobre la tabla impersonal en la morgue.

Últimamente en sus sueños, el cuerpo de Tanya se convertía en el de Bella. La imagen quemaba en su cabeza. A duras penas se las arregló para respirar. Tenía que concentrarse o se perdería. Y necesitaba encontrar otro trabajo para Isabelaa. Si la mantenía tan cerca… no, no podría.

—Maldita seas, Edward —gruñó Jasper—. Cuando se trata de Bella, no son jueguecitos y no estamos jugando.

El corazón de Edward latió de manera irregular.

—Dale tiempo a la chica para crecer.

Él puso al revés el sobre grande en su mano y dejó que el contenido se desparramara por el escritorio con la esperanza de que Emmett no se diera cuenta de que le temblaban las manos.

—No actúes como si todo acabara en Jasper y yo. No engañas a nadie —dijo Emmett. Por una vez el vaquero grande casi parecía reacio a hablar—. Veo como la miras. La deseas. Te importa. Eso no es nada de qué avergonzarse. Joder, si hay una cosa que tanto Jasper como yo entendemos, es como un hombre puede estar loco por Bella.

La voz de Jasper llegó a través del altavoz.

—Emmett y yo lo hemos pensado bastante. Creemos que es hora y todos tenemos que participar.

—Exactamente. —Emmett se inclinó hacia adelante—. Tenemos un plan.

—¿Qué mierda?

Todo lo demás que estaba a punto de decir se perdió cuando Edward vio lo que se había desparramado del sobre. Fotografías de Isabella. Frunció el ceño. Diez fotografías, todas de su cuerpo bellísimo usando creaciones preciosas, llenas de encajes en colores suaves que mostraban sus pechos turgentes y su culo hermoso. En una, una toma de su trasero, no llevaba puesto absolutamente nada. Edward dejó escapar el aliento y su polla se puso dura con la imagen.

Emmett se levantó, mirando con atención las fotografías sobre el escritorio.

—¿Qué es eso?

Edward tuvo un repentino deseo de ocultar las provocativas tomas. En lugar de eso, miraba echando chispas por los ojos. A veces, Emmett era conocido por tener modos originales de resolver un problema. Emmett le había dicho que tenía un plan. ¿Esas fotos formaban parte de ello? ¿O era la forma inmadura de Emmett de involucrarlo en su retorcido arreglito?

—¿Quieres explicar esto? —Empujó la imagen menos seductora de Bella sobre el rostro de Emmett.

—Esto es Bella. ¿Qué diablos? —Emmett agarró la foto.

—¿Qué está pasando?—preguntó Jasper, su voz se alzaba alarmada en el teléfono—. ¿Qué quieres decir con "Esto es Bella"?

Emmett se quedó con la mirada clavada en Edward, su rostro tomando esa misma expresión en blanco que había tenido durante los primeros dos años después de que Edward y Jasper lo hubieran encontrado en una casa de acogida. Había sido el hijo no planeado de su padre o no deseado. Incluso había sido pura casualidad que Edward y Jasper descubrieran su existencia.

—¿Crees que yo haría esto?

La cabeza de Edward registró el tono de indignación de su medio hermano, pero la furia lo dominaba.

—¿Sabes lo que Isabella te podría hacer si se enterara de esto? Podría llamar a la policía y yo la dejaría. Y tu táctica enfermiza no va a funcionar. Podrás poder meter a Jasper en tus perversiones, pero no pienses que podrás hacer lo mismo conmigo.

—Maldita seas, Edward. ¿Por qué dirías eso? —Jasper cerró de un golpe una puerta y Edward supo que su hermano estaba en camino.

Dex prácticamente irradiaba furia. Era un enorme toro humano, y Edward sospechaba que estaban a punto de tener la pelea que siempre había sospechado se avecinaba. Emmett se cernió sobre Edward, los puños apretados y listos, pero se detuvo. Los hombros de Emmett se relajaron y su cara se convirtió en una máscara de insípida cortesía.

—Escucha, Edward. La única razón por la que no estoy saliendo por la puerta en este instante es porque quiero a Bella a salvo. Después de que averigüe quién la está acosando y que me asegure que no lo pueda volver a hacer, me iré. No tendrás que ocuparte de este bastardo perverso nunca más. Pero la próxima vez que tu conciencia de niño rico te controle, no te atrevas a venir a buscarme.

Edward miró las fotos de nuevo y se dio cuenta que había cometidos varios errores terribles. Había estado tan preocupado por ellas que no había tenido tiempo de mirar realmente el sobre. No había sido dirigido a él, sino a la propia Bella. No había sellos delante. Algún hijo de puta había entrado en su oficina, se había parado en su escritorio y se había asegurado de que recibiera su "regalo".

Emmett dio la vuelta a una de las fotografías y la golpeó contra el escritorio de Edward con un ruido contundente.

Eres mía.

Las palabras amenazantes habían sido escritas con un marcador rojo como la sangre, el color un marcado contraste con el blanco del papel fotográfico.

—Esto no es una broma que urdí para engañarte a que te unas a nosotros. ¿En verdad me estás acusando de ser un acosador y tratar de aterrorizar a la mujer que amo? Y sí, amo a Bella. No lo dije porque eres un verdadero coñazo para manejar la situación. Voy a averiguar lo que está pasando y cuando me vaya tengo la intención de llevármela conmigo. Y tú, hermano mayor, puedes irte a la mierda por lo que a mí respecta.

Emmett giró sobre sus botas y se dirigió dando zancadas hacia la puerta.

Él trataba de detener la sensación nauseabunda en su estómago mientras todo lo que Emmett había dicho lo abatía.

—¿Qué coño hiciste, Edward? —preguntó Jasper con voz apenas audible sobre el ruido del tráfico.

Edward refrenó el deseo de agarrarse la cabeza con las manos. Había manejado todo mal. Pero esa era la historia de toda su puta vida.

—Trae tu culo aquí ahora, Jasper.

Colgó el teléfono y no pudo evitar clavar la mirada en las fotos delante de él. Bella estaba en su dormitorio y las fotos obviamente, habían sido tomadas desde lejos. Tenían una calidad granulada. En la mayoría, Bella estaba leyendo o mirando la televisión en su diminuto dormitorio. En dos de ellas, llevaba un camisón, pero la mayor parte la mostraban con un sujetador de encaje y unas bragas apenas existentes. Tan jodidamente hermosa. Ella escondía ese cuerpo debajo de ropas casi informes y siempre mantenía su pelo en una coleta. En las fotos, su abundante cabello color miel caía debajo de sus hombros en rizos sueltos.

Amaba la que estaba recostada en la cama con el teléfono en la mano y una sonrisa en el rostro, como si estuviera riendo. Sus ojos brillaban y esa sonrisa podría iluminar el mundo entero. El reloj junto a su cama indicaba las diez de la noche. Edward recordaba haber llamado a Bella alrededor de esa hora unas pocas noches atrás. Él había perdido un número de teléfono importante. Ella se había burlado de él por sus habilidades organizativas.

¿Así era como se veía cuando hablaba con él? ¿A medio vestir, los labios carnosos dándole la bienvenida? Joder, explotaría la próxima vez que tuviera que llamar a su casa.

Edward dio vuelta la foto.

No permitas que esos hermanos pervertidos te toquen. Eres mía.

Empujó a un lado la foto y se levantó. Bella estaba en peligro y él estaba poniéndose duro mirando la evidencia. ¿Qué clase de hombre era?

Ya lo sabes, le dijo esa voz. Sabes exactamente qué clase de hombre eres, cabrón.

Era un hombre que acababa de apartar a su medio hermano a un lado en una de las formas más crueles posibles. Apartaba a empellones a todo el mundo. Y ahora iba a perderlo todo si no lo aclaraba.

No esta vez. Maldita sea, iba a hacer las cosas bien.

Edward iba y venía mientras esperaba a Jasper con un plan ya elaborado.

Bella Swan se detuvo y observó como Emmett McCarty salía caminando de la oficina de Edward y entraba en el área de la gran recepción que a ella le gustaba considerar como su territorio. ¿Caminando? Emmett nunca caminaba. Andaba a zancadas. Se pavoneaba. Y ahora salía precipitadamente de la oficina como un toro enfurecido.

Ella volvió a avanzar despacio por el corredor para observarle. Había notado que todos sus hombres tendían a ponerse una careta cuando se daban cuenta que ella estaba en la habitación.

Sus hombres. Era todo lo que podía hacer para no reírse de sí misma, pero esa era la manera en que pensaba de la Pandilla Cullen… Edward, Jasper y Emmett. En sus fantasías, ellos eran sus hombres, a pesar de que nunca, jamás se lo diría. No obstante se había enamorado locamente de ellos, y los tres estaban muy lejos de su liga.

Ahora uno de sus hombres caminaba directamente hasta la pared enfrente de su escritorio y se restregaba una mano enojada por la cabeza. Volvió la mirada hacia la puerta de la oficina de Edward como si quisiera regresar adentro y decirle a su hermano mayor cuatro cosas. Algo había puesto furioso a Emmett. Su rostro hermoso era de un rojo moteado y sin embargo… juraba que le había visto un ligero brillo de lágrimas en los ojos. Con un pequeño arranque de furia, tiró el puño hacia atrás y atravesó la pared. Los paneles de yeso cedieron sin un ruido, solo crujieron y levantaron una nube de polvo. Emmett tiró bruscamente de su mano para liberarla.

Era hora de calmar a ese hombre de lo que lo había puesto tan loco o empezaría con los muebles.

—Nunca me gustó esa pared —dijo Bella con voz dulce.

Emmett se volvió, la conmoción obvia en su cara. Su rubor rojo furioso mutó a rosado avergonzado.

—Bella. No sabía que estabas aquí.

Ella le sonrió y entró como si absolutamente nada estuviera mal. La vida era como una persona la hacía, su abuelita siempre lo había dicho. Era hora de hacer la vida de Emmett un poco más tranquila.

—Lo digo en serio. Me alegra que por fin alguien ponga a esa arrogante pared en su lugar. Yo la he abofeteado un par de veces, pero siempre acaba parada allí.

Él resopló una risita.

—Estás loca, chica. Lo sabes, ¿verdad?

La tensión en Emmett bajó varios niveles.

—No tengo idea de lo que quieres decir. Y tú no eres el más indicado para hablar. Yo no soy la que se saca las frustraciones con una pared.

Dejó su bolso y miró alrededor buscando la correspondencia. Nada. Edward probablemente la tenía. Iba a tener que discutir con el hombre acerca de sus prioridades. Un Gerente General mirando la correspondencia. Bella suspiró. Si ella lo dejaba, también haría el café. Edward Cullen estaba hasta en las cosas más pequeñas. Ella abrió su agenda para prepararse para el día por delante.

—Bella, lo siento.

Cuando levantó la vista, Emmett estaba delante de su escritorio, un metro ochenta y siete del vaquero más caliente que alguna vez hubiera visto embutido en un traje de ejecutivo. Emmett tenía el pecho y los hombros muy anchos, pero lo que más la impresionaba era con cuanta frecuencia él hacía gala de su gran corazón. Trataba de ocultarlo, pero ella sabía que había ayudado a más de un empleado con problemas de dinero o cuentas médicas.

Si le contaba lo que le estaba sucediendo, removería cielo y tierra para solucionar su problema. Más de una vez, la información había estado justo allí, en la punta de su lengua, pero se contuvo. Emmett tenía sus propios problemas y ella podía manejar los suyos. Era una mujer fuerte e independiente que no iba a entrar en pánico porque un idiota le mandara unas pocas cartas. Y llamara un par de veces. Y en teoría hubiera matado a su gato.

Ella se obligó a sonreír.

—No me pegaste a , machote, así que sin disculpas. ¿Quieres decirme que está pasando con Gavin que hace que te sientas tan violento?

Ella no quería involucrarlo en su problema, pero no podía mantenerse al margen del suyo. Emmett y Edward tenían una relación difícil, por no decir más. Jasper era el puente entre los dos, pero no estaba aquí, así que eso dependía de ella.

Emmett respiró hondo y entonces esa sonrisa sin artificios regresó a su hermoso rostro.

—No es nada, cariño. Sólo una pequeña diferencia de opinión. Quítatelo de la cabeza.

Ella miró el agujero en la pared.

Él se ruborizó de nuevo.

—Tendré que repararlo.

Las puertas exteriores se abrieron estrellándose contra la pared y Jasper entró rápidamente. Era un pedazo desaliñado de macho caliente. Su camisa de vestir colgaba de un pequeño botón en las caderas. El resto caía abierta, exponiendo sus duros pectorales y dándole un imponente vistazo de sus abdominales trabajados. Maldición, casi se traga la lengua. Su pelo negro estaba ligeramente revuelto. Y parecía aturdido.

Bella logró sonreír sin jadear.

—Vas a tener un exitazo en la reunión de la Junta Directiva.

Él bajó la mirada a sus ropas como si fuera la primera vez que les había dedicado un pensamiento.

—Tenía prisa. Bella, ¿te encuentras bien?

—Excelente.

Ella levantó el teléfono, sabiendo con exactitud lo que él necesitaba. No era su primer rodeo, como a los viejos de Two Trees les gustaba decir.

—Angela, tengo un código azul.

Angela, la administrativa de Jasper, suspiró.

—¿Qué parte necesito sustituir? ¿Corbata? ¿Calcetines? Ese hombre constantemente usa calcetines de deporte con sus zapatos de vestir.

Bella miró a Jasper de arriba abajo. Él conocía el ejercicio, giró para su inspección.

—No, Angela. Se trata de una sustitución de los pies a la cabeza.

Colgaba el teléfono mientras Jasper echaba una mirada a la pared. Él clavó los ojos en ella un momento antes de mirar furioso a Emmett.

—¿En serio? Por favor dime que no era la cabeza de Edward. ¿Dónde está su cuerpo? ¿Necesito llamar al 911? —peguntó Jasper en tono sarcástico pero Bella oyó la preocupación en su voz.

Emmett simplemente negó con la cabeza.

—Ningún problema en absoluto. Llamaré a mantenimiento y conseguiré que suban hasta aquí para solucionar este inconveniente. Luego tengo un par de cosas que hacer. Creo que me saltaré la reunión.

—No puedes saltarte la reunión de la Junta Directiva.

Emmett se encogió de hombros mientras se movía hacia la puerta.

—Mírame. Tengo cosas más importantes que hacer. Y Bella, tienes un almuerzo hoy con Jasper y conmigo.

Ella echó un vistazo a su agenda.

—No puedo. Acordé almorzar Jacob.

—¿Quién diablos es Jacob? —exigió Jasper.

—Él trabaja con los equipos de tecnología. Dijo que era importante —explicó Bella—. Estoy segura que tiene algo que ver con las instalaciones que he estado ayudando a coordinar.

Ambos hombres se quedaron muy quietos.

—Ya no vas a reunirte más con Jacob. Almorzarás con nosotros y vamos a tener una larga conversación, los tres.

Los ojos oscuros de Emmett sostuvieron su mirada un momento. Él estaba tan serio que su corazón empezó a latir acelerado. Cuando su voz se volvió profunda y oscura, hizo que su sangre martillara.

—Absolutamente. —Jasper se cruzó de brazos.

—De acuerdo —dijo ella. Su voz había sonado entrecortada, ¿no?

Emmett salió, las puertas golpeando detrás de él. Jasper sacudió la cabeza. Incluso desaliñado, él era un espectáculo magnífico. Con el cabello grueso y oscuro y un rostro que parecía esculpido por Miguel Ángel, siempre la hacía suspirar.

Edward abrió la puerta y salió. Siempre irradiaba poder. A diferencia de Jasper y Emmett, no había nada menos que perfecto en su apariencia. Ningún traje se atrevería a arrugarse jamás mientras Edward Cullen lo llevara puesto.

Él asintió torvamente con la cabeza hacia ella.

—Buenos días, Isabella. Tengo que hablar con Jasper, pero me gustaría que te quedaras cerca de tu escritorio esta mañana.

—Por supuesto. —Era una petición extraña, pero una que ella podría manejar.

Jasper desapareció en la oficina de su hermano. Edward cerró la puerta, observándola atentamente hasta que se cerró entre ellos con un ruido agorero.

Y luego Bella estaba sola.

Metió la mano en su bolso y sacó el número del investigador privado que había contratado dos días antes. Él había cobrado su cheque, pero no le había devuelto las llamadas. Tal vez era hora de admitir que contratar a alguien llamado Vinny, que trabajaba en la parte trasera de una tienda de lectura del tarot no había sido la mejor idea. Cuando no le respondió, dejó otro mensaje mientras enviaba un correo electrónico a Jacob para cancelar el almuerzo. Después de eso, llamó al refugio de animales para comprobar si habían encontrado a Mr. Snuggles. Su gato se había ausentado durante días y Bella estaba comenzado a temer que se hubiera ido para siempre.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Iba a tener que tomar medidas y pronto. Se sentía sola ahora que sus tres hombres se habían ido. Era mucho tiempo hasta el almuerzo con Emmett y Jasper. La oficina parecía grande y vacía. Ella quería tanto volverlos a llamar y contarles su problema.

¿Pero por qué decirles a los ocupados hombres que amaba y que probablemente no podrían amarla, que alguien estaba tratando de matarla?

Hola, perdón la demora.

Quería contarles que esta semanas no estuve haciéndome la vaga nada mas si no que también e creando un blog en el cual pondré una sección para noticias fanfic. No es obligación que entren ni nada. Lo hice nada mas para interinar un poco mas con ustedes.

Hay pondré avances, avisos, próximos proyectos. También para el que quiera husmear entre, por ahora no hay mucho porque recién recién empiezo pero bueno, así se empieza!

Link: mara fanficmasymas. blogspot .com .ar/ (Sin espacio)

Espero que les haya gustado este comienzo de esta nueva adaptacion.

Besos,

Mara S.