APUNTES: Esto no es una historia que siga el canon de Avatar. Sé que ni en sus sueños mas escalofriantes los dueños de Avatar permitirían que suceda lo que mi fic describe. Algunas de estas ideas las inspiraron otras series como X-Men, One Piece o Hellsing, no se sorprendan si encuentran similitudes. Por ultimo, aclaro que ninguna de estas series me pertenece, y que escribo fics tratando de sorprenderme a mi misma, sin ánimo de lucro. Espero les agrade.

Las letras en cursivas son pensamientos o palabras, los sucesos brincan de un tiempo a otro, indicare el capitulo en negritas antes de cada parrafo para que se orienten mejor.

P.D. Los reviews son para mí una retroalimentación muy importante. Por favor, escribe.

Técnicas Avanzadas

La biblioteca

"Todos los seres vivos contienen agua en su organismo; por ejemplo, el cuerpo de un humano adulto tiene casi el 60 de agua". Interesante. Katara dejó el libro en el estante donde lo había tomado. Siguió a Aang por los pasillos de la biblioteca. Miraron cuando Sokka robaba ese pergamino quemado. Todo pasó tan rápido luego…

Después de las encrucijadas del destino

Tenía un racimo enorme de uvas en la mano. Encontraron muchas en el lugar que escogieron para que Aang se recuperara del rayo que lanzó Azula. Si al menos pudieran llevarse la mitad de todo eso tendrían comida para varios días, aun si Sokka comía con el apetito de siempre. De pronto recordó: todos los seres vivos contienen agua. Puedo intentarlo. Katara imaginó a una uva por dentro, el agua que contenía, poco a poco, como si las uvas sudaran, sacó el agua que tenían y la reunió en su mano, luego bebió: ¡sabía tan bien! Las uvas ahora eran pasas, como las que Gran Gran le daba de postre cuando era niña. Hizo lo mismo racimo por racimo, al final era mucho mas fácil y rápido. Guardó las pasas y se reunió con los demás.

El cuerpo de un humano adulto tiene casi el 60 de agua. Podría convertir a un maestro fuego en una pasa…horrorizada de sí misma, trató de alejar esos pensamientos moviendo la cabeza. Sería muy fácil, solo debía practicar… ¡demonios! ¡Ya basta!. Intento de nuevo huir de esos pensamientos. Lo logró por un tiempo, pero ver sufrir a Aang, la hacia sentir culpable. ¡Necesitaba ser más fuerte!

El cuerpo de un adulto humano…Practicó con peces que Sokka atrapó. Engañaba a su mente diciéndose que secos, como las pasas, se conservarían mas tiempo. Trataba de parecer la misma Katara de siempre, pero ese lado oscuro y perverso de ella persistía aun cuando sonreía. Poco a poco, vio las mejoras en sus habilidades, lo poderosa y rápida que era ahora, le hicieron pensar que sus practicas eran lo correcto. Incluso Aang lo notó. -Wow Katara ¡es impresionante! – dijo cuando la vio caminar tranquilamente por el agua, tal y como lo hacia en tierra, sin necesidad de congelarla. Aang tuvo que practicar varias veces antes de lograrlo. Katara sonrió. No como lo hacía antes, esta sonrisa era de presunción, con un dejo de odio y sarcasmo. Así que al avatar le da trabajo superarme…¡ja! Si supiera lo que puedo hacer ahora. Se reprendió a sí misma por esos pensamientos.

Una tarde, mientras Aang entrenaba con Toph, se adentró al bosque. Hacía tiempo que practicaba con seres mucho más grandes que los peces, y los remordimientos poco a poco se alejaban. Incluso un día se sorprendió a sí misma sonriendo mientras observaba a un conejo secándose por sus poderes. Ahora, buscaba presas más grandes. ¡Ven maestro fuego! Invocó. Quiero matarte lenta y muy dolorosamente. Parpadeó. Escuchó un rugido. Un oso ornitorrinco. Excelente, un calentamiento… Momentos después, miró impasible el enorme cuerpo que inútilmente se revolvía tratando de escapar… el agua era roja, bebió un sorbo, como lo hizo con las uvas. Sabía a hierro. Recordó las historias de kyūketsukis que Gran Gran le contaba a Sokka. Sí, los vampiros eran aterradores. Soy aterradora. Entendía su sed de sangre. El placer que producía tener el poder de matar a otro ser. Soy un vampiro. De pronto, escucho voces cerca de ella. Se acercó sigilosamente, soldados de la nación del fuego. Perfecto, los shinigamis, dioses de la muerte, están conmigo. Se acercó, felina, a uno de los soldados. En unos segundos, con una mirada sorprendida, una estatua de hielo la miraba. En comparación con extraer el agua de un cuerpo, congelar toda la que existía en el no era nada. Le agradaba esa manera de matar, pero no la satisfacía del todo. No sufren lo suficiente. No se dan cuenta del todo que están muriendo, que yo los aniquilo.

De pronto, uno de los soldados dio la alarma, no era un campamento muy grande, de apenas 20 soldados. Estaban encargados de buscar en esos bosques al avatar. Se reunieron alrededor de ella, mirando con cierto escalofrío la sonrisa extraña que jugueteaba en sus labios. Quizás estaba loca, pero era muy bella y joven. Sería un buen juguete para la tropa. Tres de ellos intentaron acercarse, se congelaron enseguida. Sorprendidos, no pudieron reaccionar cuando ella desplegaba sus poderes y extrajo el agua rojiza de los cuerpos caídos. Con el agua, formó unos tentáculos que rápidamente neutralizaban sus ataques, era inconcebible, pero poco a poco atrapaba a uno de ellos y los dejaba secos, arrugados, una niña, matando a un hombre de la nación del fuego. Acabó rápidamente, solo dejó a uno, aterrorizado, con ojos desorbitados, sentado en el suelo, sin escape…

Lanzó un gemido cuando ella se acercó. Katara lo hizo a propósito. En la pelea, no podía disfrutar plenamente el matar lento. Con un látigo de agua roja, lo hizo levantarse. Estaba paralizado del temor. Lenta, sensualmente ella se acercó a su cuello, lo mordió con fuerza, él solo sentía su corazón palpitar. Soy una kyūketsuki… le susurró. El soldado jadeó al sentir las primeras gotas que Katara arrancaba de su cuerpo, sintió sus labios lamerlas de su cuello. Pronto sus jadeos se convirtieron en gritos ahogados, su alma se iba y un dolor sordo le recorría todo el cuerpo, se sentía cada vez más ligero, agujas se clavaban en él.

Katara miraba impasible la esfera roja que daba vueltas en su mano. La dejó caer lejos de ella. Se alejó. Estaba por anochecer. Debía regresar con todos, antes que la buscaran. Un cuerpo humano adulto tiene casi el 60 de agua. Sonrió. Definitivamente había sido un dato interesante.