Romeo&Julieta

Esta es la primera historia que subo aquí, y tengo un montón más en planes de edición. Esta basada en un hecho de la vida real, que por el momento prefiero mantener en privado. El capítulo he decidido dividirlo en dos, por cuestiones de tiempo (porque ya tengo gente presionándome para que lo suba…. ¬¬) En fin… ojala que les guste mucho… Reviews…

Mariion.malfoy

Pd.

Todo lo que ya saben pertenece a J.k. Rowliing… Los demás nombres que no conozcan son míos y de mi loca imaginación )

Los Recuerdos del Pasado en el Presente

La chica estaba sentada en la barra del bar, sin mirar algo en específico, y con la expresión cansada. El mesero la veía ya con cierta nostalgia, pues ya se había vuelto habitual que la joven visitara el lugar por las noches. Ella sostenía una copa de vino blanco, el favorito de su abuelo. De vez en cuando pedía vodka, aunque gustaba más del vino. Estaba un poco más de una hora, y luego salía del establecimiento con dirección a su casa. Ella no manejaba; odiaba manejar. Prefería trabajar y pagar un chofer a hacerlo ella misma. Todavía quedaba algo en su copa, y mientras se tomaba los últimos tragos, recordó lo que le había sucedido en los últimos años…

-----

- ¿Hermione?

- ¿Qué sucede? – contestó sin desviar la mirada de su computadora personal. Su madre, viéndole sin expresión alguna, entró al cuarto de su hija.

- Tienes visitas hija.

- ¿Quién es?

- Otra vez el nuevo vecino, Ron Weasley. Te espera en el jardín.

- Oh… – dijo, sonriendo y cerrando la paleta de la computadora – Ya voy – salió a verle; ya era común que le visitara. Ella vestía radiante como siempre, y él, la esperaba cortés como siempre.

No hacía mucho que el joven se había mudado a la ciudad, y ya se había hecho muy buen amigo de ella. Aunque cabe destacar que la relación entre los padres de ambos influía. El padre de Ron era el jefe de trabajo del padre Hermione Jane, por tanto se conocían muy bien. Eran abogados de un exitoso bufete jurídico en la costa oeste del país. Ahora, por cuestiones de trabajo, se habían mudado hacia el norte. La familia de la Luisa Cristine, madre de Hermione, era del norte; más específicamente, de la ciudad donde ahora se hallaban. Ya hacía más de seis años que habían cambiado de residencia, debido a su separación con Noé, su esposo. Ahora vivía en una buena colonia, con unos buenos vecinos, y con un buen trabajo. A Luisa Cristine ya no le hacía falta nada: tenía a sus dos hijas, y con eso le bastaba. Hermione Jane era dos años y medio mayor que su hermana Anne Marsella. Estudiaban en el mismo colegio, pero en diferente edificio. Hermione Jane acababa de celebrar su cumpleaños número doce, en un salón de fiestas, con sus nuevos amigos, y su nuevo vecino Ron. Se habían hecho muy buenos amigos, y Anne Marsella estaba segura de que llegarían a ser algo más que eso.

- Hermione Jane – exclamó él, haciendo énfasis en Jane, que era como no le gustaban que le llamaran a ella.

- Ron – contestó ella, sonriente.

- Ah, hoy estás de buenas. No te has enojado – dijo él, tomando asiento, una vez que la niña se hubo sentado.

- Simplemente te he ignorado un poco – respondió de buenas a primeras.

- Debí suponerlo. Hoy yo también estoy muy feliz. ¿Vamos por nieve?

- ¿Otra vez? Estás loco. Sabes que no te dejan hacer eso, Ron…

Ron le había contado a Hermione todo. Él y sus padres se habían mudado a Londres por cuestiones de seguridad, por que así sería más fácil cuidarles. Como su padre y el de Hermione se encargaban del juicio contra un temido narcotraficante, habían sido amenazados de muerte tanto ellos como su familia, por estarse metiendo en lo que no les incumbía. Ella, su madre y su hermana también eran vigiladas, pero no lo sabían, a excepción de Hermione. A ella no le importaba de verdad en lo que le pudiera pasar a su padre; ya hacía mucho que no convivía con él que hasta casi lo había olvidado. Sin embargo, le daba coraje que su hermana Anne Marsella y su madre estuvieran en peligro de muerte.

Todas las tardes ella y Ron platicaban en el jardín de su casa sobre cualquier cosa. No estaban en el mismo colegio, pero al menos tenían la suerte que la casa de enfrente estuviera desocupada para cuando él se vino a la ciudad. Así que, se divertían haciendo cualquier cosa. Ron era hijo único. Su madre no era una persona muy social, pero salía si la ocasión lo ameritaba. Su padre, era un hombre de valores y principios, y de gran fortuna. Para ese tiempo, acababa de firmar un contrato con diversas cláusulas que afirmarían su patrimonio por unas décadas más; más que nada, para tener asegurado el futuro a su esposa e hijo, por si a él le llegaba a pasar algo. El beneficiado directo era su hijo Ron.

- ¿Qué tiene de malo? Ya lo hemos hecho unas diez mil veces – comentó exagerando el hecho, asomando una sonrisa en su rostro. Ella por su parte negaba.

- No, hoy no. Sabes que es peligroso. Ya te lo ha dicho tu padre… "No te escapes que te puede pasar algo si no te tenemos protegido"

- ¿Me la dicho cuanto¿Mil veces? – dijo sin cuidado, empezando a desistir en su idea – Esta bien, no vayamos a comprar nieve pues.

- ¿Seguro¿Tan fácil te has rendido? – preguntó ella con desilusión en su voz, y tristeza en sus ojos, pues ahora era ella quien quería ir a la nieve.

Era el primer año en ese Colegio, para Hermione y su hermana. Como ella ya pasaba a secundaria, su madre Luisa quería algo mejor para ella, y por tanto para Marsella. Su abuelo siempre lo dijo: nuestros hijos serán hermanos, pero nunca iguales. Y así fue en todos y cada uno de sus hijos, y en todos y cada uno de sus nietos. Hermione Jane, por ejemplo, odiaba los eventos sociales, y Anne Marsella los amaba. Eran diferentes, pero a las dos le corría la misma sangre por las venas. Hermione siempre fue más recatada que su hermana menor, y más responsable; a Marsella le faltaba sensatez lo que a Hermione le faltaba de expresión. Aunque era muy buena compañía, y de eso, Ron se había dado cuenta. Todos los miércoles por la tarde, Hermione iba a casa de la Tía Graciella, a oírla platicar y contarle sobre las ventajas y desventajas del matrimonio. La ventaja, decía ella, que con doce años de vivir a lado de su hermano, había aprendido a poner atención sin oír. Marsella desde que supo hablar, jamás volvió a cerrar la boca. Ella hablaba despierta o dormida, mientras se bañaba o mientras comía, en clases y en recreos, por teléfono y por persona. Siempre hablaba. Así que para Hermione se había vuelto ya esencial en saber cuando oír, y cuando escuchar.

- ¿Qué me estás queriendo decir¿Qué quieres ir? – inquirió despreocupado el muchachito ante la mirada inquisitiva del guardaespaldas, que lo esperaba recargado sobre la pared del pasillo que conducía al jardín.

- No, solo que ésta vez yo te he ganado. Te he convencido de no ir sin ningún problema – dijo con sonrisa triunfante, mientras él disfrutaba de su felicidad.

Anne Marsella cursaba el cuarto grado de primaria, y ya se había vuelto una niña muy solicitada en las fiestas de quinto y sexto grado. Aunque su madre no la dejaba ir a las de sexto, le daba permiso de ir a las de quinto, siempre y cuando su hermana le acompañare. Para ella no había problema; para Hermione si, puesto que significaba una salida menos para ella al tener que acompañarla a ella…

-----

La chica bebió lo que quedaba en la copa, y, algo melancólica, pidió otra. El mesero la atendió con cortesía, ya que en ella, algo le resultaba familiar. Más no lograba ubicarla en algún lado. Mientras el servía el vino a unos cuantos pasos de ella, la joven seguía recordando.

- Ese día era un 5 de octubre... Justo como hoy – susurró dolida, y en voz tan baja, que si bien, solo pudo oírse ella misma muy apenas.

-----

Luisa Cristine era la penúltima hija de cinco mujeres, y la antepenúltima de los ocho hijos. Y aunque le costara trabajo aceptarlo, la más parecida a su padre. Era de carácter fuerte y decidido, tenía claros sus ideales, y sus sentimientos; era una mujer hecha y derecha. Bien educada y hermosa. Vivía en una casa que ella misma había remodelado con sus propias ideas; había recuperado el trabajo que había abandonado una vez que se hubo casado, y ahora gozaba de éxito; y sobretodo, tenía lo más importante para una madre: a sus dos hijas. Y como buena madre, siempre se preocupó por ellas, por su bienestar físico y mental. Siempre les dio simpatía y cariño, confidencia y valores, pero sobretodo amor. Ambas muchachitas eran más que nietas para su abuelo, eran como sus hijas. El señor James Granger era un buen hombre, de templanza y carácter fuerte, con buena educación, y con amor por su trabajo y por su familia. Siempre cuidó de ambas y ahora disfrutaba de los resultados: una enorme familia y una gran fortuna sabiamente administrada. Podría decirse que era una persona con visión; gracias a su temeridad se había logrado formar una asociación de comerciantes en la región, un establecimiento para colocar dichas bodegas, una inmobiliaria para salvaguardar los intereses de sus socios y de su familia, y una buena reputación para el comercio. No era malo, era noble. Hombre de pocas palabras y muchas acciones. Así era él.

- No, lo que pasa es que sí quieres ir. Pero ahora tendrás que quedarte con las ganas, por que ahora soy yo el que no quiere ir – dijo él, en un arrebato de infantilismo. Por lo que ella procedió a reír divertida de la situación.

- No soportas que te haya ganado, y por eso actúas así, Ron. Pero si tú no quieres ir, pues no vayas – la niña sacó su celular, y le mandó un mensaje a su hermana, en donde le pedía por favor, llamar la atención del guardaespaldas de Ron.

- ¿Qué haces¿Me ignorarás hablando por celular? – dijo él, empezando a dudar seriamente. Ella negó, y permaneció con la sonrisa entre dientes unos instantes, hasta que su hermana comenzó a gritar como loca – ¿Qué pasa? – preguntó Ron, dejando su asiento, para luego voltear a ver a su acompañante y hacerle un par de gestos para que acudiera.

Marsella gritaba que una enorme y sucia araña se había metido en su habitación. El señor, desconfiado, dudó en ir a ayudarle, pero entonces la madre de las niñas apareció en la puerta del pasillo solicitando la ayuda del hombre, por lo que no le quedó de otra. Sonrientes, Ron y Hermione corrieron hasta la barda de la casa, y con ayuda de las enredaderas que tenía Luisa Cristine en el jardín, lograron saltar la barda y subir al techo de la casa vecina, para luego bajarla por las ramas del árbol que había en la banqueta, y salir así, de la casa.

-----

- Disculpe¿es usted una Granger? – dijo el mesero del bar, lo que a la muchacha le pareció un atrevimiento de su parte. Pero igual le respondió.

- Si, así es – dijo, claramente con la intención de ya no contestar ninguna otra pregunta.

- Entonces usted conoce a Hermione Granger¿no es así? – ella volteó sorprendida. Obviamente no diría que era ella, hasta no saber las intenciones de ese hombre.

- Si, está usted en lo correcto – pero le extrañó que teniendo a la verdadera Hermione justo frente a él, no la reconociera. « Tal vez deba ser por mi peinado… » Se dijo a manera de explicación; hacía mucho que lo traía planchado y corto.

- ¿Sabe? Yo fui compañero de ella hace mucho tiempo, en la primaria – ella intentó hacer memoria, tratando de identificar sus rasgos con los de algún amigo escolar – Pero se cambio de colegio, y ya no la volví a ver más que en algunas fiestas.

- Ya veo… – contestó algo apenada, pues no le recordaba a nadie conocido.

- ¿Qué es usted de ella? – le hubiera encantado decir que era Anne Marsella, pero ya no podía hacerlo.

- Su…prima… – contestó desviando la mirada. Él, por su parte, asintió con la cabeza.

- Si, usted debe ser Martha Margarila¿verdad? – ella asintió, sin verle directamente – ¿Sabe? Siento mucho lo que le ha sucedido a la pobre Hermione. Me enteré por el periódico de lo que le pasó.

- Gracias – dijo ella, a manera de respuesta a las condolencias del joven – ¿Usted es…?

- Macmillan – contestó con una sonrisa – Ernie Macmillan, para servirle señorita. ¿Sabe? Usted se parece mucho a ella, pero usted tiene el pelo lacio, y si no es indiscreción, muy bien peinado. Hermione tenia el pelo alborotado… – dijo, probablemente recordándola de niña. Ella asintió. Ya se acordaba quien era ese mesero.

- Ah… ¿Fue usted al funeral?

- Si – dijo, entristeciendo sus facciones – Pero no logré acercarme a Hermione, era demasiada gente la que había y apenas pude verla de lejos.

- Ernie… – dijo ella, captando la mirada del joven. Él, esperó atento.

- ¿Dígame señorita?

- Yo soy Hermione Jane Lope Granger.

-----

- Hermione¿de cual quieres? – ambos niños miraban la pizarra de los sabores en existencia que tenía la nevería. Luego de dudar entre un vaso con diferentes sabores, se decidió por un solo sabor.

- Quiero uno de… limón. Si, limón – el muchacho que esperaba detrás del mostrador con dos vasos y la cuchara nevera en la mano, comenzó a servir el de la niña.

- Yo uno de fresa, por favor.

- ¿Fresa? – exclamó ella haciendo gestos de asco.

- Deberías probarla. Es más rica y menos agria que la de limón.

- Y la más vendida señorita – agregó el joven que los atendía.

- Si usted lo dice, es por que así será. Pero no me gusta la fresa. Nunca me ha gustado – dijo ella a manera de defensa.

- Será por que no la has probado, latosa.

- Ay, ya cállate tú – y él empezó a reír, por los pucheros de la niña.

- Aquí tienen: uno de fresa y otro de limón – exclamó, dejando los vasos en el mostrador, y dirigiéndose a la caja registradora.

- Gracias – dijo ella tomando el suyo, y dirigiéndose a la puerta – ¡El último en llegar paga la próxima! – gritó, para luego salir caminando rápidamente del local.

- ¡Así no se vale tramposa! – exclamó dejando el dinero en la mano del joven, y saliendo tras sus pasos. Luego, al realizar que había dejado su vaso en el local regresó por él.

En casa, una vez que el guardaespaldas se hubo cerciorado de que no había ninguna araña en el cuarto de la niña Marsella, salió al jardín, temiendo lo peor, sólo para encontrarse que no estaban. Salió de la casa rápidamente, voceando a los demás hombres que el muchacho había escapado otra vez. Ron salió del local, riendo con el vaso en su mano. Y viendo sin querer hacia la plaza que había enfrente, vio a un hombre apuntar con una pistola; siguiendo la dirección pudo ver que la víctima sería Hermione que lo esperaba en la esquina de la cuadra.

- ¡Hermione agáchate! – gritó desesperado, apuntando hacia al tipo de la plaza, empezando a correr hacia ella. Sin entender porqué, le obedeció inmediatamente, salvándose del primer disparo. Asustada, comenzó a llorar al ver que le daban en el brazo a Ron por avisarle. El siguió corriendo hacia ella, y jalándola del brazo la obligó a correr abrazada a él. El hombre de la plaza corrió a seguirlos.

- ¡¿Qué pasa¡Qué pasa!

- No lo sé, métete ahí, y no salgas. Ahora regreso – le ordenó abrazándola fuerte y robándole un beso, para luego aventarla hacia la cochera eléctrica de una casa de que se cerraba. Ella cayó al suelo sin darse cuenta; se paró inmediatamente para salir, pero ya era imposible: la cochera se había cerrado por completo. Hermione comenzó a golpear fuertemente el portón en inútiles intentos por abrirla. Se oyeron más de diez disparos. El dueño de la casa, que ahora bajaba del auto asustado por los disparos y por la niña que había entrado a su cochera, le preguntaba a la niña que era lo que le pasaba. La niña le suplicaba que abriera la cochera, pero él no sabía si hacerlo o no con un tirador loco suelto allí afuera. El hijo del señor estaba entristecido por lo que acaba de ver, y, desobedeciendo las indicaciones de su padre, abrió la cochera oprimiendo el botón. La niña salió corriendo. Pero ya era tarde…

-----

- Vaya, Hermione. Estás irreconocible. Yo… Lo siento mucho, de verás, lo siento muchísimo. Sé que eran todo para ti y…pues lo siento bastante.

- Ernie, te lo agradezco. Te ofrezco mis disculpas por no haberte atendido como debí el día del funeral. Pero es que era mucha gente…

- No, descuida. Comprendo bien. ¿Cómo has estado desde entonces?

- Han pasado ya muchos años de eso, y ahora estoy a punto de recibirme de preparatoria.

- ¿Estudiarás una carrera difícil¿Leyes? – ella hizo un gesto negativo, al recordar que por culpa de un abogado habían matado a su amigo en un día como hoy hacía más de cinco años.

- No, algo más fácil. Comercio exterior. Ya sabes, mi familia siempre se ha dedicado a eso, y…debido a las circunstancias, no me queda de otra. ¿Qué me dices de ti, Ernie?

- Yo trabajo para pagar la mía. No todos nacimos en cuna de oro, Hermione. Eres muy afortunada – ella no hizo más que fingir una sonrisa franca. Ernie hizo el ademán de disculpa, para atender a otro cliente en la barra, y ella asintió. Siguió bebiendo de su copa.

- Estudiar leyes… Si, como no… – susurró irónica.

-----

Hoy sería un día como cualquier otro en el Colegio. Ya habían pasado casi dos meses del fatídico asesinato de Ron Weasley y ni una sola esquela había salido en el periódico. « Y como no van a salir esquelas si todo mundo piensa que se ha ido a estudiar al extranjero » Pensó amarga Hermione, viendo hacia la ventana, perdiendo así el interés por la clase y por la explicación de un tema nuevo. « Ni una sepultura digna se le pudo dar… Y todo por las malditas apariencias… » Aunque no era nada nuevo que no pusiera atención en clase. Su mejor amigo, Harry Potter, ya se había dado cuenta de su inusual estado de humor, y su poco común desinterés por las cosas. Y aunque muchos fueron sus intentos por sacarle algo, en ninguno tuvo éxito. Cansado de la situación, decidió dejar su cuestionamiento por la paz, aunque siempre le quedó la duda. ¿Pero qué podía decir o hacer él? Nada, absolutamente nada. No le quedaba más que estar siempre allí para ella; tal vez, en algún día no muy lejano ella terminaba por contarle que la tenía así. « Es comprensible que no me lo quiera decir; apenas y llevamos unos meses de conocernos… Pero soy su más cercano amigo… Bueno, considerando esto, no soy tan cercano a ella… Hermione… ¿qué diablos te puso así? » La clase siguió, las horas pasaron; el día de clases terminó. Hoy Hermione se quedaría a clases de teatro. Había posibilidad de quedarse con el papel estelar de la obra, y eso la emocionaba. « Si obtengo el papel, le dedicaré la obra a Ron » Pensaba con sensiblería, mientras sonreía caminando por el pasillo del edificio del colegio. Harry caminaba a su lado; él desde luego que no estaba en teatro, tenía pánico escénico. Sin embargo, le había prometido ir a verle en su audición.

- ¿Has entendido la clase de Seamus, Harry? – preguntó Hermione, repasando los papeles del acto. Harry por su parte, caminaba mientras miraba como sus amigos entrenaban en el campo de fútbol.

- Me costó un poco de trabajo entenderle a sus apuntes en los papeles que puso en el pizarrón, pero si quieres te presto mi cuaderno para que los escribas en el tuyo – dijo, dando a entender que él se había dado cuenta que no ponía atención a la clase. Ella volteó a verlo como sino hubiese escuchado sus intenciones subliminales.

- Yo no le entendí al niño; sin embargo, no creo que la Teoría de la Relatividad se tenga que explicar así, Harry. Yo pude haberlo hecho con menos palabras, menos tiempo, y mejor contenido – Harry la miró desconcertado. ¿Cómo era posible que se hubiese dado cuenta de esos detalles sin ni siquiera miró los papeles que Seamus había pegado?

- Quieres decir que…

- Que la próxima vez, recuérdame de decirle al profesor que yo hago las exposiciones, cuando pretenda que Seamus lo haga – declaró satisfecha; él sonrió sin más que decir; estaba claro que la chica le había hecho entender que sí había puesto atención – ¿No tenías hoy entrenamiento, Harry?

- Si, pero no pasará nada si falto a uno.

- Pero si eres el capitán del equipo – reprochó la niña, deteniendo su paso, y mirándolo fijamente – Cómo vas a faltar tú…

- Soy capitán Hermione, y como tal tengo el poder – dijo afirmando con vigor sus palabras – para decidir si voy o no voy – « Aunque ganas no me faltan, detesto el teatro… » – No pasará nada, descuida. Les he dejado la rutina puesta, y para tú tranquilidad, le encargué a Malfoy darles una vuelta, solo para asegurarme de que no anden flojeando en el pasto.

- ¿A ese creído? – el asintió – ¿Y aceptó? – preguntó incrédula.

- Dijo que haría lo posible, que porque él tenía también un asunto por hacer, pero que esperaba salir temprano.

- Malfoy le tiene más confianza a su equipo, que tú al tuyo.

- No es eso, sabes que ya vienen los intercolegiales y los menos que quiere es que perdamos la condición.

- La fuerza de la costumbre – dijo sonriente, y con un tono alegre en su voz. Harry comenzó a pensar que tal vez eran alucinaciones suyas lo de que a Hermione le pasaba algo.

- Así es; Malfoy es igual o peor capitán que yo: en lo exigente. No me preocupa dejar en sus manos a mi equipo por un rato – aseveró, haciendo una entonación más fuerte en 'mi' – ¿No tenías tú que decirle a tu hermana que hoy te quedabas a teatro? – siguieron su paso.

- Ya lo sabe mi mamá, dudo que a mi hermana le importe si me quedo o no a teatro. Sabes que desde que yo pasé la primera audición y ella no, lo último que quiere oír es teatro.

- Y más porque tú tienes el protagónico.

- No es mi papel aún, Harry. No hay que adelantarnos a los hechos. Aunque debe de ser mío.

- Seguro será tuyo. Es lo único que has hecho desde que pasaste la primera audición: ensayar, ensayar y ensayar. Por supuesto que será tuyo.

- Pansy es muy buena en eso de la actuada.

- A Pansy le quedan más los papeles de malvada loca psicópata – dijo seguramente haciendo alusión a la última escenita que le había hecho a Zabinni, hace unos días atrás.

- No le hables así.

- Es la verdad, no lo niegues.

Hermione llegó al auditorio del edificio de Secundaria, y dejando su mochila en manos de Harry, se despidió de él. El niño le deseó suerte, y mientras la chica se dirigía a los camerinos, él fue a sentarse a las butacas de la cuarta fila. Había varios espectadores que como él, venían a ver a sus amigos actuar. No habían pasado ni cinco minutos y el ya se sentía claustrofóbico en el lugar: las filas posteriores a él no tardaron en llenarse de niñas que pasaron la voz de que Harry Potter, el guapo capitán del equipo de fútbol 'Leones de Griffindor', estaba sentado en la undécima butaca de la cuarta fila del auditorio de Secundaria. « Por esto no quería venir… Más le vale a Hermione ganar ese papel, sino… » Harry farfullaba para sí, muy quedito, tratando de hacer caso omiso a sus 'fans'.

-----

- Ernie, me dio mucho gusto verte. Y de verdad, gracias… – dijo, con un semblante de agradecimiento, dejando la cuenta pagada y despidiéndose como es apropiado, de un viejo amigo de la infancia – Espero seguir viéndote por aquí.

- Si, yo también lo espero. Nos vemos – dijo, mientras servía una bebida para el cliente recién llegado.

- ¡Adiós! – exclamó lo más efusiva que pudo. Aunque últimamente le resultaba difícil hacerlo, Hermione hacía un enorme esfuerzo por sonreír cuando la ocasión lo ameritaba. Y ésta, era una de esas. Salió del bar, con su porte elegante y sus aires de distinción. Ernie había quedado maravillado con ella, aunque claro estaba, no había ser más hermoso que su novia Parvati. La señorita Granger subió a su auto, una vez que el chofer le abrió la puerta. Ernie la vio hasta lo que la distancia que los separaba le permitía, y luego sonrió al ver como el auto marchaba en dirección de casa de ella, seguramente. Se volvió a sus pasos, y le dio la bebida al recién llegado, que hasta entonces, había permanecido en silencio.

- Yo la conozco – habló el cliente, como si no quisiera la cosa.

- ¿Por qué no le habla? – preguntó Ernie, dejando la copa sobre la barra, mirando al cliente, que permanecía de espaldas al lugar donde Hermione había estado.

- Por qué… – continuó dubitativo – hace mucho que no le hablo – « Además, hoy es un día muy triste para ella… ».

- Yo tampoco, y sin embargo lo he hecho. No le veo ningún problema, señor Malfoy.

- Si… – dijo entristecido y volviéndose hacia Ernie; tomó la copa y la bebió de un solo golpe. Sintió arder la garganta, pero ya estaba acostumbrado a eso.

- ¿No se llevan bien?

- Al contrario – dijo alegrando un poco más su tono, y suavizando sus facciones – Voy a graduarme igual que ella; estamos en el mismo colegio, Macmillan.

- ¿Entonces?

- No lo se, no me lo preguntes – resopló enfadado de no saber ni siquiera él mismo la razón. Ernie solo suspiró. Malfoy bufó mientras se tomaba su tercer trago en la noche, y decidió que ya había sido suficiente por esa noche. Pagó la cuenta, y se despidió del mesero. Salió del lugar, caminando con su porte elegante y altivo; él era un altanero por naturaleza, lo llevaba en la sangre. No le desagradaba ser así; pero a veces deseaba no creerse tanto. Él era buena persona, y eso nadie podía negárselo; tenía todo lo que un chico de su edad podía desear: dinero, amigos, y buena suerte.

-----

Llegaron los directores de la obra. Y vaya que les quedaba el nombre muy bien. Más locos no podían estar; eran un joven de 22 años y una joven de 20. Se sentaron en primera fila, y sacaron las carpetas y papeletas de admisión. Llamaron a todos los participantes a escenario, a presentarse. Hermione salió con un hermoso vestido de época, el pelo perfectamente peinado y adornado con listones. Harry le sonrió y la saludó, acto que ella le respondió de la misma manera. El director vio como le saludaba al chico de atrás sin ponerle ni un céntimo de atención a lo que la directora decía. Apuntó el detalle en su bitácora. Harry siguió recorriendo con la vista a todos los concursantes: era la primera obra que se haría solamente con alumnos de secundaria, y todo mundo estaba emocionado. La mayoría había asistido a audición, pero solo unos pocos pasaron a la segunda audición, y de esos, otros tantos habían pasado a la tercera y última llamada: la decisiva. En el escenario, Harry pudo ver como todos ponían atención menos Hermione, lo que le causó gracia. Romeo y Julieta. El papel de Romeo ya se había decidido desde un principio; fue el único papel que no se había dado oportunidad para audicionar. Hoy sería el día en que se presentaría al Romeo de la obra. Había rumores de que sería Cedric Diggory, un popular muchacho de segundo de secundaria, alto y bien parecido.

-----

- Demetrio¿me haría el favor de quedarse en casa, y dejarme manejar a mí por un rato? – preguntó Hermione a su chofer. El señor, ya de edad y con el pelo encanecido, la vio por el espejo retrovisor del auto extrañado de su petición. Él sabía que ella detestaba manejar.

- Seguro que sí, señorita. ¿Algún problema?

- No, es solo qué, quiero pasear un rato – contestó ella sin verle, dirigiendo su mirada hacia la ventana del auto. Demetrio comprendió al instante, y sugirió…

- Si usted gusta, yo puedo bajarme aquí. Tengo un amigo que vive por aquí que hace mucho tiempo no veo, y me gustaría saludarle.

- Si así lo prefiere usted, no hay inconveniente por mí – dijo ella, sonriéndole, en señal de que le dejaba el resto del día libre. Demetrio le agradeció, y aprovechando que el semáforo estaba en rojo, bajó del auto, le abrió la puerta a Hermione y la ayudó a bajar. La chica subió al asiento del piloto, y él le cerró la puerta; caminó hasta la acera de la cuadra, y diciéndole adiós, la vio partir. Mientras todo eso sucedía, el conductor de un auto Lincoln negro metálico vio con interés aquella situación, y decidido, cambio su rumbo.

- Un poco de ejercicio me vendrá bien – dijo Demetrio sonriendo, empezando a caminar a paso ligero hasta la casa de la señorita Granger. No había ningún amigo cerca de ahí… Y la casa estaba un poco lejos de donde él se encontraba.

-----

Harry había quedado con la boca abierta cuando vio la actuación de Hermione. De verdad no sabía que tuviera esas capacidades; simplemente no lo creía. Una vez finalizada su interpretación, e ignorando al resto de los presentes, la directora y Harry se pararon de su lugar aplaudiendo a su amiga, para sorpresa de ella y del director, que al parecer era el que tenía la última palabra. Otros más lo imitaron, y comenzaron a aplaudirle. En los camerinos del auditorio, Pansy oyó la ovación. « Con que no sea Granger la que me gane el papel de Julieta, ni que sea a la que le aplauden… » Dijo enojada, deseando que no sucediera. Como si no quisiera la cosa, el director también se paró a aplaudir, pero con mesura. La audición continuó. Pidiendo orden y silencio, el director volvió a su lugar, así como el resto de los espectadores. Por un momento Harry pensó algo, que para segundos después, le sorprendió haberlo pensado… « Si ella es Julieta, yo quiero ser Romeo… »

- Desde este momento doy por finalizada la tercera audición, y comenzaré por decir que todos han hecho una excelente actuación, me sorprende que secundaria tenga tan buenos talentos esperando ser detonados en preparatoria. El teatro no solo es un arte, un forma de expresión, es el espejo del alma, el caldero de todas nuestras pasiones y más profundos deseos – dijo con fervor, subiendo a las tablas – Es la vida misma llena de fantasías y sueños, el lugar donde todo se hace realidad; donde todo, absolutamente todo es posible… – « Donde todo es posible… Todo… » Pensó Hermione ilusionada, recordando seguramente algún bello pasaje de su vida junto a Ron Weasley. Y sonrió ruborizándose y, como de costumbre, sin ponerle atención al director, cosa que él notó – Tengo ya mis papeles elegidos, y a mis protagonistas anotados en esta bitácora. Hermione Jane, tú serás la hermosa Julieta. Tu capacidad de cautivar al público es impresionante, y tu belleza es brillante tanto como tu sagacidad y valentía. ¡A ensayar ya mismo con tu papel! Pero antes, te voy a presentar al Romeo de nuestra obra¡Draco Malfoy! – a Hermione y a Harry casi les da un infarto de la impresión.

- ¡Pero qué demonios…! – articuló en voz baja Harry, dándose cuenta de cual era el asunto de Malfoy. Inmediato se levantó de su asiento, exaltado, y sintiéndose… furioso.

- ¡Malfoy… ¿Romeo?! – dijo en un susurro, y sin comprender en absoluto; su cara mostraba total y completa incomprensión. Ahora sí que no quería ser Julieta. Así que comenzó a maldecir la hora en que se le ocurrió meterse a teatro. El muchacho de ojos grises salió a escenario. No había palabras para describirlo. Todo el mundo estaba en shock. Él no había oído quien sería su co-protagonista, debido a que acaba de llegar; apenas y había distinguido su nombre ser gritado por el director.

- Ahora¿quién será mi Julieta, Severus? – pregunto Malfoy, haciendo una sonrisa arrogante, y manteniendo su porte distinguido, recobrando el aire perdido mientras corría a gran velocidad.

- ¡Oh Romeo¡Romeo!... ¿Por qué eres Romeo?... Reniega de tu padre y rechaza tu nombre; y, si no quieres hacerlo, júrame que me amas, y dejaré de ser una Capuleto – exclamó, haciéndose notar de entre todos los niños, con porte soberano y aristocrático, para sorpresa de Draco. Ella le estaba contestando con líneas del libreto. « ¡Vaya manera! Con que sí¿eh? A mi nadie me gana Granger » Pensó el chico, sonriendo de medio lado, como era costumbre en él. Harry sintió celos.

- ¿Debo seguir escuchando o he de contestar a eso? – Malfoy permaneció expectante; Hermione le daba la espalda.

- Sólo es enemigo mío tu nombre; pues tú siempre eres el mismo, no un Montesco. ¿Qué es un Montesco? No es ni la mano, ni el pie, ni el rostro, ni ninguna de las demás partes que pertenecen al hombre. ¡Oh¡Se tú otra cosa cualquiera¿Qué hay en un hombre? Lo que llamamos rosa, tendría el mismo perfume aunque se le diera otro nombre cualquiera. Así, pues, aunque Romeo no se llamara Romeo, al perder el nombre conservaría sus perfecciones intactas. Despójate de tu nombre, Romeo, y en trueque de ese nombre, que no forma parte de ti mismo, tómame a mí entera.

- Te cojo la palabra. Llámame tu amante y recibiré otro bautismo, dejo de ser para siempre Romeo – contestó, haciendo su voz más fuerte, para hacer creíble la situación. Hermione, decidida, se volvió hacia él fingiendo sorpresa, y haciendo como si lo buscara entre la oscuridad.

- ¿Quién eres, que protegido por la noche vienes a apoderarte así de mis secretos? – y justo cuando Draco se disponía a acercarse hasta ella, lo suficiente como para tomarla por los brazos y llevársela lejos (cosa que no comprendió por que sentí deseos de hacer eso), el director los interrumpió.

- ¡Bravo¡Bravísimo¡Qué maravillosas actuaciones¡No pude haber elegido a dos muchachitos mejores que éstos¡Señorita Sprout¡Señorita Sprout¡Admire el talento nato como un diamante en bruto, en estos dos niños! – irrumpió en ovaciones el director Severus Snape, ignorando las miradas de extrañeza que los presentes le echaban. La señorita Sprout, la otra directora, aplaudía efusiva. Mientras Draco y Hermione se miraban con desdén. Jamás se habían caído bien.

-----

Hermione arrancó el auto, en cuanto el semáforo dio la luz verde. Se puso sus lentes de sol negros, y prendió la radio. Al tiempo que manejaba con la mano izquierda, con la derecha buscaba el botón que reproducía los cd's. Una vez que lo hubo presionado, abrió la guantera y sacó un montón de discos; echando una mirada rápida a todos, eligió uno que era una mezcla especial que Harry le había hecho para su cumpleaños. Lo puso y subió el volumen a todo lo que daba. Venía tan metida en sus pensamientos, en sí misma, y en la canción, que ni siquiera se percató que había alguien que la seguía. Tomó el periférico, y tomando una desviación doce kilómetros después de haber entrado al complejo vial, salió de ella para andar por un camino más descuidado. El conductor que la seguía la veía sorprendido; no comprendía como era posible que ella supiera manejar tan bien si tanto odiaba hacerlo. Había esquivado hábilmente a un gato despistado que cruzaba la autopista, y arrebasado a dos traileres con doble remolque de un solo movimiento. Parecía que no le importaba perder la vida en el intento de hacer tan maravillosas proezas. Simplemente no lo entendía por qué esa chica se comportaba así. « Eres una caja de sorpresas, Hermione » La chica seguía conduciendo por el camino empedrado, que comparándolo con el ambiente que le rodeaba, se veía bastante deteriorado. Poco a poco, el recorrido se volvió nostálgico para ella; y para él, un tormento. « ¿Por qué vienes aquí, Hermione? No tiene caso… »

-----

Hermione caminaba furiosa por el pasillo. No podía aceptarlo, mucho menos asimilarlo.

- ¿¡Draco Malfoy, Romeo¡Ah! – decía con frustración, arremedando los pasos del rubio en el escenario. Harry no hacía más que verla como iba y venía por el pasillo.

- Sigue así y harás un hoyo en el piso niña – dijo, completamente mareado de verla repetir el acto una y otra vez. Ella parecía no haberle oído, pues seguía maldiciendo la existencia del rubio. Malfoy por su parte, la veía desde el pasillo de arriba, por el barandal, lleno de furia. No le agradaba el hecho de que ella fuese Julieta, pero no le agradaba aún más darse cuenta que ella realmente odiaba que el fuera Romeo.

- Como si fuese problema que yo sea Romeo, Hermione – susurró Malfoy, desde arriba sin dejar de verle. Momentos después suspiró y, tomando su mochila, abandonó el lugar con el libreto en mano.

- Harry, de todas las personas que estudian en este lugar, tuvo que haber sido Malfoy… ¡Malfoy¡Prefiero mil veces que fueras tú y no él! – dijo casi gritando, lo que pudo llegar a los oídos del rubio claramente y sin ninguna distorsión, deteniendo su paso, llenándolo de una inexplicable furia. Por su parte a Harry se le vino el mundo encima. ¿Acaba de oír bien¿Hermione lo prefería a él? Sonrió acomedido de la situación.

- ¿Lo dices en serio?

- ¡Claro que lo digo en serio y en mis cinco sentidos¡No pretendo dejar que ese egoísta malcriado me toque tan siquiera un solo dedo! – ella asintió decidida, dejando en Harry un sentimiento que le engrandeció el corazón y por ende, el pecho: lo hizo sentir superior a cualquiera.

- ¡¿Y qué si lo hago Granger?! – espetó con rencor el güero, sumamente dolido en su amor y ego propios. Ella se volvió a él con cara de fastidio, y Potter solo se limitó a verle fríamente, como si quisiera mandarle algún mensaje con su mirada. Draco lo miraba de reojo, pero sin perder su atención hacia la castaña.

- Has lo que se te dé la gana; jamás serás Romeo para mí – le soltó con descaro, a lo que Harry solo atinó a hacer una mueca de satisfacción – Prefiero mil veces a Harry que a ti, Malfoy.

- ¡¿Por qué no lo aceptas de una buena vez?!

- ¡¿Por qué no simplemente te vas de aquí?!

- ¡Pues no me voy!

- ¡Pues no te vayas! – le gritó empezando a perder los estribos; le arrebató su mochila a Harry y, jalándolo a éste del brazo, se fue del pasillo, dejando a Malfoy solo, y con la boca medio abierta.

- ¡Pues me voy yo también, Granger!

- ¡Perfecto! – le gritó desde lo lejos, ya cerca de las escaleras del edificio. Ya no se dijeron nada más, y tampoco se dignaron a verse durante las clases del día siguiente.

Desde la puerta del auditorio, el director y su novia, miraban la escena. La muchacha se volvió al joven con extrema preocupación. Él no decía nada; sabía que la elección había sido buena, pero por lo visto no había buena química entre ambos muchachos. ¿Habría pues que hacer una segunda elección? No, él jamás cambiaba sus planes por más molesto que resultara el problema.

- Esos dos aprenderán a llevarse bien en mi presencia – eso fue todo lo que dijo, y eso le bastó a la directora para saber que si se llevaban bien o mal, eso a él no le importaba. Le acomodó el cuello de la camisa, y se fueron dejando la situación olvidada en los ecos del pasillo.

-----

La mujer paró en seco, a pocos metros del portón, que era la entrada principal del lugar, para sorpresa de quién venía siguiéndola. Ciertamente, iba bastante rápido, por lo que casi no llegaba a frenarse. Salió del auto, y con la vista perdida, entró al cementerio. Su paso no era decidido, más sin embargo tenía consistencia. Parecía que venía hablando sola, pues se podían distinguir murmullos que salían de su boca. En su mano llevaba cuatro flores cortadas; parecían ser de su jardín, pues estaban demasiado bien cuidadas como para ser de florería. Tres blancas y una negra. Una negra… Seguramente ella la había pintado, o tal vez era una semilla tratada químicamente. Una rosa negra… Llegó a la glorieta que separaba a los distintos jardines que conformaban el parque funerario, y tomó el camino hacia aquel llamado "Divina Trinidad". Ella no era religiosa, y claro que no creía en todas esas cosas que desde chica le habían enseñado; sin embargo, ésta era de las pocas a las que ella guardaba cierto respeto. Siguió caminando, sin mirar a su alrededor; no había nadie más que ella en el lugar. Los murmullos seguían siendo eso: simples susurros del alma de la chica. Llegó a su destinatario, y se quedó petrificada en el lugar. Enmudeció al instante. El viento azotaba fuerte la región, y más en ese instante, pues el tiempo parecía haberse detenido. El corazón le latía lento, y ella solo atinaba a callar; él tan solo miraba. El cuadro no era precisamente del todo enternecedor, pues ella parecía haber muerto. Eran dos tumbas a las que ella observaba con detenimiento. De pronto, y sin esperarlo, él la vio postrarse ante las criptas, perdida en llantos; desconsolada. Lloraba como si fuese aquel momento, como si fuese ese día. Lloraba fuerte y sin pena alguna. Lloraba desconsolada…

- Mamá… Hermana… ¡No saben como las extraño¡Maldita sea¿por qué me pasó esto a mí¡¿Por qué ellas¡¿Por qué no yo?! – él sintió un nudo en la garganta, pero no se atrevía a hacer acto de presencia, sentiría pues que le coartaría su libertad de mostrarse frágil. Era cierto, ella había cambiado mucho.

-----

- ¿Tengo que ser la ama a fuerzas? – preguntó el muchacho, recargado en el barandal del pasillo del segundo piso del edificio. Llevaba una copia del libreto en mano, con las partes que Julieta hablaba resaltadas.

- Si – contestó ella – Ya te lo dije, es solo una suposición. Además serás Romeo por unos momentos – comentó para interés de Harry. Hermione le sonreía franca. Al parecer ya había olvidado aquel pequeño incidente con Malfoy.

- Por unos momentos… – repitió él, con algo de tristeza.

- Si; ya que por desgracia, Malfoy será Romeo en la obra… – dijo con marcado desgano – ¡Empieza Harry! No perderé el tiempo en cosas tan insignificantes como ésta – aseveró convencida. Él solo movió los hombros, y leyó los diálogos. Suspiró, y habló. Ya le había dicho ella que tenía que hacerlo con sentimiento, como si de verdad él fuera Romeo, y ella Julieta. « Mi Julieta… » Pensó él.

- Si con mano sobrado indigna he profanado la santidad del altar, he aquí la dulce expiación de mi falta: mis labios, sonrojados peregrinos, dispuestos están a mitigar con tierno beso la ruda impresión de mi mano – dijo, con buena entonación, y sorprendiendo a Hermione, pues se veía que tenía habilidad para el drama.

- Buen peregrino – exclamó dulce – ofendéis a vuestra mano, que no ha mostrado en esto más que un respeto del todo decoroso; porque los santos tienen manos que la de los peregrinos pueden tocar, y unir las manos es el beso del piadoso viajero en tierra santa.

- ¿No tienen labios los santos y también los devotos viajeros? – preguntó dando cierto toque de seducción.

- Si, peregrino, labios tienen, que han de emplearlos en orar – contestó como si ella lo hubiese dicho, y no Shakespeare.

- Si es así, santa querida, permíteme que los labios hagan las veces de manos: te lo suplican, escucha su ruego, no vaya mi fe a trocarse en desesperación.

- Los santos no se mueven, aunque atiendan la súplica que se les hace.

- No os mováis, pues, en tanto que voy a recoger el fruto de mi oración: así vuestros labios purificarán de su pecado los míos – y fue entonces que ambos vieron lo que seguía: un beso… Empezaron a reír acomedidos; obviamente no harían eso.

- Entonces mis labios habrán cogido el pecado de que han descargado a los vuestros.

- ¡El pecado de mis labios¡Oh culpa dulcemente castigada! Devolvedme mi pecado.

- Dais besos metódicamente.

- Señorita, vuestra madre desea hablaros – habló Harry, con cierta pereza, y cambiando su tono de voz, agudizándolo un poco más. Ella rió por lo bajo.

- Ven acá, ama; dime ¿quién es ese caballero?

- Es hijo del heredero del viejo Tiberio.

- ¿Y ese que sale ahora?

- Creo qué es el joven Petruccio.

- ¿Y el que va con él? – preguntó con insistencia. Ya se había levantado de la venta y ahora se hallaba recargada a lado de Harry, en el barandal.

- No le conozco.

- Ve y pregunta su nombre… Si está casado, es probable que el sepulcro sea mi lecho nupcial.

- Se llama Romeo: es un Montesco, hijo único de vuestro mayor enemigo.

- ¡Mi único amor, nacido del único objeto de mi odio!... Le he visto demasiado pronto sin conocerle, y le he conocido demasiado tarde. ¡Oh prodigio del amor que acaba de nacer en mí, que me vea obligada a amar a un enemigo detestado!

- ¿Qué es eso¿qué es eso?

- Unos versos que acaba de enseñarme uno que ha bailado conmigo.

- Ahora, ahora… Venid, vámonos; ya se han marchado todos los invitados – luego callaron por unos instantes. Y estallaron en risas – Definitivamente serás muy buena Julieta.

- Por supuesto que lo soy. No en vano estuve ensayando las líneas que le dije a Malfoy ayer; yo tenía que ser Julieta a como diera lugar – dijo con convicción, y enseriando su tono, prosiguió – Lástima de la porquería que me han conseguido como Romeo.

- Si, de verdad que es una lástima. Aunque, claro, jamás creí que a Malfoy le gustara el teatro.

- Es demasiado arrogante como para encarnar a Romeo, que es dulce, tierno, y menos ególatra como él. Romeo es más como tú, o como Longbottom. Buenos amigos, sensibles, conquistadores natos, y, valga la redundancia, son todo un Romeo shakespeareano.

- Lo dices para que siga siendo el ama de llaves – reprochó Harry, agachando su cara, para que no viera su sonrojo.

- Claro que no. Lo digo porque es la verdad, Harry. No me vas a decir que todas tus fans, son fans por casualidad. Yo te he visto – comentó sonriendo, y volviendo su vista al campo del colegio – Ya se me la mitad de éste diálogo… – dijo satisfecha.

- Ni siquiera sabes cuando empezaran los ensayos, Hermione. No veo porqué tanta preocupación.

- ¿Y exponerme a que él me ponga en ridículo al no saberme algún diálogo? No señor, él no me ganará.

- Tu determinación para hacer las cosas, a veces me da miedo.

- Harry, esta obra tiene que salirme perfecta, y más que eso. No puedo equivocarme. Si es necesario, tomaré clases especiales. Pero tiene que salirme perfecta.

- ¿Algún motivo en especial? – inquirió intrigado; tal vez no eran alucinaciones, tal vez si le pasaba algo a la chica.

- El simple gusto de ver a mi hermana retorcerse del coraje – soltó descarada; ella mentía, él no lo sabía. Ella sonrió, y él le siguió la risa.

-----

Suspiró; quedó inmóvil. « O una de dos, o ya se cansó de llorar, o se ha quedado dormida » Y luego reparó en la última flor que le quedaba, y viéndola unos instantes, se paró, recobrando la compostura. Se volvió hacia el camino, no sin antes decir adiós. Siguió caminando, esta vez, más lento, y con aspecto débil. Regresó a la glorieta, y, tomando el camino hacia el jardín "Misericordia", dio a parar a una tumba descuidada, de mal aspecto, y sin ningún nombre en la lápida. Permaneció alrededor de una media hora parada llorando en silencio, hasta que se armó de valor para hablar.

- Ron… Este lugar debería ser mío, condenado… – alcanzó a distinguir quien desde hace rato la seguía, así que se acercó más, para poder oír mejor – Yo… Bueno, no puedo decirte que hoy es un día muy alegre… Todos se me fueron el mismo día: tú, mi mamá, y mi hermana… Recuerdas…recuerdas aquella vez, antes de irte, la última vez en que nos escapamos…yo te gané¿lo recuerdas?… Yo te gané de regreso a casa… – hablaba melancólica – Y luego…te me fuiste…así como así… Te fuiste para siempre… Mandaré que arreglen tu tumba, la tienen muy descuidada. Tal vez consiga que trasladen a tu madre para acá, para que estés cerca de ella… – quien la observaba no comprendía; no recordaba que Hermione tuviera algún familiar llamado Ron – Esta es la primera vez que vengo a verte después de tu entierro… Perdóname por tardarme tanto, pero no podía hacerme a la idea de que tú ya no estabas aquí… Tengo muchas cosas que decirte… – dijo, tomando asiento en el pasto, acomodándose de manera que no se cansara – Luego de ese día, el abuelo ordenó que también nos vigilaran a nosotros; ellas nunca supieron lo sucedido – indicó refiriéndose a su madre y hermana – Tu mamá murió a los pocos días, de tristeza. Todo mundo piensa que tú y ella huyeron a Italia. Todos piensan que sigues vivo… – habló con pesadez, mientras unas lágrimas corrían por su mejilla – No fue fácil adaptarme a tu ausencia, cariño. Estaba ya tan acostumbrada a tus visitas por la tarde. Después todo éramos muy buenos vecinos… ¡Oh Ron Weasley¡Eres un condenado¡Tú deberías seguir vivo!... Estuvimos bajo seguridad como por seis meses o más, hasta que mi padre dejó el caso por la paz, y las cosas se arreglaron. Pero no todo fue color de rosa, cariño. Dos meses después de tu muerte, justo el veinte de diciembre, empecé a andar con un muchacho del cual yo solo le quería… Él me ama… Bueno, él me amaba… – dijo con pesadez, lo que a Draco l llamó la atención – Desde de esa vez, dejamos de llevarnos bien… Ron, yo lo corté porqué eso era lo mejor. Ya te habían matado a ti, y no quería que también lo matasen a él – su único oyente quedó petrificado ante tal declaración. « Me cortó por eso, y no por… Ella si… Yo… Ella estaba ocultando eso… Por eso, no contestaba mis mensajes, ni llamadas, y jamás quería salir… Lo hizo… por eso… » El corazón se le detuvo en ese instante, y se dio la media vuelta – Luego de eso, me sentía más triste que nada, y recordé que adorabas teatro, y decidí meterme a hacer una obra… Romeo y Julieta… Donde él era Romeo, y era Julieta – y ella empezó a reír – ¡Nos hubieras visto en los ensayos¡Jamás llegamos a ponernos de acuerdo! – y rió más fuerte. Malfoy la oía escondido, de espaldas, y sin dar crédito a lo que oía – ¡Pansy Parkinson hubiese sido muy buena Julieta, y seguro que Harry un buen Romeo¡Harry! No te he contado de él¿verdad? – ella negó suavemente – Claro que no, empezamos a ser amigos poco después de tu muerte, cariño… Él es muy bueno conmigo, y ha sabido respetar mis silencios. Él…él es como Malfoy, solo que no es arrogante. No sabes como me gustaría decirle a Draco la verdad del asunto… Pero no pienso decírselo nunca - « ¡¿Por qué no me lo dirás?! » Pensó exaltado – Él se merece algo mejor que yo, claro está… Yo seguro le hice mucho daño, y debí haberle dicho desde un principio la verdad… Pero, ahora él es novio de una muchacha, que por cierto, esta muy fea. Eso es lo que me han dicho. Luego de mí, supe que anduvo con Pansy Parkinson, pero no supe porque terminaron… En marzo, mi hermana seguía viva, y le hicieron su última fiesta… Ella quería una enorme fiesta de quince años, pero no vivó para ello… Me he quedado con sus discos, y aún los tengo… Se murieron el mismo día que tú, en un accidente de auto, saliendo de clases. Un loco psicópata cayó del puente que está cerca del colegio, y fue a dar justo sobre ellas… – contó con cierto rencor y dolor, mirando de soslayo hacia el cielo, como si pudiese imaginarse desde las nubes la cara del conductor – Yo debía de haber venido con ellas, pero me quedé al ensayo de teatro, en donde ya no podía seguir soportando a Malfoy, su conducta tan arrogante, y esa manera de hablar… No sabía si lo decía por que era Romeo, o porque era Malfoy… Estuve dos horas esperando a que vinieran a recogerme, pero no llegaban; llegó mi tía, y me lo dijo de tal forma que no podía creer que fuera posible, pues no se veía alterada. Espero que estén en algún lugar mejor; el estúpido que las mató sigue refundiéndose en la cárcel. Mi abuelo no ha dejado que lo saquen de ahí. Dicen que el precio moral de un asesinato es el suicidio, y sinceramente espero que eso pase… Me quedé sola, y tan solo tenía catorce años Ron… En un principio viví en casa de mis abuelos, pero como era de esperarse, me estaba asfixiando en ese lugar, en la monotonía… Mi abuelita sigue enferma, y de vez en cuando decide darse sus vueltas por la plaza... Mi tío Sandro mandó construir una casa a la vuelta de la de ellos, completamente a mi gusto, para que pudiera vivir yo ahí. Claro que conseguir el permiso de mi abuelo no fue fácil. Es igual de terco que mi mamá… Pero, durante la comida, me dijo que podía mover mis cosas a mi nuevo cuarto, y que me compraría muebles para adornarla… Desde entonces no me falta nada, y nunca me faltó en vida de mi mamá… A mi padre no he vuelto a verlo, por petición mía… Estudiaré Comercio exterior, y todo eso… Soy la única de la generación del colegio que llevará esa carrera, así que empezaré de cero en la universidad, Ron… No sabes el miedo que me da, yo sola, por las noches. Aunque claro, tarde que temprano terminaré por acostumbrarme a la soledad. Llevo cuatro años viviendo sola, y se siente horrible. Luego de Malfoy hubo tres más… Diego Amett, Blaise Zabinni, y Víktor Krum. Seguramente recuerdes a Diego, no deja de hablarme de ti todo el tiempo. Blaise Zabinni es un compañero de la escuela, al que sigo frecuentando, y Víktor… bueno, de él solo tengo buenos recuerdos… Pero ninguno ha sido como yo lo esperaba… Hace poco que me he enterado que le he gustado a Harry Potter; él ahora es el mejor amigo de Draco Malfoy. ¿Qué vueltas da la vida, no crees? Ellos no se llevaban bien en un principio, y ahora a donde va uno va el otro… Tuve mi fiesta de quince años, tal y como a mi hermana le hubiese gustado… Y…estoy…pensando en…aceptar el compromiso que mi abuelo me ha propuesto. Ve en Harry todo mi futuro construido y arreglado, aunque por supuesto que el no me está presionando. Me lo ha dicho muchas veces: Haga lo que usted piense que es lo correcto, y no lo que yo crea que es. Así será muy feliz, hija. Harry le ha expresado sus deseos a mi abuelo de casarse conmigo, aunque claro le pidió discreción. Pero mi abuelo siempre ha sido franco conmigo, y me lo dijo. Como te lo he dicho antes, me da miedo la soledad, y…si acepto casarse con él, dejaré de estar sola… Además, con el tiempo aprenderé a enamorarme de él… – Malfoy apretaba los puños fuertemente; ¿Harry, su mejor amigo, queriéndose casar con Hermione? Eso no podía ser posible… Salió del jardín, y llagando a la glorieta, arrancó flores de las jardineras, comenzando a pensar lo que haría – Te confieso que cuando oí a mi abuelo decir que habían pedido mi mano, creía sinceramente que había sido Malfoy… Por lo visto, estaba claro que no… Me odia, y yo a él… Ah… La vida suele ser tan rara a veces, Ron Weasley… El tío Sandro se ha hecho cargo de la empresa que llevaba mi madre, y ha conservado y aumentado los ceros de mi herencia, que hasta ahora está intacta… Aún no cumplo los dieciocho – calló por un rato, y con bastante fuerza, se levantó del pasto – ya es tarde, y no quiero manejar de noche por la autopista, cariño. Me marcho… Perdóname por no haber venido antes. Prometo hacerlo ya más seguido… – dijo, colocando la última flor que le quedaba sobre la tumba del joven – Mañana mismo mandaré limpiar todo este desorden en el que te tienen, cariño… No te he olvidado, como te lo prometí aquella vez… – sonrió, con bastante esfuerzo, y se dio la vuelta, para irse del lugar. Caminó por el sendero, hasta llegar a la glorieta, topándose con quien menos creía que lo haría – Malfoy… Buenas tardes… – exclamó volviendo a su habitual estado de ánimo, con sonrisas mesuradas y buenos modales. Volvía a ser la que debía ser, para no mostrarse débil.

- Granger, que sorpresa. ¿Has venido a ver a tu familia?

- Así es… ¿Tu…?

- A mi madre – dijo, entristeciendo sus ojos. Su madre había fallecido hace dos años.

- Cierto. Estamos en las mismas Malfoy, por lo que veo. La diferencia es que yo ya me voy, y tu acabas de llegar – dijo con cierto desprecio, tomando su camino, notando perfectamente que las flores que Malfoy llevaba en la mano no las había comprado, sino las había arrancado del las jardineras que rodeaban a la glorieta del panteón.