Estaba en uno de los salones más lujosos del palacio. Podía observar los altos techos de madera labrada y detalladas pinturas que relataban la vida de los emperadores y su pueblo.
Un pequeño escalofrío recorrió si espalda presagiando lo inevitable, algo importante tenía que estar planeando el emperador para haberlo retirado del frente de batalla a él Ranma Saotome, el gran Shogún.
Unos pasos lo sacaron de sus pensamientos, cuando al fin estos dejaron de avanzar una vos ronca resonó a sus espaldas.
-Shogún, el emperador lo espera en la habitación azul.- aunque estaba de espaldas podía saber quién era el que le hablaba, nada más ni nada menos que el favorito del emperador. Kuno, un noble que gracias la buena relación que tenía su padre con el anterior emperador había logrado introducirse en la villa imperial, opinando y participando en todo lo relacionado con la política, logrando en poco tiempo posicionarse como el principal hombre del emperador. Sin embargo a él no lo engañaba esa sonrisa hipócrita, él sabía que su verdadera intención era exclusivamente el poder, Kuno estaba consciente que no podía arrebatarle el trono a emperador ya que no pertenecía a la familia imperial pero desde su actual posición estaba organizando a otros como el sedientos de poder para crear una sublevación y derrocar a la dinastía Min.
Ajeno a todos estos planes Ranma entraba en la habitación azul, encontrándose al emperador, que a pesar ya no ser un joven guerrero mantenía una impronta envidiable y unos ojos sabios y bondadosos. Ranma pensaba que sin lugar a dudas esa mirada es la que provocaba el gran cariño y lealtad que le tenía el pueblo chino a su emperador. Él podía decirlo con propiedad ya que en el campo de batalla ese pueblo era el que con orgullo daba su vida por aquel hombre que tenia al frente.
-Me alegra que haya podido acceder nuestra reunión con rapidez. Cada vez tenemos menos tiempo y debemos actuar con cautela.- Termino la frase en un susurro y acercándose a Ranma lo guió hasta una gran acuarela ubicada en una esquina y si decir nada la desmontó e ingreso a una pequeña estancia del otro lado. Era una pequeña pieza resguardada que no tenía ventanas por lo que no se veía desde el exterior. Viendo la cara de asombro de Ranma el emperador se apresuro a cerrar la acuarela e invitarlo a sentarse en el tatami.
- Bueno Saotome debe parecerle extraño que lo haya citado y que estemos conversando en esta pieza desconocida para todo los nobles y generales de mi imperio. Deberá preguntarse por que usted.-
El emperador mientras habla observa a Ranma, sin lugar a dudas las historias sobre su Shogún se quedaban cortas. Su cuerpo era como un gran mapa de batallas libradas en nombre de su imperio.
Ranma era un hombre de guerra fuerte, con mirada penetrante su piel estaba curtida a fuego y sangre y sus ojos azul profundo eran como dos abismos impenetrables. Sin embargo a pesar de esta coraza, Ranma era una persona leal y justa respetado por sus guerreros y admirado por las mujeres, él al contrario de otros jefes de guerra no arrasaba con los pueblos ni abusaba de mujeres y niños. Esas actitudes lo habían hecho merecedor del cariño de su gente y el respeto del emperador
-Con el debido respeto su majestad, mi vida es todo menos normal por lo que los sucesos inesperados no me sorprenden, aunque debo confesar que muy a mi pesar no pude detectar esta habitación y siempre me he jactado de mi poder de observación y de detección a través de mi aura sensorial, pero esta vez no he sentido nada me deja impresionado.-
El emperador mira la acuarela y luego a Ranma, sonriendo con un brillo en sus amables ojos.
-No se preocupe ni usted ni nadie puede ver esta habitación, está sellada por un hechizo que asegura esta habitación y genera una ilusión en la sala azul para dejar tranquilo a los curiosos. Ellos creerán vernos allá platicando de trivialidades- Miró nuevamente a la gran acuarela y soltando un suspiro con pesar prosiguió - Esta sala es solo conocida por los emperadores y en una sola oportunidad fue mostrada a otro Shogún a demás de usted y eso fue hace 300 años atrás, cuando al igual que ahora las paredes del palacio ya no eran seguras y el poder y el rencor llenaban los corazones de los principales nobles de la época.-
Antes de que Ranma pudiera abrir la boca el emperador en un acto tan propio de él apoyo su mano sobre el hombro de aquel Shogún y con una sonrisa prosiguió su relato.
-A pesar de los años no cambiamos y los errores que cometimos con anterioridad los volvemos a repetir, solo que esta vez debemos anticiparnos y aprender de nuestra historia. Dentro de todos mis posibles aliados lo he elegido a usted Saotome por su justicia, su valentía y su benevolencia.-
-En poco tiempo más mis propios hombres de confianza se van a levantar en contra mía y voy a sucumbir ante sus garras, pero no mi pueblo.- Mirando al techo el emperador busca la sabiduría para seguir con su explicación. – Se que ellos me apoyaran pero gran parte de mi ejercito no lo hará y lo que menos deseo es una guerra.- Da un pequeño suspiro rindiéndose al futuro.- Con mi sangre basta. Es por esto que lo necesito a usted. Mi pueblo necesita un ejército experimentado que lo defienda y que asegure la paz de nuestra nación. Un ejército que no sucumba ante la codicia y el ansia del poder.-
Ranma sonríe con incredulidad, él sabía que dicho ejército no existía ya que aquellos guerreros en su mayoría eran comandados por Kuno y Gosunkugi y habían cebado sus almas saqueando y violando en tierras lejanas. Él y el comandante Rioga eran las únicos que seguían las ordenes del emperador y respetaban a los enemigos.
-Se que a sus oídos emperador han llegado las historias de las masacres perpetradas por su ejército, dudo que entre ellos encontremos a esos hombres que necesita-
Ranma nota como un leve destello nace en los ojos de su emperador y de su túnica amarilla saca un antiguo pergamino y lo extiende sobre el tatami.- Se que ese ejercito no se encuentra entre mis hombres, pero eso no quiere decir que no se encuentre en mi imperio.- Con una sonrisa el emperador le indica aquel escrito a Ranma.
-Hace miles de años nuestras tierras fueron invadidas por fuertes y experimentados guerreros que arrasaron con nuestras pacificas comunidades. Vertiendo la sangre de inocentes por toda nuestra tierra y generando la ira de nuestros dioses que en un acto desesperado, a pesar de que no podían intervenir. Guiaron a los pocos habitantes que no se encontraban bajo las garras de los invasores hacia las montañas. Cuando lograron llegar a las cumbres, los dioses levantaron un espeso e impenetrable bosque que los protegió del avance de los guerreros. Ya seguros en esas montañas les enseñaron a utilizar el ki que existe dentro de cada ser para poder sanarse y como transmutar el maná de la naturaleza para poder subsistir. Gracias a este maná rápidamente evolucionaron y decidieron que esas montañas alejadas de todos los males humanos serian su hogar. Formando una civilización muy distinta a la que nacía en nuestros valles.-
-Los Chitasu….- exhalo Ranma con incredulidad.
- Así es como nosotros los hemos llamado para relatar historias sobre su existencia, que fueron deformándose hasta convertirse en simples leyendas o cuentos infantiles. Sin embargo ellos existen siendo nosotros los emperadores los únicos que a través de las generaciones hemos tenido contacto con ellos, ya que a pesar de ser una civilización aislada ellos están constantemente observándonos y custodiando la paz desde las montañas. Es por esto que te necesito Ranma, después de mucho meditar he llegado a la conclusión que nuestro tiempo se acaba, mi dinastía debe morir conmigo y la única forma para que el imperio no llegue a manos equivocadas es conseguir el apoyo de los Chitasu, verdaderos herederos del nuestros valles. Ellos deberán proteger a nuestra gente y reinar junto a nosotros la nación. Para lograr esto debes ir tu solo, sin escolta a interceder por el imperio y lograr persuadirlos a tomar parte de esta guerra.- Ranma lo miraba incrédulo.
-Pero majestad nunca nadie a podido ver a un Chitasu estos no permiten que nadie explore las montañas sagradas, Menos un impuro como ellos me llamarían por ser guerrero.-
El emperador sabia que no era una tarea fácil pero confiaba en el Shogún .- Tranquilo, está escrito en tu destino y es tu sangre la que te guiara en la oscuridad del bosque, ¿Cuento con tu lealtad?.- Mas que una pregunta fue un mandato que saco de sus pensamientos a Ranma. Rápidamente el emperador guarda el pergamino y le entrega a Ranma el medallón real con el tigre emblema del imperio, sin embargo cuando Ranma lo sostiene este se ilumina y por breves instantes junto al tigre se pudo ver a un gran dragón alado, para después volver a su imagen normal. Perplejo Ranma mira al emperador que no puede disimular su mirada de satisfacción.
-No me he equivocado, lo llevas en la sangre mi querido Shogun.-
Se escucharon unos golpes en la puerta de la sala azul, sigilosamente el emperador salió a través de la acuarela seguido por nuestro guerrero, cuando estaban llegando a la puerta esta se abrió dejando entrar a Kuno seguido por Gosunkugui.
-Majestad lo esperamos en la sala de asuntos exteriores con el resto de los generales.- ladró Kuno, mirando con odio a Ranma, no iba a dejar que ningún otro guerrero y menos uno que no tenia linaje tomar su puesto como principal hombre de confianza del emperador.
Una punzada recorrió la espalda del Shogún quien rápidamente miro al emperador con una fuerza que solo sus profundos ojos azules podían transmitir. El emperador entendió el mensaje. Podía contar con su lealtad.
