Victoire Weasley era mucho más de lo que cualquier chica pudiera aspirar. Para comenzar, la habían hecho prefecta, una un poco más blanda que los demás, pero era capitana del equipo de Quidditch de Revenclaw, y que fuera golpeadora, le daba su reputación. Tenía sangre de veela, ligeramente diluida, pero aún con esas dos gotas que pudiese tener, ella estaba lista para comerse al mundo como si fuese un caramelo.
Como he dicho, tenía su reputación… "temperamento" lo llamaría su madre. Y es que eso le sobraba, tras su rostro aparentemente sonriente y su actitud remilgada.
Y ahora, estaba furiosa.
Todo por culpa de aquella chica, que se la pasaba detrás de Teddy, ciertamente parecía que tenía una obsesión con él. Y Victoire estaba harta de que les siguiera por los pasillos y suspirara cada que el joven se paseaba por los jardines. Estaba harta, de verle animarlo cuando en los partidos le gritaba: -¡Más rápido, Teddy! ¡Más rápido! Cuando Lupin se ponía la Quaffle bajo el brazo y salía disparado a toda velocidad hacia los aros contrarios. Más de una vez, nuestra furiosa Victoire quiso mandarle una Bludger directito a esa… esa Finnigan.
Porque comentarios como aquellos, hacían que se le fuera la cabeza. Aún en Navidad, no lo dejaba en paz. Pues no era un secreto que ellos, Teddy y Vic, se morrearan en cada pasillo obscuro, o cuando iban a la cocina de la Mansión Black por el postre durante las cenas familiares, o cuando iban por leña al sótano, o simplemente, se morreaban cada vez que nadie veía.
Ella era Victoire, rubia, graciosa, reservada, inteligente, fuerte… y aquella, era Finnigan; Hufflepuff, con los pies enormes, cara de troll, ojos saltones, las pestañas quemadas y nada brillante. Esa que le acababa de escribir a Teddy una carta.
Él, le había insistido en que solo era una carta de buenos deseos: - Puedes leerla, si quieres. Le dijo con toda seguridad. Se puso blanco cuando ella se la arrebató para leerla. Entonces Victoire supo que era solo una fachada, y se quedó muy quieta con la carta en las manos.
La arrojó a la chimenea y se fue corriendo al único lugar al que sabía que Ted no la seguiría. La biblioteca de la Mansión Black.
Cuando entró, apoyó la espalda sobre la puerta y echó pestillo. Entonces se abalanzó hacia el primer sofá que vió y lloriqueó con sonidos ahogados, cubriéndose el rostro, tumbada sobre el descansa brazos. Al cabo de unos minutos, sintió cómo el mueble se hundía bajo el peso de otra persona, y cómo una calidez la envolvía.
Victoire se quedó muy quieta un minuto; ese minuto que se tomaba para pensar siempre, antes de hacer cualquier cosa, y luego se incorporó para ver quien le rodeaba los hombros con un brazo. Era Dominique, le miraba con la cara cincelada en mármol y los ojos de ese azul pálido que parecían tan tranquilos.
¿Quién más podría ser? Sólo a Dominique le gustaba ir a esa biblioteca tan helada, que se mantenía así para que los libros conservaran su buen estado.
-¿Qué ha pasado?- Le preguntó acunándole el rostro
-Es… se trata de Ted- Gimoteó aún afligida; Dominique esbozó una mueca, sin que sus ojos se perturbaran.
-Siempre se trata de Ted- Masculló mientras abandonaba su asiento y comenzaba a pasear sobre la mullida alfombra color vino.- Cuando te encontré en el baño llorando, fue porque Ted no notó que te habías cortado el cabello, al inicio del curso. Cuando te encontré en la torre de astronomía…-hizo una pausa mientras apretaba los puños- muriendo de frío, fue porque Ted no llegó… y en casa, y ahora.- resopló mientras se apartaba el flequillo con el aire.- Deja de perder el tiempo con él…-hizo otra pausa para respirar hondo y girarse a verla, con calma.- sé que todos piensan que ustedes dos están destinados a estar juntos, pero eso no tiene por qué ser cierto, ¿sabes?, hay cosas más importantes.
-¿Más importantes que el amor de tu vida?- le contestó secándose las lágrimas, componiendo su voz para que no se quebrara- No hay nada más importante que eso, hermanita; ni Hogwarts, ni el Quidditch, ni la opinión de los demás… la felicidad es lo más importante.
-¿Ni siquiera mi opinión?- le cuestionó sin siquiera parpadear.- ¿Y qué si el amor de tu vida solo te saca lágrimas?... sí hay cosas más importantes, como la estabilidad emocional, y la tranquilidad.
-Tú no entiendes- suspiró Victoire ocultándose el rostro con las manos y apoyando sus codos en las rodillas- No hay nadie más importante en mi vida que él- su voz sonó ahogada pero firme.
-¿Y yo, hermanita?- la pregunta le sorprendió a Victoire, tanto como la cercanía.
Se había arrodillado frente a la mayor y tomó las manos frías entre las suyas.
Fue entonces cuando Victoire recordó lo que había sucedido aquella noche en la torre de Astronomía. Llevaba más de tres horas ahí, esperando a por Teddy. Habían quedado a media noche, y ya faltaba un cuarto para las 4am.
Ahí, esperándole, estaba ya fuera de sí. Tenía la mirada perdida, y se mostraba ausente, tenía tanto frío, pero el viento se había llevado su abrigo. Estaba sentada, muy tiesa, con las piernas estiradas y las manos bajo los muslos, en un intento casi automático por calentárselas.
Dominique, quien tenía la habilidad de estar en los momentos más necesarios, llegó hasta ahí y le tomó las manos. Le susurró palabras dulces, y le abrazó y le frotó los brazos para hacerla entrar en calor. Murmuraba cosas, Victoire lloraba en silencio, creyendo que ya no sería capaz de sentir nada. Sentía la cabeza embotada en tristeza y frío.
-Tus labios estás morados, Tori, anda, vamos a tu habitación, te arroparé y descansarás… vas a enfermarte, anda- insistía.
-No puedo sentirlos, ya no los sentiré- le contestó con voz áspera al momento en que se llevaba la punta de los dedos a los labios.
-No digas tonterías, claro que podrás, sólo necesitas estar en un lugar cálido.
-No- volvió a insistir, ya no los sentiré.
-Para ser una Revenclaw, eres demasiado boba- dijo Dominique más para sí, mientras intentaba levantarla. Pero su hermana seguía sin moverse, sus ojos eran melancolía líquida y pesaba demasiado.
Frustrada, Dominique le tomó el rostro entre las manos, y le besó bruscamente, con los labios apretados, cerrando los ojos de igual manera. Cuando se apartó, Victoire tenía los labios entreabiertos, y estos le hormigueaban de forma extraña.
-Siento- susurró aún con los ojos cerrados.
-Por supuesto que sí, tonta.- se acercó de nuevo, aprovechando que su hermana no estaba mirando, que estaba con la guardia baja.
Dominique volvió a besarle, con más cuidado, con añoranza. Victoire cedió, sintiendo una tranquilidad que le embargaba, se abrazó a su hermana para levantarse.
Mientras Teddy, salía de la cama de Charlotte Finnigan.
-¿Por qué… tú me besaste esa noche?- le preguntó dejando de llorar al fin.
-Es solo lo que tú solías hacer antes, ¿recuerdas?... cuando yo tenía miedo por las noches, te metías en mi cama y me besabas, el rostro, los labios, el cabello. No lo he olvidado, Tori, de hecho, nunca lo he podido sabar de mi cabeza.
Victoire se quedó muy quieta, pensando. Dominique era muy pequeña en ese entonces, no tendrá más de seis, y la última vez que lo había hecho, fue la noche antes de que Vic fuera a Hogwarts.
-Pero, en la torre, eso no estuvo bien. En aquel entonces era de forma inocente, Dominique, somos mayores ahora.-
-Ahora sientes cosas- le interrumpió apretándole las manos.
-¡No!
-¿No?
-No era eso lo que quería decir…
-Ya no digas nada, Vic, solo contesta lo que te pregunté. ¿No hay nadie más importante que Ted? ¿Estás segura?
-Sí, hay alguien.
-¿Quién?- preguntó con toda la templanza que le quedaba.
¡Tac, tac, tac!-Vic, abre la puerta, soy un idiota, déjame arreglarlo, tenemos que hablar, por favor, abre-
-Al menos acepta serlo…- masculló Dominique.
Victoire se había levantado, y cuando su mano se extendió para tomar el picapote, Dominique se interpuso.
-Aún no hemos terminado- le avisó, y se coló fuera antes de que Teddy pudiese entrar.
