En primer lugar, deciros que soy nueva por aquí y me he venido aquí para empezar de cero con los fics. También, es un fic con baaaaaastaaaaaaaaaaaaante mucho drama y me querréis matar. Pero tendrá happy ending, tranquilos... (o no o-o) e.e bueno, espero que os guste este primer capítulo y que si podéis dejéis alguna review, que no cuesta mucho, ¿No? Yo intentaré contestaros.

¡Ah! este fic se me ocurrió después de ver las fotos de el 6x22 pero no tiene nada que ver, es AU.

An en este fic Alexis no existe...y Castle y Beckett tienen 36 y 34 años.

Y intentaré también subir el 2º capi el martes...

Allá vamos...

VERITAS.

Capítulo 1

El columpio de al lado está vacío, pero sin embargo se menea con extrema y exasperante parsimonia. Me imagino a Kate ahí sentada, su cabeza a gachas mientras que su pelo cae en cascada sobre sus hombros, ocultando su rostro. Sin ninguna pista de su expresión facial, de como puede estarse sintiendo.

Suspiro. Son casi las seis, es imposible que venga ya. Pero aquello no me deprime, pues creo que no puedo caer más bajo.

Me levanto del columpio, las cadenas reprochan tímidamente. Una última vez, miro el lugar en el que ella debería estar sentada. A veces me pregunto si soy masoquista o algo parecido pues, aunque sé que eso me va hacer más daño soy incapaz de dejar de pensar en ella. Me pregunto qué hubiese pasado si se hubiese dignado a aparecer. Yo le habría empezado echando en cara su marcha, pero finalmente habría vuelto a tropezar con la misma piedra y habría caído a sus brazos de nuevo. Es imposible no hacerlo. Pero habría necesitado tiempo. Y ella me habría pedido que la entendiese, pero yo no puedo hacerlo, mi mente no es capaz de llegar al punto de tolerar que ella desapareciese así como así, para protegerme, para protegernos, y me ocultase de esa manera que había algo que nos unía aún más, alguien más en nuestras vidas. Tampoco soy capaz de entender que un día vuelva así como así. Y yo sea incapaz de estar enfadado con ella, por que aunque lo niegue lo entiendo.

Y Kate Beckett es y siempre será mi punto débil.

Suelto un bufido y le doy una patada al columpio. Me doy la vuelta y comienzo a ir hacia la salida. No puedo estar más allí. Soy masoquista, pero no tanto.

Entonces, mi cuerpo choca con el de alguien. Mi corazón parece reconocerlo, pero no mis ojos. Mi vello de eriza y todos mis sentidos se vuelven locos. Y yo sigo en la inopia, en un extraño shock, solo hasta que aquel peculiar perfume llega hasta mis fosas nasales. —Kate...—Susurro. Ella alza la mirada y me dedica una sonrisa tímida. Mordiéndose el labio. Volviéndome loco.

Pero no pienso ponérselo tan fácil.

Me retiro, me aparto de ella, mi perdición. Aunque sigo mirándola embobado. —Castle...Yo...—Empieza ella, con la voz crispada. —Le hemos cogido—Suelta sin más, luego sonríe, como si se hubiese quitado un gran peso de encima.

Pero yo no respondo, ni siquiera soy capaz de mirarla a la cara. No quiero hacerlo y ver como las lágrimas caen por sus mejillas.

—Al asesino de mi madre. Al de cientos de personas—Puedo sentir como su mirada se eleva al cielo, sus ojos verdes brillan con la luz del sol, orgullosos.

—Sabía que lo harías—Le dedico una mirada fugaz, ella me la devuelve y volvemos a estar como antes.

—Castle...Yo...Lo siento...—No puedo contestar, aunque quisiese hacerlo no sería capaz. —Siento haberme ido. Pero debía hacerlo. El peso que suponía sobre mi su muerte era algo de lo que necesitaba liberarme. Y no sabía que estaba embarazada de Sarah.

Al oír aquel nombre mis ojos se iluminan, no puedo evitar sonreír, Sarah. Una niña de tres años que ni siquiera me conoce. Aquello ultimo hace que mi alegría se disipe, convirtiéndose en enfado, enfado con Kate por haber tomado aquella decisión. Por haberme robado su primer paso, su primera palabra, su primer día en preescolar...

—¿Y lo mejor era irte, sin siquiera avisar?, ¡¿Así como así?!, ¡Joder!, ¡Todas sois iguales! Tres años Kate. Tres años soportando tu ausencia, echándote de menos y que nadie me dijese donde estabas...Me has quitado tres años de mi hija, Kate. Y no puedes pretender que lo entienda. ¡Solo llevábamos dos años casados!, ¿Tan infeliz eras?—Me levanto y doy una patada al aire, con rabia, apretando los dientes hasta que rechinan.

Kate me mira dolida, luego asiente. —Lo sé Castle. Y no hay día que no me arrepienta de esta decisión. Cometí un grave error, pero no podía volver, no una vez que me había ido. Era demasiado peligroso para todos. —Se levanta y se acerca a mi, tomando mis manos. Sus ojos se fijan en los mios, Haciendo que me en el verde durante unos segundos, acariciando el camino de sus lágrimas.—Y no era infeliz, era muy feliz Castle.

—Entonces, ¿Por qué?—Suspiro, no lo entiendo. —Mira Kate...No sé que pretendes pero no las cosas no van a ser como antes. La situación ha cambiado mucho por aquí...—No puedo contárselo. —Y no estoy seguro de lo nuestro, de ser tu marido porque no estoy preparado, aún no me hago a la idea de que estés aquí. A demás, si tú estuvieses segura...No te habrías ido.—Saco el anillo del bolsillo, no me lo he quitado de encima desde que se fue. —De lo único que sí estoy seguro es que quiero ser el padre de Sarah. Quiero estar ahí para ella. —Pero con nosotros...Necesito tiempo... —Castle por favor...—Me mira, suplicante, gruesas lágrimas corren por sus mejillas. Yo niego. —Te quiero Kate, como nunca he querido a nadie, pero necesito tiempo.—Le tiendo el anillo—Y tú también, a si que dámelo cuando estés segura de que lo que tenemos es suficiente. Le tiendo el pequeño y brillante objeto y lo coloco entre sus manos, acariciándolo con cuidado. —¿Qué te parece si mañana me paso a ver a Sarah? —Castle...—Su voz, rota por el llanto me llama, rompiéndome el corazón. Pero no puedo, no puedo ceder. Tomo su barbilla y acerco sus labios a los míos, tan cálidos como lo recordaba, tan perfectamente amoldados a los míos. Me separo de ella, y la miro antes de darme la vuelta. —Hasta mañana—Demasiado esperanzador. Y camino hacia la salida, sin mirar atrás, porque aquello no es un adiós, sino un hasta la vista.