¡Hola de nuevo, FanFiction!
Después de siglos de estar desaparecida del fandom, regreso con la versión editada (y espero que ahora sí más decente) de este fic. No sólo es una versión mejorada, sino que también tiene nuevos puntos para un mejor desarrollo de la trama que, espero vayan a disfrutar.
A los que estuvieron leyendo antes este fic, sólo me queda darles una disculpa por la pésima narración y trama tan sosa de aquél entonces, les prometo que ahora daré mi mejor esfuerzo para que valga la pena leer este fic.
Como ya he advertido en mi Facebook sobre este fic, ahora la trama será meramente shoujo. Es la cosa más shoujo que he escrito en toda mi vida, así que pueden esperar dramones de telenovela, cursilerías al extremo y sentimientos intensos a más no poder. Siento que a veces se me va la mano con lo rosa pero... entonces veo algún anime shoujo y digo "nahh... de eso se trata, dramones de telenovela" (?) así que espero y no les moleste el exceso de azúcar :D
No los entretengo más, y sin nada más que agregar, ¡disfruten de la lectura!
Soul Eater no me pertenece a mí, sino a su legítimo creador Atsushi Okubo.
1. Primer día... ¡Comienza el infierno!
Había preparado todo la noche anterior anticipadamente para así tener la situación bajo control por la mañana, sin ningún contratiempo que pudiese arruinar su tan esperado primer día de trabajo. Planchó su ropa como tres veces, lustró sus zapatos, se eligió su mejor corbata y preparó todo en su maletín de trabajo tres horas antes de irse a dormir. ¿Qué podía salir mal?...
Oh, Soul… siempre tenías que hacer esa pregunta para desafiar al destino, ¿verdad?
Su despertador no sonó por culpa de un repentino corte de luz, lo que hizo que se despertase casi media hora tarde y estuviese al borde de un infarto cuando se fijó en la hora. Al no haber luz, tuvo que bañarse con agua fría que le heló hasta los huesos con aquellas bajas temperaturas que azotaban Death City. Salió del baño pensando en qué podía desayunar de lo que tuviera a mano, cuando recordó que aún tenía una barra de pan que podía usar para hacerse un sándwich. El pan blando y hongueado, el queso vencido desde el mes pasado y el fiambre ni qué hablar de su avanzado estado de putrefacción. ¡El universo conspiraba en su contra, lo sabía perfectamente!
A los apurones, ni desayunó nada, sólo terminó de vestirse lo más rápido que pudo y corrió al auto en lo que terminaba de batallar con el maldito nudo de la corbata, habiéndose asegurado, claro, de llevarse todas las cosas del trabajo con él. No podía permitirse más contratiempos. Giró apresurado la llave para encender el motor, pero casi como si fuese un mal chiste, incluso su auto comenzó a fallar cuando más lo necesitaba.
—¡Oh, vamos, maldita sea!— Bramó molesto una vez hubo terminado de anudarse la corbata para así seguir intentando encender al que hasta hace poco era su fiel amigo. —¡¿Tú también vas a ponerte en mi contra?! ¡¿Qué te hice para que te molestaras de esa forma?!— Continuó despotricando contra el vehículo como si este le escuchase, sin dejar de intentar revivirlo con tanto desespero como a un médico que se le muere un paciente. —¡Te lavé, perfumé, lustré, te puse gaso…!— Calló abruptamente cuando se fijó en que efectivamente, la aguja que marcaba el combustible marcaba el rojo y bien notorio cero ante sus narices. —… Mierda— Espetó casi teniendo que tragarse sus demás reproches. Vencido en una discusión con un objeto inanimado. Menos mal que estaba solo, porque de haberlo visto Kilik ya estaría rodando de la risa en el suelo y usando aquello de material para burlarse de él por el resto del año.
Tras soltar otro bufido y con una notoria ira contenida en sus acciones, tomó sus cosas, se colgó el saco al hombro y cerró la puerta del auto. Se fijó en la hora que marcaba su reloj de aguja. 7:20 am… las clases empezaban a las 7:30, no llegaría a tiempo a menos de que se transformase en Superman y volara.
Harto de todo, se llevó ambas manos a la cabeza para revolverse los cabellos mientras soltaba al mismo tiempo unos bramidos inentendibles, casi parecía un loco recién liberado del manicomio. Sólo había un camino posible, el metro, y rogar para que no estuviese lleno. Creyó que se había librado de viajar allí desde que adquirió su –hasta hace unos momentos- tan amado auto, pero sin duda la mala suerte del día lo iba a empujar hacia esa apretada lata de sardinas móvil una vez más.
Corrió como demente hacia la estación, la cual por suerte no quedaba lejos de su residencia actual, y tan pronto llegó vio como el metro paraba y abría sus puertas. Tuvo que tomar otra carrera para poder ingresar entre todo el malón de gente que entraba y salía, abriéndose paso casi a codazos como si estuviese enfrentando una manada de animales salvajes en su lucha por la supervivencia. Comprendió irónicamente que ahora sí tenía sentido el llamar a las ciudades las "junglas de acero", y en el estado en el que el albino se encontraba, estaba más que seguro que sólo se veía como un mono desalineado con traje y corbata, cuya ropa sólo se arrugaba más ante los empujones de la gente que iba llenando el vagón a medida que pasaban las estaciones. Vaya imagen que iba a darle a sus alumnos.
Ingenuamente, creyó que su suerte mejoraría ahora que finalmente iba a bajarse en la siguiente parada para correr literalmente por su vida, puesto que sabía que si bien a Shinigami-sama no le importaría tanto el hecho de que llegase tarde, a Sid sí, y ese sujeto militarizado parecía querer matar a todo aquél que no siguiera las reglas de forma estricta. Llegar tarde claramente le cavaría su propia tumba apenas llegase a la academia. Y por supuesto, Murphy no había tenido suficiente con aquella pobre alma. Al abrirse las puertas, la gente se transformó en una masa imparable que empujaba por salir al exterior y arrastraba todo lo que había en medio entre la gran marea humana. Soul planeaba aprovechar aquello para salir, pero al estar tan apretados unos con otros, su maletín no fue tan afortunado y quedó enganchado entre otras dos personas mientras que su cuerpo era empujado hacia el otro extremo. Apretó los dientes con fuerza y se aferró a su maletín como si su vida dependiera de ello, hasta que finalmente consiguió jalarlo de una forma un tanto brusca hacia él para zafarlo de donde estaba cuando pudo salir.
Respiró aliviado y abrazó el maletín, como si su vida estuviese allí dentro. Fue afortunado de salir entero… pero notó que su "compañero" no fue tan afortunado. Mientras la gente seguía saliendo del metro en aquella marea y cada tanto chocaban contra él, Soul se percató de que el pequeño llavero que pendía de la agarradera del costado ya no estaba. ¡Sus llaves!
Se giró abruptamente, con una épica cara de pánico dibujada en sus facciones antes de estirar el brazo hacia el metro, en un vano intento por regresar a aquél infierno y recuperarlas. Pero las puertas se cerraron en su cara y vio completamente impotente como allí se iba el pase para entrar a su casa.
Por un momento sólo tuvo deseos de tirarse al piso y comenzar a reír como idiota antes de ponerse a llorar como todo un desgraciado. ¡¿Cómo era posible que alguien tuviese tanta mala suerte?! No podía estar pasándole. Ya ni prestaba atención al camino, sólo dejaba que sus piernas caminasen solas mientras que el cuerpo que sostenían se balanceaba de un lado a otro con el caminar, casi como si se tratase de un zombie. ¿A esas alturas valía la pena continuar o mejor optaba por tirar la toalla? Ni había llegado y ya la jornada parecía haberle colocado todos esos obstáculos en el camino como en un intento de decirle "viejo, hasta aquí llegaste. Esto no es lo tuyo".
Pero tampoco podía regresar, perdió sus llaves y no podía entrar a la casa… tendría que llamar a Kilik para que fuese a rescatarlo con el juego de llaves que él tenía… claro, si es que su celular decidía estar de su lado y tener suficiente batería y saldo, porque a como estaban las cosas ya no le sorprendería que se le rompiera o incluso cayera en alguna alcantarilla.
Apenas notó que logró llegar en ese estado zombie hacia la avenida principal, donde justo al frente se imponía la enorme y peculiar estructura de la tan renombrada academia Shibusen. Las enormes puertas delanteras continuaban abiertas pese a ser ya las 7:50… comenzaba a dudar si el toque de queda se había atrasado ese día o en realidad dicha fachada sólo consistía en una trampa mortal colocada por Sid para atrapar con las manos en la masa a todo aquél que llegase tarde para reportarlo ante el director.
"No, momento… Sid tiene que estar en la reunión", se recordó a sí mismo, secándose el sudor frío que por momentos le recorrió la cara de sólo hacerse la idea. Entonces puede que tal vez, sólo por una vez, se hubiese producido un milagro divino que le concediera la oportunidad de entrar aún al recinto para hacer su trabajo. Pudo jurar que escuchó un coro de ángeles y vio la entrada iluminarse mientras se encaminaba hacia esta. No estaba siendo nada cool, pero Soul tendía a exagerar cuando una sola cosa le salía bien luego de una tremenda racha de mala suerte. No pretendía desaprovechar una oportunidad como esa, tenía que procurar no arruinarlo esta vez.
Poniendo en práctica sus auto declaradas habilidades de ninja, ingresó a la academia como vil ladrón que intenta pasar desapercibido a plena luz del día. Los enormes pasillos estaban desiertos y el silencio sepulcral no hacía más que amplificar diez veces el sonido de cada paso que daba, haciendo que su intento por caminar en silencio se frustrase patéticamente. Comenzó a sudar frío una vez más, y tenía esa sensación clavada en su espina dorsal de que alguien lo estaba vigilando. Sentía que Sid se le iba a aparecer en cualquier instante para darle la reprimenda de su vida por el estado en el que se encontraba y la forma en la que estaba ingresando, sin mencionar su gran atraso.
Podía escuchar sus propios latidos desembocados al tiempo que su cuerpo se tensaba más. El silencio era insoportable. O todos estaban conspirando allí para mantenerse callados y hacer que se le crisparan los nervios o las paredes de las aulas tenían un muy buen aislante de sonido, pero lo cierto era que no conseguía dar siquiera un paso normal sin que se escuchara a un nivel bestialmente audible.
Ya no lo soportaba más, la tensión del momento se lo estaba comiendo crudo y nada lograba avanzando a paso de tortuga ninja. Echó a correr una vez más por los corredores para así evitar seguir retrasándose, sin importarle el ruido que pudiese producir al hacerlo.
Oh, Murphy… si tan sólo estuviese su personificación allí frente a él sin duda lo estrangularía por no dejarle ni un respiro de paz. Estaba decidido que ese definitivamente no era su día. Tan pronto como terminó de doblar por aquél pasillo, colisionó estrepitosamente con un cuerpo más pequeño pero con una gran cabezota de piedra que casi le parte el cráneo en dos. El eco que produjo semejante escándalo de la caída debió haberse escuchado al menos dos kilómetros a la redonda, pues tanto el maletín suyo como lo que cargaba la otra persona se desparramó en el suelo en medio de las quejas y maldiciones de ambos.
El albino se incorporó como pudo en el suelo sin dejar de sobarse la cabeza, y con una notoria molestia abrió los ojos para fulminar al insensato que se le cruzó en el camino. Vaya sorpresa la que se llevó al encontrarse en el suelo con cierta muchachita de cabello rubio cenizo amarrado en esas mismas dos coletas de siempre. La chica también se encontraba adolorida, sobándose la cabeza y murmurando algunas maldiciones por lo bajo. Sus ojos se abrieron para igualar sus acciones y reclamarle con aquella mirada verde esmeralda, y fue sólo cuando entraron en contacto visual que olvidaron momentáneamente seguir quejándose y maldiciendo al otro por la caída.
El silencio extremo que se produjo los sumió en una especie de burbuja aislante en la que ninguno podía hacer más que mirar un tanto sorprendido al otro, y sólo cuando logró salir un poco de su anonadamiento que el cerebro del muchacho hizo "click" al lograr encenderse la lamparita para recordar de dónde le sonaba tanto esa chica.
¡Era la chica que siempre se topaba cuando ocurría alguna desgracia! Ahora lograba recordarla. Además de que ninguno de sus encuentros resultaba ser medianamente ameno, de un modo u otro. En el metro, peleándose por los asientos cuando aún viajaba frecuentemente en este, en el supermercado, peleándose por ver quién conseguía adueñarse del último producto disponible en exhibición. En los días lluviosos, peleándose en la misma esquina por ver quién tomaba el taxi que paraba justo en medio… sin mencionar que cada vez que ella andaba cerca, por más que ni se hablaran, su sola presencia parecía ser suficiente para invocar una cadena de mala suerte sobre Soul.
Las caras de ambos se desencajaron en una mueca de asombro y horror al acordarse del otro.
—¡La plana de la mala suerte!— Espetó incrédulo y hasta cierto punto aterrado por encontrársela justo en la academia en la que iba a trabajar.
—¡El idiota presumido!— Al mismo instante en el que el peliblanco soltó palabra, ella exclamó el apodo por el cual lo conocía.
Nuevamente, el hecho de haber soltado aquello al mismo tiempo los volvió a dejar en un silencio un tanto más corto que el anterior, principalmente para procesar qué era lo que el otro había dicho y finalmente fruncir el ceño por la ofensa antes de volver al ataque.
—¿Qué haces aquí?— Bramó la muchacha, notoriamente reacia a su presencia.
—No, ¿qué haces tú aquí?— Y por supuesto, la terquedad de Soul no le iba a dar el gusto a esa chica de hacer su pregunta de mala leche antes que él.
—Estudio aquí, idiota— Respondió como si fuese obvio mientras se señalaba la corta faldita gris de tablones y la chaqueta escolar negra con finas líneas blancas verticales que la atravesaban, correspondiendo al inconfundible y peculiar uniforme del Shibusen.
Al fijarse en lo que parecía obvio a simple vista, Soul tuvo unos irrefrenables deseos de golpearse la frente con la palma de su mano. Fantástico, estaba siendo el tipo menos cool de todo el planeta justo ante aquella muchacha de la mala suerte. Vio como la rubia soltaba un suspiro cansino y optaba por cortar allí con la discusión para comenzar a recoger sus cosas, y en un acto reflejo Soul hizo lo mismo mientras se sumía en sus pensamientos. Aquello estaba mal, estaba peor que mal. Esa chica era como un gato negro, siempre sufría desgracias cuando se cruzaba con ella, ¡y ni hablar ahora que iba a ser su alumna! Se acababa de joder la vida a lo grande…
"Aunque pensándolo mejor…"
Su mirada rojiza volvió a posarse en ella de manera disimulada, sin descuidar su tarea de recoger el desastre de útiles y papeles del suelo. ¿Qué tal si le caía toda esa mala suerte por el simple hecho de que en todos sus encuentros siempre terminaban peleándose?... era algo absurdo y lo sabía, pero había leído en algún libro que las malas vibras de las personas afectaban el karma de su entorno, por lo que si esa chica que parecía tener algún dominio sobre los acontecimientos que se desencadenaban sobre él cuando andaban relativamente cerca, lo mejor era intentar empezar de nuevo y tratar de usar esta oportunidad para llevarse bien con ella y así cambiar el rumbo de su desdichada suerte.
Parecía sencillo. Podía hacerlo… sólo debía intentar no exasperarse tan rápido y tratar de hablar normalmente con ella. En un primer paso para acercarse de forma más "amigable" a la muchacha, tomó una de sus cosas para entregársela y ayudarle con la tarea de recoger. Fue sólo cuando su mano tocó aquella pieza de metal que su mirada se clavó en esta. Eran llaves… sus llaves.
La cara de Soul fue épica. ¡¿Por qué ella tenía sus llaves perdidas?!
—¡O-oye! ¿qué haces con esto?...— Su asombro contenido parecía producto de haber presenciado alguna clase de brujería, por más que la otra ni siquiera le dio importancia a su cara y continuó recogiendo tranquilamente.
—Oh, ¿eso?... algún idiota las dejó caer sobre mi cabeza en el metro.
El metro…
—¡Lo sabía!— Exclamó de pronto, antes de ponerse de pie abruptamente y señalarla con su dedo de forma acusadora. La chica no pudo hacer más que enarcar una ceja y mirarlo como si fuese alguna clase de discapacitado mental. —¡Tú estabas en el metro esta mañana, eso explica por qué he estado teniendo tanta mala suerte!
La confusión en el rostro femenino se mezcló con una mueca de molestia ante su comentario, justo antes de ponerse de pie también para encararlo con el ceño fruncido y tratar de estar más a su altura, por más que el mayor le ganara por cabeza y media en estatura.
—¿Disculpa? ¿Cómo tienes la cara para todavía venir a culparme a mí por haber sido tan idiota de dejar caer tus llaves en medio del vagón? ¡Deberías disculparte, esa cosa casi me parte la cabeza!
—¡Como si las hubiese soltado porque quisiera! No podía darme el lujo de regresar por ellas— Se cruzó de brazos y aún con el ceño fruncido se permitió alzar levemente su barbilla para darse ciertos aires de grandeza. —Para tu información, la gente que trabaja no puede detenerse a perder tiempo ni fijarse en ese tipo de cosas, eran mis llaves o llegar temprano a…— Él mismo se interrumpió al recordar el motivo por el cual había estado corriendo todo ese tiempo. Abrió los ojos de golpe y su cara comenzó a ponerse azul de tan sólo imaginar lo que le haría Sid cuando lo viera por haberse atrasado de tal manera. —¡Mierda, la reunión!— Casi en medio de un ataque de pánico volvió a inclinarse de cuclillas para recoger a velocidad del rayo todas sus pertenencias restantes del piso y recuperar sus llaves, para luego pegarse la carrera de su vida hacia la sala de profesores.
Sabía que su destino estaba sellado desde que se topó con esa chica, y su encuentro sólo podía significar una cosa… estaba jodido.
¿Qué demonios ocurría ese día? Maka no dejaba de refunfuñar en su fuero interno por todo lo ocurrido minutos atrás. De no ser porque ese día tenían más tiempo extra para ellos durante la primera lección porque había junta del personal, habría llegado tarde a clases. Todo por la estúpida irresponsabilidad de su padre, quien la hizo regresarse a la casa porque olvidó un formulario muy importante que tendría que haber presentado hoy.
En realidad ya estaba acostumbrada a ese tipo de cosas, pero lo que la dejó con el mal humor que cargaba fue la inesperada aparición de aquél idiota engreído con el que siempre se tenía que topar en el peor momento, casi como si estuviesen malditos. ¿Ahora también iba a tener que soportarlo en la academia? No podía ser peor.
Soltó un suspiro en un intento por calmarse cuando se detuvo frente a su casillero. Dejó que el murmullo de los alumnos que circulaban tranquilamente por el corredor despejara sus pensamientos en lo que sostenía sus cuadernos debajo de uno de sus brazos para buscar la llave del candado con su mano libre. Todo lo que tenía que hacer era dejar allí el formulario y se lo entregaría cuando acabase la dichosa reunión y ella tuviese algún minuto libre. Apenas notó algo extraño asomando por las ranuras de ventilación de su casillero, a lo cual no le prestó atención sino hasta que lo abrió.
Por inercia, soltó un pequeño chillido ahogado al ver toda la maraña de lombrices que le cayó encima como una avalancha al abrir la puerta de metal. Del susto no sólo pegó un leve brinco, sino que soltó todo lo que llevaba debajo del brazo mientras se sacudía desesperada algunas lombrices que le cayeron sobre el uniforme. Aquello había sido demasiado repentino y no se había preparado para algo como eso, por lo que esta vez sí se notó el desconcierto y terror en su rostro mientras se sacudía la ropa con urgencia.
—¿Qué ocurrió?
—Ay, dios mío…
—¿Son gusanos?
—Creo que se pasaron esta vez…
Los murmullos de los alumnos que presenciaron la escena y se detuvieron para ver fueron incrementando como una marea silenciosa hasta que se fue haciendo más audible, empeorando así la situación en la que la rubia se encontraba. Maka no podía hacer más que respirar de forma agitada en un vano intento por calmarse de nuevo y ver cómo rayos solucionaba aquello. Pero el sentir todas las miradas clavadas en ella no estaba ayudando a que el flujo de sus ideas se concretaran en algo que realmente pudiese sacarla de esa situación.
Sintió una enorme repulsión al ver aquellas lombrices viscosas retorciéndose sobre sus apuntes y lo que se le había caído al suelo, teniendo que llevarse una mano a la boca para tratar de calmarse y evitar sentir demasiadas náuseas. Se escuchó de forma muy tenue debido a que los murmullos y el bullicio de los demás funcionaba como cortina sonora, pero Maka pudo oír perfectamente aquellas risas burlonas que la hicieron girarse para encarar a las principales sospechosas. Le costó contenerse para no lanzarles un zapato a Jacqueline y Kim, quienes la miraba de reojo y se burlaban de ella de una manera poco disimulada detrás de la primera capa de gente que se reunió para ver el espectáculo.
—¿Qué es todo este escándalo?
Todo murmullo cesó al instante al escuchar ese inconfundible tono serio y autoritario de voz, y enseguida la atención se centró sobre aquél muchacho de cabello negro con tres peculiares líneas blancas atravesando la mitad de su cabeza a un costado. Si bien su semblante pétreo estaba completamente serio, sus ojos dorados destilaban una ira silenciosa que se sentía con la suficiente potencia como para despejar aquella multitud y hacer que gran parte de los alumnos retornara a sus propios asuntos.
—Es el Shinigami.
—Vámonos antes de que nos caiga la maldición.
—Siendo el hijo del director seguro nos lo echará encima…
Con aquellos últimos susurros entre la masa estudiantil los corredores se fueron despejando, llevándose consigo a las perpetradoras de aquél atentado a menor escala para pasar inadvertidas hasta desaparecer en alguna parte. Sólo cuando ya nadie se quedó a mirar la desgracia ajena, el joven se acercó a su amiga para contemplar mejor todo ese desastre.
Maka consiguió controlarse para volver a mostrarse relativamente normal, sin dejar ver cuánto la había afectado aquella broma de mal gusto.
—Kid…— Su tono de voz era bajo, y calló de pronto al no hallar qué decir. Centró su mirada verde sobre sus libros en el suelo y se agachó para tratar de quitar esas lombrices con unos lápices para poder tomarlos de nuevo e intentar distraerse en el proceso. Odiaba verse así, odiaba que la ayudaran porque la hacían sentir vulnerable… además de que Kid siempre venía a salvarla cuando los demás la molestaban, y eso sólo incrementaba los rumores que lo ponían en la cuerda floja a él también.
En silencio, el azabache se inclinó de cuclillas junto con la rubia para ayudarla con su tediosa tarea. Últimamente sentía que Maka estaba empezando a actuar de forma extraña con él, la notaba más distante… al principio supuso que sólo era un malentendido debido al poco tiempo que disponía y el estrés de los cursos extra en los que estaba, pero pronto se dio cuenta de que se trataba de algo más, algo que salía a la luz siempre que ocurrían estas cosas. Ella no quería ser rescatada, puesto que era un insulto a su propia capacidad para defenderse. Y Kid lo entendía, pero como su amigo de la infancia no iba a simplemente quedarse de brazos cruzados mientras veía como la molestaban.
—Llamaré al conserje para que limpien esto, ¿bien?— Fue él quien rompió el silencio, con un tono de voz un poco más suave pero igual de serio, lo cual atrajo una mirada discreta por parte de su compañera. Por un momento Maka se preguntó si alguien además de ella sería capaz de notar los leves cambios que tomaba su semblante siempre serio. Se había suavizado un poco ahora que estaban relativamente solos.
Ella asintió en silencio por unos momentos, volviendo a sujetar sus libros y apilarlos una vez se aseguró que ya no había ninguna lombriz sobre estos.
—Toma, se te cayó esto— Kid le tendió la hoja amarilla que se le había olvidado allí en el suelo cuando se puso de pie.
—Gracias… estaría en problemas si le pasa algo a esta hoja— Finalmente Maka sonrió levemente, de mejor humor para dar pie a una conversación que alivió más los aires del muchacho.
—¿Es el formulario que te hizo ir a buscar tu papá?— Inquirió, permitiéndose mostrar una sonrisa muy tenue en sus labios cuando ablandó levemente su semblante. Estaban solos en el corredor, no había razón por la cual seguir manteniendo su fachada estricta frente a ella.
La chica asintió, notoriamente más relajada que antes. En toda la semana no había tenido ni un momento a solas con Kid, ya casi olvidaba lo relajante que podía ser estar con él. Los rayos del sol matutino que se filtraban por la ventana le estaban favoreciendo al hallarse el muchacho en el lugar indicado para que sus mechones blancos destellaran con la luz. Se dibujó una línea luminosa sobre el contorno de su rostro, casi como si fuese una escena tomada especialmente para alguna película o escena de telenovela.
"¡Alto ahí, Albarn! Zona de peligro, retrocede ¡Retrocede!"
Aquella vocecita de su lado racional resonó en su cabeza justo a tiempo para despertarla de aquél anonadamiento en el que se había sumido. Pareció reaccionar de pronto, abriendo con cierta sorpresa sus ojos de un momento a otro en lo que bajaba la mirada para terminar de agarrar el formulario. Ya había recordado la razón por la cual estuvo evitando a Kid durante la semana. Era porque no podía evitar momentos como ese que acababa de vivir cuando estaba con él, y se había propuesto como meta del año nuevo el quitarse al azabache de la cabeza de una vez por todas.
"Pero es tan difícil…", se siguió reprochando para sus adentros, sintiendo que la capa de incomodidad amenazaba con volver a caer sobre ellos. Por eso odiaba haber sido tan débil de voluntad como para haberse dejado enamorar, aquello sólo hacía que fuera difícil hablar con Kid. Ya no podía estar con él como en los viejos tiempos ni bromear tan despreocupadamente como cuando eran niños.
El pelinegro por su parte analizó más detenidamente la situación, queriendo saber a qué venía el repentino cambio de aires en su amiga. Maka ya no le contaba las cosas, se estaba cerrando cada vez más y eso sólo hacía más difícil saber qué era lo que pasaba por su cabeza. Supuso entonces que esa nueva actitud se debía a lo que acababa de ocurrir, por lo que intentó animarla un poco para que pudiese relajarse sin amargarse el día.
—Está bien, Maka— Habló de pronto, llamando su atención. Los rayos del sol iluminaron parcialmente su rostro en el momento justo, dándole más vida a la sonrisa suave y tenue que mostró sólo para ella, atrapando una vez más su mirada como si una fuerza magnética la retuviese allí. —Ten por seguro que me encargaré de los responsables— Aseguró con ese tono de voz que si bien no se despegaba de su seriedad, se mostraba más suave y amistoso. Llevó sus manos al nudo de la corbata de la chica para arreglarla mejor, lo cual pareció sacarla nuevamente de las nubes en las que andaba. —Te quedó el uniforme todo desarreglado— Se excusó para que no pensara nada raro.
—A-ah… eso— Maka sintió que si no se controlaba pronto el sonrojo tomaría toda su cara. Tenía que pensar en otra cosa para distraerse. —Eso fue por…— Bingo. El recuerdo de aquél idiota chocando contra ella en el camino fue más que suficiente para hacer que se borrara cualquier rastro de rubor de su cara. Incluso había una tenue amenaza de molestia asomando por sus facciones. —Eso fue porque un imbécil me chocó en el pasillo antes de venir aquí.
Kid parecía un tanto desconcertado ante aquello. En especial por el cambio drástico en la actitud de la muchacha.
—¿De qué año parecía?— Inquirió ahora. Si le daba las características podría buscarlo para hacer que lo amonestaran; claro está, ya para esas alturas cualquier incidente menor como ese levantaba sospechas sobre haber sido intencional.
—En realidad no se veía como un alumno— Maka lo pensó detenidamente. —Más bien parecía…
—¡Oi!— Interrumpió de forma abrupta una escandalosa voz que venía acompañada por el sonido de unos cuantos pasos apresurados. Ninguno de los dos necesitó voltearse para saber que aquél llamado pertenecía a Black Star. —¡Ore-sama ya está aquí! ¡¿A quién necesitan que le dé el glorioso honor de ser asesinado por mí?!— Se detuvo de golpe de una forma un tanto brusca para reposar sus manos sobre sus rodillas dobladas, recuperando el aire por la carrera que debió de haberse pegado.
—¡Maka! Escuchamos lo de los… ¡Oh, madre santa! ¡Es tan asqueroso!— Liz se acercó con intenciones de aliviar a su amiga, pero terminó incluso más asqueada que ella al ver las lombrices retorciéndose y cayendo todavía del casillero.
—Ohh… ¡son muchos! ¿Podemos echarles sal?— Patty como siempre de buen humor, se agachó para ver más de cerca a los grotescos bichos.
—C-creo que eso s-sólo funciona con las babosas, Patty…— Finalmente, Chrona asomó su cabeza tímidamente por detrás de Liz, para luego mirar con aquella mezcla de preocupación e inseguridad a la rubia. Se suponía que había ido para apoyarla y ayudarla con el problema, pero al final su propia inseguridad la hizo abstenerse de la palabra por unos momentos e incluso tuvo que ser ayudada por la rubia cuando le sonrió de manera tranquila en un intento por tranquilizarla.
—Estoy bien, Chrona— Aclaró Maka, queriendo relajarla lo suficiente como para que dejara de esconderse detrás de Liz. Si bien todos allí eran sus amigos, la pobre aún no se acostumbraba a estar rodeada de gente. Elevó más la mirada para ver a los demás. —Descuiden, chicos. No pasa nada, son sólo…— Miró hacia el suelo por unos momentos, tratando de no mostrarse demasiado asqueada. —Lombrices… nada del otro mundo.
—Da lo mismo, Maka. Se pasaron con esto— Bramó Liz ya más recuperada, en lo que la muchacha de cabello rosa abandonaba su espalda para trasladarse tímidamente hacia la rubia de coletas y rodearle un brazo con los suyos, casi como quien corre a cambiarse de base en un juego de escondidas antes de que los demás se den cuenta.
—Liz tiene razón— La secundó el primo, volviendo a adoptar ya ese semblante serio de antes cuando clavó su mirada dorada en ella, casi como si la regañara por intentar restarle importancia al asunto. —Todos aquí ya sabemos quiénes son, es la oportunidad perfecta para decirle a mi padre y que tome cartas en el asunto.
—Pero es que no son sólo Kim y Jacqueline— Le recordó Maka. Miró a Chrona por unos momentos; más específicamente, su cabello cortado en ese modo tan dispar. —Si pretendes que se castigue a alguien entonces terminaremos castigando a todo el colegio, sería algo insólito, ¿no crees?— Volvió a centrarse en él.
—Pero si seguimos sin hacer nada entonces nunca se terminará el problema— Liz se cruzó de brazos con el ceño fruncido, negándose a dejar las cosas como estaban. De ser necesario, ella misma se encargaría de agarrar a esas zorras y torturarlas como era debido.
—¡Ya ya ya! Paren de complicarse la vida y dejen que el gran Black Star maneje la situación a su manera— Irrumpió nuevamente el chico de cabello celeste, sin poder soportar más tiempo estando callado. Después de todo, tenía que iluminar a las pobres almas perdidas con su deslumbrante presencia. —Maka, sólo tienes que decirle a los demás que a partir de ahora estás siendo protegida oficialmente por este dios supremo y te aseguro que dejarán de meterse contigo si es que sabe lo que les conviene— Fanfarroneó con total altanería el egocéntrico muchacho, haciendo ademanes para acompañar sus palabras y sonar más confiado. Finalmente, dejó de bromear un rato para sonreírle de forma alegre y confiada, como siempre. —Te aseguro que haré papilla al siguiente que te haga algo. Ninguno de mis seguidores será molestado de nuevo— Cerró su mano en un puño y lo aproximó hasta donde ella se encontraba.
Maka claramente se vio desconcertada por unos instantes, tratando de descifrar cuál era el significado oculto tras ese lenguaje corporal moderno al que no terminaba de acostumbrarse. ¿Era una seña?... ¿Un código secreto?... no entendía lo que tenía que hacer, y la limitada paciencia de Black Star lo hizo bufar antes de tomar una mano de ella para cerrarla en un puño y chocarla con el de él, haciéndola entender de qué iba la cosa.
—Esto, esto es lo que tienes que hacer, ¿no te lo había dicho ya?
—Oh… lo siento, no me acordaba… pensé que la "onda" era chocar los cinco— Una vez hubo recuperado su mano, se rascó la mejilla con su dedo índice de manera un tanto nerviosa.
—Pfff, ese gesto se lo adueñaron las chicas hace mucho, ahora los machos como yo tuvimos que inventarnos otro distinto para que no nos copiaran de nuevo— Farfulló en lo que miraba de manera acusadora a cierta castaña de cabello largo.
Liz se limitó a despegar su mirada del nuevo esmalte de sus uñas para mirar al simio azul y enarcar una ceja.
—¿Disculpa? Las chicas desde siempre tuvimos ese código para nosotras.
Al ver que aquellos dos empezaban de nuevo una discusión sin sentido, tanto Kid como Maka procedieron a soltar un suspiro resignado. Sólo entonces la muchacha sintió que se apretaba más el agarre sobre su brazo, y recordó que Chrona continuaba aferrada a ella, mirándola de una manera bastante afligida al no poder ser de tanta utilidad como hubiese querido. Ella no necesitaba hablar, por más nerviosa que pudiese hallarse, su rostro era muy expresivo para quien la conociera.
Maka le dedicó una sonrisa cálida antes de llevar su mano libre hacia su cabeza y acariciarla, diciéndole que no importaba si no tenía mucho para decir, estaba bien así. En especial porque ellas dos se entendían mejor que nadie, y su presencia resultaba reconfortante.
Había sido demasiado ingenuo si pensaba que el único "monstruo" que pretendía cortarle la cabeza por haber llegado a esas horas y en tal estado de presentación era Sid. Llegó habiéndose preparado mentalmente para intentar resistir sus amenazas y el griterío a lo sargento militar, pero jamás imaginó que la verdadera bestia asesina estaría sentada justo a su lado, vistiendo un traje ejecutivo bastante elegante y unos lentes fríos que sólo podían ocultar una mirada aún más gélida con su resplandor.
Así es, no podía estar hablando de otra persona más que de Yumi Azusa, la aterradora y fría profesora de matemáticas.
No pudo dar crédito a aquello, simplemente no le entraba en la cabeza que pudiera haber tanto odio y "energía malvada" manando de una mujer. ¡Y esa mujer era el diablo! Fue la espina que se le estuvo enterrando durante toda la reunión de presentación de inicio al final. Su vida ya iba siendo lo suficiente miserable como para que ahora se le sumase esa sádica torturadora psicológica para incordiarlo en el trabajo.
Soltó un suspiro desganado mientras caminaba por el pasillo tras angustiosas horas de junta. Definitivamente Azusa era alguien a quien evitar. Tenía que comenzar a hacer "amigos" pronto allí adentro, porque de momento y a cómo iban las cosas sólo estaba logrando hacerse de enemigos.
Con las manos guardadas en los bolsillos del pantalón, entró al baño de hombres refunfuñando y maldiciendo a esa mujer por lo bajo. Ahora que se le bajaba un poco el terror que había infundido en él podía pensar más claramente las cosas.
Chasqueó la lengua fastidiado mientras se desabrochaba el cinto y bajaba los bóxers lo suficiente como para "apuntar al objetivo" y liberarse con uno de los orinales de toda la hilera expuesta en la pared.
—Maldición, ¿quién se cree esa mujer?— Bramó por lo bajo, totalmente concentrado en sus asuntos, tanto que ni notó la otra presencia de su "vecino", con la misma expresión de molestia en el rostro.
—Siempre hablando como si supiera todo— Refunfuñó su acompañante, perdido en sus propios asuntos que por casualidad coincidían verbalmente con el albino.
—Haciéndose la que es muy importante…
—Y con lo engreída que es…
—A la próxima no me quedaré callado, seré un "novato", pero eso no le da derecho de pisotearme de esa manera— Acotó con más énfasis mientras terminaba, casi como si estuviese charlando con un amigo en un bar sobre sus problemas personales.
—Así se habla, hay que demostrarle quién es la estrella aquí— Asintió completamente confraternizado con el asunto, como si supiera de qué estaba hablando, cuando finalmente ambos cayeron en cuenta de que no tenían ni la más pálida idea de lo que en realidad quería decir el otro y sólo estaban coincidiendo por mera casualidad.
Al mismo tiempo, ambos pares de ojos se encontraron con una mueca claramente confundida.
El silencio permaneció tan fijo como sus caras de épico anonadamiento, casi como si se hubiesen transformado en rocas.
De no ser por el sonido de la cisterna de una de las cabinas de atrás, el cual rompió por completo el momento, no habrían salido de ese estado por quien sabe cuánto tiempo.
—¿Soul?
—¿Black Star?
—¡Viejo! ¿Qué haces aquí? Pensé que habías muerto desafortunadamente desde que quedaste privado de ver mi maravilloso ser— Exclamó el chico, ciertamente contento por volver a encontrárselo.
El albino simplemente dejó mostrar una sonrisa divertida mientras terminaba de abrocharse el pantalón y se giraba hacia los lavamanos para enjuagarse.
—No has cambiado nada, ¿eh?— Comentó con su aire habitual, mirando como el otro se aproximaba al lavamanos continuo tras haber acabado con lo suyo.
—Obviamente, ¡soy demasiado genial como para cambiar y ser alguien aburrido!— Aún con las manos empapadas por haber abierto bruscamente el grifo, se señaló a sí mismo con el pulgar, mojándose la ropa en el proceso. —Anda, no te he visto desde que te mudaste.
—Me sorprende que logres recordarme después de casi cinco años— Sin perder su reciente buen humor, se sacudió las manos para medio secárselas antes de tomar una toalla descartable de papel del dispensador para terminar de quitarse la humedad.
—¿Cómo podría olvidar a mi vecino favorito?— Black Star pareció sonreír un tanto divertido antes de continuar. —Aún recuerdo que nunca terminaste de enseñarme a vencer a toda una banda de delincuentes con un solo puñetazo, ¿eh, señor yakuza?
Flechazo directo.
Y ouch, como dolió eso. Justo en el blanco.
"Mierda mierda mierda mierda mierda" En su cabeza no podía parar de repetirse una y otra vez mientras recordaba aquellos viejos tiempos en los que era todo un maleante de instituto. Como el barrio en el que vivían él y su madre era conocido por quedar cerca de uno muy problemático, no era cosa rara el andarse metiendo en peleas cada dos por tres, e incluso en su propio colegio ya se habían formado pequeñas bandas de delincuentes organizadas con un sistema yakuza.
Con tan sólo 17 años, Soul había llegado a ser un importante líder de un numeroso grupo de su secundaria, y siempre se la pasaba en peleas callejeras de las cuales se enorgullecía en anunciar y fanfarronear con su aplastante victoria. Quizá su grupo era el más numeroso porque, pese a ser "delincuentes", ellos no eran tan problemáticos como los demás. No se drogaban, no asaltaban, no mataban. Simplemente peleaban por defender la reputación de su grupo y pasaban el rato todos juntos en la "manada".
Y el pequeño Black Star de doce años, que era su vecino y los veía salir todo el tiempo con su grupo, siempre se la pasaba alegando que algún día llegaría a ser tan BIG y a tener el más numeroso grupo de "delincuentes" de la secundaria.
A Soul le agradaba la energía del pequeño, y pese a que lo dejaba andar con sus amigos, siempre lo mantenía alejado de las peleas. Solían jugar mucho en aquél tiempo, pero inevitablemente dejaron de verse cuando Soul se mudó a otro barrio para terminar la secundaria y entrar a la universidad.
Aunque ahora que se volvía a encontrar con su antiguo vecino, sabía que si Black Star destapaba algo de su "oscuro pasado" estaba muerto y enterrado hasta el núcleo de la tierra.
Lentamente giró su cabeza, con una expresión petrificada en el rostro propia de alguien con estreñimiento o algo similar. Una sonrisa nerviosa afloró en su semblante, mientras que sentía que comenzaba a sudar frío y ponerse azul al ver los planes malvados que el otro estaba maquinando. Era un libro abierto, podía saberlo perfectamente por su cara.
Black Star sonrió ampliamente tras ver su expresión. Eso explicaba por sí mismo el motivo por el que estaba allí y el que se encontrara vestido de esa manera.
—Así que, he de suponer que eres el nuevo profesor de historia, ¿ah?— Se cruzó de brazos de lo más divertido, alzando levemente la barbilla para mirarlo con los ojos entrecerrados que dejaban vislumbrar su verdosa mirada pícara, junto a su sonrisa burlona que saboreaba el momento. —Qué problema sería si alguien se enterara del "gran líder yakuza" aquí presente…
Sabía que le soltaba todo aquello con claras intenciones de fastidiarlo y posiblemente para decirle que podía chantajearlo cuando quisiera, y cada palabra sobre su pasado le pesaba como una enorme e insostenible roca sólida sobre él.
—El grupo se disolvió hace mucho tiempo, Black Star… ahora soy un honrado ciudadano que se gana la vida humildemente— No podía dejar de sonar ni verse como un estreñido. ¡No podía creer que un mocoso lo estuviese chantajeando! El mismo mocoso al que le iba a limpiar los mocos tiempos atrás…
"Un momento…"
La cara de Soul se transformó abruptamente en la manifestación del mal cuando dejó mostrar esa amplia y maliciosa sonrisa que enseñaba sus dientes afilados. Su rostro se ensombreció como si estuviese maquinando el plan malvado de la era y clavó su mirada fija sobre el confundido chico de cabello celeste, quien claramente no comprendía a qué venía semejante cambio en sus facciones.
—Aunque si quieres decirlo eres libre de hacerlo, a fin de cuentas es parte de mi pasado…— Soltó de lo más calmado, terminando de girar el resto de su cuerpo hacia él para encararlo más cómodamente, con una postura que lindaba entre lo sobreactuado y lo relajado.
Black Star no bajó la guardia. Conocía bastante bien a Soul y sabía cuando tenía que prepararse para un golpe, sea cual sea.
—Así como también es parte de tu pasado aquella vez que corriste hacia mi casa llorando porque habías mojado la cama y no querías que tu madre se enterase, o también cuando te viniste a dormir a mi casa llorando por la historia de terror que te había contado y no podías dormir en tu cuarto porque te daba miedo el árbol del jardín…— Iba enumerando las situaciones con sus dedos mientras contaba aquello de lo más fresco y disfrutaba de las caras de pánico que iba poniendo el otro a medida que le recordaba aquellas cosas. —O también la vez que…
—¡Ya entendí, ya no sigas!— Exclamó el chico con las manos sobre su cabeza, jaloneándose los cabellos al borde de la histeria de tan sólo pensar que la gente se enterase de algo así viniendo de alguien tan "glorioso" como él.
Debió haberlo visto venir de un ex yakuza como Soul. Por supuesto que tenía trucos tramposos como ese, no por nada había sido el líder de aquél grupo. No pudo hacer más que fulminarlo con la mirada tras esbozar un puchero de enojo reprimido. ¡Sus grandiosos planes estaban arruinados!
—¡De igual modo te aseguro que yo era la única persona lo suficientemente BIG como para mojar la cama!
—¿A los doce años?— Soul enarcó una ceja de lo más divertido, viendo como Black Star se hundía solo cada vez que intentaba salir del hoyo en el que lo había metido.
—Eso sólo prueba lo genial que soy— Pero el egocentrismo del muchacho era demasiado como para ceder ante algo como eso. Cerró los ojos confiado y alzó la barbilla mientras se cruzaba de brazos, haciendo suspirar al otro y negar con la cabeza.
—Cerramos el trato, colega— Soul volvió a sonreír con esa mezcla entre la burla y altanería cuando volvió a guardar sus manos en los bolsillos del pantalón, recobrando así algo de aquél aire de yakuza.
Black Star sonrió de forma similar, más altanero que otra cosa, como era común en él.
—Te guardaré el secreto a cambio de una condición— Había aprendido muchas cosas cuando estuvo con el grupo de Soul, y una de ellas era que un buen yakuza nunca desaprovechaba la oportunidad de "hacer negocios". Nada era gratis, y si bien allí el pacto era que ninguno iba a echar en el fango al otro, él aspiraba a algo mayor. —No es como si lo necesite realmente porque el gran y todo poderoso yo es imparable— Comenzó diciendo, sin desperdiciar la oportunidad para seguir halagándose a sí mismo. —Pero quiero que me enseñes algún día ese "movimiento secreto demoledor de hombres" del que tanto me presumías en ese entonces— Le recordó, sin perder esa clásica sonrisa de su rostro. —Nunca me lo pudiste enseñar a fin de cuentas.
Soul amplió su sonrisa afilada cuando se dio la vuelta y alzó una de sus manos para despedirse quedamente sin mirar atrás, un movimiento propio de alguien tan cool como él.
—Por supuesto. Eres mi estimado aprendiz después de todo.
Tras restablecer su antiguo vínculo con un viejo amigo, salió de mejor humor que antes para poder afrontar su primera clase en la academia.
Sacó una vez más la papeleta amarilla para asegurarse de que llevaba el dichoso formulario con ella. Justo después de que acabó el primer recreo fue el momento en el que le dieron permiso para ir a dejarle aquél papel a su padre ahora que él estaba disponible.
En medio de la soledad de aquél pasillo, era el momento ideal en el que podría tomarse un respiro para relajarse un rato aprovechando la excusa de su recado. En realidad lo que necesitaba era salir a tomar un poco de aire para pensar en otra cosa que no fuera en lo bien que se veía Kid en la mañana, cuando fue a dispersar a la multitud y se quedó a ayudarla para aliviar todo ese desastre.
Estaba demasiado confusa con sus propios sentimientos, y el tener al muchacho sentado al lado de ella todo el tiempo no ayudaba a que pudiese pensar en frío las cosas.
Su meta al iniciar el año era olvidar lo que sentía por Kid para volver a ser amigos como antes. Quería poder volver a hablarle con normalidad, tener la fuerza para sacárselo de la cabeza y tratarlo como a un amigo más. Y cuando comenzó a distanciarse con más de una excusa había lograr mantenerlo fuera de la línea de sus pensamientos; mas la distancia que impuso sólo duró una semana, con el reencuentro de hoy notó que toda su distracción no era más que una capa ilusoria para engañarse a sí misma al hacerse creer que estaba pudiendo manejarlo.
Odiaba enamorarse. Desde que había visto todo lo que sufrió su madre por "amor", le desarrolló una especie de fobia al enamoramiento, y lo vio casi como una maldición de la cual debía escapar a toda costa. Maka era perfectamente consciente de que cuando la gente se enamoraba, solía hacer las cosas más estúpidas que alguien podría hacer. La lógica desaparecía y en ese estado uno podría hacer cualquier cosa… incluso cosas peligrosas. Eso que llamaban "amor" no era más que un estado mental que era perfectamente manejable si lograba mantener los pies sobre la tierra y sobrellevarlo hasta erradicar esa "enfermedad" de su cabeza. O eso era lo que pensaba hacer en caso de caer ante un flechazo de Cupido.
Lamentablemente descubrió su ingenuidad y la verdadera dificultad de las cosas cuando se dio cuenta de que se había enamorado de su mejor amigo. El amor no era más que una espantosa maldición. En las telenovelas y los libros románticos lo pintaban como la cosa más maravillosa del mundo. Y debía serlo, claro, siempre y cuando fuera un amor correspondido y las cosas marcharan sobre rieles.
La cruda verdad era que aquello sólo sirvió para construir una maldita muralla divisoria entre ella y el azabache. Se le dificultaba relacionarse con él y en el peor de los casos incluso sentía problemas para respirar. Pasaba horas angustiada si le daba demasiadas vueltas al asunto, y toda palabra que él dijera a ella la afectaba de una manera insólitamente indescriptible, influenciando enormemente su estado de ánimo durante el día, o incluso la semana.
¿Cómo erradicar ese sentimiento?... ¿Cómo volver a la normalidad después de haber sentido tal cosa hacia su amigo? Llegó a la conclusión de que era imposible retornar al estado anterior una vez llegado a ese punto. Todo lo que quedaba hacer era seguir intentando olvidarlo, fuera como fuera. Pero con eso sólo conseguía enamorarse más y más de Kid. Todo lo que pensara, ya fuera sobre pasar tiempo con él o distanciarse, giraba en torno a él. Y sólo conseguía enojarse cuando se daba cuenta de esto.
Frunció el ceño y se llevó una mano a la mejilla, sintiendo el potente calor que invadía su rostro a causa del sonrojo que debía tener en esos momentos por haber estado pensando en él.
"Esto de enamorarse apesta." Fue lo último que logró farfullar en su cabeza antes de sentir como su hombro impactaba violentamente contra otro que logró tirarle los papeles que estaba cargando, los cuales danzaron en un descontrolado vaivén en el aire antes de aterrizar y deslizarse por el suelo.
Estaba tan ocupada procurando que los papeles no se desparramaran demasiado que se agachó de golpe para recogerlos, sin siquiera prestarle atención a la persona contra la que había chocado.
—Lo siento— Soltó por mera cortesía, apresurándose con su tarea de juntar las hojas y rogar por que no se hayan mezclado entre sí.
Por fortuna estaban numeradas, así que si las recuperaba todas y las sacudía un poco podría reacomodarlas y fingir que nada había pasado. Sin embargo, sus planes se vieron frustrados cuando vio posarse muy descaradamente a un zapato justo sobre la papeleta amarilla que iba a agarrar. Abrió los ojos con incredulidad, sabiendo que eso ya no era ningún accidente ni nada por el estilo, y tras elevar la mirada y encontrarse con la sonrisa burlona de Kim, quien la observaba de manera altanera desde arriba, con ambas manos sobre sus caderas, supo que el choque había sido un acto meramente deliberado.
De inmediato frunció el ceño para fulminarla con la mirada. Se había salido con la suya con la "bromita" del casillero al haberla tomado completamente desprevenida, pero ahora no le iba a dar el gusto. Si quería guerra, guerra iba a tener.
—Ups~ pero qué problema, parece que se te han caído algunas cosas. Eso pasa por andar distraída sin mirar por donde caminas, ¿eh?— Fue Kim la que rompió el hielo para soltar ese mordaz comentario. Estaba en ventaja allí, nadie más estaba mirando, por lo que podía hacer exactamente lo que quisiera. Oh, pero la pequeña Maka no, ella tenía la soga amarrada al cuello y no podía saltar a morder si quería hacerlo.
—¿Tienes algún problema conmigo, Kim?— Maka sabía aquello perfectamente, y debía cuidarse para no ceder ante su trampa. Sabía que sólo la estaba provocando para intentar meterla en problemas. Como la hija del vice director, debía seguir las reglas al pie de la letra y dar el ejemplo. ¿Qué ocurriría si ella de pronto saltara para pegarle el puñetazo en la cara que Kim se merecía?... sólo lograría hacer que se saliera con la suya. —¿O acaso eres tan cobarde que ni puedes decirme las cosas a la cara?— Entrecerró los ojos de forma suspicaz, guardando todo lo que pudo la calma para contraatacar su amenaza y hacer que fuese la pelirrosa quien diera el primer golpe.
Aquello notoriamente hizo enfadar a Kim, quien frunció el ceño y por unos instantes incluso pareciera que iba a pisarle la mano. Estaba realmente tentada a hacerlo. Pero no, al igual que Maka, ella contaba con una terquedad impresionante, y tenía que hacer gala de ella al demostrar que no iba a ceder con tanta facilidad. Se permitió volver a esbozar una sonrisa cínica y confiada mientras le sostenía la mirada desde arriba.
—En absoluto, querida. Es sólo que se vuelve bastante difícil tener un rato para "charlar" contigo porque todo el tiempo estás de arrastrada detrás de Kid.
Ese golpe bajo la hizo abrir enormemente los ojos por culpa de la sorpresa. En un primer momento le costó reaccionar ante lo que acababa de escuchar, y tan pronto como asimiló sus palabras sintió una burbujeante ira amenazando con estallar en lo profundo de ella.
Se levantó de golpe para chocar su frente contra la contraria y fulminarla con la mirada. Tenía tantas ganas de encajarle un puñetazo en ese rostro de niña bonita para que se fuera llorando… pero no. Tenía que calmarse. Eso era justamente lo que Kim buscaba.
—Ah, así que se trata de Kid, ¿eh?— Como pudo, volvió a recobrar lo suficiente la compostura como para mantener un tono afilado y frío para hacerle frente. —¿Sabes? Antes sólo pensaba que eras una zorra fastidiosa insatisfecha con su propia vida. Pero ahora que sé que haces esto sólo por celos de la relación que nunca podrás tener me das lástima.— Sonrió de una forma levemente burlona cuando entrecerró los ojos con tranquilidad al soltarle aquello. Le contrarrestó el comentario con una bomba nuclear lo suficientemente potente como para hacerla estallar de una vez, anotándose un punto para ella.
Tal y como lo esperó, Kim hizo efervescencia con ese ataque y sin intenciones de contenerse por más tiempo la sujetó bruscamente del cuello de la camisa. La ira en ella era casi tangible, y por la mirada que le estaba clavando supo que pretendía asesinarla de una y mil maneras de ser posible. La vio abrir la boca con enojo para comenzar a soltarle un montón de maldiciones o posiblemente alguna otra amenaza, pero la interrumpió alguien que tomó la palabra primero.
—¿Qué ocurre aquí?
Maka abandonó esa fachada que había adoptado para provocar a Kim al escuchar aquello, dejando mostrar nuevamente una cierta sorpresa en sus facciones. Sintió que todo el enojo que la había estado invadiendo segundos antes se evaporaba a la velocidad de la luz al pensar que Kid nuevamente se apareció en el momento justo para…
Rojo.
La desconcertó hasta cierto punto el no encontrarse con la mirada dorada que tanto estaba esperando, sino con unos ojos rojos como la sangre.
El dueño de aquella mirada carmesí portaba también un semblante hasta cierto punto malhumorado, aunque parecía más propio de algún delincuente callejero con esa pose relajada y las manos guardadas en los bolsillos que un profesor de una renombrada academia.
Tan pronto dio el primer paso hacia ellas, con ese semblante de mala leche que intentaba camuflarse con uno de seriedad, Kim la soltó y retrocedió unos pasos, fulminándola con la mirada por última vez al verse en tales aprietos por su culpa.
—No sucede nada, profesor. Ya me retiraba a mi clase— Respondió con sus nervios camuflados y un tono levemente forzado al tener que tragarse su orgullo, antes de dar media vuelta y doblar en la siguiente esquina del pasillo para librarse de cualquier reprimenda que quisieran darle.
Tras verla perderse por los corredores, Maka regresó su mirada hacia el albino, quien parecía estar examinando la "escena del crimen" para formular sus propias suposiciones antes de agacharse para recoger los papeles. Enseguida ella imitó sus acciones y regresó a su labor de juntar las hojas con cierto apuro para que el otro no tuviese que hacer tanto trabajo.
—Gracias— Murmuró sin despegar la vista de aquellas hojas. La situación era extraña y el ambiente se sentía levemente pesado por la incomodidad de tener que lidiar con algo como eso luego de todo el griterío y la escena que habían armado cuando chocaron por la mañana. En ninguno de sus encuentros esporádicos anteriores se habían topado de la mejor manera, por lo que tampoco esperó que fuese él precisamente quien fuese a ayudarla esta vez.
Aunque quizá si lo pensaba más detenidamente, ¿ese repentino sentimiento de decepción no se debía más que nada al hecho de que no era él la persona a quien estaba esperando?...
—No pasa nada, es mi trabajo salvar a las planitas en apuros.
Cualquier cosa que hubiese estado pasando por la cabeza de Maka en esos instantes se cortó abruptamente por culpa de su comentario, haciéndola girar su rostro para fulminarlo con la mirada, aún sin poder creerse esa facilidad que tenía el tipo para soltar tales palabras de mal gusto sin un motivo aparente. ¡No recordaba haber hecho nada esta vez como para que comenzara a fastidiarla!... aunque quizá simplemente era su forma de ser. Una muy insoportable forma de ser.
—¿Disculpa?— Maka enarcó una ceja, aún incrédula y fastidiada por esa actitud. —No recuerdo tener puesto ningún vestido de Princesa Disney para parecer alguna dama en apuros o algo. Podía manejarme yo sola con eso.
—Oh, ¿de veras?— Lejos de ceder como lo haría cualquier adulto medianamente responsable, Soul la miró sin deshacerse en ningún momento de su sonrisa burlona. —Pues yo no te veo muy fuerte que digamos como para resistir siquiera un puñetazo o cachetada. Pareciera como si te fueras a romper si te tocan con un dedo.
Maka se tragó unas cuantas respuestas que tenía para darle y apretó fuerte los dientes, haciéndolos rechinar mientras sentía como una venita palpitaba en su frente por culpa del enojo. Ahora que el tipejo trabajaba en el Shibusen ya no podía insultarlo cómodamente como hacía antes en la calle cuando eran unos "completos desconocidos".
Los gestos que hacía la chica parecían divertir cada vez más al peliblanco, quien acercó su mano hacia ella para darle un golpecito en la frente con uno de sus dedos, llamándole la atención de aquella curiosa manera en la que consiguió relajarle el semblante para dar lugar a aquella tenue sorpresa.
—Si arrugas tanto el ceño sólo conseguirás pasarme más mala suerte. De seguro es por eso que andas soltando tantas malas vibras.— Bromeó más fresco, relajando su semblante él también antes de tenderle los papeles que había recogido, ante el leve asombro de la rubia.
De pronto se sintió avergonzada por su actitud infantil, y de forma más tranquila aceptó su ayuda para luego agradecerle el gesto antes de ponerse de pie y reacomodar los papeles, dejando la boleta amarilla sobre estos. Aún tenía la marca de la suela de Kim impregnada sobre esta, lo que la hizo fruncir levemente el ceño. Con todo lo que había estado cuidando la dichosa hoja todo el día para que ni se arrugara, y justo tenía que ponerle el pie encima.
—¿No puedes conseguir otra hoja que no sea esa?— Soul volvió a llamar su atención, aparentemente enterado ya sobre la causa de la huella sobre el papel. Quizá Maka lo había juzgado mal y no era tan mal tipo como había pensado.
Ella negó tranquilamente con la cabeza, sin darle mucha importancia ahora que se había calmado.
—Sólo tengo esta hoja, pero descuida. No pasa nada— Con la manga de su chaqueta intentó limpiar un poco la suciedad de la marca, consiguiendo borrarla un poco de la superficie. —Vas a estar trabajando aquí ¿verdad?— Su mirada verde volvió a centrarse en la roja. No pensó que podría hablar tranquilamente con él como lo estaba haciendo ahora luego de todas aquellas peleas que habían tenido en sus encuentros anteriores.
—Sí, seré su nuevo profesor de historia y geografía. Creo que seguiré a darle clases al grupo de ustedes luego del segundo recreo— Por unos momentos pareció percatarse de un pequeño detalle que había estado pasando por alto luego de todo el ajetreo anterior. —¿No deberías estar en clases en estos momentos?
—Tengo permiso para estar afuera. Iba a entregar esto al vice director y…
—¡Maaaka-chan~!— Casi como si la sola mención de su cargo lo hubiese invocado, escuchó la insoportable voz chillona que ponía el pelirrojo cuando corría tan alegremente hacia ella con los brazos extendidos, casi como si fuese una niña alegre corriendo por la pradera.
Maka quiso que la tierra se la tragase en ese mismo instante, y tuvo que clavar nerviosamente su mirada en el suelo para tratar de fingir que no vio al albino aguantándose una carcajada burlona por tal escenita.
—¿Me trajiste el formulario que te pedí?— Preguntó contento Spirit tan pronto llegó frente a ella, a lo que la rubia asintió quedamente para tenderle las hojas. Por supuesto, al ver la marca del zapato en la hoja amarilla no pudo evitar enarcar una ceja. —¿Y esto?— Preguntó con cierta sorpresa. No era propio de Maka descuidar ese tipo de cosas.
Soul estaba a punto de responderle lo que había visto al llegar, pero la muchacha tomó primero la palabra.
—Me tropecé en el camino y sin querer la pisé, lo siento— Se disculpó de una manera realmente convincente, sorprendiendo por unos instantes al peliblanco.
¿Por qué se echaría la culpa si la otra se notaba a leguas que fue la causante del problema?... y estaba completamente seguro de que ella no tenía ni la más mínima intención de proteger a la de cabello rosa ni nada parecido. Pero pese a aquél detalle el vice director pareció tragarse sin problema el cuento.
—De acuerdo, de acuerdo, no pasa nada~— Le sonrió tranquilamente antes de dejar un par de mimos sobre su cabeza por haberse tomado la molestia de pegarse esa carrera matutina por su descuido. Normalmente la recompensaría con su comida favorita para la cena, pero ese día saldría tarde del trabajo y realmente no tendría ganas de cocinar para cuando llegara. —Ya sé~ ¿qué te parece si te llevo a comer al restaurante que quieras como pago?— propuso de pronto, alzando el dedo índice de su mano para darle más énfasis a su propuesta.
Claro está, Soul se quedó helado ante tal escena. ¡¿Qué demonios estaba pensando ese viejo verde al invitar a salir de esa forma tan descarada a una alumna?! ¡Y frente a sus narices, como si fuese papel pintado en todo eso!
Ignorándolo completamente como si no existiera, Maka pareció mejorar su humor ante la propuesta y mostró una pequeña sonrisa más animada, asintiendo gustosa como si fuese algo normal. Para ese entonces el albino ya estaba al borde de un colapso. ¡¿En qué clase de academia había ido a parar?! ¡¿Cómo era posible que pasara todo aquello como si tal cosa y ella tras de todo se lo tomase como algo normal?!
—Vamos al que fuimos la vez pasada, ese me gustó mucho— Acotó de lo más contenta.
Soul sentía que se lo llevaba una espiral producto de alguna extraña fuerza que succionaba su cuerpo flojo como el de un muñeco de trapo. Su cara era épica, tanto que iba más allá de cualquier personificación física de la estupefacción y el asombro extremo.
—Perfecto, ponte el vestidito que te compré la semana pasada y estate lista para salir a las ocho~— Anunció de lo más contento Spirit al ver que finalmente su hija parecía estar de buen humor y aceptó tan alegremente una propuesta para salir con él. Antes de seguir con su camino por el pasillo, arrastró el cuerpo semi congelado de Soul para que lo siguiera hasta la sala de profesores, donde él también tendría que ayudarlo con algunos papeles y documentos.
El chico simplemente caminó por inercia, aún con esa mueca estupefacta marcada en toda la cara mientras Spirit tarareaba de lo más contento una canción. Finalmente pudo reaccionar cuando el mayor le habló de repente.
—¿No crees que Maka-chan es adorable?~
Simplemente no podía dejar de sorprenderse de la forma tan oronda en la que el tipo se regodeaba de algo como aquello.
—Disculpe, Spirit-san…— Por más vice director que fuera, no podía simplemente seguir como si nada pasara ante algo semejante. —Entiendo que tenga ciertos "gustos" para las mujeres, muchos las prefieren jóvenes… pero creo que también hay un límite, o al menos pienso que debería ser más cuidadoso de no dar esa imagen en público de aquella manera…
El mayor detuvo su alegre andar y su cancioncita para enviarle una mirada entre incrédula y confundida ante lo que acababa de decir. Enarcó una ceja antes de volver a hablarle.
—¿Qué estás diciendo, Evans? Maka es mi hija— Le aclaró finalmente, antes de retornar con su marcha y dirigirse hacia la sala de profesores.
Una vez más, Soul se quedó helado ante sus palabras. Sintió que el color se le iba del cuerpo en un santiamén y que el alma se le bajaba hasta los pies. Simplemente, no podía tener tanta mala suerte. Lentamente, fue girando despacio su cabeza hacia atrás, de una forma tan propia de algún protagonista de una película de terror que voltea para encontrarse con el monstruo detrás de él.
Y en efecto, la sonrisa maliciosa que vio en el rostro de la chica fue incluso más aterradora que cualquier bicho sobrenatural que pudiese haber aparecido en una película de miedo. Ella sabía lo que acababa de pasar, y Soul también sabía que estaba muerto y enterrado hasta el fondo. Justo había ido a molestar de aquella manera y armar tal griterío infantil ese día por la mañana y todas las veces anteriores, con nadie más que con la hija de su jefe.
Se las veía bien negras para su futuro.
CONTINUARÁ…
Y eso sería todo por el primer cap. Para los que recuerdan el primer cap original seguramente notarán el cambio, además de que este es más largo. Ese es otro punto de los insólitos cambios que surgieron cuando comencé a reescribir este fic, me están saliendo capítulos monstruosamente largos.
De paso aprovecho para decirles que voy a tardar un poco en subir (o más bien "reemplazar") el segundo capítulo porque me quedó de 48 páginas y yo siempre releo antes de subir, así que... tardaré. Espero y tengan paciencia, no se espanten si ven por casualidad el monstruo del segundo cap original cuando terminen de leer esto y no he reemplazado el segundo ;u;
En fin, gracias por leer, nos vemos en unas horas :3
Kmi-nyan~
