Después de llevar toda la noche conduciendo, Sam ya no podía más. Estaba totalmente agotado y necesitaba descansar. Sin embargo, no podía hacerlo, no podía detener el coche sin más, meterse a una nueva habitación de motel y dormir hasta el día siguiente. No podía hacerlo sin tener pesadillas, sin ver una y otra vez las mismas imágenes que le atormentaba desde hacía ya tres meses, noche tras noche, día tras día.

Sin embargo, paró en medio de la carretera. No había nada a su alrededor, se trataba de una línea recta, que parecía no terminar nunca, igual que su sufrimiento y que parecía provenir de ningún lado, igual que su vida después de la muerte de Dean.

Lo había intentado tantas veces, había tratado de hacerle caso a Bobby cuando le dijo que se tomara las cosas con calma, cuando Helen le dijo que podía quedarse en su nuevo bar el tiempo que necesitara o cuando Jo le había dicho que se quería podía acompañarle en las nuevas cacerías a las que fuera.

Pero no había podido, no podía cumplir la promesa que le había hecho a su hermano, escasos momentos antes de morir, no podía seguir sentado al volante de un coche que sabía que no le pertenecía, no podía escuchar los ruidos de aquellos neumáticos que le había prometido a Dean que cuidaría, no podía seguir adelante con su vida, con la caza, haciendo lo mismo que haría estando con su hermano, cuando este ya no estaba a su lado para animarle cuando más le hacía falta o cuando quería dejarlo todo y acabar con aquella maldita vida que no le gustaba.

No podía hacer nada, pues todo le parecía una traición para la memoria de Dean, si dejaba la caza, después de haber prometido a su hermano que seguiría adelante, sabía que de alguna forma, donde fuera que estuviera, Dean lo sabría y se avergonzaría de él, si continuaba con la caza de demonios, vampiros y criaturas similares, estaría siempre esperando ver entrar por la puerta de la siguiente habitación de motel al mismo Dean que disfrutaba con aquellas estúpidas camas de los "dedos mágicos".

Si le dejaba el coche a Bobby, porque no se sentía con fuerzas de conducir por más tiempo al amor de la vida de Dean, sabía que su hermano lo odiara siempre por ello, pero si seguía al volante de la mujer de la vida de su hermano, sería incapaz de llegar a olvidarlo en algún momento de los muchos e innecesarios días que le quedaban por vivir.

Sam no sabía como seguir adelante por muchas veces que se lo había preguntado. Dean parecía tan orgulloso de dar la vida por su hermano pequeño, de haberse sacrificado con tal que Sam tuviera una vida por delante, fuera de demonios y fuera del propio infierno.

Pero parecía que Dean no hubiera pensado realmente en él, en lo que iba a sentir cuando lo viera visto morir despedazado por uno de los malditos perros del infierno, verlo muerto en aquella habitación, después de haberse enfrentado, sin saber lo que había o no había hecho, con Lillith; sosteniendo su cuerpo inerte sin haber podido siquiera despedirse de él, decirle lo que Dean lo había dejado de decir unas horas antes.

No hubiera pedido más que eso, poder decirle adiós, poder haberle dado las gracias por todo lo que había sacrificado porque el pudiera ir a la universidad y poder gritarle por haberle dejado sólo, por no haber luchado lo suficiente, por haberse dado por vencido, cuando él podía haber hecho algo para ayudarle, tal y como le había dicho Ruby.

Sam golpeó con fuerza el volante y dejó que sus sentimientos salieran por fin a relucir, que las lágrimas que con tanta insistencia había procurado guardar, cayeran por sus mejillas y que todo lo que hasta ese momento había mantenido encerrado en su corazón, por no tener a nadie con quien se sintiera bien para compartirlo, se apoderara de él como nunca hubiera creído posible.

Ocultó el rostro entre las manos, como si quisiera evitar que nadie le viera llorar, cuando lo que realmente quería ocultar, era que no quería reconocer, ni consigo mismo siquiera, que no tenía motivos por los que vivir, que ayudar a la gente con las criaturas sobrenaturales, había dejado de tener importancia una vez que su hermano había muerto, que todo le recordaba tanto a él, que cualquier cosa que hiciera le daba cada vez menos ganas de seguir adelante.

Si Dean supiera lo que continuamente pasaba por su cabeza, que su hermano se enterara que lo único que le hacía sentir mejor, cuando creía que ya no había motivo para seguir adelante, era poner el arma favorita de Dean sobre su sien y disparar sin más; terminar con todo y tal vez con un poco de suerte, acabar en el infierno con su hermano, pues él era quien tenía que haber terminado, más de un año antes ahí y no Dean. Si Dean se hubiera enterado de sus pensamientos, le hubiera matado el mismo por rendirse tan fácilmente. Pero ¿Qué otra cosa le quedaba por hacer, cuando todo lo demás le daba completamente igual?

Un ruido repentino lo asustó. Pareció un trueno, pero al mirar al cielo, la noche estaba despejada, no había ni una nube que pudiera traer una tormenta. Sam sonrió con tristeza un momento, al pensar que pudiera tratarse de Dean, que hubiera leído sus pensamientos o escuchado sus plegarias y esa fuera su forma de decirle que no s diera por vencido, que él estaba bien y que tenía que seguir viviendo. "Que ingenuo eres Sam Winchester."

Sam salió del coche, para comprobar que había provocado en realidad el tremendo ruido. Tuvo que coger una linterna, pues no había ninguna otra luz que pudiera iluminar la oscuridad cerrada de la noche.

Caminó unos pasos con cuidado y al cabo de unos momentos, vio algo delante de él que llamó poderosamente su atención. Se trataba de un bulto bastante grande, del tamaño de una persona. Sin saber porque, el corazón el dio un vuelco, no sabía de quien o que se trataba pero parecía que su corazón si que supiera lo que estaba a punto de encontrarse.

Dio unos pocos pasos más hacia delante y un momento después, por fin pudo ver que si que se trataba de un ser humano, aunque estaba completamente inmóvil y aparentemente desnudo. Dio un par de pasos más y cuando por fin pudo verle la cara a aquel desconocido, la linterna cayó de sus manos de golpe y sin darse cuenta las rodillas le fallaron, hasta que cayó al suelo.

"No puede ser." Farfulló mientras la voz le temblaba y no podía apartar la mirada del hombre que yacía delante de él. "¿Dean?"

Alargó la mano con cuidado, tenía miedo que se tratara de una ilusión creada por su propio cerebro necesitado de ver a su hermano y que un momento más tarde desapareciera sin más, dejándolo allí tirado, con las esperanzas de un hombre desesperado tiradas a la basura.

Al sentir la piel fría del cuerpo de su hermano, Sam creyó quedarse sin respiración y todo su propio cuerpo se paralizó de repente. "Dean ¿eres tu de verdad?" Le parecía tan imposible estar pronunciando el nombre de su hermano sin estar lanzándole al viento y saber que no iba a obtener respuesta, que por un momento pensó, que estaría volviéndose loco.

Sin embargo, para la mayor de sus sorpresas, su hermano se movió ligeramente, como si hubiera escuchado sus palabras y le estuviera respondiendo. Pero no abrió los ojos ni dijo nada, tan sólo se movió y remugó en voz baja.

Sam cogió la linterna del suelo y volvió a enfocar el cuerpo de Dean. Quería comprobar que estuviera bien, pero al mover el haz de luz a lo largo de su cuerpo, una vez más volvió a quedarse sin respiración por lo que estaba viendo, sin querer pensar en ese momento, como había podido sucederle aquello.

Aunque no quería perder demasiado tiempo en ese momento, Sam se percató que en el cuerpo de su hermano había gran cantidad de cicatrices, de distinta antigüedad y un par de heridas que parecían lo suficientemente recientes como para estar sangrando todavía, además, sus manos también tenían heridas y su rostro estaba cubierto por suciedad y un par de heridas que dejaban caer sangre hasta el suelo.

Cuando por fin consiguió recuperarse de la primera impresión, Sam se arrodilló y se puso al lado de Dean. Intentó moverlo con cuidado, temiendo poder hacerle algún daño al hacerlo. Dean volvió a emitir un leve ruidito y un momento después abrió por fin los ojos.

Sam se detuvo, en el mismo instante en el que sus ojos se encontraron con los ojos de su hermano y volvió a encontrar la mirada que tanto había echado de menos durante los últimos meses sin él.

"Sammy…" Dijo Dean apenas en un leve murmullo.

"Si, Dean soy yo." Llevado por la emoción de la situación y sin poder evitar que las lágrimas corrieran libremente por su rostro, Sam abrazó con más fuerza que antes el magullado cuerpo de su hermano y un momento después lo escuchó protestar levemente. Sam se separó de él rápidamente al escucharlo. "Lo siento, Dean, lo siento, no quería hacerte daño, lo siento." Dijo Sam casi de una forma algo nerviosa.

"No… no te vayas." Dean cerró los ojos y apretó con fuerza el brazo de su hermano para evitar que lo dejara. Sam se quedó paralizado al notar el contacto de la mano de Dean, un contacto que unos posos meses antes le había parecido fuerte y sereno, pero que ahora mismo, temblaba al tocarle y parecía que se fuera a romper a la mínima fuerza que usar a Sam.

"No me voy a ir a ninguna parte, Dean, no te voy a dejar sólo nunca más." "No después de haberte recuperado." Sam se fijó de nuevo en el rostro de su hermano, en los ojos que ahora estaban cerrados, pero que parecían tranquilos, después del miedo que había visto en ellos cuando lo había mirado por primera vez. "¿Qué te ha pasado Dean?, ¿Qué te han hecho?"

Sam sabía que Dean no le iba a contestar pues se había quedado dormido, seguramente agotado después de todo lo que había pasado y de todo lo que debía de haber sufrido. ¿Realmente venía del infierno?, de ser así, ¿Había salido sólo o alguien le había ayudado a salir de allí?, ¿Seguiría siendo el mismo Dean, ahora que había vuelto al mundo de los vivos, que Sam había conocido y que adoraba como hermano?

Eran demasiadas preguntas y sabía que no iba poder encontrar respuesta para ninguna hasta que Dean se encontrara lo suficientemente tranquilo y que hubiera descansado lo necesario, para ser capaz de hablar. Hasta entonces no iba molestarle con recuerdos, que seguramente no querría recordar.

Sabiendo que estaba dormido y que no se iba a enterar de nada, Sam cogió a Dean, se lo cargó al hombro y fue hasta el coche, dejándolo, con la mayor delicadeza que pudo, en asiento trasero. Fue al maletero del Impala y cogió la manta que siempre llevaban por su tenían que dormir a la intemperie y cubrió el cuerpo de su hermano, asegurándose de no lastimarle más de lo que ya estaba.

Un momento después salió del coche y cogió el teléfono móvil. Necesitaba un sitio en el que quedarse y donde poder cuidar a su hermano de sus heridas hasta que estuviera totalmente recuperado y además necesitaba hablar con alguien, contarle que Dean estaba bien, que había vuelto o le habían traído del mismo infierno y que ahora estaba con él.

El teléfono sonó un par de veces antes de que alguien lo cogiera al otro lado. "Sam, ¿Qué ocurre muchacho?, ¿te encuentras bien?" Bobby lo había visto tan mal durante los últimos meses que cada vez que Sam le llamaba no podía imaginarse lo que le ocurriría entonces.

"Bobby, si estoy bien, es… Dean."

"Sam, ya lo hemos hablado muchas veces, no puedes hacer nada y no te voy a permitir invocarlo, no sabemos lo que puede suponer eso para él, así que Sam olvídate."

"Dean ha vuelto."

El silencio se hizo al otro lado de la línea. "¿Cómo has dicho Sam?"

"Que Dean ha vuelto. Lo he encontrado tirado en una carretera hace un momento, no se lo que ha pasado ni porque, pero me da igual, Dean está aquí y es todo lo que me importa." Sam apenas era capaz de controlar las lágrimas pero al escuchar por fin la respuesta de su amigo, supo que este también estaba luchando con sus propias emociones.

"Sam, eso es genial, vente para aquí, trae a tu hermano ¿Está bien?"

"No estoy seguro, pero creo que no, tiene heridas y cicatrices por todo el cuerpo, no quiero ni pensar lo que le han hecho allí esos desgraciados." Sam se mordió el labio al terminar de hablar, sólo de pensar por lo que habría pasado su hermano esos meses, siempre y cuando el tiempo funcionara igual que en el infierno.

"No te preocupes por eso ahora, tu tráelo a casa y nos ocuparemos de cuidarle, lo demás ahora no importa."

"Gracias Bobby, sabes que…"

"Ya lo se Sam, no hace falta que digas nada." Era cierto, había visto tan mal al chico en esos meses, le había llegado a escuchar decir tantas barbaridades que ahora que lo escuchaba tan ilusionado con la vuelta de su hermano, no necesitaba que le pidiera perdón ni nada parecido. Si verdad Dean había vuelto, ver la ilusión en el rostro de Sam era todo lo que necesitaba para sentirse mejor.

Sam regresó al coche y comprobó que Dean todavía estuviera allí, pues todavía le costaba llegar a creérselo. Pero si, estaba allí, durmiendo o inconsciente, le daba igual en ese momento, pues su hermano había vuelto del infierno y eso suponía una segunda oportunidad para los dos.

"No te preocupes Dean, todo va a salir bien." Dijo Sam un momento antes de subir al Impala y arrancar con dirección a casa de Bobby.