ALMA DE DRAGÓN


Prólogo

Secuestro

—¡Hay uno y ha nacido! ¡Hay uno y ha nacido! ¡Un dragón nacido de huevo tras seis siglos sin nacimientos! —grita un dragón morado. A la luz de las antorchas se nota su hocico alargado y lleno de pequeños dientes. Pero son más sorprendentes sus alas; en vez de tener tres dedos unidos por una membrana (como todos los dragones), este las tiene unidas por un solo dedo, el sexto. Este dedo está a la mitad del antebrazo, y puede usar sus otros cinco dedos para manipular objetos.

Ahora esta sujetando una cadena de doce eslabones circulares de oro.

El aire acre y penetrante, de color dorado y ahumado por las velas, llena los pulmones de los dos dragones.

—¡Cálmate, Apofis! —grita un gigantesco dragón marrón, con cinco cuernos en la cabeza como de cocodrilo, sin alas y un cuerpo aplastado como un dragón de Komodo. Es tan grande que su sola cabeza es del tamaño de una casa.

El fuego de las velas tiembla.

—¡No me pidas que me calme, Balaur! ¡La Plaga del Útero se ha acabado!

—No lo creo. Lo más probable es que ese huevo haya estado en hibernación por seiscientos años. Aún así, es un dragón, y debe venir a Draconia para ser educado como tal.

—¡Tal vez él pueda quebrar nuestra maldición!

Balaur intenta demostrarse frío y calculador, pero por dentro está tan emocionado como Apofis. Una maldición de infertilidad e idiotez que ha durado siglos, ¡cómo podría no emocionarse ante la esperanza!

—¡Lezhdraka! ¡Entra!

Entra un wyvern: alto como un manzano, de ojos amarillos, de escamas rojo sangre y bípedo; sus patas traseras tienen tres dedos con garras negras, hacia adelante y uno hacia atrás y se asemejan a las patas de un dinosaurio. Sus musculosos brazos delanteros acaban en manos de siete dedos con uñas negras; su cabeza es similar a la de un caimán y casi no tiene cuello, dando la impresión de que es jorobado. Una gruesa y larga cola cilíndrica cae hacia atrás, con una hilera de púas anaranjadas que surgen en su nuca hasta la punta de su cola; y algunas escamas flexibles, que se vuelven anaranjadas en la punta, surgen tras su cabeza y dan la impresión de un peinado rasta. En su espalda surgen dos alas membranosas con reverso anaranjado. En su cuello pende un collar de tres colmillos de oro cuya cuerda es negra.

—¡Ordene, Dios-de-los-Wyverns! —ruge con voz poderosa.

—¡Lezhdraka, coge un sainika y un atimai y ve a Equestria! ¡Ahí hay un bebé dragón que debes traer!

Los wyverns se segregan en castas, cada casta con características físicas diferentes de acuerdo a su propósito en la vida. Los sainika son los soldados rasos, y los atimai son los trabajadores.

—¿Un bebé? —los ojos del wyvern se llenan de asombro, pero recuerda su posición e inclina la cabeza— ¡Como ordene, Dios-de-los-Wyverns!

Cruza sus brazos sobre su pecho, formando una equis, a la vez que ruge con voz poderosa:

—¡Sveshten drak, vechnost e vash!


—Aquí es, bashta marangal Lezhdraka. La cría de Dios-de-los-Wyverns habita en la biblioteca.

—Bien, atimai. Prepara el megalania, no tardaremos mucho.

Tres sombras, altos como manzanos y bípedos, se acercan a Ponyville. Uno de ellos, el sin alas, se queda junto con otra sombra, tan alta como ellos pero cuadrúpeda y enormemente larga.

La sombra llamada Lezhdraka camina sin hacer ruido. Había llovido en la ciudad, por eso sus pies con garras no hacen ruido. Él y su compañero tienen cuidado de borrar sus huellas con su larga y gruesa cola.

Usando una garra, abre la cerradura. Con todo el cuidado del mundo, intenta entrar sin hacer ruido...

...sólo para descubrir que es demasiado grande y grueso para entrar.

—¡Rápido, sainika, ve por el atimai! —gruñe Lezhdraka.

—Pero, bashta marangal ¿Quién cuidará el megalania?

—¡Tú, sainika!

—¡Pero, bashta marangal, yo no sé nada sobre megalanias!

—¡No me importa, ve por el atimai y dale el saco y la mordaza!

La otra sombra se apresura a regresar. Entonces, otra sombra más delgada llega.

—No le hagas daño al Dios-de-los-Wyverns. Es un Dios, después de todo.

Sin esfuerzo, esta sombra se dobla, como jugando al limbo, y entra sin hacer el más mínimo sonido. Lezhdraka sonríe.


Spike no puede dormir. Se revuelca de un lado al otro en su pequeña cama, intentando conciliar el sueño, pero es inútil.

Se levanta; ya sabe que no podrá dormir. Camina despacio por la ventana. En el cielo brilla la Constelación del Dragón, y como viene pasando en los últimos dos días, sus ojos se clavan en Thuban, la estrella.

Desde hace dos días que mira la estrella y siente algo en su corazón, algo que sólo puede describir como una profunda melancolía o una intensa depresión. No sabe por qué.

"Tal vez sea por Rarity."

Pero aquel sentimiento se hace más grande cuando mira la estrella, Thuban, Alfa Draconis de la Constelación del Dragón.

Siente como si la estrella lo está llamando a casa...

De la oscuridad emergen dos manos escamosas de seis dedos, que le cubren la boca. Spike intenta zafarse, aterrado.

"¡Secuestradores! ¡Twilight, despierta!"

La mano rápidamente atan su hocico con tanta fuerza que parece incrustarse en la carne. Spike, a la pálida luz mortecina que se cuela por las ventanas, puede ver que las escamas son de un demacrado color celeste grisáceo.

"¡Twilight! ¡Auxilio!"

Desesperado, se da cuenta de que ella no lo oye. Sigue dormida, y el secuestrador no hace ningún sonido.

Intenta luchar, patalea incansablemente e intenta romper las amarras de su hocico. Pero le han atado con un material firme y duro, y el secuestrador es mucho más fuerte que él, y es capaz de contenerlo con sólo un brazo.

Lo echa en un saco. Spike, con los llorosos, intenta romper el saco, pero también está hecho con un material firme. El bebé dragón, aterrorizado, sólo es capaz de llorar, mientras siente como lo sacan de la biblioteca, y lo llevan lejos de Twilight, de Rarity y de su hogar.


—¡Misión cumplida, bashta marangal! —la sombra del secuestrador sale a toda prisa. Dentro del saco, Spike aún lucha por escapar.

—El Dios-de-los-Wyverns estará muy satisfecho —un montón de dientes afilados brillan en la sombra cuando la sombra llamada Lezhdraka se ríe— ¡Rápido, tenemos que estar fuera de Equestria al amanecer! ¡Esta noche Thuban del Alma Nuestra está propicio!