Los personajes del excelso maestro Masashi Kishimoto no me pertenecen.

Espero que disfrutéis de la historia.

Capítulo uno

Ningyou to sanagi

Marionetas y crisálidas

Dios, como odiaba ese lugar... Respiró entrecortadamente, reposando detrás de una duna, pero una nube de polvo desértico se le metió en la garganta. Se le saltaron las lágrimas al contener la tos. Si emitía un solo sonido en ese momento, sería el fin, la misión acabaría en desastre.

Había seguido a ese tío por medio desierto, esperando que cometiera un error, un solo error. Pero era muy listo. Bastante, teniendo en cuenta que los ninjas del Sonido destinados a ese tipo de misiones de espionaje solían ser carne de cañón...

Tenten se quitó la máscara de madera y respiró con calma el aire caliente que curtía su piel. Se había cubierto con una tela del mismo color de la arena para pasar desapercibida, pero estaba cociéndose. Se desabrochó el primer corchete de la camisa que llevaba bajo las ropas de camuflaje. Sacó una aguja hueca y la clavó suavemente en la arena, buscando agua. Sólo consiguió tragar un par de sorbos de líquido limoso, pero eso era mejor que tener la boca completamente reseca. Se lamió las comisuras de los labios agrietados y siguió andando sigilosamente tras el enemigo.

Había aceptado esa misión porque todavía no había explorado mucho la faceta del espionaje. Lo cierto es que lo estaba llevando bien, aunque Lee se había mostrado muy preocupado.

El ninja del sonido se derrumbó de repente, sorprendiéndola. Corrió hacia él antes de que se escapara. El tipo estaba de color verde. Tenía una aguja clavada en el cuello, todavía goteando veneno. Tenten miró hacia todas partes con cautela. No se veía nada.

De repente escuchó un chasquido junto a su oído derecho. Se giró y ahogó un grito al ver una cabeza. El corazón todavía le latía con fuerza al darse cuenta de que era una marioneta. Sacó cuatro kunai y se los lanzó, pero fueron esquivados y la cabeza mecánica se abalanzó sobre ella, abriendo su boca con un crujido y sacando un largo cuchillo empapado en veneno. La esquivó por poco y empezó a buscar frenéticamente al marionetista.

Su cuerpo fue emergiendo tras una duna. Tenten intentó enfocar, pero el sudor le caía en los ojos. ¿Era posible que fuera él...? Maldita sea, ¿por qué la atacaba de esa manera? Sacó un pergamino pequeño y concentró su chakra para invocar un arma. Frenó el nuevo embate de la marioneta con una espada corta y flexible, de doble hoja.

-¡Kankurô! –gritó, mirándole, pero en ese mismo instante la boca de la marioneta se abrió de nuevo, lanzándole humo venenoso. Tenten sintió el terror trepándole por los huesos al notar el calor abrasador de la ponzoña en el fondo de sus pulmones.

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Era de noche cuando despertó. Kankurô la estaba mirando desde el otro lado del fuego. No había cambiado ni una pizca. Seguía llevando ese maquillaje intimidatorio y la capucha negra. De vez en cuando fijaba la vista en las estrellas.

-Te he administrado un veneno con el que permanecerás inmóvil durante veinticuatro horas –le dijo, sin rodeos.

-¿Y por qué me has atacado? ¡Ayudé a salvar a tu maldito Kazekage hace siete años! –dijo ella con la voz rasposa. Kankurô sólo parpadeó.

-En siete años las cosas pueden cambiar. Últimamente hay muchos ninjas traidores que intentan entrar en la Arena. No puedo fiarme de ti hasta que tu Hokage responda por ti.

Tenten resopló. Maldito chiflado... En ese preciso instante fue plenamente consciente de la sequedad de su garganta.

-No tendrás un poco de agua, ¿no? –le preguntó, lamiéndose los labios con su lengua áspera. Él asintió con sequedad y se acercó a ella con una calabaza llena de agua fresca. Le levantó la barbilla y dejó caer el agua en la boca de Tenten. Ella tragó la que pudo, y el resto lo dejó caer por su cuello, disfrutando de la sensación fresca en su piel.

Kankurô conocía bien el desierto, y sabía que, si bien todavía hacía calor, en unos minutos la temperatura comenzaría a bajar. Si ella tenía la ropa mojada seguro que se congelaría. Le quitó la túnica terrosa de un tirón y la usó para secarle el agua que había caído en la piel que dejaba ver su camisa.

Tenten escupió el último trago que había tomado, sobresaltada, dando de lleno en la mejilla de Kankurô. Él se separó de ella bruscamente, mirándola como si estuviera loca.

-Vale, congélate si quieres –gruñó él, limpiándose con cuidado la cara para no quitarse el maquillaje – Por eso no soporto a los críos...

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Tenten se despertó de madrugada. Estaba hecha un ovillo, medio sepultada por la fina arena. Alzó una mano y comprobó que el efecto del veneno de Kankurô había desaparecido y que podía moverse.

Él continuaba durmiendo, con un brazo sobre sus ojos. Tras comprobar que estaba realmente dormido y coger sus cosas, Tenten emprendió la huída. No pensaba quedarse con él sólo porque le hubiera dado la vena suspicaz... Había avanzado unos metros cuando notó algo que tiraba de su muñeca.

Un hilo de chakra la mantenía sujeta a él.

-¿Te estabas haciendo el dormido? –le preguntó. Kankurô comenzó a tirar con fuerza del hilo, arrastrándola.

-Veo que no puedo jugar limpio contigo –dijo, mirándola con frialdad. Sacó el pergamino para invocar a Kuroari, sin dejar de sujetar a Tenten con unos cuantos hilos de chakra. Ahora estaba casi totalmente inmovilizada.

-¿Tanto te divierten tus muñequitos que no puedes evitar convertir a todo el mundo en uno? –le dijo ácidamente. Él sólo manejó a su marioneta con la mano que le quedaba libre. Kuroari se abrió, dejando al descubierto el gran arcón que era su estómago.

-Bueno, ahora más te vale estarte quietecita –le dijo. Tenten le miró, ligeramente asustada. Había oído todo tipo de historias horribles sobre esa marioneta en concreto, y por lo que parecía, Kankurô pretendía meterla dentro.

Cuando se quiso dar cuenta las paredes de madera se cerraron frente a ella. Los chasquidos que emitían los cierres ahogaron el gemido de terror que soltó Tenten. Intentó calmarse. Entraba algo de luz por las estrechas aberturas repartidas por la construcción. Sin embargo, el recuerdo del vívido relato de Kiba sobre lo que el marionetista le había hecho a Sakon, el ninja del Sonido, hizo que su respiración se volviera más rápida y pesada.

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Pasó como media hora de angustia dentro de Kuroari. Cuando volvió a escuchar la ráfaga de chasquidos y quedó en libertad, se dejó caer al suelo de rodillas, tratando de ralentizar su acelerado ritmo cardíaco. Él la miraba impasible.

-Levántate, será mejor que vayas ahora a ver a mi hermano. Tranquila, no te hará nada –le dijo, cogiendo su brazo y alzándola de un tirón.

-Seguro que el Kazekage recuerda a sus aliados mejor que tú. Deberías aprender de él y ser más confiado.

Kankuro la miró con una sonrisa amarga.

-Si hiciera eso no podría protegerle como es debido. Pero claro, una niñata como tú no va a entender eso.

Antes de que ella pudiera replicarle, la arrojó dentro del despacho de su hermano. Gaara estaba tras su escritorio.

-Tenten, de la Hoja... –murmuró, mirando unos papeles – Me temo que vas a tener que pasar una buena temporada en la Arena.

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-¡Hinata-chaaaan! –canturreó Naruto, entrando en el campo de entrenamiento donde practicaba el equipo de Kurenai. Hinata sonrió con timidez, deteniéndose en mitad de una patada.

-Ohayou, Naruto-kun –dijo. Kiba y Shino se miraron. El primero resopló, poniendo los ojos en blanco. Shino sólo se subió las gafas con el ceño ligeramente fruncido.

-Esta mañana te has dejado el almuerzo, Hinata-chan –dijo Naruto, tendiéndole la caja de o-bento.

-Gracias –dijo ella, besándole en la mejilla. Kiba batió sus pestañas, poniendo cara de mujer encandilada. Shino sonrió bajo su abrigo.

Naruto giró la cara con rapidez, besándola en los labios. Ella fingió sorprenderse. Después de llevar un tiempo saliendo con Naruto estaba acostumbrada a sus arrebatos. Se besaron un rato, hasta que Kiba les despegó con un ruidoso carraspeo.

-Bueno, ya esta bien –dijo, separándolos – Hinata tiene que seguir entrenando, y si te quedas aquí acabaréis detrás de los arbustos.

Ella se ruborizó vivamente, pero Kiba fue implacable. A veces tenía que ponerse serio. Sin embargo, Hinata no iba a rendirse. Cogió de la mano a Naruto y echó a andar al campo de entrenamiento contiguo.

-Naruto-kun me ayudará con mi entrenamiento.

Kiba miró con incredulidad a Shino. Éste sólo se encogió de hombros y siguió practicando taijutsu con un enemigo imaginario.

-Vaya con la niña... pues sí que se ha vuelto atrevida... –murmuró Kiba, antes de volverse hacia Akamaru y seguir su entrenamiento.

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Los cuervos se agrupaban en las calles al atardecer. Shino caminaba junto a Kiba, camino del Ichiraku a comprar un par de tazones de ramen para cenar.

-Este fin de semana tenemos que limpiar –dijo Kiba – La casa está hecha un asco... Y el jardín también es una selva.

Shino asintió, tan silencioso como siempre.

-Tenemos que devolverle esto a Hinata –dijo, alzando la sudadera que ella se había olvidado... detrás de los setos.

Kiba se rió entre dientes.

-Sí, pero Naruto tendrá que recoger los calzoncillos él mismo. Así ese idiota aprenderá a tener más cuidado. ¿Quieres que lleve yo la comida a casa mientras tú le acercas eso a Hinata?

-Vale. Cómprame un miso-ramen –dijo Shino antes de echar a andar hacia la casa de los Hyuga.

Una criada le hizo pasar dentro, hasta el patio interior. Se escuchaba el típico ruido de los entrenamientos de taijutsu, una mezcla de jadeos, golpes y gritos secos. Se asomó con curiosidad.

-Ataca, Hanabi –Neji entrenaba a su prima con dureza. Ella adoptó una vez más la postura correcta y trató de dar algún golpe a Neji. Él los esquivaba con insultante facilidad, y Shino podía notar el enfado de Hanabi creciendo.

Carraspeó para llamar la atención de alguno de los dos. Ambos pararon la lucha y le miraron entre curiosos y hostiles.

-Vengo a devolverle esto a Hinata –dijo, alzando la sudadera.

-Está con Uzumaki Naruto –dijo Hanabi – Dame esto a mí. ¿Quieres tomarte un té? –le preguntó. De pronto Shino se dio cuenta de su aspecto. Estaba empapada en sudor, tenía la ropa descolocada y un par de contusiones, pero aún así estaba... ¿sexy? Se sonrojó al pensarlo.

-Un té estaría bien –dijo Shino, intentando ocultar su rubor bajo el cuello de su abrigo negro. Neji alzó una ceja, suspicaz. Shino llevaba años yendo a esa casa, y nunca había aceptado ni un vaso de agua.

Interesante..., se dijo.

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-¿Qué quieres decir con eso de que tengo que quedarme aquí? ¿Es que tampoco te fías de mí? –dijo Tenten, apretando los puños.

Gaara la miró y negó con la cabeza.

-Necesito tu ayuda. Últimamente mi hermano ha sido víctima de numerosos atentados.

-Yo le veo muy saludable... –dijo ella, con desdén.

-El problema es que no sabemos quién les envía –siguió el Kazekage, ignorando el comentario.

-Es tan sencillo como coger a uno de los atacantes y torturarlo hasta que confiese, Gaara-sama –dijo ella, alzando una ceja.

-No hemos tenido esa oportunidad. Mi hermano no es un dechado de misericordia, precisamente, y se encargó de eliminarlos limpiamente. Pero esto está empezando a resultar molesto. Tenemos un montón de tumbas de ninjas enemigos, pero ninguna información.

-Entiendo –dijo ella – Pero esto no va a gustarle a Kankurô...

-Él no sabrá nada. La historia oficial es que yo sospecho de ti, y que él te tiene que vigilar como si fuera tu sombra. Eso te dará una excusa para seguirle en todo momento. Aunque no esperes mucha simpatía.

Ella se permitió una carcajada irónica.

-Tsunade-sama me ha dicho que eres candidata a los Anbu – prosiguió Gaara, consultando unos documentos – Y Maito Gai me ha escrito una nota sobre tu interés en las misiones de espionaje. Creo que esta misión es ideal para ti.

Ella suspiró, vencida. Hizo una reverencia al Kazekage y caminó hacia la puerta, preparándose mentalmente para lo que se le venía encima.

-Sólo tengo un problema –dijo antes de abrir la puerta – No soporto a tu hermano...

No vio la sonrisa sutil de Gaara, pero quizá hubiera sido peor haberla visto.

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Shino sorbía el té en silencio. Sabía que Kiba debía estar esperando en casa, probablemente cabreado, pero no quería irse todavía.

"-Me estoy portando como un estúpido..." –se dijo, frunciendo el ceño. Hanabi le había dejado un momento sólo con Neji, y había hablado con él de las últimas misiones. Pero ella había vuelto recién duchada, y las palabras de Neji se las llevaba el viento.

-Shino, ¿me estás escuchando? –dijo Neji. Él se sobresaltó y le miró, asintiendo. Intentó no observar a Hanabi, pero aún así su aroma le seguía perturbando.

"-Deben ser las feromonas. Los machos nos sentimos irremediablemente atraídos hacia las hembras por su aroma..." –pensó. Ella se acercó más para escuchar mejor a su primo, rozando con su cabello el hombro de Shino. A pesar del grueso abrigo, notó el roce hasta los huesos.

-Tengo que irme –dijo, quizá demasiado deprisa – Kiba estará esperando.

-¿Por qué no ha venido Kiba? –preguntó Hanabi.

Shino frunció el ceño al escuchar su tono de decepción. Se limitó a encogerse de hombros y se largó.

-Que chico tan raro es Aburame Shino, ¿ne? –dijo Hanabi.

-Tú lo has dicho... –contestó Neji, con una sonrisa extraña en la cara.

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Shikamaru llegó a la Arena al anochecer. Estaba deseando darse un baño y quitarse su uniforme sudado, pero todavía quedaban cosas que hacer antes de poder llegar a la torre del Kazekage. Había llegado hasta allí protegiendo un pergamino antiguo, y ahora tenía que cobrar sus honorarios.

Una hora después llegó a la torre. Le pesaba hasta el chaleco, pero tenía motivos para estar contento. Pasó al interior de la estancia, subió unos tramos de escaleras y llamó a la puerta que tan bien conocía.

-¿Qué pasa ahora? –dijo Temari, pero sustituyó la cara de hastío por otra de felicidad, recibiendo a Shikamaru con los brazos abiertos. Él se dejó caer en su abrazo, agotado.

-Estoy muerto... –dijo, murmurando contra su cuello. Ella acarició los mechones de pelo que se escapaban de la coleta a la altura de la nuca, intentando consolarle de alguna manera – Además, necesito un baño.

-Que casualidad –dijo Temari – Yo también.

Él la miró de arriba abajo. Estaba tan limpia que resplandecía, pero él no iba a discutírselo. Además, necesitaba a alguien que le frotase la espalda...

-Dame un segundo –le dijo – Tengo que coger ropa limpia.

Temari le observó mientras él colocaba la ropa en su lado de la cómoda, como hacía siempre.

-¿Sabes que Tenten está aquí? –le dijo. Él la miró extrañado.

-¿Qué hace aquí? –ella se encogió de hombros.

-La versión oficial es que no nos fiamos de ella. Pero eso no se lo cree nadie, salvo Kankurô, que es un cabeza hueca. Luego hablamos con Gaara, y que nos ponga al día.

Shikamaru asintió, cogiéndola de la cintura. Ella le besó en la mejilla y fueron hasta el baño. Se cruzaron con Kankurô en mitad del pasillo.

-Nara... –musitó.

-Hola, Kankurô –dijo él, ignorando el escalofrío que había trepado por su espalda. El otro siguió andando, sin contestarle.

-Deberías relajarte un poco –le dijo Temari, sonriendo socarrona – No va a morderte.

-A morderme no, pero con respecto a envenenarme, no estoy tan seguro...

Ella soltó una carcajada y le metió en el baño de un empujón.

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Kankurô no salió del despacho de su hermano de muy buen humor. Gaara hacía tiempo que no le sacaba de sus casillas, no era como Temari. Ella siempre estaba lista para pelear con él, pero Gaara... No, bastante tenía con sus funciones de kazekage.

Sin embargo, la conversación que habían tenido no había sido muy civilizada.

-¡¿Qué quieres decir con eso de que tengo que vigilarla! Ya hice bastante capturándola como para tener que hacer de canguro...

-Pero no podemos fiarnos de ella, y lo sabes. Y ya que tú eres el líder de mi escuadrón de defensa, ¿quién mejor que tú para vigilarla? –respondió Gaara.

-Si no te fías de ella, métela en una mazmorra, en una jaula o encadénala a la pared, pero no me cargues el muerto –refunfuñó el mayor.

-Tampoco puedo hacer eso. La cuestión es que no estoy seguro al cien por cien de que ella sea una enemiga. Tengo que esperar a que su hokage me informe, y mientras no puedo dejarla sola, pero tampoco estaría bien tratarla como una prisionera. ¿Qué dirían en la Hoja si supieran que trato así a sus habitantes?

Kankurô sabía que tenía razón. Pero seguía sin gustarle.

-Como tu hermano, te pido que no me obligues a hacerlo –dijo, como último recurso. Gaara le dirigió una mirada helada desde su asiento.

-Como tu hermano, insisto en que lo hagas.

Así que salió del despacho con un humor de perros. Tenten estaba esperando al final del pasillo, lista para la inminente tormenta.

-A partir de ahora seré tu sombra, niña –comenzó a decir él, acercándose mucho a su cara – Te seguiré a todas partes, comeré contigo, dormiré contigo, entrenaré contigo...

-¿También irás al retrete conmigo? –preguntó ella, alzando la ceja. Él enrojeció de ira. La agarró por los hombros, intentando intimidarla. Tenten sólo miró como los dedos semi cubiertos de Kankurô se hundían en sus brazos.

-Ni se te ocurra hacer un chiste de esto, o me cabrearé. Sígueme, por tu culpa me han trasladado a un cuarto en el tercer piso. Hará un calor de mil demonios por el día, y por la noche tanto frío que se te abrirá la espalda como un loto.

Dicho esto la soltó y comenzó a andar hacia las escaleras. Tenten se frotó los brazos doloridos y le siguió, empezando a lamentar haber aceptado la misión.

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Kiba abrió un ojo cuando notó un olor diferente en la atmósfera. Había pensado en echarse una siesta sobre el costado de Akamaru, pero ese olor le había intrigado. Era familiar pero... Dejó a Akamaru en el jardín y se metió en casa.

Estaba a punto de llegar a su objetivo. Estaba en la puerta de entrada. Abrió con brusquedad.

-Kiba, necesito quedarme aquí un tiempo.

Hanabi entró sin más preámbulos. Dejó una maleta y una mochila en el recibidor y se sentó en el suelo para quitarse las sandalias. Kiba seguía con la boca abierta. Conocía a Hanabi desde hacía bastante tiempo, y se llevaba muy bien con ella, pero ¿sería prudente dejarla vivir en casa? Por él estaba bien, pero quizá Shino tenía algo que decir al respecto.

-Bueno, Hanabi, eso tenemos que hablarlo entre los tres... –empezó a decir Kiba.

-¿Qué es lo que tenemos que hablar, Kiba? –dijo Shino, tras ellos. Acababa de salir del invernadero de la azotea, y estaba cubierto de gotas de agua.

-Creo que eso nos lo tiene que contar ella. Sentémonos un rato –dijo Kiba, revolviéndose el pelo.

Unos segundos después, con un vaso de té entre las manos, Hanabi empezó a hablar. No parecía estar nerviosa o enfadada.

-Hoy mi padre ha empezado a hablarme, una vez más, de los deberes que tendré que asumir como segunda heredera de los Hyuga.

-¿Segunda? –preguntó Kiba.

-El primero es Neji –aclaró ella – Mientras mi padre hablaba, me di cuenta de que todo lo que me estaba diciendo carecía de significado para mí. Creo que ya no me importa la familia.

Se estableció un silencio incómodo entre ellos. Cada uno rumiaba sus propios pensamientos. Finalmente, Kiba habló.

-¡Muy bien, Hanabi, con dos cojones! –dijo, dando un golpe a la mesa – Tu hermana estuvo un montón de tiempo acomplejada por esas mierdas de la familia, y en cuanto se olvidó de ellas, asunto arreglado.

-Lo de Hinata es distinto –dijo Shino – Una cosa es que dejase de importarle ser o no ser la heredera, y otra dar la espalda a la familia como pretende hacer Hanabi.

Ella le miró con el ceño fruncido. ¿Qué demonios pintaba Aburame Shino en esa conversación? En realidad, ¿qué pintaba en ese piso? Hanabi se había sentido muy desilusionada al enterarse de que no iba a vivir sola con Kiba. Llevaba mucho tiempo interesada en él, y ahora llegaba ese tío y le estropeaba el momento romántico.

-De todas maneras, ¿puedo quedarme? –preguntó a Kiba, ignorando completamente a Shino. Éste no pudo hacer menos que percatarse. Una mezcla de ira, decepción y celos se arremolinó en su estómago.

-Supongo que sí... Yo no tengo ningún problema, con que puedas pagar el alquiler... –dijo Kiba, rascándose la cabeza - ¡Akamaru! ¿Estás de acuerdo tú también?

Se escuchó un ladrido enérgico desde el jardín. Hanabi miró a Shino, recelosa.

-Bien, sólo faltas tú por contestar – le dijo, desafiante. Él frunció el ceño un segundo, pero luego encogió los hombros y subió al invernadero.

Bueno, espero que os haya gustado el primer capítulo. Tengo la historia prácticamente escrita, así que los capítulos irán rápido. Mandadme muchos reviews! V V