El sol comenzaba a despuntar por el este. Su luz poco a poco iba bañando la ciudad de Danville, comenzando un nuevo día en la vida de los habitantes de la pequeña ciudad estadounidense.
En el área suburbana, en una típica casa americana, dos jóvenes adolescentes de 16 y 17 años dormían plácidamente tras las emociones del día anterior.
Los rayos del sol comenzaron a colarse entre los espacios de las cortinas iluminando una habitación que poco había cambiado en los últimos 5 años. En su peculiar cama con forma de bote, Phineas Flynn, de sueño ligero, comenzaba a despertarse ante la intromisión de la luz solar. Se incorporo lentamente, froto sus ojos para despejarse y miro a su izquierda. No pudo reprimir una sonrisa burlona al ver a su hermanastro Ferb con la mitad superior del cuerpo por fuera de la cama y con un ligero hilo de saliva saliendo de su boca mientras susurraba "Vanessa". Cuando un Fletcher dormía, era casi imposible que nada lo despertase.
Phineas se sentó al borde de su cama, se puso sus zapatillas y corrió las cortinas dejando entrar la luz. Ferb ni lo noto, pero Perry, su ornitorrinco mascota, abrió los ojos ante la repentina molestia.
-Buenos días Perry-dijo Phineas con la seguridad de que, aunque hablase a gritos, no molestaría a su hermano.
Dirigió su vista hacia la ventana, hacia el exterior, y contemplo el amanecer de un día despejado que amenazaba con ser muy caluroso.
"Otro día, otra aventura" pensaba el pelirrojo "A veces me pregunto si después de tantos años, algún día se nos acabaran las ideas"
Casi como si supiese lo que pensaba, Perry pronuncio su habitual "Grrrrr", a lo que Phineas contesto con una alegre risotada.
-Tienes razón Perry, la creatividad nunca se agota. Venga, despertemos a Ferb, ya es hora de desayunar.
Mientras tanto, en la casa de enfrente, Isabella, la mejor amiga de los chicos, continuaba durmiendo. Su cara delataba que estaba disfrutando de su sueño. Phineas se le declaraba y, convertido en centauro, la llevaba hasta el arcoíris.
-Oh, Phineas, Phineas…-susurraba la joven cuando su pequeño chihuahua, Pinky, salto sobre su cama despertándola de golpe.
-PHINEAS!
-Eh?
Ferb lo miro con cara de "¿Ocurre algo?"
-¿No has oído a alguien gritando mi nombre?
Su hermano negó con la cabeza con decisión.
-Seria Candace hijo. Aprovecha para decirle que baje a desayunar-dijo su madre.
-Vale mamá, ya voy.
El peliverde observo como su hermanastro se levantaba y subía las escaleras hacia el cuarto de su hermana mayor. Había oído perfectamente el grito de Isabella y sabía de donde provenía. Conocía los sentimientos de la chica, pues estos eran evidentes salvo para el despistado Phineas, que no había cambiado nada con los años. Decidió interrogar a la morena en cuanto fuese a verles ese día.
Mientras tanto, en el piso de arriba Candace, despierta desde hacia un buen rato, hablaba por teléfono con su mejor amiga Stacy.
-No se Stacy, últimamente Jeremy esta un poco raro. Pasa menos tiempo conmigo y no me dice a donde va.
-Tranquila Candace. Seguro que…
-¡Y si ya no me ama! ¡Y si se esta viendo con otra a escondidas!
-Candace…
-¡No puedo soportarlo! ¡Seguro que me va a dejar!
-Candace…
-¡Me quedare sola para siempre! ¡Sola y en una casa repleta de gatos! ¡Y…!
-¡Candace Flynn, tranquilízate por favor! Jeremy te ama y nunca te dejaría. Seguro que te esta preparando una sorpresa y por eso esta tan ocupado.
-¿Tu crees? Oh Stacy, gracias de verdad. ¡Eres la mejor!
-¿En serio? ¿Podrías llamar a mi madre y decírselo?
En ese momento alguien llamo a la puerta de la habitación de Candace. Esta pudo oír la voz de su hermano desde el pasillo.
-Candace, ¿me has llamado?
-¡No, y largo de aquí! ¡Intento hablar por teléfono!
-Vale. Dice mamá que bajes a desayunar.
En el pasillo, Phineas se encamino a la cocina mientras pensaba. Si Candace no lo había llamado, ¿Quién había sido?
-Buenos días Isa. ¿Un bonito sueño?
Isabella, ya duchada y vestida, se percato de la sonrisa picara de su madre.
-N-No sé de que hablas mamá-dijo mientras se sentaba a desayunar.
-Oh vamos hija, te despertaste gritando su nombre. No intentes engañar a tu madre.
-Bueno vale. He soñado con el. Pero solo ha sido eso, un sueño…-Isabella dijo esta frase como un suspiro, con tristeza, mientras mantenía la mirada perdida en su tazón de cereales.
-Bueno, si se lo dices quizás tu sueño se convierta en realidad.
Isabella levanto la mirada. Su madre la miraba con cariño y confianza en lo que decía, lo que le levanto el ánimo y la hizo sonreír también.
-Anda, acábate el desayuno. Seguro que estas deseando ir a verle.
En el jardín de enfrente, sentados bajo el árbol, se encontraban los dos hermanos. Ferb estaba pensando en si debía convencer a Isabella para que hablase de una vez con Phineas, mientras que este miraba el cielo despejado intentando tener una idea para ese día.
-Bueno Ferb, ¿se te ocurre que hacer hoy?
El peliverde respondió moviendo la cabeza de forma negativa.
-Vaya, que mal. Quizás a los chicos se les ocurra algo.
En ese momento la puerta del jardín se abrió lentamente para aparecer tras ella la chica de la casa de en frente. Había cambiado bastante en los últimos 5 años. Evidentemente era más alta y estaba más desarrollada. Llevaba el pelo igual que antes, pero sin su moño rosa, y había dejado su típico vestido por jeans y camisetas, aunque siempre manteniendo algo rosa en su conjunto. Aunque no era demasiado coqueta, si que le gustaba arreglarse e ir guapa.
En cuanto a los chicos, no habían cambiado demasiado su estilo, en especial Phineas. Salvo por unos ligeros cambios, su ropa era del mismo tipo que cuando tenia 11 años. Ferb solía tener mas estilo en el vestir.
La joven se acercó a los chicos, agrandando su sonrisa cuanto mas miraba al pelirrojo.
-Hola chicos, ¿Qué estáis haciendo?
-De momento nada Isabella, ¿se te ocurre alguna idea?
Isabella no se creía su suerte. Decidió aprovechar la oportunidad que le estaba dando la vida para pasar un rato a solas con Phineas y, quizás, darle a conocer sus sentimientos.
-P-Pues, se me ocurre q-que quizás, tu y yo, p-podríamos ir a…
En ese momento apareció Candace en el jardín con su habitual cara de enfado.
-Muy bien, hoy tengo un mal día y muchas cosas en que pensar, así que mas os vale estaros quietecitos y callados u os la vais a cargar.
-¿Que te pasa Candace?-pregunto Phineas a su hermana preocupándose de verdad por ella.
Candace le miro primero escéptica, pero pensó, ¿Qué puedo perder?
-Pues veras, estoy preocupada por Jeremy. Está raro últimamente y no estoy seguro de lo que siente.
-Vaya hermana, lo siento.
-¿Por qué no hablas con el?-dijo Isabella. Comprendía lo que se siente al no conocer los sentimientos de la persona que amas y quería ayudar.
-Tengo miedo a lo que me pueda responder. Si tan solo hubiese una manera de conocer con seguridad los sentimientos de las personas…
En ese momento, Phineas abrió mucho los ojos y sintió una enorme oleada de entusiasmo.
-¡Eso es! Ferb, ya se lo que vamos a hacer hoy.
-Por favor no empecéis.
-No Candace, esta idea te gustara. Construiremos una maquina que mostrara los sentimientos de las personas en ese momento. Así podrás saber como se siente Jeremy cuando esta contigo.
Candace empezó a sonreír ilusionada ante la idea de su hermano.
-¡Phineas, eso seria fantástico! ¿Haríais eso por mí?
-Pues claro, ¿no Ferb?
Este respondió sonriendo y levantando el pulgar en señal de afirmación.
-¿Nos ayudas Isabella?
-Y-Yo, estoo… Claro que si Phineas- respondió abatida, puesto que finalmente no tendría ese día a solas con su amado.
Phineas, despistado como siempre, no se dio cuenta de ello.
-Muy bien, en ese caso, ¡vamos a trabajar!
