Inusual

Los personajes de Naruto ni la historia original de me pertenecen, simplemente soy autora de la historia en la cual incluí una de mis parejas favoritas. Gracias por leer y espero que les agrade.

Por favor comenten, cualquier opinión constructiva siempre es bienvenida.

Prólogo

La vida de Hinata estaba destinada a cambiar después de recibir esa carta, la ingenua chica pensó que nunca volvería a estar cerca de la familia que la exilió durante tanto tiempo. Ella estaba muy equivocada, todo estaba por cambiar. Su abuelo la quería de regreso; ahora todo tomaría un rumbo diferente.

Capítulo I

Inglaterra 1995

Cómo siempre la hora delataba su vida rutinaria, eran ya casi las seis de la mañana y la delgada mujer de hermosos ojos níveos preparaba el uniforme de trabajo y todo lo demás. Para Hinata Hyuga el trabajo era una prioridad a estas alturas de su vida, no se podía dar el lujo de quedar desempleada; la propietaria del restaurante donde trabajaba era sumamente estricta, poco comprensiva y muchas veces agria de actitud.

Había pasado tanto tiempo desde que su padre las dejó en Inglaterra con una lista de interminables deudas y falsas promesas. Aquel embustero hombre aseguró que volvería a Londres lo antes posible, pagar las deudas y vivir al lado de ella y la pequeña Hanabi. Sin embargo nada de eso había ocurrido aún por lo cual para Hinata aquello ya no era una posibilidad.

Hanabi era una situación especial, la inesperada llegada de la bebé hace 5 años había sido la alegría de pocas personas.

—Hanabi, es hora. Tengo que irme. — Una pequeña niña de cinco años jalaba sus ropas de manera suplicante.

—No quiero. Hoy no vayas— Alegó Hanabi con cara de puchero.

—Sabes que no es posible, y menos ahora—

—¿Por qué? — susurró la niña.

—Es complicado. Algún día te explicare todo. Lo prometo— Tomo una pequeñita mano y la guío hasta la cama. —Tú si puedes dormir otro rato, no abras a nadie la puerta ¿entendido?, A NADIE, de cualquier modo Anko llegará a las 9:00 am— Para muchos era mal visto que abandonara a una niña tan pequeña con una niñera adolescente, solo algunos sabían los sacrificios que tenía que hacer por ella. Lo importante era que a su corta edad Hanabi comprendía la situación y había aprendido a no ser dependiente de Hinata.

—¿Si?— Hanabi se reincorporó entre las sabanas y en menos de un santiamén se volvió a dormir. La pequeña ya conocía la rutina sin embargo habían días como hoy en los que solo quería comportarse como una niña normal.

Tiempo atrás cuando la madre de Hinata vivía, la familia Hyuga solía ser adinerada, su madre era la hija menor de Teyaki Uchiha y nunca tuvieron que preocuparse por dinero. Cuando Hinata era pequeña nunca hubo una sola discusión que fuese tomada realmente en serio, su mamá siempre fue condescendiente con su padre, vivía sometida a él y no hubo cosa que le negase. Por su parte, su codicioso padre; Hiashi Hyuga, no dudo ni un segundo en sacar ventaja de eso. Lo tenía todo con tan solo pedirlo.

Esa fugaz felicidad infantil estaba destinada a terminar antes de lo pensado. Tragedias, traiciones y el repentino enfado de su abuelo Teyaki con la familia Hyuga arruinaron la vida de su madre; la pobre mujer siempre se creyó la única responsable de todo ese sufrimiento hasta el día de su trágica muerte accidental. Lo único que quedaba en pie después de aquella tormenta era la vieja mansión de Manor Hills en Londres, y por si fuera poco con una hipoteca que exigía el pago de intereses cada mes. Si no fuera por aquella vieja mansión, ni Hinata ni Hanabi tendrían lugar donde vivir.

—Lamento llegar tarde Sra. Kurenai, el transporte público no pasaba y el pago no me da para el combustible del vehículo de mi padre. — La ojiperla se disculpaba nerviosamente con su jefa, aquella mujer de ojos rojizos era una verdadera tirana si se lo proponía. Hinata rápidamente se dio cuenta del error en sus palabras.

—Ahora insinúas que lo que te pago no te alcanza para tus lujos, pues si no quieres continuar aquí; deja de jugar y regresa con tu familia—

—No volverá a ocurrir— La muchacha ignoró el sarcástico comentario.

—Eso espero. Basta ya, deja de perder tiempo y hacer que yo lo pierda también— La mujer alardeó con la mano derecha indicándole las cocinas. —Ahora vete—.

Hinata se apresuró y dejo sus cosas en los vestidores. Comenzó con sus labores como cada día. Siempre había sido muy buena en la cocina, pero al concluir sus estudios supo que aquello era su pasión. Todo el ámbito gastronómico contrarrestaba un poco del amargor de su difícil situación. Lo mejor había sido conocer a sus mejores amigos y actuales compañeros de trabajo en el colegio; si bien era un trabajo fatigoso también era bien remunerado como para lograr cubrir las cuotas de pagos de los grandes adeudos.

—Veo que otra vez la bruja te ha regañado— Una rubia de ojos verdes la interceptó. La joven de ojos verdes cargaba una charola de pan recién horneado.

— Sí, pero nada de importancia; creo. — Le contestó la Hyuga a su mejor amiga, Ino Yamanaka.

—Yo opino que ya es momento de que le pidas ayuda a Sasuke, se supone que te amaba, ¿o no?— Ino hizo una mueca y continuó picando cebollas. —Debiste insistir en que te escuchara. Y si no es suficiente el amor aun sigue siendo tu pariente, eso debería bastar—

—Creo que no me amaba. Me alegra que todo terminara, odio la indulgencia, nunca viviré como lo hizo mi madre— Tomo unos vegetales y comenzó a cortarlos aprisa. —Además, ni Hanabi ni yo necesitaremos de la familia Uchiha. ¿Sabes? Creo que a la tía Mikoto nunca le he agradado del todo, nunca aprobó mi noviazgo con él. Sé que hubiera preferido verlo casado con otra mujer antes que conmigo— Hinata esbozó una triste sonrisa.

—Debes hacer algo; estás así porque quieres. — Afirmo la rubia con un mohín en su expresión

—Vale chicas, basta de tanto parloteo— Interfirió Kiba, jefe y amigo de ambas. —¿Que les parece si mejor les invito un trago a la hora de la salida?—

—Vale! — exclamaron ambas y continuaron sus actividades. En cuanto se pusieron en marcha los planes, Hinata se comunicó con Anko para pedir que cuidara de Hanabi esa noche.

El día transcurrió rápidamente y el cierre del restaurante había llegado a su hora, nada más extraordinario había ocurrido esa tarde que el alegre festejo de una propuesta matrimonial. Shikamaru Nara se le había propuesto a una de las chicas londinenses más guapas de la zona; a Temari Sabaku No, hermana del alcalde de la villa.

Después del largo día de trabajo, en el pub inglés tomaron un momento para olvidarse de las preocupaciones.

—Es un estúpido pero lo amo. ¡Como soy pobre no merecía ser su esposa! — la amiga ojiverde de Hinata denotaba su enrojecido rostro por la furia y estragos de bebida.

—Tranquila Ino, no es un secreto que el dinero hace la diferencia en muchas ocasiones, yo tampoco tengo dinero; de hecho con esfuerzos inhumanos sigo conservando Manor Hills.— La Hyuga consoló a su triste amiga.

—Pero tienes prestigio, y eso también cuenta. — Ahora la alcoholizada rubia lloriqueaba más.

—Basta chicas, son muy negativas. Lo importante es que me tienen a mí, y las quiero. Por eso ¡Salud!— Kiba odiaba verlas tristes, aquellas dos eran las personas más importantes en su vida; alzó animadamente su copa y las chocaron al unísono mientras rastros de cerveza caían en los bordes.

La pequeña reunión término en la madrugada, Hinata y Kiba dejaron a la rubia en su departamento por su deplorable condición embriagada. Kiba Inuzuka conocía a la ojiperla mejor que nadie, se había enamorado de ella desde el colegio y aun después de haber terminado su efímero noviazgo no había logrado deshacerse de esos sentimientos por completo; siempre había estado a su lado sin importar que, incluso en el pasado a pesar de Sasuke. Era obvio que ambos muchachos no se soportaban desde aquel entonces. En aquel tiempo Hinata tuvo que dejar claro que la amistad que tenía con Kiba era parte importante de su vida y no la terminaría por nadie.

—Espero que esa chica pueda despertar en la mañana, si no, la bruja no tendrá piedad.— él interrumpió el silencio que reinaba el ambiente.

—Sí, ojala pueda ir a trabajar. Por cierto, ¿y tú cómo estás?, sé que Ino no es la única que sufre por ese matrimonio. —

—Me da igual, Temari me atraía, pero ahora me da lo mismo, está hueca y solo le importa conservar la fortuna de su padre. —Dijo el moreno con indiferencia. —Además tú sabes que a la única que he querido siempre, eres tú—

—Kiba, basta por favor— Su estomago se contrajo, ella sabía en qué dirección iba esa plática.

—Sé que tú también me quieres Hina, maldita la hora en que acepte terminar lo nuestro, ni siquiera supimos si en verdad no funcionaría— dijo con melancolía —Además, el te abandonó y ni siquiera fue capaz de escuchar. Sé que nuestra relación fue precipitada, pero en verdad te necesito— El no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Comprendía a la perfección que haber intentado algo con ella poco tiempo después de que Sasuke se fuera no había sido buena idea.

—Tú sabes las razones, pero no tiene importancia; no cambiaría mi forma de ver las cosas. Te quiero Kiba, pero no en la manera que tú deseas. — Atinó a decir la joven en el momento de perturbación.

El Inuzuka aprovechó el momento de confusión y se apodero de la boca de su mejor amiga; él era un buen hombre, pero no era Sasuke. El beso del Inuzuka era cálido, ella no podía negar que su amigo era bueno besando, podía cautivar a cualquier mujer; el problema era que ella no era cualquier mujer.

Se estaban quedando sin aire cuando el sonido de un motor hizo que Hinata se alejara de aquel contacto. El elegante Rolls-Royce que los distrajo subió una ventanilla trasera mientras arrancaba en dirección opuesta a Manor Hills. No era raro ver ese tipo de vehículos a esas horas. Para la ojiperla los ricos siempre escondían las traiciones más infames a altas horas de la noche, ella había pertenecido a ese mundo y sabía donde terminaba el encanto.

—No, por favor. Tú sabes cómo son las cosas, jamás te he mentido. — Su rostro pedía ferviente en silencio que su amigo no insistiera.

—Lo sé y pero aún te amo Hina. Yo podría ser un padre para Hanabi—

—No es necesario, conmigo le basta Kiba. Pero gracias.— Hinata se soltó de su agarre gentilmente.

La chica se despidió de manera floja y se adentro a su hogar. Sintió un dejo de escalofríos y recordó el flamante carro que vio. Dejó el abrigo en el perchero y fue a la sala donde se atinaba el resplandor de una lucecita. Miró a Anko en el sillón junto a la lámpara, tomo algún dinero y le pagó. La jovencita se marchó de inmediato después de hablarles a sus padres.

—Hanabi despierta, vamos arriba—

—Ya llegaste. ¿Por qué tardaste tanto? — lloriqueo la pequeña mientras se colgaba en brazos de la mayor.

—Lamento llegar tan tarde pero ya estoy en casa—.