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"Tablero"

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Tal como un tablero de ajedrez, el mundo contaba con sus piezas… piezas colocadas estratégicamente, con un propósito exclusivo y con capacidades que las hacían indispensables para el juego

Cada pieza, dependiendo de sus cualidades, era más o menos valiosa…

Algunas debían conservarse celosamente; otras no eran del todo útiles, pero podrían quedarse un tiempo más defendiendo su posición… y las más comunes, los peones, eran lo que ponían la partida en marcha… eran el elemento sacrificable necesario para alcanzar la victoria…

El más importante era "El rey": el centro del universo, el enemigo a vencer, la pieza que debía caer para satisfacer la insana sed de satisfacción…

Todas las piezas lo protegían. No tendrían ninguna función si no fuera por él. Nada se movería si no era para su beneficio y protección…

¿Y qué había del escenario? Nada, realmente: era igual para ambos contrincantes. Ya dependía de la habilidad de cada quién para sacarle provecho. El aparente marco blanco y negro mostraba claramente que sólo había dos bandos, dos jugadores, dos mentes que se enfrentarían en aquella batalla. No había treguas, ni compasión. Sólo era blanco y negro

Madara Uchiha era El Rey: con el mundo a su disposición; todos inclinándose ante él esperando sus sutiles órdenes; el que todo lo vigilaba desde su trono con altanera superioridad. Moviendo con extraordinaria habilidad todas las piezas del tablero, avanzaba decidido a estrujar la victoria…

Jugaba seguro de cada movimiento. No dudaba en sacrificar sus piezas, a moverlas o sustituirlas si era necesario. No vacilaba. No se tentaba el corazón. Todo estaba calculado y no había motivo para detenerse…

Cada pieza fue cayendo a su ritmo… a su previsto y planeado ritmo. Nada era a la ligera. Nadie caía en vano. Nadie era eliminado sin su voluntad de por medio… ¿Y se lamentaba? ¿Había tomado particular atención a alguno? Por supuesto que no

Incluso su entrada a Akatsuki bajo la personalidad de Tobi estuvo planeado: disfrazarse de peón no era indigno del rey mientras le beneficiara…

Uno a uno cayeron todos… entre ellos, su sempai Deidara…

¿Qué si le había tomado algún aprecio? Bueno… era una interesante pieza, útil sin lugar a dudas… pero no indispensable…

O eso pensaba… ya que al instante que vio que moría en su tan artística explosión, supo que la pieza que representaba, y que se atrevió a sacrificar, le había costado todo:

Sus ojos mirándole con obstinada irritación…

La rubia cabellera que bailaba con el viento cuando caminaba…

El azul de sus pupilas que se confundían con el cielo…

Esa excéntrica concepción del arte…

Y el adorable tono de su voz cuando le maldecía cínicamente…

...

Todo siguió siendo blanco y negro

Las piezas seguían moviéndose y cayendo una a una

Pero la figura de Deidara… su esencia y su pérdida… de alguna manera dejaron descubierto al rey…

Jaque mate