Disclaimer: YGO no me pertenece. Si lo fuera Marik se hubiera dado a un elfo (?).
Iren, yo tenía mucho sin escribir, no me voy a poner mis moños ahorita que al fin me dieron ganas (aunque sea pura mamada.)
-1-
La vida de duelista profesional le sentaba bien. Viajaba a campeonatos, ganaba dinero, tenía patrocinadores que le regalaban cosas para promocionar... claro nunca faltaba el fan extraño, pero nada grave. A Joey ser duelista por los últimos dos años, le había salido de maravilla.
Ahora, por ejemplo, estaba en otro torneo, algo así como las eliminatorias para el campeonato mundial en unos meses. Y aunque era japonés, había sido invitado para un duelo de exhibición por el mismísimo Pegasus. Obviamente aceptó, nunca había viajado a Madrid y le parecía una oportunidad de maravilla.
Aunque si tenía que ser honesto, extrañaba a sus amigos. Por mucho que le gustaran los duelos, si se podía sentir un poco solitario sin ellos. Sin embargo, lo bueno era que aunque Yugi y los demás no estuvieran presentes, aún podía encontrarse con viejos amigos duelistas.
Así que encontrarse con Rebecca Hawkins en el hotel al momento de hacer su entrada no le impresionó mucho. Bueno un poco.
—¿Rebecca?
La chica se giró sorprendida de que alguien la llamara, pero apenas reconoció al rubio su asombro pasó a nerviosismo y terminó en una sonrisa bastante forzada. Cosa que extrañó a Joey, pero decidió ignorarlo.
—Hola Joey —dijo antes de recomponerse y mirarlo un poco más relajada —¿No me digas que vienes al torneo?
—Pues si te digo —comentó sonriendo enormemente e inflando el pecho orgulloso—. Fui invitado por el mismo Pegasus para abrir el torneo en un duelo de exhibición.
—Mira que casualidad, yo también —le dijo con la confianza desbordando sus palabras. Cosa común en Rebecca que no se cansaba de vanagloriarse por su genialidad o su posición como la aún campeona estadounidense y ahora que ya era una adolescente con mucha más razón.
Joey sonrió, mirando con determinación a la chica.
—Entonces nos vemos en la arena, mocosa.
Rebecca ya tenía preparada la replica, Joey lo sabía. Podrían pasar 50 años pero Rebecca nunca se quedaba callada. Pero cuando apenas abrió la boca fue interrumpida por una voz que Joey nunca se imaginó oiría ahí.
—Ya todo está listo Becky, ¿lista para irnos?
Joey se enderezó sorprendido al reconocer que quien acababa de llegar era nadie más que Duke Devlin. El creador de duelo de dado de monstruos estaba ocupado viendo quien sabe que cosa en su celular, así que ni siquiera había notado a Joey, quien seguía sin creer lo que sus ojos veían. Como nadie decía nada, Duke al fin se dignó a levantar la vista del aparetejo.
—¡Que haces aquí Joey! —exclamó igual o más sorprendido que su amigo.
—¿Qué que hago aquí? —preguntó indignado— ¡Soy duelista! Invitado por Pegasus para el duelo de exhibición ¿Que haces tu aquí? —entonces miró a Rebecca que los miraba con con el entrecejo contraído y de brazos cruzados. ¿Habían hecho algo mal?
—Vine de vacaciones —explicó.
—¿Y se acaban de encontrar? —preguntó viéndolos a ambos. Duke miró a la rubia por unos momentos en los que ella simplemente no dijo nada, seguía viendo hacia otro lado como si estuviera enojada. El moreno regresó su mirada a Joey.
—Sí —respondió al fin—. Casualmente nos alojamos en el mismo hotel ¿o no? —y miro nuevamente a Rebecca, su sonrisa más grande.
—Sí, algo así, pero bueno —y se giró a Joey— ¿Quieres venir con nosotros?
Si Joey hubiera sido un poco más observador hubiera visto como Duke parecía querer decirle (o mejor dicho, gritarle) algo a Rebecca por la manera en la que le clavaba la mirada, pero la chica seguía viendo a Joey como si el otro no existiera.
—Sí, claro. Sólo dejo mis cosas en mi cuarto y voy con ustedes. ¿A dónde van?
—A comer y de paseo —contestó.
—Creo que puedo ir a comer, muero de hambre, gracias chicos.
Ambos contestaron de "de nada" al mismo tiempo, Rebecca con una sonrisa muy pequeñita y Duke con resignación. Joey no le dio importancia, Rebecca y Duke eran simplemente así, así que sin más, se dio la vuelta y fue la mostrador para hacer su registro conseguir su llave e ir a su habitación. Todo esto bajo la mirada de sus amigos.
—Creí que querías hablar —comentó Duke cruzándose de brazos.
Rebecca bufó.
—No pensé que me fuera a decir que sí, pensé que estaría muy cansado como para venir —suspiró—. Ni modo, hablaremos en otra ocasión.
Duke solo asintió con una ligera sonrisa mientras veía a su viejo amigo arreglar lo de su hotel, sin prestarles el mínimo de atención.
Bien.
