El bar The Edge, en Essex, es el lugar donde empieza la historia del hombre, que se encontraba solo en esa fresca noche de verano. La banda había convenido salir cada uno por su lado para buscar inspiraciones, con tal de escribir letras nuevas y tener variedad para los singles. Noodle se había ido a una casa de Sushi, para conectar con Japón, y luego iría a buscar algún arcade abierto tarde en la noche para jugar. Russel pasaría sus horas en un club de luchas, mirando a sujetos golpearse hasta sangrar. Murdoc se decantó por una reunión de brujas Wiccas, con la excusa de que eran lo más cercano al satanismo que tenía a la mano (excusa que nadie se compró, por supuesto, todos sabían exactamente a qué iba).

Stuart se encontraba sentado en una mesa solo, disfrutando de una cerveza de raíz con una libreta en blanco y una pluma fuente, tratando de pensar, con la lengua afuera como si fuese un niño concentrado en colorear dentro de la línea. Costaba, al estar medio dopado por la medicación, que había tenido que tomar apenas entró al bar porque los lugares concurridos le daban ansiedad. No recordaba por qué había venido al bar en primer lugar, sin embargo, seguía intentando que saliera.

—Vamos, vamos, tiene que ocurrírseme algo —Habló, con frustración—. Los demás seguro ya escribieron algo y yo no...
—¿Stuart? ¿Stuart Pot?

El aludido levantó la cabeza, y se le abrió la boca de par en par. Ahí, vestida en cuero negro, hermosa y provocativa como siempre, con sus lentes de sol y su corte de estrella de rock, estaba Paula Cracker, la mujer que le había roto y pisoteado el corazón después de haberlo cuidado por tanto tiempo. Era la persona que menos esperaba encontrar, en un lugar que él debería haber esperado como punto de reencuentro después de todo el conflicto, en el momento menos esperado de su carrera.

—P-Paula —Saludó 2D, atragantándose en el nombre, con algo de veneno—. Cuántos años.
—¡Dímelo a mi! —Respondió la mujer, aparentemente sin darse cuenta del perjuicio que estaba causando a la salud mental del hombre, una sonrisa en sus labios pintados de rojo fuerte—. Stuart, ha sido mucho tiempo sin verte. ¿O debería llamarte 2D, huh? —Preguntó, de modo juguetón. El hombre soltó una risita nerviosa y apenas atinó a correrse a un lado cuando la mujer se sentó.
—Paula, no creo que sea momento —Afirmó 2D, mirándole con sus ojos vacíos—. Además, sabes perfectamente por qué no hablamos más.
—¡Stu, por favor! Pasó hace años ya —Dijo Paula, haciendo un gesto despreocupado con la mano. El hombre se estremeció, visiblemente incómodo por el apodo—. ¿No sabes lo que es perdonar, cielo...?
—Paula, por favor...
—Vamos, conversemos, quiero saber qué ha sido de tu vida, estrella del rock —La mujer bajó sus lentes y le guiñó un ojo—. Por los viejos tiempos, ¿Vale? Te prometo que no hay ninguna intención subyacente.

Stuart dudó durante unos instantes y tragó saliva, jugando con sus dedos. Por una parte, Paula sabía perfectamente que él le había gritado en la cara que no quería volverla a ver nunca más. Por otra, un corazón roto y una noche de rabia y alcohol podían ser una buena inspiración para una canción-indirecta. Su mente estaba medio nublada por la cerveza y por el Prozac, que había tomado contra la ansiedad, y que ahora consideraba tomar de nuevo porque estaba empezando a perder el control de si mismo. Y fue por esto que hizo una decisión impulsiva.

—Bien. Lo acepto, está bien, te lo contaré —Habló, a la rápida, evidenciando su pánico. Paula curvó sus labios en una sonrisa y apoyó su botella de vodka en la mesa, junto al vaso de cerveza de raíz.
—¡Ese es mi Stu!
—Solo... no me llames Stu. Por favor. Te lo ruego —«Por mi salud mental», pensó.

La noche avanzó en su curso normal, la música fuerte, las bebidas yendo y viniendo, y la pareja seguía conversando amenamente. 2D había olvidado por completo la idea principal de haber venido al bar y se encontraba hablando con Paula, terminando de contar su odisea en Plastic Beach, para luego pasar a cómo se estaban constituyendo normalmente de nuevo. Estaban bastante tomados cuando esto pasó.

—Woooooow —Emitió Paula, con una risa ebria, desde el regazo de 2D—. ¡Eres Indiana Jones en peeeersona, Stu! No entiendo como pude ser tan tonta.
—Hehehehe... —Una risa aguda se le escapó a Stuart, rojo hasta las orejas—. Seh. Aaaalgo aseh. Pero ahora soy rockstar y la vida es mejo- mejoh —Tragó. Una pausa larga—. Ahhhh, no había notado lo eh... hermo, hermosa que ehres —Ahora Paula soltó una risa, acariciándole el cuello con un largo dedo.

—Me halaaaagas, querido Stu. Yo tampoco entiendo por qué me metí con ese cara de mierda de Muhdoc —Chasqueó la lengua—. Ni era tan bueno en la cama como tú, cielito.
—Y que lo digas —Murmuró 2D. Hubo otra pausa, un poco más larga que la anterior, en la que ella miró en sus ojos vacíos, y él parpadeó varias veces. Una sonrisa curvó los labios de Paula nuevamente cuando ella se le acercó y le mordió el labio inferior, estirándolo hacia adelante con una expresión sumamente provocativa. Un escalofrío recorrió por completo al hombre.
—Paula... —Ronroneó el nombre, casi enajenado, como si fuera producto de un ensueño, lo que hizo que la mujer sonriera aún más ancho.
—Mi apartamento está al lado —Dijo ella, como si le leyera el pensamiento—. ¿Qué te parece si...? —Ella no necesitó terminar la frase.

2D se levantó junto a ella, rodeando sus hombros con un brazo para darle soporte, medio sonriendo con los dientes que le faltaban.

—Guíeme usted, Milady.

Los besos que se dieron apenas entraron al departamento, oscuro, con un aroma a tabaco muy pesado y desordenado como si un huracán hubiera pasado por ahí, no bajaban de salvajes. Era como si quisieran arrancarse las bocas, con furia, con esas palabras que no se dijeron cuando Paula fue echada de Kong Studios. La ropa no les duró mucho, tampoco, y a medida que iban avanzando más adentro iban quedándose con menos. Stuart terminó por levantarla del suelo brevemente para tirarla en la cama cuando llegaron a la habitación de Paula.

Suspiros furiosos y llenos de ansias escaparon de ambos cuerpos acalorados, 2D sin camisa, con el cinturón a medio deshacer por las manos de la mujer, que ya estaba casi completamente desvestida. Se separaron apenas cuando el aire les faltó. El sabor en sus bocas era agrio, igual que el pasado entre ellos, y Stuart sintió el regusto del Prozac. La parte racional suya le gritó que estaba haciendo algo malo, y se apresuró a buscar otra pastilla. Paula soltó una risa al verlo hacer eso.

—¿Así que te drogas, chico malo? —Preguntó ella, con un ronroneo divertido, tratando de agarrar la caja, que él le arrebató de las manos apenas pudo tragar la pastilla, guardando el resto de vuelta en su bolsillo.
—N-No. Solo... Lo necesito —Suspiró Stuart. Paula hizo una mueca, pero no pudo hacer nada más cuando tuvo los labios del otro sobre su cuello, besándole con hambre y rabia mientras los delgados dedos recorrían el cuerpo, igual de delgado. Ella se aferró a su cuello, abriendo las piernas y sintiendo una presión en su región inferior. Soltó un gemido largo al sentir los labios bajar por su pecho, lamiendo sobre el fino sostén traslúcido, delineando la forma de su pezón derecho mientras las caderas del hombre se movían contra ella en un vaivén firme.
—Stuart... —Murmuró ella, arqueando levemente la espalda, sin embargo, el placer se esfumó temporalmente al escuchar un sonido proveniente del pantalón del susodicho, iluminándolo brevemente. Se trataba de un mensaje en su celular, que incluso en su mente ebria, el hombre no pudo ignorar.
—Ah, perdona... — Dijo él, metiendo su mano en su bolsillo y viendo el mensaje. El color se le fue de la cara al ver que se trataba de una selfie de Noodle, en el arcade, con un peluche gigante en los brazos. El mensaje de texto que le acompañaba decía:

«Toochi, ¡Tenemos un nuevo compañero de cuarto! Dile hola a Damon ~»
«¿A qué hora vieneees?»

Una rápida revisión a la parte superior de la pantalla le indicó que eran las 4 de la mañana. Paula se incorporó y observó la fotografía.
—Awwww, qué adorable... —Murmuró, besuqueando la curva del cuello del hombre para incitarle a seguir, pero 2D la apartó lentamente, como si la fotografía de la chica le hubiera recordado algo. Y lo hizo. ¡Él estaba escribiendo una canción, no follándose a una ex novia!
—Paula, no. No... No quiero.
—¿Ah? ¿No? —Dijo ella, con una ligera molestia—. No decías eso hace unos minutos... —Los largos dedos intentaron meterse en su cinturón, para tocarlo, pero él la apartó con un ligero codazo.
—Paula, no, yo... esto... esto está mal, está muy mal... —Empezó, sintiéndose mareado por el alcohol, buscando su camisa y empezando a ponérsela—. No puedo, Paula, no...
—¿Cómo que no puedes? —Habló ella, un ligero desconcierto en la voz. Una pausa larga, y algo parecía haber hecho click dentro de ella—. ¿Es porque no soy la enana de mierda, cierto? ¿Porque te calienta la china esa, verdad? —Paula alzó la voz con rabia, cruzándose de brazos—. ¡Eres un puto enfermo, Stuart!
—Paula, no, no es eso, pero...
—¡Dime la verdad, Stuart Pot! ¿Es porque te acordaste de ella? ¿Acaso estabas pensando en ella hace un rato, eh? ¿Eh?
—Por favor, cállate, no puedo... No puedo pensar... —Stuart empezó a perder la paciencia, y se levantó, apenas pudiendo caminar, apoyándose en la pared. La mujer lo ignoró, y le cruzó la cara con la mano. La cachetada resonó por todo el apartamento.
—¡Lo sabía! ¡Eres un marica! ¡Siempre lo has sido! ¡No eres capaz de hacerme nada, porque no me quieres lo suficiente! ¡Te diré algo, Murdoc era mil veces mejor que tú, y cogíamos por una puta causa, Stuart! ¿Y sabes qué más? ¡Eres un pobre imbécil! ¡Me das lástima! ¡Salía contigo por lástima!
—Espera, ¿Qué...?
—Pero da igual... Mientras estuviste en coma, estuve con cuántos, ¿Con diez? ¡Todos y cada uno, mejores que tú! ¡Y no necesito de un pobre retrasado mental, un imbécil dopado con cara de idiota, para ser feliz! ¡Vete a la puta mierda, Stuart Pot!

2D sintió cómo sus huecos se llenaron de lágrimas, salándole los bordes. Apenas pudo procesar las palabras de Paula, mientras ella lo empujaba fuera del apartamento con furia y él intentaba buscar una explicación en vano, ya que ella no parecía escucharle. Y apenas supo qué pasó, cuando su visión pasó de estar parcialmente nubosa a completamente negra, al haber sido arrojado fuera del apartamento directo a la calle.