Sakura caminaba de un lado a otro repartiendo folletos y globos o bailando con gran entusiasmo mientras vestía un enorme y caluroso traje de oso, con el cual, lograba sacarle una sonrisa a los transeúntes que pasaban a su lado.

En los últimos meses, debido a su gran éxito, pasaban más personas por el recién estrenado parque de diversiones que se localizaba en el parque central de la ciudad, razón por la cual el dueño se había visto obligado a tomar una decisión difícil: pedirle a uno de sus empleados a medio tiempo que trabajara repartiendo folletos y globos cerca de la entrada del lugar para promocionarse e indicar la dirección correcta.

Cualquiera se hubiera opuesto a la idea o se hubiera quejado. ¡Estaban en pleno verano!, y en esa época Tokio se calentaba, a tal grado, que dejaba las calles como una sartén que quemaba a todo aquel que la osara pisar, pero por muy loco que suene, hubo una chica que aceptó más que gustosa ese trabajo, de hecho, ella misma se había ofrecido para llevar puesto el traje de oso; y esa loca chica, que no temía derretirse al igual que una vela en noche oscura, era nada más nada menos que Sakura Kinomoto, quién en ese momento se encontraba realizando su labor con total calma, como si estuviera trabajando en una refrescante piscina.

Se preguntarán, ¿por qué había aceptado tan fácilmente la propuesta hecha por su jefe? Pus aquella pregunta no tenía una respuesta difícil de contestar, pero al decirla en voz alta llegaba a ser algo ilógica y hasta absurda debido a que no tenía nada que ver con el dinero, un favor, o una apuesta perdida.

Todo aquel esfuerzo era solo para poder verlo a Él, solo para poder estar más cerca de ese alguien que desde su primer encuentro había robado su corazón. Solo lo hacía por el chico que trabajaba en la pequeña tienda de víveres que se encontraba frente al parque, Sakura Kinomoto trabajaba todos los días sin descanso alguno solo para ver a Syaoran Li.

Después de varias horas de entregas, de correr todo el parque por un demonio blanco de cuatro patas, de soportar el asfixiante calor que aquella mañana le proporcionaba y de complacer a todo niño que le pedía un baile o una foto, Sakura logró descansar un rato, dejándose caer en la desgastada banca de madera que se encontraba a varios metros de su puesto de trabajo, la misma que tenía la mejor vista a la tienda de víveres.

Se quitó la cabeza de oso y por primera vez en toda la mañana respiró un poco de aire fresco, apreciando con mayor claridad todo a su alrededor ahora que no portaba la pesada cabeza, sonriendo por lo hermoso que se veía el parque. Vio con una gran sonrisa como algunos niños jugaban con los globos que les había regalado algunos minutos atrás, cuando estos se le acercaron con un puchero en sus labios y una cara de cachorro, siguió observándolos hasta ver que estos corrían hasta entrar a la tienda donde trabajaba Syaoran.

Sakura se quedó mirando un rato la azulada tienda, dudando si era buena idea acercarse, pero las ganas de ver al castaño le ganaron, siempre le ganaban, por lo que sin rechistar se levantó de su cómodo lugar.

"Iré solo por un segundo", pensó, volviéndose a colocar la cabeza de oso, abrochándose el traje para después cruzar la calle y pararse frente al local de ropa juvenil que se encontraba al lado de la de víveres; logrando ver desde su lugar, con total claridad, como Syaoran jugaba con los pequeños niños dentro de la tienda, acción que le pareció muy tierna y le hizo sacar una de sus brillantes sonrisas.

"¡Gracias, onii-chan!" Le dijo una pequeña niña de rulos mientras recibía una enorme paleta de diversos colores que se asemejaba a un arcoíris.

"De nada", les sonrió Syaoran. "No hagan ninguna travesura, ¿eh?, sean buenos con ya saben quién"

Les guiñó un ojo, recibiendo risas de los pequeños. Posteriormente los despidió acariciando los cabellos de cada uno antes de volver a su lugar de trabajo, detrás de la caja registradora.

Sakura agrandó más su sonrisa al ver aquello, para ella, Syaoran era perfecto, le gustaba todo de él; su piel ligeramente más bronceada que la suya, su voz gruesa que siempre sonaba alegre, las divertidas caras que hacía cuando se encontraba sin hacer nada, sus labios, la forma en la que se los mordía o pasaba su lengua por ellos cada que se secaban, su cabello chocolate, tan liso que parecía de seda y que algún día deseaba tocar para ver si era tan suave como parecía… Simplemente, a la chica vestida de oso le gustaba todo del joven. Pero, a pesar de su evidente flechazo por él, Sakura jamás se atrevía a hablarle.

Ella tenía mucha confianza al hablar con otras personas, pero con Syaoran se sentía diferente, tenía miedo de volverse patosa y torpe junto a él. Su oculta timidez sobresalía drásticamente cuando se trataba del chico que le gustaba hace dos años. Nunca tendría el coraje para hablarle, así que, por tal razón, simplemente se limitaba a observarlo desde el interior de su traje, fantaseando con el día en el que ambos entablarían una conversación.

Como una lunática, algo parecido.

Sakura deseaba que ese día llegara pronto, pero no tan pronto como el destino se lo tenía preparado.

"¡Hola!, ¿se te ofrece algo, Bear Girl?" Oyó como decía una voz que reconocería con los ojos cerrados.

Sakura abrió los ojos con sorpresa, quedándose en estado de shock.

Tenía que estar alucinando, era imposible que aquella voz se estuviera dirigiendo a ella, pero al oírla nuevamente supo que no se trataba de un engaño de su mente como en otras ocasiones, de verdad le estaba hablando a ella, por lo que, con evidente nerviosismo, se giró rápidamente y miró a su izquierda, abriendo aún más los ojos al ver a escasos centímetros esa hermosa cara mirándola fijamente. Le iba a dar un infarto por esa mirada.

Por estar en sus fantasías de colegiala quinceañera, aunque ella tuviera dieciocho, no se había dado cuenta de que Syaoran salió de la tienda al notar como un gran oso marrón lo miraba desde la ventana del local. Sakura, en su afán por ver mejor al castaño, no se dio cuenta de que se alejó de la tienda de ropa y terminó en la siguiente, que era la tienda de víveres, siendo descubierta al instante por su llamativo disfraz.

Syaoran se encontraba frente a ella mirándola con curiosidad y diversión, le divertía aquella situación rara en la que se encontraba, porque vamos, no todos los días eres espiado por un oso de tamaño real, ¿no?

Era una situación rara y un poco terrorífica, si se lo preguntaban.

"¿No puedes hablar por el traje?" Le preguntó al no haber recibido respuesta por parte la chica oso.

"¿Hoe? ¿Me está hablando? ¿Li Syaoran me está hablando? ¡Di algo, por el amor a Kerberos, Sakura!", se regañó a sí misma al ver que su boca seguía sellada, pero a pesar de su monólogo mental, las palabras seguían atascadas en su garganta por lo que en su intento por hablar lo único que salieron fueron monosílabos incoherentes que hasta para un alienígena de otra galaxia serían extraños.

"Disculpa, pero no entendí lo que dijiste." Se tocó el cuello un poco apenado mientras bajaba la mirada. "¿Por qué no te quitas la cabeza?, bueno, no la cabeza" Rio por la forma en la que sonó su sugerencia. "Quiero decir… tú me entiendes, así puedes hablar con claridad."

Es que Syaoran tomara entre sus grandes manos la cabeza de oso, hizo que Sakura saliera de su estado de shock y entrara en pánico, no quería que Syaoran la vira, por lo que rápidamente se alejó del castaño y negó con la cabeza.

"¿Qué sucede?" Preguntó extrañado debido a la reacción de Sakura, esta negó nuevamente y miró hacia el parque.

"Ah, no puedes quitarte la cabeza en horas de trabajo" Dijo recibiendo un asentimiento.

De hecho, era el descanso de Sakura, así que tenía la libertad de quitarse la cabeza cuando quisiera, pero debido a su nerviosismo no se sentía segura. No era muy bonita y seguramente si el hongkonés la viera en las condiciones poco favorables en las que se encontraba (según su hermano parecía rata mojada cuando se quitaba su traje), Syaoran se reiría en su cara y la castaña no estaba dispuesta a que su platónico se burlara de ella.

"Ya veo, es una lástima." Dijo desviando la mirada mientras decía algo en voz baja que logró encender las mejillas de Sakura. "Bueno, me imagino que estás aquí para comprar algo, ¿no?"

"De hecho, vine a verte", pensó mirando al castaño, pero solo se limitó a asentir, ni aunque le pagaran todos los yenes del mundo diría aquello en voz alta y menos frente al chico. Ya había sido suficiente vergüenza haber sido descubierta en medio de sus fantasías.

"Entonces, ¿qué deseas?, tenemos de todo aquí. Quizás quieras un dulce, una comida o una bebida. Bueno, creo que es más que obvia la respuesta, ¿no? Ya sabes, por lo caluroso del día" Preguntó recorriendo los centímetros que Sakura había retrocedido al no querer quitarse la cabeza, la contraria asintió levemente. "¡Bien!, entonces sígueme" Dijo tomando el brazo de Sakura para que entrara.

"Las bebidas se encuentran en aquella área, elige la que más te guste, yo estaré aquí por si necesitas algo" Sonrió levemente antes de soltarle el brazo.

La castaña se paseó por el área de bebidas con lentitud, viendo de reojo a Syaoran. Notó como este ahora en vez de estar de pie se encontraba apoyado en la mesa de la caja registradora viéndola fijamente con una sonrisa y un brillo en los ojos, casi como si estuviera…

"¿Me está sonriendo a mí?, madre mía, Kinomoto. ¿Pero en qué cosas piensas?, es obvio que no", se reprochó tomando la primera botella que vio.

Sakura le tendió la botella verde menta a Syaoran para que la cobrara.

"¡Oh, no! No, no. Esta va por mi cuenta." Dijo apartando la bebida de su mano.

Sakura volvió a entregársela mirando hacia la oficina del gerente de la tienda, no quería que Syaoran se metiera en problemas por intentar ser amable con ella. Sabía que el dueño era estricto con respecto a los productos de su tienda, en varias ocasiones lo había visto sacar él mismo a ladrones que intentaban llevarse algún producto; Kurogane-san daba miedo cuando se lo proponía.

"No te preocupes por él, debido a que es verano siempre me deja tomar una botella gratis por semana." Explicó para tomar la mano de Sakura y colocar la botella en ella. "Te regalo la mía." Sonrió infantilmente acariciando la cabeza de oso.

Sakura sintió como sus mejillas se calentaban nuevamente, si alguien le quitara el traje y la colocara en un huerto de tomates seguro pasaría desapercibida de lo roja que estaba.

"Gracias." Susurró con vergüenza, ganándose un asentimiento por parte del mayor.

Syaoran acompañó a Sakura hasta la salida del local, antes de irse, la menor hizo una torpe reverencia como despedida para después empezar a caminar hacia la intersección que daba hacia el parque pero antes de que avanzara más oyó como el castaño la llamada, volteándose hacia él para saber qué era lo que quería. Quizás había olvidado algo dentro de la tienda, ella solía ser algo despistada en varias ocasiones, más lo que dijo el contrario la dejó con el corazón acelerado y unas ganas tremendas de saltar por un puente.

"Espero volver a verte pronto, pequeña Bear Girl" Le sonrió con su característica sonrisa casi imperceptible para finalmente volver al interior de la tienda, dejando anonadada a Sakura.

Syaoran le había regalado por primera vez en la vida una de sus hermosas y sinceras sonrisas.


"¿Ya llegaste? ¿Cómo te fue hoy?" Le preguntó su hermano mayor, Touya, al llegar a casa. Este se encontraba de espaldas en la cocina preparando lo que sería su cena de esta noche, con Yukito sentado en la mesa tarareando una alegre canción.

"Excelente." Sonrió viendo la botella entre sus manos, no se atrevía a abrirla. Había sido un regalo de su amor platónico, jamás la utilizaría para que el recuerdo no se desvanezca.

"¿Puedo preguntar por qué le sonríes a la botella?" Preguntó Yukito extrañado por su comportamiento. ¿Debía de preocuparse ahora porque su casi hermana por estar tanto tiempo soltera empezaba a enamorarse de las botellas?, esperaba que no, porque no estaba dispuesto a asistir a la boda de los Kinomoto-Cola. Debía con Toya después. Urgente.

"Por nada, voy a darme una ducha y a dormir, no se queden hasta muy tarde estudiando, descansen."

"Pero, ¿y la cena? Hice tu comida favorita." Dijo Toya levantando el cucharón.

"No tengo hambre. Y no me pongas esa cara, si me da más tarde te prometo que vengo y como un poco"

"¿Segura que nada pasó?" Volvió a preguntar Yukito recibiendo un asentimiento. Por tal respuesta achinó los ojos y la apuntó con los palillos que sostenía entre sus dedos. Luego negó con la cabeza y dejó los palillos donde se encontraban, sonrió dulcemente "Está bien Sakura, descansa"

"Adiós Yukito-san", exclamó Sakura antes de subir las escaleras.

"Siento que algo me ocultas." Se giró Toya dejando de cortar verduras, muy tarde, la castaña se había ido "Monstruo malagradecido", murmuró.


Después de ducharse y acostarse en su cama, miró por un rato la botella que contenía el líquido gaseoso verde menta, al ver las burbujas pudo notar como en cada una de ellas se reflejaba la sonrisa del mayor, pro sobre todo pudo escuchar nuevamente aquellas palabras que había susurrado al momento de negarse a su petición.

"Es una lástima… Porque yo quería verte"

"El mejor día de mi vida" Sonrió abrazando su almohada y cerrando los ojos.