Título: La Primavera Prometida(IzuJirou)

Autor: Misato Mitarashi

Valoración: Adolescente. Lectura recomendada para un público de quince años en adelante

Resumen: De las costas de Japón, más de un muchacho ha partido para aprender a ser un héroe. Sea que busque aventura o un ideal superior. De entre ellos, se dice que el más grande fue Izuku, cuya vida ha sido narrada El legado de All Might y numerosos documentales, pero este es un relato de un tiempo anterior, cuando aún no era famoso.

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La primavera prometida

1

Compañero inesperado

Era un domingo frío y luminoso de junio y los relojes estaban anunciando las diez de la mañana. Izuku Midoriya, con la barbilla clavada en el pecho en un esfuerzo por escapar de las corrientes de aire, atravesó la caseta de revisión y a toda prisa se dirigió a su destino, aunque no lo bastante rápido para evitar que se colora un remolino de polvo y hojas tras el.

El gimnasio número cuatro olía a cloro y cuero húmedo. La señora de la limpieza solía pasar un paño empapado de desinfectante en los sillones del vestíbulo. Aquello lo había aprendido tras terminar con el culo goteando al inicio de su primer día.

En un extremo habían colgado un cartel de colores chillones, y demasiado grande para estar en interiores. Representaba sólo una cara enorme de más de dos metros de alto: el rostro un hombre de unos cuarenta y cinco años, rubio y bien parecido. "Plus Ultra" rezaba el eslogan al pie.

Estaba acostumbrado a compartir el gimnasio con otros estudiantes en los días laborales, pero aquella mañana estaba completamente desierto, a pesar de ser el único abierto los fines de semana. A mitad de su calentamiento, sin embargo, alguien más entró.

Alzó la vista. Era una chica de su clase: esbelta y distante. Izuku reconocía con vergüenza no tener recuerdo de su nombre, pero si de su particularidad: unos largos cables que se extendían de los lóbulos de sus orejas y podían clavarse sobre superficies sólidas y funcionar como un sonar.

Ella no le dijo nada y no trató de hacer ningún contacto visual. Izuku terminó de calentar y comenzó con la rutina de pesas. Mientras se movía, sintió que sus músculos se agrupaban y luego se extendían. Se alegró al no encontrar nada extraño. Sus heridas durante el asalto al USJ le habían estado preocupando más de lo que admitía a su madre.

El ataque organizado por los villanos había sido una experiencia aterradora: se rompió las dos piernas y el brazo derecho, mientras que Tsuyu estuvo a una pulgada de ser literalmente despedaza como consecuencia de su propio descuido, pero especialmente su miedo nacía de aquella cosa. De aquel monstro.

Lo habían llamado Nomu y a Izuku le parecía que aquel nombre no le encajaba. Izuku en realidad consideró que la descripción que el novelista H.P. Lovecraft hacía de la entidad conocida como Azatoth era más adecuada: "El negro sultán de los demonios; el que gime, gruñe y babea…"

De pronto, detrás de Izuku sonó un fuerte chirrido que lo hizo pegar un brinco y soltar la mancuerna. Escupió un improperio apenas esquivando que la pesa le golpeará el pie. Irritado se giró de golpe para encontrar a su compañera sosteniendo los cables de una bocina y mirándolo con incredulidad.

−Tranquilo, hombrecito –dijo conforme una sonrisa vaga y descarada se abría por su rostro–. Es sólo Deep Dope, no es para que te asustes.

−Me sorprendiste –explicó Izuku sintiendo el calor subir por sus mejillas−, nada más.

Una vez se hubo sobado el brazo para asegurarse que no había ganado una nueva lesión, prefirió comenzar a golpear el costal de boxeo. Toshinori solo le había enseñado los golpes más básicos, prefiriendo centrarse en el juego de pies y los quiebres de cintura. Sin embargo la práctica le ayudaba a aliviar el estrés.

Alrededor de media hora después, se dio cuenta que su compañera había dejado de moverse y lo estaba mirando. Redujo la velocidad, se detuvo y frunció el labio.

–¿Qué pasa?

–Quería preguntarte si puedes enseñarme –La muchacha agitó la cabeza, señalando el costal con la barbilla. Izuku intentó rechazarla cortésmente asegurándole que no era lo suficientemente habilidoso como para instruirla, pero la chica lo interrumpió–. De verdad necesito la práctica. El cuerpo a cuerpo es lo que peor se me da.

–Muy bien entonces –respondió Izuku con una especie de resignación culpable– Baja un poco el volumen de esa cosa y ven aquí.

Ella bajo el volumen y fue con él.

–Puedo poner otra cosa si no te gusta, ¿qué, porque me miras así?

–Por nada –respondió Izuku faltando a la verdad. No quería decirle que su olor lo había tomado tan de sorpresa que casi lo había tumbado. Cigarrillo y lavanda. Los conocía bien. El primero solía acompañar a su padre y el segundo a su madre. Ambos se mezclaban entre sí y con el olorcillo del sudor en la chica delante de él en una amalgama sorprendentemente agradable. Extrañamente femenina–. Estaba pensando que por fin me han sido útiles las vendas de repuesto.

–Diablos, no había pensado en eso –admitió–. No me digas ¿voy a necesitar unos guantes más pequeños que los tuyos, verdad?

–Por hoy no –respondió antes de comenzar a envolver su mano izquierda con el vendaje. Los dedos de la chica eran largos y delgados; llenos de callitos y grietas. Daban la sensación de ser especialmente diestros.

La imagen le trajo recuerdos de aquellos años en que su madre era más joven e intentaba convencerlo de tocar el chelo. A Izuku, siendo tan pequeño en aquel entonces, no le había interesado. Encontrando la música clásica excepcionalmente aburrida, sin importar lo apasionada que fuera su madre al respecto.

Izuku jamás había conocido más familia que sus padres: Inko y Hizashi. Sabía que su padre tenía un primo en Chiba que era profesor y con quien estaba peleado desde que éste se enrollo con una alumna menor de edad, pero nada más. Y en cuanto a la familia de su madre, todo era más neblinoso. Lo único que sabía era que había un hermano, uno que solía tocar el chelo y que terminó casado con una alemana.

–Otra vez. Lo ejercitaremos lentamente, para que puedas dominar cada movimiento. Mira como mi brazo no está del todo extendido, es como si formara una escuadra… ¿Porqué estás tan rígida?

–¡Dijiste que no extendiera el brazo!

–Eso no tiene nada que ver. El golpe sale del movimiento de cintura. Justo así. ¿Ves? No intentes frenarlo, deja que fluya en un solo movimiento.

–Bien ¿Entonces es así?

–No, acuérdate de girar la cintura… y también aprieta las nalgas.

–¿Qué diablos tiene que ver mi trasero con lanzar un puñetazo?

–Más de lo que crees. Un buen golpe se da con todo el cuerpo. Mira lo que pasa si me quedo tieso, ¿ves?, apenas se mueve el costal. A leguas se ve que falta algo, pero si giro la cintura.

–¡Jesucristo!... ¿Apretaste las nalgas?

–Mucho, ahora inténtalo de nuevo.

–¡Jaaaa!

–Muy bien. Eso fue un jab hermoso y rápido. ¿Ves porque tienes que hacer ejercicios de cintura? Continúa con la derecha. Bien hazlo de nuevo con la izquierda. Derecha, izquierda, derecha, izquierda. Y ahora, cuidado. Tienes que regresar los brazos a la guardia una vez que lanzas el golpe. Muchos cometen el error de emocionarse y descuidar la técnica. Lo que siempre acaba en lesiones. Sin mencionar que te deja abierta para que te sorprendan, ¡así!

–¡Ja! Lo vi venir.

–¡Estupendo! Nunca descuides tu entorno. Es un error que yo cometo a menudo.

–Bien, ¿y ahora qué?

–No te he dicho que pares. ¡Vamos, dale! Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Si, así, sigue. En cuanto a tu pregunta no sigue nada.

–¿Me estás tomando el pelo?

–¡Izquierda, derecha!

–Si, si ya te escuché, no me tienes que gritar.

–No te grite, exagerada. Mira lo que tienes que hacer a partir de aquí es seguir practicando, como lo hago yo. Cien con la izquierda, cien con la derecha, a diario. Y no me mires así te advertí que no estaba tan avanzado.

–Debe haber algo más que pueda hacer.

–Si de verdad estás interesada, puedo conseguir equipo de "sparring". No me viene mal un compañero. Separa un poco más los pies, te estás resbalando.

–¡Uf!

–Cuidado, casi te caes. ¿Qué te pasa, estás bien?

–Si, si, hombrecito, tranquilo. Sólo me maree un poco con tanto giro.

–Bien, quítate los guantes. Vamos a sentarnos un rato, descansaremos. Tienes que estar cansada, estuviste un buen rato en la bicicleta antes de empezar con esto.

–No estoy cansada. Estoy hambrienta.

–Rayos, yo también. Solo pillé cereal para desayunar

–Entonces, hombrecito…

–Deja de llamarme así.

–¡Ja! Cómo sea ¿Te parece que lo estoy haciendo bien?

–Si, creo que si. Quiero decir tienes la técnica, pero… bueno, me preocupan esos brazos de popotito.

–¡¿Qué dijiste?! ¡Dios! No voy a escuchar eso del tipo cuya cabeza parece un brócoli al vapor.

–Humm… Unos brócolis hervidos no estarían mal. En caldillo de tomate y algo de arroz y pollo.

–¡Agh! No empieces, que me va a dar más hambre.

–¿Estás a dieta o algo así?

–¡Pff! No, amigo. Soy una chica de vicios y eso incluye la comida.

–Deberías tener cuidado. Mi madre era delgadita, delgadita hasta hace unos años y de repente se puso rechoncha.

–¡Caray!, si que sabes como hablarle a una mujer.

–Lo que digas… ¡Ay! Por favor no me digas que ese ruido vino de tu estómago.

–Que desconsiderado eres, te acabo de decir que estoy hambrienta. Si me desmayo y muero de inanición lo cargaras en tu conciencia.

–De acuerdo, hay un lugar de fideos cerca de aquí. A esta hora no hay tanta gente, así que nos viene perfecto.

–¿Me estás invitando?

–Te estoy avisando, aprovechada. Tú pagas lo tuyo.

–No te vayas a indigestar por ser tan caballeroso.

–Bien, tú ganas, mujer. Yo me encargó de pagar. Vamos antes de que se haga más tarde.

–Solo déjame desconectar el teléfono de la bocina.

–Me adelanto, entonces. ¡Date prisa!

–¿Cómo qué te adelantas? No tengo idea dónde diablos es. ¡Vuelve aquí!


AN: Originalmente quería comenzar con un capítulo introspectivo que diera pistas de la problemática general que mueve la historia; pero como hasta ahora no he tenido mucho éxito en intentos previos opté por esto.

Espero no decepcione a los que ya están acostumbrados a mis one-shots más dramáticos. Las cosas serán un poco ligeras al principio en lo que se acaba de ajustar el escenario.

¿Han tenido problemas para seguir el muro de dialogo de la última parte? La estaba escribiendo normalmente, pero había un punto llegado a las tres mil palabras en que no había avanzado mucho y todo el asunto se estaba empantanando.

Incluso pensé en poner "Ellos entrenaron y luego fueron por fideos" y continuar el capítulo ahí, pero se sentía un poco demasiado brusco. Así que opté por copiar esos diálogos teatrales tan comunes de Geralt de Rivia. Espero que no sea desagradable de seguir. Aunque supongo es la consecuencia de poner a tus personajes a hacer algo tan banal como lanzar puñetazos, en vez de algo que mueva la trama; pero bueno realmente prefiero hacer cosas como esta que un AU donde son amigos de la infancia.