La casa se mostraba lúgubre ante los ojos de cualquiera, la rubia corría por los pasillos en busca de salida, hace unos minutos había llegado y sin duda alguna quería irse lo más antes posible.
Llego a la puerta de entrada donde una chica se mostraba más siniestra que la mansión, su cabello era negro y estaba mojado a causa de la lluvia, un bonito ojo castaño y azul sin vida que resaltaban ante una piel pálida tan fría como los habitantes de la mansión, tenía una complexión delgada y las facciones del rostro suaves.
-C-corre mientras puedas, e-estás personas no son n-normales –le advirtió la rubia, pero fue innecesario.
-Sé que son vampiros, la muerte puede olerse a kilómetros –dijo teniendo una capucha negra por encima de su cabello que estaba mojado a pesar de estar escondida.
-¿E-estás bien? –pregunto al mirar por debajo de su capucha, el puente de la nariz la tenía rasgada y su mejilla igual.
-Sí, pronto sanara –respondió indiferente.
-¿T-tú también eres…? –la interrumpió la chica.
-¿Vampiro? No, pero tampoco necesitas saber que soy, sino quien soy –la miró a los ojos como si buscase algo que no encontraba.
-Y-yo soy Yui Komori, ¿tú eres? –pregunto la rubia de ojos rosados, sin duda alguna era bonita, su piel era blanca, era demasiado delgada que parecía romperse si se doblase.
-Phoenix, a secas.
-Es un gusto… Phoenix –sonrío al pensar que la chica había decidido evitar cualquier tipo de formalidad.
-No pienses mal, simplemente no quiero dar a conocer mi apellido –cerro los ojos y abrazo un estuche color rojo.
-¿Qué llevas ahí dentro? –trato de cambiar el tema.
-Mi violín, nada en especial.
En la habitación llegaron seis muchachos, quienes eran vampiros, uno de ellos se dignó a acercarse y hablar con las jóvenes que se encontraban platicando.
-¿Y usted es…? –pregunto un azabache con el ceño fruncido, sus ojos eran de un precioso rojo que se escondía a través de unas gafas.
-Ya lo he dicho, Phoenix a secas.
-Bueno, Phoenix a secas permítame preguntarle, ¿Qué hace aquí? –volvió a formular preguntas.
La chica no se dignó a hablar, simplemente señaló a un rubio con los ojos cerrados recostado en un pilar que pareció ''ver'' como la chica lo señalaba.
-Ellas son las nuevas novias de sacrificio –la voz aburrida del rubio sonó por la habitación y simplemente logró que todos los jóvenes pusieran sus miradas en las chicas mientras el silencio se hacía presente.
-Eh~ ¡qué bien! Tendremos a dos bitch-chan –sonrío un sombrerero rompiendo el silencio.
-¿Dos? Normalmente sólo es una, ¿verdad Teddy? –un chico que parecía más un lindo niño hablaba con un oso que parecía llamarse Teddy.
-Entonces su estancia será muy larga aquí, permítame presentarnos –volvió a hablar el chico de las gafas.
La rubia de ojos rosados asintió no muy convencida de permanecer en aquel lugar junto a esas personas mientras que la castaña de ojos heterocromía se mantenía indiferente.
-El de ahí es Shuu, el mayor de todos –presento el de gafas señalando al rubio que mantenía los ojos cerrados.
-Que molestia –abrió sus parpados dejando ver unos preciosos ojos color zafiro que miraban hacia la nada, podía notarse el vacío dentro de ellos y la soledad en el rostro.
-El segundo soy yo, Reiji –se señaló a sí mismo.
Phoenix levanto la mirada hacia la muchacha que miraba todo con confusión y después cerro sus ojos mientras parecía asimilar un par de cosas.
-Continuare, los trillizos Ayato… -quien interrumpió a Reiji.
-Ofrézcanle todo a Ore-sama –un pelirrojo de unos hermosos ojos esmeraldas que miraban sobre los demás cual rey.
-Kanato… -paró por un momento sabiendo que lo iban a interrumpir.
-Espero que no sean muy ruidosas –el mismo chico pelimorado se escondió detrás de un oso con parche, pero aun así se podía ver los ojos igual a su cabello que reflejaban tristeza, decepción y cansancio por no poder dormir.
-Raito –finalizó dejando que el nombrado hablase.
-Es un placer tenerlas aquí~ -esta vez un castaño de iguales ojos esmeraldas al primero se ganó la atención de Phoenix que desvió su vista sonrojada provocando una risita del castaño.
-Y el último hijo, Subaru –suspiro con cansancio al nombrar a cada uno que interrumpía a Reiji cuando podía.
-Tsk… -se cruzó de brazos un albino de ojos rojos casi iguales a los de Reiji, pero en estos podías ver como un odio profundo aparecía en ellos.
-Ahora ustedes deberían presentarse formalmente –Reiji miro hacia ambas con arrogancia e intimidación que sólo funciono en la pequeña rubia.
-M-me llamo K-Komori Y-Yui –trago mirando a la encapuchada.
-Es de mala educación entrar a una casa ajena con una capucha.
Phoenix a lo que dijo tomó el inicio de su capucha y se la quitó. Su cabello castaño estaba sucio y mal cuidado, pero aun así su cara era bonita a pesar de unas cuantas cortadas del puente de la nariz y mejilla. En su cara había unas cuantas manchas de lodo y sus ojos mostraban bastante cansancio, su flequillo escondía su ojo derecho, los labios resecos y entrecortados, pero la piel pálida la hacía parecer un cadáver.
-Qué falta de higiene, puedes presentarte después de darte una ducha –el azabache chasqueo los dedos y en eso apareció una sirvienta que la guio hacia un baño.
