N.A. Por obvias razones, pasó mucho tiempo antes de que decidiera darle una oportunidad a esta serie. (No me miren así, es una serie de Ponis, ¿qué esperaban?). Pero recientemente (llámese más o menos un mes atrás), gracias a algunos Reviewers que sigo en Youtube que daban muy buenos comentarios sobre ella, y acompañaban sus palabras con cortos e imágenes de episodios, no pude evitar sentirme curioso. Así que hace poco me acabo de terminar de ver todos los episodios de la Primera y Segunda temporada, y tengo que decirlo: Me encantó. Pese a lo que puede parecer en un inicio, resultó ser una caricatura realmente inteligente, divertida y entretenida, al nivel me atrevería decir de otras interesantes que han salido últimamente como Hora de Aventura, Gravity Falls o Phineas y Ferb.
Así que decidí escribir algo sobre esta serie, partiendo de algunas ideas que me fueron brotando conforme veía los episodios, así que éste sería de cierta forma como un "piloto" o "borrador" de ello. Como leyeron en la descripción, la historia estaría basada "casi" por completo en la línea argumental del episodio "The Last Roundup" de la Segunda Temporada, pero habría varias situaciones y diálogos muy diferentes al original. Por ejemplo, de entrada, los personajes en esta historia serían humanos. No, no es en el mundo de la película de Equestria Girls (aunque por motivos prácticos, en mis descripciones de los personajes puede que me base un poco en los diseños de dicha película), sino que sería en el mismo mundo que conocemos en la serie, pero si éste fuera habitado por humanos, o más bien por seres Antropomorfos de colores, y no Ponis. ¿Por qué? Pues… Simple capricho personal, me siento más cómodo de esta forma. Si no les agrada este cambio, son libres de no leer.
Ahora, además de que los personajes sean humanos, aprovecharé este experimento para ingresar algunos cambios, varios interesantes (espero) en la estructura del mundo, que si son bien recibidos podrían ser usados en una historia algo más ambiciosa (por ello menciono que podría ser como un "Piloto"). También por el título y el resumen, pueden intuir que habrá un poco de Applejack y Rainbow Dash, pero es un tanto "ligera" en ese sentido al ser la primera; el porqué lo llamo "APPLEDASH I" es porque, si esto sale bien (y me dura la inspiración), podría escribir alguna otra entrega quizás.
En fin, empecemos que ya de seguro los aburrí.
Ankoku-chan
APPLEDASH I
Creí que no te volvería a ver
PARTE 1
La pobre, y para ese entonces muy hambrienta tortuga de tierra, llevaba ya casi una hora viendo fijamente su tazón vacío de comida. Ya incluso había pasado su áspera lengua por el fondo de éste, para obtener cualquier rastro restante de alimento, aunque fuera hecho polvo, pero hacía cinco lamidas que ya no funcionaba dicho acto.
De nuevo, las incesantes campanas volvían a sonar, siempre a intervalos de cinco minutos, y en cada una la asustaban tanto, que era obligada a esconder su cabeza en el interior de su caparazón. El sonido tintineante venía directamente del despertador sobre el buro. Se quedaba sonando casi un minuto entero, antes de que una torpe mano de color azul, surgiera de adentro del capullo de sabanas y ropa sucia que se encontraba sobre la cama de la habitación, sólo para lanzar un par de manotazos torpes hasta hacerlo callar al fin. Pero sólo por un tiempo, pues luego de un rato de profundo y delicioso silencio, volvía, y volvía sonar.
Todo se mantuvo en el mismo ciclo por largo rato, hasta que la criatura oculta bajo los tendidos pareció desesperarse. El capullo se agitó con violencia, y acompañado de un fuerte grito de enojo, se desmoronó por completo y salió volando hacia un lado de la cama, dejando descubierta a quien ocultaba.
- ¡Ya basta! – Se escuchó como resonaba con ímpetu por todo el cuarto.
La joven de piel azul, y cabellos largos y puntiagudos, al parecer pintados de diferentes colores: rojo, morado, verde, azul, amarillo y anaranjado, volteó a ver molesta hacía su buro, clavado sus ojos purpura en el despertador redondo y de color rojo que no dejaba de sonar… Y sonar… Y sonar… Y sonar… Su respiración estaba agitada, y sus ojos estaban algo enrojecidos y adornados con un par de ojeras.
- ¡Ya desperté!, ¡ya desperté! – Repitió una y otra vez con voz chillona, antes de tomar el reloj entre sus manos y apagarlo de una vez por todas. – ¿Por qué tanto alboroto? Si sólo son las….
Su voz calló al ver con claridad la hora marcada por las manecillas: las Nueve horas con Cuarenta y siete minutos, y contando. No podía ser cierto. Había puesto la alarma para las nueve en punto, y claramente la había dejado sonar en espera sólo unas… ¿Nueve veces?
- ¡¿Qué queeeee?! ¡No!, ¡No!
De un brinco, la atlética y enérgica Rainbow Dash salió de la cama, y se dirigió directo y sin espera a su armario, esculcando entre la ropa para encontrar cualquier prenda limpia disponible.
Su amiga Applejack, la Vaquera cultivadora de Manzanas de la granja Sweet Apple Acres, partiría esa misma mañana rumbo a la gran capital, Canterlot, para competir en el Rodeo Anual de Equestria. El día de ayer en la tarde, había sido la ceremonia de despedida, en la que entre otras cosas, la Alcaldesa Mare no perdió oportunidad de elogiar a su campeona, desearle suerte… Y recordarle por centésima vez lo importante que era que trajera el premio económico que se le daba al ganador, que Applejack había ofrecido desde un inicio para reparar la Alcaldía; ésta había quedado en muy mal estado tras un desafortunado "accidente" ocurrido hace un par de semanas, cortesía de uno de los guardias al mando de Rainbow Dash.
Luego de la ceremonia, todas sus amigas habían ido a casa de la Aprendiz de Hechicera Twilight Sparkles, y de su Dragón Familiar, Spike, para celebrar un poco más, y seguir deseándole suerte a Applejack. Pese a que se suponía que el sitio era una biblioteca y un lugar de estudio, ya prácticamente se había convertido en su lugar "comodín" para fiestas. Pero esa al menos había sido un tanto más pequeña e íntima que otras. Además de los dos que vivían ahí, y de la elogiada claro ésta, había asistido, la diseñadora de modas Rarity, la tímida cuidadora de animales Fluttershy, la ayudante de repostera Pinkie Pie, y claro ella misma, Rainbow Dash, la Jefa de Guardia y encargada del orden, y futura aspirante a corredora de carreras.
Applejack se había ido temprano para descansar, pero Rainbow, que lo que menos tenía era sueño, deseaba seguir un poco más. La mayoría le siguió la corriente en un inicio, pero Fluttershy y Rarity no tardaron mucho en retirarse. Incluso la propia Twilight Sparkles y Spike tuvieron que irse a dormir. La única que seguía en pie además de ella era Pinkie Pie, quién por alguna razón siempre parecía tener energías ilimitadas. En algún punto de la noche, entre haber dejado la casa de Twilight para dejarla dormir, y llegado a la suya, Pinkie Pie y ella habían terminado en un duelo de miradas justo a la mitad de la plaza principal… ¿Por qué? No lo recordaba, y poco importaba para ese punto. No tenía idea de cuánto habían durado ahí, pero estaba segura de dos cosas: la primera, había ganado, y la segunda, había caído como un tronco en la cama justo al llegar a su habitación, y no había abierto los ojos hasta hace unos momentos en los que al fin se rindió al molesto despertador.
Mientras Rainbow esculcaba en su armario, Tanque, su Tortuga de Tierra mascota, se acercaba con pasos lentos hacia ella, empujando con su cabecita su plato de comida y arrastrando éste por el suelo. Ya se encontraba a menos de un metro del armario, a punto de alcanzar su objetivo, cuando Rainbow salió disparada de nuevo, ahora en otra dirección.
- ¡Olvidé lavar mi ropa de nuevo! ¡Y ya es tarde! – Comenzó a soltar al aire mientras se movía de un lado a otro sin detenerse. Apenas Tanque empezaba a girarse para ir hacia ella, cuando Rainbow de nuevo cambiaba de lugar sin aviso. – El tren de Applejack sale a las 10, ¡¿Por qué no me despertaste Tanque?!
Tanque abrió su pesada boca, como si estuviera por responderle algo, pero nada surgió de ella.
Cómo le fue posible, Rainbow se hizo de su atuendo deportivo, de pants y rompevientos azul, y debajo de éste último una camiseta amarilla. Una vez cambiada, se dirigió apresurada hacia la puerta de su departamento.
- No voy a llegar, no voy a llegar…
Salió hecha una fiera, azotando la puerta detrás de sí. Tanque, se quedó en su lugar, mirando con tristeza la puerta cerrada…. Que luego de unos segundos volvió a abrirse.
- Ay, ¡maldición! – Exclamó Rainbow Dash con algo de enojo, pero sobretodo apuro, entrando de nuevo a la habitación y yendo directo al área de la cocina, buscando en los estantes hasta encontrar la caja de comida para tortuga. – ¿Cuándo aprenderás a servirte tu comida solo?
Ladeó la caja de comida sobre el plato de Tanque, prácticamente vaciando todo su contenido sin consideración, hasta que la caja quedó vacía. Tanque miró asombrado la montaña de comida ante él sin saber muy bien qué hacer.
- ¿Es demasiado? Pues qué más da, estás muy escuálido. ¡No te quejes!
Tiró la caja vacía de cartón hacia un lado, y entonces volvió a salir, azotando la puerta de la misma forma en el proceso.
Bajó las escaleras de dos en dos escalones, y los últimos tres de un sólo salto, hasta llegar al recibidor de la posada. La encargada, del otro lado del mostrador, le quiso decir algo, posiblemente alguna queja recurrente sobre su ruido, o su renta, o ambas, pero ella no le dio tiempo de decir ni pio, pues se dirigió a la salida principal sin darle mayor importancia.
En cuanto salió, pudo escuchar el sonido del silbato del tren sonar a lo lejos. De ahí, había que recorrer una larga distancia a pie hasta la estación de tren en menos de cinco minutos; ningún reto imposible para la corredora más veloz de todo Ponyville, y de Equestria quizás. Emprendió la carrera en ese mismo momento con todas sus fuerzas, y todo parecía ir bien, y parecía que lo lograría, incluso con un par de minutos de ventaja… Pero al acercarse al área del mercado, tuvo que frenar en seco, hasta que sus tenis casi sacaron humo por la fricción con el empedrado.
Parecía como si la mitad de Ponyville se hubiera puesto de acuerdo para amotinarse en ese sitio y en ese momento, pues había una gran cantidad de gente viendo varios puestos, que por alguna razón eran muchos más de los que había normalmente… Y casi todos parecían ser de muebles. ¿Qué era todo eso?
Rainbow alzó su mirada hacia la pancarta colgada a un metro sobre su cabeza, de color amarillo, que contenía con letras moradas:
GRAN CONVENCIÓN DE VENDEDORES DE HAMACAS, CAMAS, SILLONES, Y DERIVADOS DE PONYVILLE
- ¡Ay!, ¡Por favor! – Exclamó con furia, chocando su pie derecho contra el suelo. – ¡¿Cuántos vendedores de hamacas, camas, sillones y derivados hay en Ponyville?!
Tendría que rodear el mercado e irse por el camino largo, pero entonces le tomaría mucho más tiempo; ni en su mejor día podría llegar antes de la diez a su destino.
- No me queda de otra. – Murmuró para sí misma, y entonces se agachó, bajando sus manos hasta la altura de sus tenis.
Se suponía que no debía de hacer eso sólo porqué sí, pero eso no era sólo porqué sí; era una emergencia… O algo parecido. Pegó sus dedos a los costados de su calzado, y luego los recorrió con un solo movimiento rápido hacia el frente. Los tenis blancos y azules comenzaron a brillar con intensidad, tanto que por unos momentos no fueron visibles. Su forma y tamaño comenzaron a distorsionarse, y el brillo blanco que los cubría terminó por esfumarse en cientos de pequeñas luces. Sus pies ya no vestían los mismos tenis, sino un par de patines azules, con alas blancas a los costados que se alzaban como las alas de un ave. También, un poco debajo de las alas, en cada patín se encontraba un símbolo similar a un relámpago, de color rojo.
- Muy bien, ¡andando!
Emprendió ahora de nuevo la marcha, pero sus movimientos eran posiblemente diez veces más rápidos de lo que eran cuando estaba corriendo con sus propios pies. Se deslizaba como un rayo entre la gente, dejando detrás de ella una estela de colores brillantes como su cabello. Esquivaba a todos con gran agilidad, pero asustaba a algunas personas, principalmente a aquellos que sólo alcanzaban a ver un franja de colores pasar delante de ellos, y una ráfaga de aire golpeándolos, los que los hacía dejar caer sus canastas de compras, o incluso caer ellos mismos al suelo de la impresión.
- ¡Lo siento!, disculpe. Yo lo pagó después. ¡Eso ya estaba roto!
El tren a Canterlot ya estaba en la estación, se había recargado de carbón y la mayoría de los que viajarían en él ya estaban instalados en sus asientos. Aun así, en el andén se veía un grupo numeroso de personas, pero lo que más resaltaba era un enorme caballo color café, con crin y cola anaranjada, que estaba parado tranquilamente sobre los maderos, viendo fijamente con ojos adormilados el enorme tren delante de él.
- Al fin llegó el día, Apple Storm. – Se escuchó que una vocecilla con acento campirano pronunciaba a su lado, mientras unas manos de piel naranja le acariciaban su cabeza y lomo. – El Gran Rodeo de Equestria, el más grande e importante de todo el reino. Los mejores estarán ahí. Pero tú y yo los superaremos a todos, ¿no es así amigo?
Applejack era de cabellos rubios y largos, sujetos con una cola de caballo, tenía ojos granes y verdes. Su piel era de un tono naranja claro, y tenía algunas pecas decorándole sus mejillas. Vestía su distintivo sombrero vaquero en su cabeza, camisa amarilla a cuadros, jeans azules y botas. En su espalda cargaba una mochila grande de color verde, con el dibujo de una manzana al frente, y en el suelo a su lado se encontraba una maleta rectangular.
- Apple Storm se ve nervioso. – Pronunció la vocecilla animada de una niña, que apenas y le llegaba por encima de la cintura. Se había puesto de pie frente al caballo, extendiendo su mano lo más que podía para acariciarle su cabeza; éste apenas y le ponía atención. La pequeña, tenía cabellos rojos y largos adornados con un lindo moño rosa, piel amarillo claro, y ojos cafés. Usaba un overol de mezclilla corto, y camiseta amarilla.
- Por supuesto que no lo está. – Enfatizó Applejack con firmeza. – Nos hemos preparado durante años para este momento. Lo que está es emocionado, ¿cierto?
Apple Storm sólo respondió con un fuerte relincho, que bien podría ser un sí o un no.
Su familia, su hermana pequeña Apple Bloom, su hermano mayor Big Macintosh, y su Abuela Smith, así como su grupo de amigas y la propia Alcaldesa, habían ido a despedirla a la estación, y todos estaban reunidos en el andén, esperando que fuera hora de partir.
Cuando faltaban algunos minutos para las diez, uno de los conductores del tren, vestido con un uniforme azul y boina, se le acercó cautelosamente por detrás.
- Señorita, el tren partirá en cualquier momento. – Le dijo. – Mejor suba su caballo de una vez al vagón de carga.
- ¿Disculpe? – Exclamó Applejack, casi indignada, volteándolo a ver sobre su hombro. – ¿A quién le estás diciendo caballo?
- ¿Eh? – Exclamó confundido el conductor. – Pues, me refiero a…
- Cuide sus modales, señor. – Le replicó, interrumpiendo cualquier explicación posible que pudiera dar. – Está hablando del gran Apple Storm, el potro más rápido, fuerte y astuto de todas estas Tierras. No lo puedo meter a un oscuro y solitario vagón de carga solo. Se estresaría, y si se estresa antes de la competencia, no dará todo su potencial.
- No, no, no. – Intervino la alcaldesa de inmediato, totalmente alarmada por lo que acababa de oír. Era una mujer de cabello gris, con un peinado parado, piel beige y ojos azules. Usaba gafas y un traje estilo ejecutivo color gris oscuro. Se paró justo delante del conductor con firmeza y prosiguió. – Definitivamente no queremos que eso ocurra. Como alcaldesa de Ponyville, exijo que se le dé un camarote exclusivo al caballo… Digo, al señor Apple Storm.
- ¿Señor…? – Cuestionó el conductor, aún muy confundido.
- Sólo hágalo. ¿No ve que el futuro de mi Alcaldía depende de que ese caballo… que el señor Apple Storm no se estrese?
Se veía que el pobre hombre no estaba muy seguro si todo eso era algún tipo de broma, pero por el tono y expresión de esa mujer, no se lo pareció en lo más mínimo. Al final, no tuvo más remedio que encogerse de brazos, y cumplir la petición tan extraña…
Applejack tuvo que aguantarse la risa para no desentonar. La actitud desesperada y esperanzadora de la Alcaldesa hacia su premio económico le había parecido divertida en un inicio, luego algo desesperante, y divertida de nuevo para esos momentos.
- ¿Oíste eso, Apple Storm? – Exclamó Apple Bloom con fuerza. – Vas a viajar con estilo, así que esfuérzate mucho, ¿sí? – Otro relinchó volvió a salir del hocico del animal. – Y tú también, hermana.
- Gracias, Apple Bloom. ¡Ven acá ternurita! – De la nada, se le aproximó a la niña, la tomó en sus brazos y la alzó para cargarla, todo tan rápido que ella ni siquiera reaccionó hasta que ya era tarde.
- ¡Ay!, ya no soy una niña, Applejack, ¡bájame! – Murmuró con molestia mientras pataleaba.
- Espero que el cerdo desbocado sea tan sencillo de atrapar como tú.
Casi todos los presentes rieron en unisón ante la escena.
La Abuela Smith, una mujer anciana de piel verdosa y cabello blanco, se acercó hacia su nieta. Al verla aproximarse, Applejack bajó a Apple Bloom al suelo, quien se alejó de ella rápidamente antes de que intentara levantarla de nuevo.
- Recuerdo la última vez que vi el Gran Rodeo de Equestria con mis propios ojos… ¿O no? – Murmuró algo confundida. – Bueno, es igual, posiblemente no lo vi sino que lo escuche, tal vez no era el Gran Rodeo de Equestria… Y posiblemente ni siquiera era yo. Lo importante es que tú vayas a lucirte en grande y les enseñes a esos engreídos como golpeamos las verdaderas Vaqueras de Ponyville.
- Cuenta con eso, Abuela Smith.
- Y no olvides regresar con todo el dinero. – Agregó la Alcaldesa en un tono cantado, parándose a lado de su abuela. – Pero no es presión querida Applejack… Al menos de que la presión te ayude, porque en ese caso lo es, y mucha.
- Sí, alcaldesa. Cómo diga…
Sintió que un par de manos la tomaban de los hombros desde atrás y le daban media vuelta de golpe. Ahora delante de ella, se encontraba el rostro rosado, jovial, y muy, muy animado de Pinkie Pie, que la veía fijamente con sus ojos azules, mientras la sostenía de los hombros.
- Pero lo más importante, ¡diviértete! – Exclamó con más fuerza de la necesaria. – Y no tengas nervios, al menos que los nervios te ayuden, porque en ese caso canalízalos en energía positiva para ser mejor de lo que ya eres.
Pinkie Pie era algo alta, de cabello rosado oscuro y rizado, y piel rosa. Traía un vestido azul y blanco que le llegaba hasta las rodillas, y botas blancas.
- No creo que funcioné así Pinkie Pie, pero gracias. – Agradeció la vaquera un poco nerviosa por su aproximación, mientras se deshacía de su agarre gentilmente.
- Y come maní, palomitas y dulces. Te darán energía extra. A mí me funciona.
- Ya lo creo…
- Pinkie Pie, tranquila. – Intervino en ese momento la voz tranquila y más centrada de Twilight Sparkles, quien se aproximó a Pinkie, apartándolo un poco de Applejack. – Creo que en verdad la estás poniendo nerviosa.
- ¿Tú crees?
Twilight Sparkles era una jovencita de piel morada, cabello azul oscuro largo, con un distintivo mechón rosado. Tenía ojos serenos color morado oscuro, y una expresión serena en el rostro. Usaba una camisa blanca de mangas largas, y sobre ésta un suéter violeta, además de una falda negra y calcetas largas, blancas.
- No lo sé, Twilight. – Mencionó de pronto a su lado, un pequeño dragón morado de abdomen verde, que comía de una bolsa de palomitas. – El consejo de comer palomitas me parece muy válido.
- ¿Lo ves, Twilight? Spike me apoya… ¡Y casi lo olvidó! – Una vez más, Pinkie Pie se giró hacia Applejack y la tomó de los hombros. – ¡También debes de tomar Salsa Parrilla!
- ¿Salsa… Parrilla…? – Murmuró extrañada ante tal sugerencia.
- Para tener frescura extra, obvio.
- ¿Obvio? ¿Para qué necesito exactamente frescura extra…?
- ¡Pinkie!, ¡tranquilízate de una vez! – Volvió a Intervenir Twilight, ejerciendo fuerza para poder apartarla de ella.
- Pero también puede ser una soda, carbonatada baja en sodio. – Seguía diciendo mientras Twilight la jalaba. – ¡O unas mentas….!
Una vez que de nuevo sintió despejado su espacio personal, Applejack dio un largo suspiro, y luego sonrió. Todos se habían portado de una manera maravillosa con ella, desde la ceremonia en la plaza del día anterior, la fiesta en casa de Twilight y ahora esa linda despedida.
- Creo que lo que todos intentan decirte, es que des lo mejor, Applejack. – Fue el turno ahora de la dulce, y muy, muy suave, voz de Fluttershy, para darle sus palabras de ánimo. La hermosa joven de complexión delgada, piel amarillo claro, cabello rosado ondulado y ojos verdes, se encontraba en esos momentos acariciando el lomo de Apple Storm. Su tacto parecía ser muy agradable para el animal. Usaba un vestido verde, un poco largo, un sueter rosado y zapatillas.
- Daré mucho más que lo mejor. ¡Ya lo verán!
- Ese es el espíritu. – Agregó ahora Rarity con un tono propio. Era de cabellos morado oscuro, piel totalmente blanca, y ojos grandes y brillantes color azul oscuro. Usaba una blusa blanca de tela ligera, cinturón negro de hebilla gruesa, pantalones morados a la cadera, y botas blancas y altas. – No dejes que los consejos de Pinkie Pie te abrumen. En lugar de eso no olvides todo lo que te dije para la competencia de Demostración Artística a Caballo. – Chocó en ese momento sus palmas, como esperando llamar más su atención de esa forma. – Recuerda, gracia, movimientos fluidos. Menos rudeza, pero no demasiado, porque perderías tu estilo. ¿Entendido?
- Sí, algo así…
- Empacaste el traje que te confeccioné, ¿verdad?
- Sí, Rarity.
- ¿Y el de Apple Storm? Si él no lleva su conjunto, desentonarían por completo.
- Sí, también lo empaque. – Le respondió algo cansada, y dio un par de palmadas en su maleta. – Ya lo tengo todo, no se preocupen.
Sus amigas se habían tomado realmente enserio el ayudarle y aconsejarla. Rarity le había confeccionado los diferentes atuendos que usaría en cada evento, incluso los de Apple Storm; la presentación era una parte importante de la puntuación. Fluttershy había estado trabajado para preparar a Apple Storm y que estuviera fuerte y sano para ese día. Twilight Sparkles les había conseguido alojamientos en el Castillo de Canterlot durante su estancia en la ciudad, y un lugar para Apple Storm en las caballerizas de la guardia. Pinkie Pie… Bueno, Pinkie Pie básicamente se la había pasado dándole esos diferentes consejos al azar, y organizando fiestas en su honor: cuando decidió participar, cuando quedó luego de las eliminatorias, y la del día anterior ante de su partida. Incluso Rainbow Dash…
- ¡Esperen!, ¡Esperen! – Escucharon todos en el Andén que alguien gritaba con fuerza. – ¡Ya estoy aquí!, ¡esperen maldita sea!
En cuanto todos voltearon hacia atrás para intentar ver quien estaba gritando, lo único que pudieron ver fue una estela arcoíris entrando a la estación, y luego saliendo hacia el Andén, al tiempo que parecía intentar frenar, rayando y rasgando la madera del suelo en el proceso. Todos se hicieron a un lado a tiempo para esquivarla, a excepción de Applejack, que de un parpadeo a otro terminó siendo tacleada por la misteriosa figura, cuando aún iba a considerable velocidad.
- ¡Ah! – Exclamaron ambas con fuerza, quedando prácticamente estampadas contra el tren por unos segundos, y luego cayendo de nuevo al suelo de madera como rocas.
Cuando todos los colores y polvo se disipó, pudieron ver mejor lo que había ocurrido, aunque muchos ya lo habían supuesto desde el inicio. Applejack se encontraba boca arriba el piso, y la recién llegada Rainbow Dash se encontraba sobre ella, aplastándola con todo el cuerpo. Ambas parecían algo aturdidas por el golpe.
- Siempre tienes que hacer una estrepitosa entrada, ¿verdad Rainbow Dash? – Comentó Rarity con ligera irritación.
- ¡No!, ¡Applejack! – Gritó aterrada la Alcaldesa, justo antes de correr apresurada hacia ellas, tomar a Rainbow Dash y literalmente lanzarla hacia un lado con fuerza. – ¿Estás bien, pequeña? No te lastimaste, ¿verdad? Ningún hueso roto, ¡dime que no hay ningún hueso roto!
- Ay, estoy bien Alcaldesa, descuide. – Respondió la chica de cabellos rubios al ponerse de pie, aunque aún se veía algo atolondrada.
- Rainbow Dash, ¿acaso usaste tu Elemento de la Armonía? – Le cuestionó Fluttershy con curiosidad, ayudando a su amiga a ponerse de pie.
- Se me hacía tarde, ¿de acuerdo? – Se excusó la chica de piel azul.
En efecto, había tenido que usar el poder especial de su Elemento de la Armonía para poder moverse a una gran velocidad y llegar a tiempo. Por un momento parecía que no lo lograría, pero ahí estaba, aunque hubiera preferido no chocar como un caballo desbocado contra la persona a la que iba a despedir.
- Te quedaste dormida, ¿cierto? – Escuchó que el distintivo acento de Applejack le preguntaba a sus espaldas. – No es de sorprenderse. Comencé a creer que no tenías pensado venir.
Rainbow Dash se volteó unos momentos hacia un lado, intentando disimular el ligero sonrojó que se le había asomado en las mejillas tras el comentario. En efecto, no podía negar que había sido justo como ella decía.
- ¡Pero al final llegué!, ¿o no? Además, ¿creías que iba a dejar que te fueras sin tu golpe de la suerte?
Antes de que Applejack pudiera reaccionar, Rainbow alzó su puño derecho, y le dio un fuerte golpe con notoria fuerza en su brazo derecho.
- ¡Oye! – Exclamó Applejack adolorida y molesta, sobándose el área golpeada. Casi por mero reflejo, ella misma alzó su propio puño, y le propino un golpe similar en su brazo.
- ¡Auh! ¡Ese me dolió!
- ¡¿Y crees que el tuyo no?!
Rainbow volvió a intentar golpearla, pero Applejack la tomó de las muñecas para detenerla. Ambas empezaron a forcejear, y de la nada terminaron de nuevo en el suelo, empujándose mutuamente, y e incluso intentando patearse, todo de una forma más agresiva que amistosa.
- ¡Déjame!
- ¡Tú empezaste!
Por su lado, Twilight, Fluttershy, y Rarity, las miraban a un lado, sin saber muy bien si intervenir y separarlas. Pero quién no parecía tener dudas sobre qué hacer, era Pinkie Pie.
- ¡Qué bien!, ¡bolita! ¡Yo también quiero! – Gritó con energía, un instante antes de saltar al frente y tirarse libremente hacia sus dos amigas.
- ¡No Pinkie…! – Le gritó Twilight, intentando detenerla, pero fue demasiado tarde. La chica de cabello rosado cayó como roca sobre Applejack y Rainbow Dash, quienes se vieron obligadas a dejar de pelear, sólo para exclamar un profundo gemido de dolor en unisón.
- Qué divertido, hagámoslo más seguido, ¿quieren?
- ¡No! – Le respondieron las dos al mismo tiempo con enojo, quitándosela de encima.
Cuando lograron incorporarse de nuevo, el silbato del tres estaba sonando con fuerza.
- ¡El Tren a Canterlot está a punto de salir! – Gritó con fuerza el conductor desde las escaleras de la locomotora. – Todos abordos los que vayan a abordar.
Era el aviso para partir. Applejack se dirigió de inmediato a su maleta, y tomó las riendas de Apple Storm para empezar a guiarlo hacia el tren.
- Esa es mi señal, amigos. Es hora de partir.
- Nos vemos en una semana, Applejack. – Se despidió gentilmente Fluttershy agitando su mano derecha, y todos la imitaron en su movimiento.
- ¡Y trae muchos listones nuevos contigo! – Le gritó Apple Bloom con fuerza, para que su voz pudiera competir con el sonido de la locomotora.
- Y mucho dinero, no olvides el dinero. – No perdió oportunidad de agregar la Alcaldesa.
Applejack hizo que Apple Storm subiera por las escaleras, y comenzara a avanzar por el pasillo, tomando por sorpresa y asustando a todos los pasajeros, aunque también llamando la atención de algunos otros, en especial niños. Antes de subirse por completo al tren, volvió a pararse en las escaleras y volteó hacia las personas que la despedían.
- ¡Haré que todo estén muy orgullosos de mí!, ¡ya lo verán – Declaró con energía. Se retiró su sombrero y lo agitó con rapidez en el aire sobre su cabeza, y todos le respondieron con gritos de ánimo.
- Oye, Applejack. – Escuchó que Rainbow Dash le hablaba, estando de pie justo frente a las escaleras.
- ¿Ahora qué, Rainbow? – Respondió la Vaquera con algo de fastidio, colocándose de nuevo su sombrero. – Ya no tengo más tiempo para seguir peleando contigo.
- ¡No es nada de eso!
Guardó silencio, bajó su mirada y estuvo picando un rato el suelo de madera con la punta de sus tenis, hasta que pareció tomar fuerzas para voltearla a ver de nuevo, y alzar su puño derecho hacia ella.
- Más te vale no perder, ¿oíste? Si lo haces me avergonzaré mucho de decir que te conozco.
Applejack miró un tanto confundida su puño alzado hacia ella, pero luego comprendió. Una sonrisa divertida se dibujó en sus labios, haciendo que sus pecas tomaran formas curiosas. Ella misma alzó su puño, chocándolo con el de su amiga.
- ¿Con quién crees que estás hablando?
Ambas se sonrieron mutuamente por unos segundos, pero entonces el tren comenzó a avanzar, lo que obligó que sus puños se separaran irremediablemente.
Todos empezaron a caminar a lado del tren, y luego a correr, agitando sus brazos y para poder despedirse y desearle la mejor de las suertes hasta el último momento.
- ¡Adiós!
- ¡Buena suerte!
- ¡Vuelve pronto!
- ¡No olvides la Salsa Parrilla!
- ¡Pinkie!
Todos corrieron a la par del tren, hasta llegar al final del Andén, y entonces la gran máquina de acero se alejó a gran velocidad, dejando una estela de humo detrás de sí. Todos permanecieron en ese sitio, mirando al horizonte hasta que ya no fue más visible. Luego de ello, poco a poco empezaron a disiparse.
- Vamos, Spike. – Indicó Twilight, comenzando a caminar de nuevo al interior de la estación. – Tenemos trabajo que hacer, y vamos atrasados.
- Qué novedad, siempre hay algo que hacer, y siempre vamos atrasados. – Renegó el pequeño Dragón, siguiendo a su dueña.
Todos se fueron de uno a uno, hasta que sólo quedó una, una chica de piel azul y cabello de colores, que seguía viendo a lo lejos, como si esperara que el tren se diera media vuelta o algo así. Luego de unos momentos, colocó sus manos atrás de su cabeza, se dio media vuelta y comenzó a caminar junto con los demás.
Esa semana terminaría por pasarse realmente lento.
CONTINUARÁ
