Esa sonrisa se va a quedar en mi memoria para siempre. Es sincera, dulce, apasionada... diez minutos antes había perdido todas las esperanzas de volver a ver una sonrisa así, pero tengo suerte, soy un hombre afortunado. Kate me coge la mano, me mira con decisión y me guía hasta mi dormitorio. Sí, me guía ella, es ella quien ha tomado la decisión esta vez, ella ha decidido arriesgarse y aún no me lo creo, tengo miedo de despertar, de que esto sea un sueño... Ella vuelve a mirarme y a mitad de camino se para, acaricia mi mejilla, como si pudiera leerme el pensamiento, vuelve a sonreír y en ese momento sé que todo es real. Es ella, está aquí, conmigo y no va a marcharse, no va a huir.
He notado su miedo, no quiero que esté así, quiero hacerle feliz, recompensarle por todos los días que estaba ahí solo para sacarme una sonrisa. Y también yo quiero ser feliz, disfrutar de ese hombre único, tan distinto a todos los demás. Llegamos a su cuarto y él vuelve a arrinconarme, besándome con pasión. Siento que estoy perdiendo todo el control de mí misma, o mejor dicho, ya lo he perdido. Ahora solo hay una palabra en mi mente. Rick. Los besos de Rick, las caricias de Rick, los ojos de Rick, solo eso, Rick y no necesito nada más. ¿Quién necesita más cuando siente que ya lo tiene todo? Empiezo a responder a sus besos, su lengua explora mi boca mientras que yo juego dentro de la suya. Sus besos son adictivos, una droga, una maravillosa droga que no hace daño, solo da placer, placer, seguridad, amor... Él abandona mi boca para volver a mi cuello, no puedo contener un suspiro... antes junto a la puerta había descubierto mi punto débil y ahora quiere disfrutar y apoderarse de él. Y yo desde luego le dejo. Enredo mis dedos en su pelo y se separa mirándome. Mi pecho sube y baja, deprisa, lo miro y le vuelvo a sonreír. Camino hacia adelante, obligándole a ir hacia la cama, pero a mitad de camino se para. Lentamente voy quitándole cada botón de su camisa, acercando mis labios a la piel que voy dejando al descubierto.
Me está volviendo loco, la necesito, la deseo, la quiero, ahora. Pero la dejo seguir a su ritmo. El último botón ha cedido y me quito la camisa, dejándola caer. Sus labios vagan por todo mi torso, mientras que mis manos van a su pelo. Me deja un rastro de besos y vuelve a mis labios. Sonríe en mi boca, es maravillosa, perfecta. Volvemos a besarnos mientras que yo le quito la cazadora y también la camisa, dejándola en sujetador. Vuelvo a ver su cicatriz, la beso de nuevo, durante unos segundos, esa marca se quedará en su pecho para siempre, pero también dentro de mí. La oigo gemir mientras que vuelve a enredar sus dedos en mi pelo, mis manos van hasta el broche de su sujetador, está empapado, toda ella está empapada, pero su piel no está fría, es cálida, muy cálida y suave y huele a cerezas. Me suplica. -Por favor. -No la hago esperar más y desabrocho la prenda, que ella deja caer al montón de ropa que ahora hay en nuestros pies.
Estoy medio desnuda delante de él y a pesar de mi pantalón empapado no siento el menor frío, solo calor. Un calor asfixiante, pero que no agobia, es... excitante, sí, esa es la única palabra que se me ocurre cuando él me toma de la mano y me tumba en su cama. Se echa sobre mí con cuidado y lentamente empieza a explorar mi piel desnuda. Primero los hombros, luego mi cuello, mis labios de nuevo, y después mis pechos. Mi cuerpo se arquea involuntariamente, quiere más y yo también. Él me mira por un momento, su ojos están oscurecidos, puedo notar su deseo en ellos, es tan fuerte como el mío. Su lengua vuelve a tomar un pecho y juega con él hasta hacerme enloquecer, mientras que sus dedos acarician el otro, hasta que cambian los papeles. Algunos gemidos, cada vez más intensos se escapan de mis labios, no puedo controlarlos, ni quiero hacerlo. Quiero que me oiga, que sepa lo mucho que estoy disfrutando, que sepa que lo que siento ahora mismo es solo por él.
Sus gemidos van a hacer que pierda la cordura. Lentamente voy bajando, acariciándola con mis labios, no quiero dejar nada de piel sin besar. Cuando llego a su cintura noto como sus pantalones se interponen en mi camino y no me gusta. Vuelvo a subir y nos besamos de nuevo, nuestras bocas parecen estar diseñadas para estar juntas. Sin dejar de besarla mis manos viajan hasta su pantalón y empiezan a deslizarlo lentamente por sus largas y espectaculares piernas. Tomo uno de sus pies y lo beso con devoción, subiendo por toda la pierna. Ya lo he dicho, voy a besar cada centímetro de su piel, quiero conocerlo todo. Cuando llego hasta su ropa interior vuelvo a hacer el mismo recorrido, pero ahora de arriba a abajo, en la otra pierna. Su voz me distrae. -Rick...-Sonrío, ella no quiere esperar más, ni yo tampoco. Me quito mi pantalón, que me aprieta hasta la tortura mientras que ella me mira con los labios hinchados y la boca entre abierta, su pelo está disperso por la almohada. Es una diosa, es imposible que algo tan bello pueda ser humano. Me he quedado en ropa interior y me arrodillo a su lado. Muy despacio voy bajando la última prenda que le queda y la arrojo junto al resto de ropa. Besó su cadera, la acaricio, acercándome lentamente a su clítoris, y ella empieza a gemir y a retorcerse cuando sustituyo mis dedos por mi lengua.
No puedo quedarme quieta mientras que siento como Rick me está regalando un placer que no me había dado nadie, jamás. Mi cuerpo se arquea, mis manos agarran las sábanas, mis labios dejan escapar miles de gemidos y suspiros que sé que le están volviendo loco. Siento como su lengua va cada vez más rápido, sus manos sujetan mi abdomen para que no me mueva, para que no me escape al placer. Lentamente voy perdiendo el sentido, un calor intenso se apodera de cada célula de mi cuerpo. Me abandono a él mientras que grito su nombre.
-¡RICK!
Eso ha sido música celestial, esa diosa ha gritado mi nombre como si fuera música. La noto temblar y me siento a su lado, agachándome, besando con dulzura su frente, sus mejillas, sus labios otra vez. Siento su respiración acelerada, mientras que intenta sobreponerse. Despacio se va calmando, mientras que algunas gotas de sudor corren por su pecho. Abre los ojos y los clava en los míos, me sonríe, una de sus manos acaricia mi torso, mi cuello, hasta llegar a mis labios. Su voz es un suspiro, una caricia. -Rick...-La beso despacio, lentamente, sé lo que quiere, lo que quiero, lo que ambos queremos. Me desnudo y me colocó sobre ella, que separa sus piernas, acogiéndome.
Ese orgasmo ha sido el más intenso que he vivido nunca, pero aún quiero más. Lo quiero a él y él lo sabe. Me mira a los ojos y lentamente entra dentro de mí, mis manos van a su espalda, quiero aferrarme a él, quiero sentirlo profundamente, fundirme con él. Lo escucho gemir de placer y mis gemidos se unen al suyo. Se separa un poco y vuelve a hundirse dentro de mi cuerpo, una y otra vez. Vamos estableciendo un ritmo, ni muy rápido ni muy lento, queremos disfrutar de ese momento, darle al otro lo mejor de sí. Nuestros labios no se cansan, nuestros gemidos se ahogan en la boca del otro. De repente él empieza a acelerar el ritmo y yo vuelvo a sentir como ese calor se está apoderando de mí. Mis uñas se clavan en su espalda, mis piernas se aferran a él y mi cuerpo convulsiona. Siento como me sigue y la danza se detiene. Nos quedamos abrazados mientras que recuperamos el aire.
Ha sido lo mejor que me ha pasado en años, no tengo palabras para describirlo. Despacio me separo de ella y me tumbó a su lado. Kate se recuesta de lado, mirándome, sigue sonriendo, feliz. La atraigo hacia mí y acaricio su pelo mientras que su mano busca la mía y entrelaza mis dedos con los suyos. Cierra los ojos y su respiración se va haciendo cada vez más lenta y profunda. Debe de haberse quedado dormida, o eso creo, porque entonces, con una voz baja, susurrante, tierna, me lo dice.
-Rick... yo también te quiero.
