Dos formas y una tercera
Cap. 1: La pocilga
Holas, primero quisiera hacer lo que se hacer antes de empezar un partido, marcar las líneas del campo de juego. Para conocer un poco mejor la situación empecemos con un POV (Point of View) de uno de los personajes del fic.
Sin más que decir...
My Little Pony no es de mi propiedad, no hago este fanfic con ánimos de lucro.
Suena la alarma, me pongo de pie y veo mis pies ¡qué curioso!, no recuerdo haberme puesto la pijama, tampoco recuerdo mucho de la noche anterior... ¡Este dolor de cabeza es terrible!.
Seguro la pasé en el bar otra vez, olvidarla se me hace cada vez más difícil y hasta me cuesta bastantes bits. Hmm, no recuerdo haber apuntado eso, pero en mi calendario pegado a la pared veo marcada la fecha de hoy, es sábado pero eso no me impedirá ganar algo de dinero extra.
Suspiro un momento y veo con detenimiento las marcas que dejé para saber si alguien entró en mi departamento... Nada, tampoco habría mucho para robar, casi todo lo que tengo es viejo o está roto y mis ya escasos ahorros están en una cuenta bancaria. Miro mi billetera.
– ¡Demonios, no cargo nada!
Maldije porque no quería tocar ese dinero, me queda muy poco y ese dinero es para emergencias y para mi retiro.
– A este paso moriré en un contenedor de basura.
Suspiré otra vez, vi que había dormido con la ropa con la que normalmente trabajo, un traje amarillo pálido (creo que algunos lo llaman kaki), una corbata marrón y camisa banca, todo debajo de una gabardina, el típico atuendo de un estereotipo. No se adelanten a pensar que soy un detective por el simple hecho de que me visto como tal y vivo en un cuartucho en un edificio de mala muerte.
…
Ok, sí soy un detective anticuado de esos que viven en la miseria y tratan de superar una ruptura. He caído tan bajo que hasta los topos se quejan de que me encuentre en su camino. Pero mientras tenga algo para mi sustento será suficiente para mantenerme contento (GRBLRRRRR), creo que mi estómago no quiere esperar mucho.
Me lavo la cara lo más rápido que puedo, busco en el congelador algo, solo hay un trozo de pizza frío, mejor que nada. En mi mente se despertó un recuerdo que hubiera sido oportuno ayer, la cuenta del gas. Abrí el grifo del lavaplatos y el agua tampoco salía, la factura del agua. Abro una de las compuertas de la alacena y saco un frasco de café instantáneo que ya casi se había terminado.
– Bueno, sin agua ni cómo calentarlo.
No podía hacer más, así que derramé lo que quedaba del frasco de café en el trozo de pizza y me lo comí. Al guardar el frasco en la alacena pude ver una foto en un marco sencillo que me rompía el alma ver. Aquella mujer, seria, con unos ojos que penetran en lo más profundo de tu ser con su frialdad y te arrebatan todos los sentimientos para que te sometas a sus bruscos encantos.
– ¡Maldita seas por hacer que me enamore de ti, Maud Pie! ¡Maldita sea toda tu familia y las rocas de esa aburrida exposición de geología a la que fuimos!
Aquella que con un tono indiferente me dijo que no podíamos estar juntos, que no éramos el uno para el otro, eso lo hizo justo el mismo día que estaba por declararme y pedirle matrimonio en esa exposición de geología del museo de Canterlot. No era un lugar que me gustaría visitar en mi tiempo libre, pero lo hice con gusto para complacerla, sabía que a ella le encantaban esos temas.
Suficiente de revolcarme en mi propia miseria. Se hace tarde y tengo que ir a la estación de trenes. Reviso mis bolsillos y respiro tranquilo al sentir que mis bienes más valiosos siguen en ellos.
– Vamos, esos delincuentes no se atraparán solos, cómo desearía que fuese fácil.
Tras un viaje de media hora llegamos a la calle principal, estaba esperando a que el semáforo indicara que podíamos cruzar la calle. Una niña que se agarraba de la mano de su madre me miró con esos ojos que solo los ángeles podrían tener, los niños me encantan. Me preguntó con su voz aguda.
– Señor ¿ese juguete es para su hijo?
– ¿Te refieres al que tengo en el bolsillo?
– Sí, es grande y se sale del bolsillo.
– No es solo un juguete, es mi mascota, me acompaña a todos lados – le dije poniéndome a su altura y extrayendo el animal de mi bolsillo –. Todos necesitamos amigos, por eso tengo este amigo que siempre me acompaña.
– Disculpe – interrumpió su madre, una dama con una mirada bastante graciosa –, le estoy enseñando a mi hija que no hable con extraños.
– Lo siento, pero con todo respeto ¿cómo hará amigos si no habla con nadie?
– Hum – se puso a pensar un rato –. Supongo que tiene razón, y ahora estoy hablando con un extraño ¿quiere ser mi amigo?
– Me gustaría mucho, pero, ¿eso no incomodaría al padre de la niña? – le dije con la intención de no incomodar demasiado y posiblemente obtener una cita con una madre soltera que mantenía buena figura –.
– No lo creo, su padre es un buen sujeto y no es celoso ¿verdad, cariño? – dijo volteando a su izquierda hacia un sujeto de traje marrón con estilo británico y una cadena de reloj sobresaliendo de su bolsillo.
– Buenos día, me temo que no hemos sido presentados apropiadamente – respondió el caballero con refinado acento europeo –. Ejem – aclara la garganta –. Soy el Dr. Whooves, Ellas son Ditzy, a quien de cariño le dicen Derpy y nuestra hija Dinky.
– Yo, perdón – me puse nervioso ante tanto protocolo al saludar, pero qué se le podía hacer con un hombre que de seguro fue educado en la alta sociedad – me llamo...
La conversación fue interrumpida por la bocina de un vehículo que aparcó en frente.
– Lo lamento, no hay tiempo para esto, nos veremos en otra ocasión .
Me disculpé y salí corriendo hacia el auto que se aparcó, un viejo amigo conducía y me ofrecía acercarme a la cita que tenía.
– Gracias por pasar – le agradecí rápido mientras subía al asiento del acompañante –, me vienes como caído del cielo.
– Para eso estamos, viejo amigo, para eso estamos – respondió sin voltear la mirada –.
No estaba despierto del todo, pero la vista del recorrido me entretuvo bastante, las calles habían cambiado mucho, ya casi parecía una ciudad de esas de las que hacen obras de teatro. Ponyville ha crecido bastante.
– Luces como un muerto – rompió el hielo mi buen amigo Flash –.
– ¿Y qué esperabas si algo ya se me murió?
– Lo que te pase en tu vida amorosa no tiene por qué afectarte en el trabajo.
– ¿Y eso me lo dice el señor "no volveré a salir de mi cuarto"?
– ¡Hey! Esa fue una depresión porque Sunset me dejó, no es lo mismo.
– ¿Qué tiene de diferente de lo de Maud?
– Pues que ella al menos aceptó, pero luego se retractó, eso me dejó peor que un insecto aplastado.
– Bueno, creo que eso pudo haber sido también muy doloroso.
– Además, usé mis días libres por enfermedad para no incumplir con mi trabajo, no me desmoroné como ciertos maricas.
– ¡Hey! Yo tampoco la tengo fácil.
– Y se nota, porque luces como un muerto.
– ¿ Y qué esperabas si algo ya se me murió? – al ver que la charla se repetía nos pusimos a reír como locos, dos perdedores, en uno u otro sentido –.
– Y dime ¿cuándo te animarás a entrar al escuadrón de investigadores del gobierno? Con tus referencias podrías entrar en un dos por tres.
– No gracias, no le veo razón a eso.
– ¿Estás bien como estás ahora?
– Para ser sincero, no del todo. Pero tal vez un día, si hay una buena razón o estoy muy ebrio, me decida a entrar al equipo. Si es que queda alguna vacante.
– Para ti siempre habrá un lugar esperando ser ocupado, podrías ser el que compra la comida cuando nos toca turno extra.
Nos reímos ante insultos típicos de amigos. Flash Sentry siempre ha sido el mejor amigo que he tenido, mi animal de juguete era el número dos, eso debido a que por su carencia de vida no podía hacer lo mismo que Flash, llevarme al trabajo.
– Bien, ya llegamos – dijo con satisfacción quitándose las gafas de sol –. Ve entrando, yo voy a estacionarme.
– Gracias por todo.
– Y no te olvides de dejar el informe para el comisionado Armor.
– Bueno, la clave era "Flashie432" ¿verdad? – le pregunté para confirmar la clave de su computadora, soy tan patético que ni computadora ni conexión a internet tengo –.
– Eeh nope – me corrige una voz gruesa con una palmada en la espalda –, es "Flashlight341".
– Gracias Mac... ¡Un momento!
Flash no esperó para pisar el acelerador e ir al estacionamiento del edificio.
– ¿Qué le pasa ahora?
– Yo no soy investigador, creí que tu lo sabrías – respondió con su relajado tono campirano, típico agente de campo, literal y figuradamente hablando, porque creció en una granja al Sur –.
– Si Flash está actuando raro debe haber una causa, y para descubrir esas cosas soy bueno... ¡A la computadora de Flash!
NANANANANANANANANA...
Eso lo dije a modo de broma, me estaba acordando de la vez que vi esa serie antigua "Batman", interpretada por Adam West.
En fin, cuando llegué a la computadora de Flash, para transcribir el informe que llevaba en una libreta que me acompañaba en mi bolsillo junto a mi animal de juguete. Solamente yo podía sacar la libreta sin hacer que el animal de juguete accionara el silbato que tiene dentro haciendo un sonido bastante hilarante. O eso imaginé hasta ese día.
Una joven de pelo rosado y rizado, vaya que hace rima, sacó la libreta de mi bolsillo, ojeó las páginas y me vio con cara sonriente.
– Hola, soy Pinkie Pie, – me estrechó la mano – espero que podamos llevarnos bien. Esta noche voy a hacer una fiesta de bienvenida a los nuevos integrantes por la fusión de las oficinas. Por cierto, tienes una mala caligrafía, pero no te sientas mal por eso – se me acercó al oído como para hablar de un secreto –, conozco a alguien que tiene una caligrafía terrible –.
– ¡Pinkie! – interrumpió una joven con el pelo morado y una franja de vivo color – Ya te dije que no vayas por la oficina contándoles a todos.
– Vamos, solo estaba hablando con mi nuevo amigo. ¡Ah, me olvidé de darte tu invitación! – y extrajo el sobre de su abundante y esponjoso cabello – Aquí tienes, no llegues tarde.
Ella se despidió y salió acompañada por su amiga. Supongo que estaría bien aprovechar un poco de convivencia con los chicos de la oficina, además de que así no tendría que pagar la cena y podría tomar algo para el día siguiente.
Pasaron ya dos horas y Flash apareció.
– ¡UFF! Esos documentos son cada vez más complicados. Debería ser más directo. Atrapar al delincuente, mostrar la evidencia y directo a la cárcel, no juicios, apelaciones y cosas aburridas con los abogados. A este paso quedan libres.
– A mi también me sacan de quicio esos procesos legales y la burocracia, no entiendo cómo alguien en su sano juicio disfrutaría estar leyendo una montaña de papeles.
En ese mismo instante vi a la chica que acompañó a Pinkie Pie pasando por la oficina de en frente dando pequeños saltos con una gran cantidad de papeles en los brazos.
– Bueeeeno – dijo Flash demostrando el punto –. Parece que ya estás conociendo al nuevo personal de la oficina.
Me quedé viendo la escena, Pinkie y su amiga hablaban sobre no se qué, lástima que no alcanzo a leerles los labios, y de repente Pinkie pone una cara muy alegre y lanza serpentinas mientras baila alrededor de su amiga, es como si le hubiese concedido permiso para algo, luego la amiga de Pinkie se sienta en su escritorio y se pone a leer los archivos con una sonrisa. Me puse súper nervioso cuando levantó la mirada por un segundo hacia nosotros, esto lo repitió varias veces.
– Ni se te ocurra – dijo Flash saludando hacia la oficina de en frente con una sonrisa –, ya me la aparté y no pienso dejarte oportunidad, ni siquiera por tu situación.
– ¿Debo suponer que "light" es parte de su nombre? A menos que sea "341", o peor "Flash".
– ¿Tienes que decir la clave de mi computadora en voz alta para que todos la oigan?
– ¡Pero si todos la sabemos! – gritó Pinkie desde la otra oficina –.
Tanto Flash como la amiga de Pinkie estaban con un facepalm que les había quitado toda discreción posible en cuanto al asunto. Flash estaba saliendo con esa chica, luego me explico que se llama Twilight Sparkle, una brillante investigadora forense que disfruta de la lectura, niña dulce, pero con carácter. Me alegré porque uno de mis amigos estuviese superando una mala pasada que la vida le jugó.
Casi al mediodía terminé el informe y lo envié por correo al comisionado Shining Armor, quien es muy estricto en cuanto a ortografía, menos mal que no en cuanto a caligrafía. Pero con lo que envié cumplí, así que fui a pedir mi cheque.
– Tuviste un buen día – dijo con una sonrisa Lyra, la secretaria del comisionado –.
– ¿Se me nota?
– Claro, y no creo que sea solo por la paga. El comisionado Armor me dijo que le encantó la velocidad con que resolviste el último caso, que las evidencias son sólidas y que con eso es más que suficiente para que ese canalla se pudra en una celda por décadas.
– ¿Lo dijo con esas palabras?
– Bueno, te estoy contando la versión suave y apta para todo público. Pero estuvo muy contento porque ese criminal siempre nos eludía con tecnicismos. Tanto le gustó el resultado al comisionado que decidió cambiar el monto de tu cheque.
– ¡Lo-lo-lo duplicó! – dije emocionado cuando vi el número en el papelito.
– Siempre es un placer trabajar contigo... Además, sé que eres un agente externo y que no estás ligado a la comisaría, pero ¿tienes con quién ir a la fiesta de esta noche?
– Hace poco me enteré de la fiesta, pero no tengo con quién ir.
– ¿Y qué dices?
– Pues, creo que tengo algo de tiempo esta noche, solo quisiera saber primero si es algo formal o casual.
– Esa es una buena pregunta, no abrí la invitación, Pinkie fue tan específica que ni siquiera abrí el sobre.
– ¿Y por qué no los vemos ahora?
Al momento de romper el sello adhesivo del sobre salieron disparados por una explosión un montón de serpentinas y confite de colores, los dos quedamos completamente despeinados por el impacto con las tarjetas de invitación pegadas en la frente.
– Creo que me quitaré esto de la frente en el baño, creo que está pegado o algo.
– Ok, yo todavía me encargaré de algunos asuntos.
Entré en el ascensor y puse el botón del tercer piso, donde trabajaban Flash y los chicos para despedirme. En eso se subió un oficial ya entrado en años con un peluquín que no engañaba a nadie, creo que era el oficial Cranky, lo curioso no era verlo con su típico rostro serio, la tarjeta de invitación pegada en la frente era lo que más llamaba la atención.
– ¿También te invitaron?
– Sí, esa niña sigue igual que siempre – respondió escupiendo trozos de papel de colores –.
Esa tarde la pasé aburrido en mi cuartucho, al cual llamo la pocilga. Estaba contento con el aumento en la paga por mi último trabajo. A veces soy contratado por el comisionado Shining Armor para darle algo de apoyo a su equipo de investigación. Flash últimamente me ha esta insistiendo en unirme a la nómina por los rumores de un proyecto grande protagonizado por un agente de la Interpol.
El aumento en los salarios del que me habló sonaba bien, varios beneficios y un rango respetable para los que trabajen en dicho proyecto. Si un agente de la Interpol iba a estar involucrado y también habrían ventajas para los participantes, algo peligroso debía estar a las puertas.
Mis sospechas se habían confirmado con la velocidad con que se hacían cambios, nuevo personal de otros lugares, bastante papeleo desde el principio y un aumento en los recursos de la comisaría. Este no es un centro del crimen organizado, pero algo grande se acercaba.
Mucho pensar en los problemas del futuro no es bueno, así que decidí comprarme un litro de leche y un par de emparedados para rumiar en lo que espero a que llegue la hora de recoger a Lyra para ir a la fiesta. Me pasé la tarde comiendo lentamente lo que sería mi almuerzo. Me pasé la tarde viendo la televisión, caricaturas, santas caricaturas que mitigan mi dolor.
Hace mucho que no me río como aquel sábado. A las siete estaba a la puerta de la casa de Lyra, toqué la puerta y una enferma Bonbon me abrió la puerta, tapada como podía con su bata y unas pantuflas de conejo, parecía que no pudo dormir toda la noche por las ojeras y el pañuelo en la mano.
– Hola, Bonbon, no sabía que estuvieras mal.
– No es para tanto, ya me hacía falta descansar un poco de hacer dulces hasta tan tarde.
– Esa fiesta para la alcaldesa fue muy concurrida.
– Sí – se limpia la nariz –, no pude dormir por dos días y ahora la salud me está pasando la factura. Pasa, no quiero que te pegue el frío.
– ¿Y Lyra no se contagió? – le pregunté tomando asiento en el sofá –.
– No, esa chica tiene una salud de hierro.
– Hola – saludó Lyra bajando por las escaleras de caracol –, lamento haber tardado.
– ¿Quieres llamar un taxi o algo así?
– No será necesario, la dirección queda a unas ocho calles.
– Bien, caminar será bueno.
Nos despedimos de su compañera de vivienda y fuimos caminando hacia la casa de Twilight.
– ¿Y conoces a Twilight? – le pregunté –.
– Solo de vista, pero entre los archivos de transferencia de personal vi que solía trabajar en Operaciones Especiales, también la mayoría de los nuevos.
– ¿Todos de Operaciones Especiales?
– No todos, otros son de diferentes lugares, una trabajaba en el escuadrón anti bombas en Yakyakistán, otra es una especie de médico forense.
– ¿Esos son todos?
– No esperas que recuerde cada registro que leo ¿verdad?
– No, perdón si te molesté.
– ¿Y?
– ¿Qué cosa?
– ¿No vas a decir algo gracioso o a hacer cosas locas como las que hacías antes?
– No sé a qué te refieres.
– No finjas, siempre fuiste el alma de las fiestas, el comediante... – suspiró melancólica – ¿Tanto daño te hizo?
– No tienes por qué sentirte mal por mi, las cosas duras te hacen duro, es parte de madurar.
– No me esperaba eso de ti, extraño mucho a nuestro súper animador de fiestas.
– Tampoco tienes que ponerte así, después de todo, esta experiencia me hará más maduro, o más duro – le dije sonriendo –.
– ¡Sabía que quedaba algo de esa chispa!
Continuamos en silencio, hasta que llegamos a la casa indicada. Lyra me explicó antes de tocar la puerta que Twilight se había mudado de repente al barrio, que de la noche a la mañana apareció con sus cosas en el lugar. La música no estaba mal, tampoco habían demasiadas personas, pero suficientes para armar una fiesta agitada. Digamos que podríamos compararlo a una fiesta de fraternidad universitaria.
No pude evitar ver por un instante la presencia de una dama de una apariencia bastante sofisticada que estaba en el pórtico, destacaban bastante su mirada y el ondulado cabello morado que contrastaba con su blanca piel y hacía juego con su mirada seductora. Sostenía una bebida en uno de esos vasos largos con una pajilla, me guiñó y continuó con su conversación con un sujeto algo mayor de bigote.
La lógica deductiva a veces se me da bien, pero en esa ocasión solo quería distraerme. La estaba pasando bien, conociendo nuevos integrantes de las oficinas de mis amigos, uno que otro que había participado en casos a nivel internacional. Me sentía pequeño ante tantos agentes condecorados. Una soda para acompañar los bocadillos me puso mejor, también encontrarme con Flash, aunque estaba más concentrado en conversar con Twilight que con su amigo, me la estaba pasando bien siendo discreto junto a Mac, el buen y confiable Big Mac.
– Hola hola... ¿está encendido? – dijo la organizadora de la fiesta por un micrófono desde una plataforma improvisada en la sala – … Gracias, ¿cómo se la están pasando?
Todos respondieron con gritos afirmativos.
– ¿Tenemos algún contendiente para esta noche? – solicitó –.
– Primero explícales las reglas, que no todos se las saben – exclamó Twilight emocionada –.
– Es cierto Twily. Es un concurso de desafíos, los contendientes tendrán que cumplir con los desafíos que propongan 1) un amigo 2) un desconocido 3) su oponente. O también podemos hacer un concurso por ver quién es el mejor humorista, aunque no he encontrado a nadie que me sea un reto hasta ahora – dijo presumiendo y frotando sus uñas contra su suéter –. Ustedes eligen.
Flash y un tal Tunderlane subieron para hacer el primer duelo. Ambos fueron ridiculizados, nunca imaginé que mi amigo fuese uno de esos sujetos competitivos que odian perder ¡Hasta estuvo dispuesto a comer la cosa que más tiempo estuvo en el refrigerador con su equivalente en vodka! Tunderlane tampoco se quedó atrás lanzándole un piropo muy atrevido a una tal Dash, intentó incluso besarle la mano como lo haría un francés, lo que le costó una bofetada que sonó hasta el otro barrio.
Big Mac quedó en ridículo haciendo el baile de la gallina. Su contrincante, un chico vaquero llamado Braeburn, fue ridiculizado al ser humillado en las vencidas por la hermana menor de Big Mac, Applejack.
Pasaron varios turnos, varios humillados, alguno que otro saliendo con algo de dignidad en pie. Todos se quedaron en silencio cuando Pinkie subió emocionada y dando brincos.
– ¡Yo yo yoy o yo yo! ¡es mi turno, quién desafía a la legendaria Pinkie!
Parece que nadie quería desafiarla, los demás parecen haberse enterado de su marca invicta mientras confraternizaban con los nuevos.
– Hey – me golpeó Flash con el codo–, sube, no has hecho nada en la noche más que llenarte los bolsillos.
– No creo que sea buena idea, no estoy de humor para esas cosas infantiles.
– ¿Y vas a dejar que nos venzan por abandono? Eso sería vergonzoso para empezar.
– No dejaré a nadie avergonzado, no soy parte de la planilla.
– Lo quieras o no, tienes que subir... Quiero decir, mírala – señaló su rostro triste –, en cualquier momento se va a poner a llorar, en su propia fiesta.
Miré a mi alrededor, varios me miraron fijamente, la dama sofisticada también había entrado para ver el espectáculo, solo que me miró otra vez e hizo un ademán moviendo la cabeza animándome a subir.
La presión era demasiada, al final cedí.
– ¡Yo acepto el desafío!
– ¡YAY! – gritó emocionada – ¿Qué quieres hacer?
– Bueno ¿qué tan buena en desafíos eres?
– La mejor, no hay nada que no me atreva a hacer.
– Entonces... – Twilight hizo gesto de negación – te desafío... – la dama sofisticada también me hacía gestos de negación rotunda – a un duelo de comediantes.
Todos mantuvieron silencio por la tensión del ambiente, no imaginaba que Pinkie tuviera esa reputación, pero debí sospecharlo en cuanto se presentó.
– Bien, jejeje – se reía con una mirada de "te mataré dulcemente" –, acabas de firmar tu sentencia.
– Eso veremos – le respondí con un tono desafiante –.
Esa niña no sabía con quién se metía, antes de tener el trago amargo de mi rompimiento yo era conocido como uno de los mejores humoristas de todo el distrito.
La mayor parte de la fiesta se me fue de la memoria, una de las reglas era que el por cada chiste que se contara teníamos que beber un trago fuerte. Un juego de beber mezclado con comedia, el verdadero desafío era mantener la lucidez con tanto alcohol en el cuerpo.
La mañana siguiente fue dolorosa, una resaca tras otra. No estaba en la pocilga, sino en una sala bien amoblada pero con bastante basura por todas partes, creo que no alcancé a irme. No me sentí tan avergonzado al notar que me quedé dormido en el sofá. Flash y Mac estaban en el suelo, el segundo parecía haberse dado un buen golpe por la posición en la que estaba, le dolería mucho la cara por dormir así en el suelo.
El aroma de un desayuno preparándose me puso en pie de inmediato. Me dirigí hasta la cocina donde se originaba. Una aguda vocecita tarareaba mientras acomodaba las cosas en una mesa.
– Oh, ya te despertaste. Ven que casi termino la primera ronda... Anoche estuviste increíble – me felicitó –, nadie había durado tanto en una competencia de humoristas conmigo sin vomitar o algo parecido, siempre ganaba por resistencia.
– ¿Y qué recuerdas de anoche?
– Algo acerca de cómo escribes, creo que era sobre tu caligrafía, que era tan mala que ni los correos electrónicos te los entendían, eso puso a Twilight en el suelo.
– Creo que recuerdo vagamente, hace mucho que no me la paso bien.
– ¿Viste las caricaturas de ayer?
– Sí ¿por qué?
– Es que tuve que hacer un trabajo relámpago organizando la fiesta, no pude ver nada y me perdí las aventuras del Capitán conejo.
– Pues te perdiste de un gran episodio, esta vez se fue de incógnito a la isla Panda.
– ¡No me digas, eso suena como si el escritor ahora quisiera que el Capitán Conejo haga como los detectives del siglo pasado!
Curiosamente, me pasé buena parte del desayuno hablando con ella sobre las caricaturas del sábado, estaba bastante informada sobre los personajes y sus aventuras. No me había percatado de que mis amigos y algunas otras personas se habían unido al desayuno. Pinkie dejó su turno de cocinar y fue sustituida por Twilight tras quemar una docena de huevos por estar más concentrada en nuestra conversación.
Fue agradable saber que al menos una persona en la oficina entendía de lo que hablaba cuando hacía referencias a programas de televisión para niños.
– ¿Y tienes algún familiar en Ponyville ? – le pregunté por mi naturaleza inquisitiva –.
– No por el momento, tenía una hermana pero tuvo que irse a un viaje muy importante por sus estudios en la universidad, creo que está haciendo un doctorado en geología o algo relacionado con rocas.
– Espera... – ya había sospechado algo por la similitud en los apellidos, pero la diferencia abismal entre sus personalidades me hacía negarlo – Te llamas Pinkie Pie ¿verdad?
– Sí, la mayor parte del tiempo. Los desconocidos suelen llamarme Pinkie, mis amigos pueden llamarme Pinks y los más cercanos no me llaman, porque siempre estoy cerca de ellos – respondió con una sonrisa de oreja a oreja –.
– ¿Y de casualidad tu hermana se llama Maud?
– Bueno, no.
– Qué alivio – podía respirar tranquilo –, por un momento creí que tu eras hermana de Maud Pie.
– Un momento – se llevó un dedo a la boca probando un poco de lo que sacó de su plato –, creí que hablabas de mi otra hermana, porque tengo dos aparte de Maud.
"Maldición", pensé que solo era una coincidencia, pero otro trago amargo parecía servirse en la barra, creo que socializar ya no es lo mío.
Espero les haya gustado, esta es una adaptación a algo que ya tenía por hacer, como vi que la mayoría de los personajes encajaban bien con lo que quería hacer los usé. Estoy abierto a críticas y sugerencias, también un saludo y agradecimiento a Kashike, quien me animó a empezar este fic.
Sin más qué decir, se despide hasta la próxima Old Grimie.
