Invader Zim no me pertenece, y esto es un pobre intento de Fic (¬¬)
Dedico está historia a Misu-chan o más conocida por el fandom como Eldar Lisswen Sariethel. Espero que le guste, y que no sea un total fiasco.
Capitulo 1
La rata antisocial
...
Era temprano por la mañana, y Dib caminaba con algo de dificultad por la acera del centro de la ciudad, arrastrando un carro lleno de cajas de plástico herméticamente selladas.
Iba a una importante reunión a la que pudo convocar a varios científicos destacados en el campo de la astrofísica, haciéndose pasar por su padre. No le resultó tan difícil hacer esto, ahora que tenía 16 años de edad solo tuvo que vestirse con una bata blanca, aplastar su rebelde cabello con litros de gel y usar los viejos googlers que Membrana le había dado cuando era más pequeño.
Cuando planeo todo esto, organizó cada prueba y escribió un informe detallado, usando todo libro de astrobiología que pudiera adquirir por Internet. Logró hacer un buen trabajo científico, con resultados finamente analizados y datos fríamente calculados.
Ese era el idioma en el que debía comunicar su conocimiento sobre la vida extraterrestre a la comunidad científica. Aunque las pruebas de que había vida en otros puntos del universo eran contundentes, no le había funcionado en todos estos años, gritar a los cuatro vientos lo que sabía de Zim.
Aunque fuera la verdad, nadie se lo tomo en serio.
Llegó muy temprano a la reunión y preparó toda su presentación como mucho esmero. Cambió su vieja ropa, conformada por una camiseta azul, pantalones negros, botas y su gabardina negra, por un elegante traje color gris oscuro, camisa, corbata y zapatos negros.
Se acomodó cabello, tratando de que no se vea tan puntiagudo y se sentó en una silla a esperar a sus invitados.
No pasó mucho tiempo para que todos esos científicos se hicieran presentes. Las batas blancas minaban todo el auditorio y los murmullos de replica por no encontrar al Profesor Membrana allí se hacían cada vez más bulliciosos.
Antes de que comenzaran a marcharse, Dib se para en el atril y comienza a explicarle su presentación. Estuvo media hora citando a los astrónomos y astrofísicos más famosos, y los avances en el estudio de la astrobiología. Habló de complicados cálculos de probabilidad, de hallazgos realizados por sondas espaciales y de bacterias atrapadas en meteoritos que caen a menudo en el planeta Tierra y en la Luna.
Cuando tuvo la atención de muchos de los allí reunidos, decidió comenzar hablar de los objetivos de su investigación. La cara de casi todos los allí presentes, cambio drásticamente y quedaron embelezados antes las pruebas que Dib ofrecía.
Culminó con una muestra de ADN o mejor llamado compuesto silicionado desoxirribonucleico (SDN) del irken Zim, mostrando como las hélices se entrelazaban en sentido contrario a la del ADN de los seres vivos que habitaban el planeta Tierra. Estaba compuesto de materiales distinto al ADN conocido por el hombre, pero era similar en su estructura.
Cuando finalizó, esperó paciente por preguntas, pero solo escuchó un silencioso salón en donde todos se limitaban a revisar papeles y moverse con algo de incomodidad en sus asientos.
Dib frunce el seño en señal de desconfianza. Algo no andaba bien.
Finalmente, uno de los científicos se levanta y habla en voz clara. No era muy joven, estaba tan arrugado como una pasa y su voz era rezagada a medida que alababa el trabajo de Dib.
-Es increíble lo bien planteado que está este tema, jóvenes entusiastas como tú son realmente necesarios en el campo de al astrofísica, es una verdadera lastima que tus pruebas no sean reales- Dice con voz firme ese extraño hombre.
-Pero son reales, tengo las muestras aquí y el magnificador de ADN para que las vean- Dice muy acalorado Dib ante la falta de credulidad de aquel sujeto, pero otro científico lo interrumpe.
-Pudiste haber creado estas pruebas, y tratar de decirnos que pertenece a un alien, no es la primera vez que sucede-
-Tengo fotos de los órganos internos de Zim, hasta un video en donde él sale sin su disfraz de humano, además tengo su sangre para analizarla ¿Y me dice que invente las pruebas? ¿No está tratando de decirme que ustedes no entienden nada de lo que he expuesto y por eso no lo aceptan?- Dib había levantado tanto la voz, que sonaba tan prepotente como su padre.
-¿Está insinuando que nosotros no somos lo suficientemente listos para usted? Creo que hay una confusión joven Membrana, claramente está siendo demasiado subjetivo con su presentación- El anciano camino hacia el pasillo, seguido de los otros científicos. Muy pronto todos abandonaron el lugar, dejando solo a Dib con sus pruebas y su presentación armada.
(…)
-¡MALDICIÓN!-
Dib estaba en la calle, arrojando su corbata al bote de basura, junto con el resto de su presentación.
Con lo único que se quedó fue con la muestra de sangre de Zim, que la llevaba con él a todas partes desde que la obtuvo. Miró el pequeño frasco irrompible que contenía el brillante líquido color púrpura y lo presionó con fuerza en su puño derecho.
Algo le decía que si llevaba a Zim a una sala de autopsias, tendría el mismo resultado: Un sinnúmero de científicos diciéndole que había falseado esas pruebas.
-Creo que este fue mi último intento- Se dice a si mismo Dib, mientras jugueteaba con el frasco lleno de sangre de irken que tenía en su bolsillo.
Estaba feliz de que Zim no lo hubiera visto fracasar de una forma tan contundente. Había trabajado tan duro en esa presentación, que no soportaría ver al irken burlándose de su fracaso.
Dib trató de ocupar su mente en otras cosas, intentaba ver hacía donde iba su vida.
Aparentemente, seguiría siendo un héroe anónimo para las masas, peleando esa guerra secreta que solo le concernían a Zim y al él.
Comprendió que no valía la pena intentar convencer a las personas, debería pasar un poco más de tiempo para que acepten la existencia de vida alienígena, y mientras tanto solo quedaba él para defender a la Tierra de los intentos de conquista de parte de Zim.
Pero era frustrante estar solo en esa pelea.
Las calles nunca le parecieron tan grandes y solitarias, había mucha gente a su alrededor, pero nadie lo veía. Todos estaban ocupados con otros asuntos, más o menos importantes. Dib se sentía tan solo que le costo trabajo no enloquecer, nunca tuvo amigos para hablar de sus problemas, nunca pudo hablar con su hermana sin ser maltratado y jamás pudo mantener una conversación completa con su padre.
Aparentemente él era el problema. Era él el que no se adaptaba, el que se negaba a ser como los demás, el que no quería ver el mundo como la demás gente lo veía. No podía seguir así, debía adaptarse, porque si seguía por ese camino iba a terminar deprimiéndose y le daría el gusto a los demás, aceptando que tienen la razón y él no.
Dib sabía que era más inteligente que el humano promedio, y por lo tanto su fuerza mental era mucho más grande. No podía flaquear en ese mar de dudas y temer por la aprobación de los demás.
Faltaban menos de tres años para alcanzar la mayoría de edad, y no debía desperdiciar más su tiempo en convencer a la gente. De ahora en más detendría a Zim cuando hiciera algún intento de conquistar la Tierra y se dedicaría a conseguir dinero suficiente para abandonar su casa apenas tuviera la oportunidad, y si era posible, abrir su propia agencia para investigar y resolver casos paranormales.
Pero realmente le urgía tener algún tipo de compañía, nunca se sintió tan solo y con la necesidad de hablar con alguien.
Pensando en esto, se percató que la tienda de mascotas estaba justo enfrente. Miro el local con cierto desinterés, pero de repente algo captó por completo su atención.
Era la jaula en donde estaban las coloridas ratas que se vendían allí. Podía verse que casi todas estaban amontonadas y congregadas en un pequeño espacio, pero una de ellas estaba alejada de las demás.
Eso no era lo más extraño, aquella rata estaba sentada en sus patas traseras, mirando fijamente hacía afuera. Dib se da cuenta que se le quedó mirando por un momento y luego volvió su atención a las personas que pasaban frente a la vidriera del local.
La rata no era nada de otro mundo, pero ese comportamiento no era del todo normal para lo de su especie. Dib la quiso para él por ese raro gesto, obviando lo mundana que se veía con su pelaje castaño oscuro y esa mancha negra en el lomo.
Entró a la tienda, y le pidió al encargado que se la mostrara. El hombre se negó en un principio, no deseaba meter la mano en la jaula. La rata que Dib estaba buscando no era del todo amigable con las personas, según el encargado, daba unas mordidas horribles a todo aquel que la sujetara con las manos.
Dib se quedo pensativo por unos momentos, y finalmente le dijo al muchacho que iba a sacarla él mismo de allí.
El joven encargado abrió la jaula diciendo que no se hacía responsable de lo que llegara a pasarle. Dib metió su mano, y le mostró su palma al roedor mirándolo atentamente y le habló a la rata como si pudiera entenderla.
-Hey amiguito, te vendría bien venirte conmigo, creo que nos llevaremos bien-
La rata lo miró interesada y movió sus bigotes hacía los lados. Olfateo la mano de Dib y luego olfateo al resto de sus compañeros. Todos estaban acobardados, pegados al otro lado de la jaula, con miedo de que Dib las agarre.
El roedor se subió a la palma de Dib y se sentó cómodamente en esta. Ya era hora de abandonar ese sitio tan aburrido.
Dib estaba un poco asombrado, la rata estaba en su mano sentada tranquilamente, sin moverse un solo centímetro. Espero paciente a que Dib la llevara al aparador y adquiriera algo de alimento para roedores y unos recipientes de plásticos para darle de beber.
-¿No cree que necesite una jaula?- Dice el encargado al ver como Dib dejaba que la rata se trepará por su brazo y se aferrará a su hombro.
-No creo que sea necesario… hasta luego- Dejando la suma de dinero correspondiente sobre el aparador, saliendo del local con su nueva mascota.
(…)
-Necesitas un nombre- Dice Dib mientras caminaba con su rata en su hombro izquierdo –Creo que te llamaré Snashert, no me gusta mucho esos nombres bobos que le ponen a los hamsters- El joven Membrana recordaba al hamster Pee Pee que tenían en la escuela primaria, y le daba escalofríos ese terrible nombre.
La rata, ahora llamada Snashert, parecía conforme con su nuevo nombre. Movió graciosamente sus bigotes y se acurruco muy cerca del cuello de Dib para dormitar un poco.
Dib sentía que era la primera vez que se compraba una mascota para el mismo. Jamás lo había hecho. Su padre había llevado un perro a la casa para aumentar la felicidad de sus hijos a pesar de sus repetitivas ausencias, pero él nunca reparó de su existencia. Supuso que le pareció tan mundano y aburrido que no quiso dedicarse a cuidarlo y prestarle atención.
Ahora tenía un pequeño compañero, y le parecía mucho más interesante a pesar de su tamaño. Snashert le caía bien, y parecía que también le gustaba estar con él.
Dos inadaptados contra el mundo. Habría que ver que saldría de esta nueva sociedad.
(…)
Dib finalmente llego a su casa con Snashert dormitando en su hombro. Estaba hambriento, así que no veía la hora de llegar a la cocina para prepararse algo de cenar.
Cuando estaba por traspasar la puerta principal, noto que algo extraño estaba pasando en el garaje de su casa. Este sitio no era seguro para un ser humano ordinario, ya que allí guardaba la nave de Tak, que aún seguía siendo una caja de sorpresas irken esperando matar al que se atreva a pilotarla sin tener el código para desactivar su sistema de seguridad.
Esperando que solo fuera su hermana revisando el lugar en busca de baterías para sus videojuegos y no un civil inocente que podría resultar herido por ese Voot, Dib entra al garaje.
Lo que vio allí lo sorprendió por un momento. Pero no tardó en sentirse algo molesto e irritado.
Zim estaba tratando de entrar a esa nave por la fuerza como un vil ladrón de autos.
No era algo que Dib se esperara, porque Zim siempre había demostrado no estar interesado en la nave de Tak, bajo ningún concepto, alegando que era solo un pedazo de chatarra que no valía la pena. Pero allí estaba, tratando de entrar en ella.
Snashert se había despertado y miraba con algo de interés al irken que trataba de entrar en la nave. De repente, el voot reacciona a la invasión de Zim y le dispara sin previo aviso un potente láser. Aún así la rata no se movió del hombro de Dib y se limito a agitar sus bigotes en señal de sorpresa.
Zim esquiva con poca gracia este ataque, y para sorpresa de Dib, no usa su pak para incorporarse. Vuelve a levantarse del suelo, e intentan nuevamente violar la seguridad de la nave.
El joven Membrana deja a Snashert sobre una mesada cercana, y la rata la recorre con sumo cuidado hasta encontrarse con una tapa de conservas. Se sienta en esta y se queda mirando como Zim intenta entrar a la nave de Tak.
Daba la sensación de que el irken no se había dado cuenta de la presencia de ninguno de los dos, así que Dib decidió darle de comer a Snashert mientras miraba con sumo cuidado la escena. En otros tiempos, Zim se hubiera percatado de su presencia y lo hubiera atacado en el acto, pero ahora estaba desesperado y errático.
Todo esto le daba mucha mala espina a Dib.
-Parece que está muy entretenido- Dice con algo de calma mal fingida el único humano presente allí, mientras le da a su flamante mascota un trozo de alimento para ratas. El pequeño roedor toma el bocadillo entre sus patas y comienza a comerlo con total ceremonia, como si fuera un preciado tesoro.
Zim seguía empeñado en su cuarto intento de tomar la nave. Ya estaba muy malherido y agitado, así que Dib aclaró su garganta para que el irken se enterara de que estaba allí, y si era posible, que desistiera de sus extrañas acciones.
El irken se turbo, se dio vuelta y miro al humano parado al lado de una rara criatura que comía una especie de galleta. Snashert no le presto atención a Zim, pero Dib lo observaba con mucha cautela.
-Dib-gusano- Zim dice esto con algo de temor.
"¿Qué le pasa? ¿Dónde está la amenaza de muerte y las enormes patas mecánicas que destruirán mi frágil cuerpo humano?" Dib pensaba esto mucho más molesto que antes, pero solo se limito a señalar la nave de Tak.
-Tiene un código de seguridad, si no lo ingresas, se activa el sistema de defensa- La voz de Dib era un poco monótona, realmente no se sentía con deseos de lidiar con Zim.
-¡Necesito la nave! ¡Dame el código en este momento Dib-bestia o sino…!- Zim parecía volver a sus cabales, estaba como siempre, señalándolo de forma grosera e insultándolo. Estaba más que dispuesto a pelear, pero cuando iba a lanzarse sobre Dib, se detiene.
-¿Qué sucede?- Dib dice esto irritado –¿Por qué no me atacas?-
-Yo… debo irme- Zim retrocede, mira al humano con algo de temor. Luego trata de salir corriendo del garaje. Dib sin dudarlo, bloquea la salida con el portón automático activado por control remoto.
-Zim, ahora no hay salida- La voz de Dib sonó prepotente. Ahora no había escapatoria, el irken estaba atrapado y debía usar sus patas de araña mecánicas para salir de allí, o por lo menos su láser. El chico paranoico se cruza de brazos y dice con calma -¿Qué harás al respecto?-
El irken parecía haber enloquecido, se limitó a golpear el portón con su cuerpo, pero solo logro lastimarse el brazo y caer adolorido al suelo. Se levantó sin la ayuda de su PAK, y comenzó a rasguñar la abertura en forma desesperada, tratando de escalar ese obstáculo.
-¿Estás bien?- Dib se sentía algo turbado ante la escena. Zim se comportaba como un animal enjaulado buscando su libertad a toda costa -¿Por qué no usas tu tecnología irken?-
El alíen se detiene y mira a Dib con expresión de cansancio. Era la primera vez que se veía tan agotado, tan asustado y tan indefenso. Sin poder evitarlo, las mejillas de Dib se sonrojaron, pero volvió a palidecer al escuchar la voz aterrada del irken.
-Mi PAK… Mi base… Mi voot…- Zim parecía estar sufriendo un terrible ataque de pánico, se toma la cabeza para cubrirse de enemigos invisibles y grita lleno de frustración:
–¡Todo está… inservible!-
(Continuara... O.O)
...
N/A: Malditos capitulos de baja calidad con finales cliffhangers realmente malos... bueno, saldrá mejor el siguiente capitulo. Espero
