Disclaimer: Todo, absolutamente todo, pertenece a Suzanne Collins.

Un millón de gracias a Victoire Black por haber revisado este fic. ¡Muchísimas gracias por tu ayuda!


Este fic participa en el reto temático de diciembre "Annie & Finnick" del foro Días Oscuros.


Las olas golpean con fuerza las costas, mientras que la brisa le alborota con furia los cabellos. El sol ha comenzado a ocultarse en el horizonte, ha empezado a sumergirse en el océano para regresar al día siguiente, en su eterna rutina.

Annie se rodea con sus propios brazos, en un consuelo que ya se ha convertido en costumbre. Brindándose calor a sí misma y a la criatura que crece en su interior.

Las olas se rompen en la orilla, en una orquesta rápida y limpia, tan solo dejando húmeda la arena, como el único recuerdo que ésta podrá obtener de ella, para empezar una vez más.

Otro día ha finalizado. Sin embargo, en ningún momento se ha sentido particularmente sola. Katniss, Delly y Johanna han sido muy amables con ella y han mantenido contacto después de todo lo que ha ocurrido en Panem. Pero aún falta algo; todavía existe ese vacío en su interior.

Hay muchos recuerdos. De sus primeros juegos y del periodo que vino después: lo que parecía ser la calma. Son demasiadas memorias de ellos dos, pero a Annie le gusta concentrarse en unas en particular.

Recuerda a la perfección cuando residían en el Distrito 13: nunca soltaban sus manos, nunca se separaban el uno del otro porque vivían con el constante temor de que en cualquier momento fueran separados de forma brusca y definitiva. Como en realidad ocurrió.

Y aunque no consigue verlo, lo siente. Se estremece cuando la brisa le alborota una vez más los cabellos y los vellos de los brazos. Annie permite que la vaga ilusión la arrulle, hecho que siempre realiza cuando quiere sentirlo una vez más cerca de ella. Consigue evocar su imagen a la perfección. Su cuerpo, su rostro, su cabello, su voz… Finnick.

La situación hace que deplore el simple hecho de que él ya no está, como ha hecho desde que le comunicaron la noticia.

El hombre parece sentir su aflicción y le sonríe con suavidad.

—Todo va a estar bien, Annie —susurra y Annie se permite arrullar por sus palabras—. Nada puede herirte ahora. A ninguno de los dos. Pero tienes que avanzar —La voz de Finnick disminuye en volumen y Annie se deja embargar por ese inevitable temor que siempre la invade cuando siente que lo pierde… una vez más.

—No te preocupes, Annie —aunque la muchacha no lo observa directamente, puede sentir como una suave sonrisa acompaña sus palabras—. Siempre voy a estar junto a ti, siempre. Te amo, Annie, a ti y a mi hijo.

Annie cubre sus oídos con sus manos, como si con ello pudiese silenciar todo aquello que bulle en su mente, recordándole, repitiéndole la realidad. No obstante, lo hace también para conservar la voz de Finnick, para conservarla por siempre y mantener la sensación de que él permanecerá junto a ella.

Se aferraría a su voz, a sus recuerdos, a sus fotos, porque lo echaba muchísimo de menos. Porque todo es tan frágil, tan breve, tan… efímero. Parece que fue hace tan sólo un segundo cuando residían en el Distrito 13 y la guerra estallaba a su alrededor… y estaban juntos.