El comienzo

En 1900 aquel tiempo en donde el gobierno poseía el poder de todo ser humano que habitaba el planeta sobresalía una niña de tan solo 15 años con una mente capas de saberlo todo sin ni siquiera haber escuchado de eso, debo decir que esta joven carecía de belleza alguna y sus ojos negros daban temor, pero aun así se las arreglaba para seducir a los viajantes. Conocida como La Perdición se hiso la fama, se dice de ella que es una prostituta que solo trabaja para gente de poder o que puedan pagar la suma que exigía, cobraba $100 pesos la hora que si calculamos en la actualidad serian como $1000 pesos argentinos.

Pero lo extraño de esto es que aquellos hombres caídos a su cuerpo y brazos aparecían asesinados de formas atroces, todos con la misma frase escrita en su brazo derecho "aquel poder que poseía se esfumo como la sangre negra de mis venas".

La suerte se esfumaba de apoco para ella, pronto la encontrarían debía desaparecer por un tiempo, controlar aquel deseo de sentirse querida y de asesinar a aquel que no merecía su cuerpo. Desapareció durante 1 año y regreso con un cambio total físicamente pero con los mismos deseos, su cuerpo había madurado de una forma exquisita, su piel parecida al café con leche actual y su cabello castaño, cuidadosamente se extendía hasta el límite de su espalda y con una belleza dañina para la vista. Se había decido esta ves a no trabajar por su cuenta debía tener una cuartada, para poder hacer sus actos mucho más tiempo.

El burdel donde entro a trabajar se llamaba "la fosa" le gusto aquel nombre que encajaba tan perfectamente con su seudónimo, la madam de lugar era una mujer obesa que siempre tenía un habano entre sus dedos gordos y pequeños, la grasa de su cuerpo sobresalía a través de aquel vestido de tela azul marino que llevaba, sus pies descalzos semejantes a las patas del elefante retumbaban en aquella escalera de madera carcomida por los bichos taladros.

Más allá de un pasillo oscuro con olor a humedad se encontraba una pequeña habitación con una minúscula ventana, que daba a aquella calle llena de barro y basura, ese sería el lugar donde viviría si la suerte estaba de su lado, por años.

Sus compañeras de trabajo eran mujeres que hace rato perdieron la figura salvo dos de ellas que lograban conservan sus cuervas a la perfección. Santana conocida como "la sirena", había quedado deslumbrada por aquella mujer que vio entrar esa noche, una niña tan hermosa con un cuerpo de mujer perfectamente cuidado, la sonrisa de la joven era dulce, un majar para pocos, pero ella la había visto asomar solo un instante antes de que esa cara se vuelva seria y completamente segura de cada uno de sus pasos. Por otra parte el resto de las muchachas no podían disimular la envidia que les carcomía el cuerpo.

Nuestra joven protagonista no tiene ningún nombre en particular ya que muchas veces se lo cambio, pero podremos llamarla por el último conocido, Rachel.

Rachel comprendió enseguida aquellas reacciones diferentes que provoco en cada una de ellas y eso le gustaba. Porque por un lado a pesar de todos aquellos cuerpos formados o viejos de hombres que habían vivido su mejor final entre sus sabanas, ella amaba a las mujeres más que nada, tenía una especie de admiración por ellas, nunca entendía el por qué pero siempre la tentaban.

Aquellos cuerpos delicados y desnudos sobre su cama reclamando ser tocados para sentir el verdadero placer, aquel que ella sabía dar muy bien. Pero nunca se atrevió a enamorarse de ninguna de ellas, no debía, esa cosa absurda entorpecería aquella vida que había planeado.

Esa noche la lluvia caía fuertemente sobre la calle impidiendo que los caballos pudieran moverse de aquel lugar en donde se quedaban por un instante, apareció su primera víctima del año. Un hombre delgado con una gran barba y de mediana edad mucho mayor que ella, le sonrió y acaricio su mejilla con sus delicadas manos para llevarlo a una habitación muy diferente a su cuarto, con una cama grande y sábanas blancas, donde impregnaba una luz tan tenue que resaltaba su figura.

Desnudo su cuerpo dejándolo a la vista de aquel hombre en celo, dejo que cada parte de su cuerpo sea manoseada y ultrajada por él, porqué sabía que después ella se vengaría.

Al amanecer él se retiró del establecimiento echando un vistazo a aquel cuerpo que tendía desnudo sobre aquella cama, semi cubierto por una tela muy fina. Al salir a la calle escucho una dulce vos que lo llamaba

-Caballero!, se retira sin ni siquiera despedirse de mí, tan mal paso la noche.

Lo llevo a un callejón estrecho y oscuro, donde tranquilamente podía controlarlo todo, dejo que besara sus pechos hasta que se cansó de complacerlo ahora era su turno de complacerse.

-Dígame, ¿usted sabe que siente uno cuando lentamente le cortan la cabeza?, cada capa de piel se expone para que cortes la otra, hasta que uno llega al hueso eso es la parte molesta, ¡tan dura! pero a mí me gusta llegar hasta ahí porque todavía los ojos tienen vida.

¿No es cierto? .Perdón debo dejarlo un rato más con vida, espero que no esté sufriendo eso no me gustaría.

La sonrisa que surgió en ese instante de su rostro era una que te podría llevar al infierno con verla pero al mismo tiempo era tierna, aquel hombre se desangraba en ese lugar mientras ella observaba. Esta vez la frase seria otra pero debía continuar a la que escribió al principio era algo así "se esfumó en el aire de la gente", se lo tallo delicadamente en su brazo, tomándose el tiempo necesario para que todo quede prolijo y luego lo miro por ultima ves.

-Te preguntaras si esto que hago es porque alguien me hiso algo malo a mí pero no es así además debo decirte que disfrute mucho la noche.

Termino cortando la cabeza, que rodó a sus pies la sujeto y beso sus labios, la coloco entre los brazos de aquel hombre y se retiró a su pequeño cuarto de "La fosa".