Aclaraciones Preliminares

Manejando ya cierta información, he reunido el valor suficiente como para adentrarme en este noble mundo de soñadores y soñadoras que prestos y altivos dan rienda suelta a su imaginación sin sufrir de estrictas reglas ni objeciones cínicas, que con orgullo persiguen un sueño que existe en cada rincón oscuro en el arte de la palabra escrita. Con una sensación de libertad solo comparable al amor dejado en cada párrafo.

Como cualquiera me siento libre de tomar cualquier licencia de lo que escribo, o sea dar cualquier giro o aportar cualquier detalle a la historia cuanto mejor me parezca. Digo esto para que no haya ninguna recriminación, puesto que cualquier parecido en la obra a otra dentro de este sitio u otro lugar -ya sea en lo amplio o en pequeños detalles- es mera coincidencia y en nada comprometen la integridad de mi trabajo creativo. Reconozco que Digimon es propiedad intelectual de Akiyoshi Hongo y Bandai. Por lo que no hay razón alguna para valerme de cualquier aspecto de esta serie.

Bueno, sin más que agregar me despido y les agradezco la atención que le den a mi trabajo. Recibiendo por supuesto cualquier comentario y crítica con la mayor disposición. Esperando seguir creciendo y entreteniendo a quien quiera que se de un tiempo para conocer mi humilde trabajo.

Damabiah

Prólogo: 序文

"El fin del mundo es hoy… y no hay nada que podamos hacer para impedirlo". Me repito a mí mismo aquellas palabras una y otra vez, como si me acercase en lo más mínimo a comprender su significado, como si de repente alguna señal imperceptible me advirtiera la manera de curar mi estupidez. Al mirar al cielo éste no me parece ser o haber sido jamás. No como yo lo recordaba; o como yo quería que fuera, sino como el sueño más nauseabundo que se pudiera tener.

Acaso ¿alguien nos escucha?; ¿alguien nos observa y nos cuida? Acaso… ¿significamos algo?. ¿Quién soy?. ¿Por qué estoy haciendo esto? Me digo de una forma tan categórica. Sé que no obtendré una respuesta, ni mucho menos alguna solución a mis problemas. Pero de qué manera sabré si en algún momento, si por alguna razón esas palabras llegan a mí para iluminarme, para guiarme en este mar de oscuridad a lo que pudiera ser la amalgama de mis deseos, de mis sueños. Mis aspiraciones son razonables, no necesito de una razón para ser, para existir, no necesito una razón para luchar, para soñar; no puedo pedir perdón por hacer lo que estoy haciendo ¡No debo! Creo en mi cometido, en mí y por sobre todo creo en mis amigos. Los necesito; me necesitan. No somos nada y lo sabemos, los demás son todo y no nos lo dejarán olvidar.

El fin del mundo es hoy… y lo hemos intentado todo. No deseo despertar, no quiero tener que arrepentirme de nada antes de extinguirme, antes de conocer mi fin. No sé si en mi futuro se asoma la muerte, francamente no tiene importancia. Yo siempre lo esperé, siempre lo quise. De una u otra manera que nuestras huellas se esfumaran para siempre, que nuestros huesos no pudieran contar las historias que hemos conocido desde siempre, que nos enseñan con tanto orgullo, con tanta pasión. Como si no existiera algo más de donde aferrarse, algo que nos brindara protección de un No sé qué invisible y tan real como uno quiere que sea.

Me da asco pensar tan sólo en eso, en que no existe nada más, en que no hay un "después de". Me horrorizo al imaginar las formas en cómo crecemos conociendo esas cosas. Como en vano intentamos cambiar el curso de nuestras vidas, con la esperanza latente de que pertenecemos a una generación diferente, de que lo que les pasó a ellos no nos pasará a nosotros. Cuántas veces hemos pronunciado esas palabras; las hemos gritado, nos hemos aferrado a ellas durante tanto tiempo para no enloquecer con nuestra propia naturaleza.

No somos nada y ellos lo saben, no significamos nada y no lo olvidaremos. Nadie nos está observando, nadie nos cuida. Estamos a la deriva en aquel mar de oscuridad, no importa lo que yo piense, lo que desee sólo se limita al aliento que me quede mientras mi estadía aquí termine. Todos vamos a morir algún día, lo estamos esperando, no podemos negar tan verídico hecho. Lo queramos o no, lo que hagamos en vida lo harán otros, y otros después de aquellos, no terminará jamás.

El fin del mundo es hoy… y deseo con toda mi alma que así sea. No quiero más, no necesito más. Quiero olvidarme de todo, que desaparezcan todas esa cosas alguna vez amé. Todas esas cosas que me definieron, que me hicieron ser lo que soy ahora, quisiera olvidarlas. A mis padres, a mi hermano, a mis amigos; quisiera olvidar mi infancia, las veces que lloré, que fracasé. Todo lo que quise ser, lo que me apasionaba, lo que deseaba fervientemente como si estuviese mal. Todo eso, deseo que se vaya para siempre.

La vida es una patraña. Ahora lo sé, no vale la pena; no debería hacerlo tampoco. ¿Para qué?. ¿por qué deberíamos ser recompensados?, acaso ¿existe algo cómo la justicia?, ¿deberíamos esperar de la vida las "ganancias" del espíritu? No lo creo, no tiene porque ser así. Jamás seremos juzgados y jamás podremos juzgar a nadie. El poder no existe, es una ilusión que nos convence de que la vida tiene algún significado, de que controlamos algo. No podemos controlarnos a nosotros mismos, simplemente somos y los demás son con nosotros. Nos culparán por ser lo que somos, por controlar lo que son cuando no lo son, y eso está bien, no puede ser de otra manera.

Nada está por sobre algo, nada se impone como una sombra enorme sobre nuestras cabezas. Nos culparán por controlarlos, por destruirlos. Cuando lo único que hacemos es manifestarnos; ser lo que somos y nada más que eso. Creerán que levantamos imperios, que hacemos lo imposible. Que, por alguna razón nacimos sabiendo y conociendo nuestro destino, y que, elegimos sacrificarnos por ellos. Que elegimos martirizarnos por ellos. Como si en algún momento hubiéramos estado concientes de que existimos para algo más que para el ahora, para convalecernos de nuestros actos sin pensar en las consecuencias. ¡Cómo los detesto! A sus esperanzas, sus virtudes, a sus Dioses. Son jaurías hambrientas bajo un manto de caridad, siempre insatisfechas, siempre en busca de algo más. Se dicen merecedores de lo que son cuando el merecimiento no es más que otro vago invento para saciar su apetito de cambio, para tener a alguien a quien culpar cuando su merecida recompensa no llegue. Cuando se empiecen a preguntar Por qué me pasó esto.

Yo soy un producto de ese cambio, un arquetipo de la cultura. De la cultura que nos trajo hasta aquí, que causó esto; lo que nosotros causamos. Lo que nos condujo directamente al sufrimiento. No soy diferente del resto. Me alimento de mis actos, me valgo de mis virtudes, me someto ante mis dioses. Puesto que soy humano, estoy en este lugar para algo aunque no lo quiera, aunque no quiera creerlo. "Soy" para algo, por algún motivo llegué hasta acá. Después de esto y aquello apelé por estar aquí, aunque tenga miedo. Por que en realidad nunca creí en lo que escribí estos últimos minutos, precisamente porque lo hice, porque sé que alguien lo leerá. Porque sé que lo vamos a lograr, que no fracasaremos pase lo pase en el futuro.

El fin del mundo es hoy… y no necesito saber otra cosa. Me dirijo a la última batalla con más temor que nunca pero no me importa, porque sé que no se acabará ahí. Tal vez muera, no lo sé. Pero siento que cuando escribo esto no me parece un testamento ni una última voluntad. Volveré a encontrarme entre estos párrafos otra vez, puedo sentirlo. Por eso deseo desprenderme de todo, de olvidarme de todo. Por eso odio lo que soy y lo que me rodea. Para desprenderme de mi humanidad, dejar de ser lo que soy por un instante y luchar con todas mis fuerzas cargando mi estigma adonde quiera que vaya. No es una maldición ni un don, es lo que soy. No soy nada y puedo olvidarlo, los demás son todo y por eso perderán. Ahora lo comprendo, lo veo claramente. En mí se encuentra la última palabra. En mí y en mis amigos, porque tengo fe en nosotros. Y no me importa decirlo, no me importa contradecirme porque es parte de mí, de lo que soy.

En este momento debo parar de escribir, nos dirigimos al túnel. El vagón está el doble de lleno que en un principio, y eso me hace sentir tranquilo. Estoy con la gente que aprecio, sólo por ello ya soy más fuerte. Aunque me sienta desvanecido, como mendigando en sueños, sé que cuando me encuentre frente a mi enemigo no fallaré. Tal vez por eso empecé a escribir, porque necesitaba comprender ciertas cosas. Por eso empecé justo ahora, en este preciso momento.

Me llaman ya. "¡Deja eso!" me dicen, pero yo continúo. Veo la boca del túnel y no puedo detenerme. Quiero que su oscuridad me envuelva y me haga perder mis palabras. "¡Takeru, detente ya!" No hago caso, sólo el olor de ese pasaje podría turbar mis sentidos, como las fauces de un monstruo que nos devora, y finalmente me sumo a las tinieblas. Sólo se escucha el gemido metálico que emana del armatoste. El momento me consume, me he entregado a la idea de la nada. No veo a mis amigos ni oigo sus voces, pero no me desespero. Porqué habría de hacerlo, sé que estarán ahí; que me verán con reproche cuando la luz vuelva, y descubran que seguí narrándoles mi historia en la oscuridad. Yo les sonreiré, les pediré perdón como siempre. Pero no pensaré en la nostalgia, puesto que no será esta la última vez. Seguiremos luchando, como lo hemos hecho por siempre. Continuaremos con vida como siempre. La vida continuará y yo terminaré esta historia, pero lo haré con más entusiasmo. Perdónenme por no contarles desde el principio como se debe. No sé con certeza cuál sería el comienzo pero les prometo no omitir nada.

Debo decir adiós por el momento, el tren dejó de sonar, una luz se asoma poco a poco a la distancia. Me cuesta mantenerme en pie; como a todos. Pero ya no siento miedo, no puedo vacilar en un momento como este. Hemos llegado demasiado lejos, lo que hemos pasado no ha de ser para nada. Lo que pase hoy nadie puede saberlo, pero no podremos decir nunca que no lo intentamos.

¡El fin del mundo es hoy… ya mañana veremos otro amanecer!