El lamento de Aquiles

Will entró a la casa, apuntando con su pistola allí donde avanzaba y con las ropas empapadas a causa de la lluvia. Al doblar en una esquina encontró a Abigail, a la que creía mutilada y muerta hacía ya mucho tiempo. Por un instante dejó de respirar, su corazón empezó a latir con fuerza y no pudo más que susurrar el nombre de la joven con desconcierto.

-No sabía qué más hacer así que hice lo que él me dijo –murmuró ella, temblorosa y con lágrimas en los ojos.

-¿Dónde está?

Al girar su cabeza lo vio, con la camisa blanca llena de sangre y varias heridas en el rostro. Un escalofrío le recorrió la espalda, aun así lo miró. Directamente a los ojos, quizás su primer y más sincero contacto visual.

-Se suponía que te ibas…

-No podíamos irnos sin ti.

Hannibal le acarició la mejilla con ternura mientras pensaba en lo hermoso que era. ¡Oh sí, Will era muy hermoso! Su cabello oscuro, sus ojos azules, su empatía, su tormento interior, su capacidad de ver el mundo a través de un cristal roto, su confusión en esos momentos… Clavó la navaja en su estómago y la deslizó con rapidez a través de la carne, entonces lo abrazó fuertemente, acariciando esta vez el reverso de su cabeza.

-El tiempo volvió atrás –le susurró al oído –La taza que rompí se volvió a unir. Se creó un lugar para Abigail y tu mundo. ¿Lo entiendes? Se creó un lugar para todos nosotros, juntos.

Will negó con la cabeza, perdía poco a poco la visión y el equilibrio, su sangre borboteante caía al suelo alfombrado, Hannibal lo tomó por la barbilla e hizo que lo mirara otra vez, otra vez a los ojos.

-Quería sorprenderte y tú… tú querías sorprenderme –fue lo que le dijo antes de dejarlo caer –Dejé que me conocieras, que me vieras. Te di un extraño regalo pero no lo quisiste.

-Por supuesto que no… –Will respondió entre respiraciones agitadas.

-Me negarías mi vida.

-No, no… No tu vida…

-Mi libertad. Me confinarías a una celda. ¿Crees que podrías cambiarme de la manera en que yo te cambié?

-Ya lo hice –un esbozo de sonrisa apareció en el rostro del herido.

Hannibal lo comprendió entonces, la taza siempre estuvo quebrada desde el principio. Había sido traicionado por Will, o peor aún, por sus propios sentimientos hacia Will. Con apenas una frase llamó a Abigail a su lado y allí, frente a él, cortó la garganta de la que tal vez habría sido su hija adoptiva, un sustituto para el vacío que dejó Mischa al desaparecer. La sangre de Abigail manó como si de un río se tratara.

Will gritó, trató de moverse pero fue incapaz de acercarse a ella.

-Puedes hacer que todo desaparezca. Reclina tu cabeza, cierra los ojos. Húndete en la tranquilidad del arroyo.

Will se arrastró con dificultad hacia la joven agonizante y puso una de sus manos en el cuello, buscando una manera de detener la hemorragia.

Hannibal salió de la casa y encontró a Alana sobre el pavimento, convaleciente y cubierta con el abrigo de Will. Tomó la prenda con delicadeza y se la colocó en los hombros, un memento. Sus lágrimas se mezclaron con las gotas cristalinas de la lluvia, después de todo no era más que un Aquiles llorando por la pérdida de su Patroclo.


Notas:

-Los personajes son originales de Thomas Harris y propiedad de la NBC.

-Este fic está inspirado en la estrecha relación de Aquiles y Patroclo en la mitología griega, particularmente la pintura "Achilles lamenting the Death of Patroclus" (1855, Nikolai Ge) del cual Hannibal hace un dibujo. No discuto que Hannibal verdaderamente ame a Will, pero creo que la relación entre ambos trasciende los límites de lo romántico. Él ve en Will su propia fragilidad, un igual, alguien que lo pudiera entender en fin... feelings.