Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Éste fic va dedicado a Anna porque la amo con toda mi alma y me hace muy feliz y es adorable y todo el mundo tendría que tener una Anna, que es as awesome as Alfred Pennyworth. El título procede de la canción, que es HERMOSA.
And there will come a time, you'll see, with no more tears.
And love will not break your heart, but dismiss your fears.
Get over your hill and see what you find there,
With grace in your heart and flowers in your hair.
Mumford & Sons- After the storm.
A Alec se le iluminan los ojos y se le cierra un poco la garganta, porque Jace lo está observando.
Jace siempre lo ha visto, es algo que no se cuestiona ni se pregunta, pero lo ha mirado solamente una vez. En una ocasión, hace mucho, mucho tiempo, cuando pisó su casa por primera vez con mejillas ruborizadas y los labios hinchados de tanto mordérselos. Sus ojos estaban irritados y llenos de lágrimas, lo que de alguna forma hacía que se vieran incluso más dorados.
(Es una imagen que se ha clavado en su memoria por siempre, el cambio en los irises de Jace cuando éste dejó de mirarlo para comenzar a verlo.)
Cada vez que los ojos de Jace se posan en él, Alec siente como si habitaran su alma, haciendo un nidito en cada poro de lo que lo hace quien es. Es una sensación cálida, de ésas que llenan todos los espacios vacíos y se siente casi como una cobija en medio de una noche de invierno. Es una especie de tesoro, el saber que Jace lo comprende y no juzga. Y que lo ama, por sobre todas las cosas.
Así que no puede culpárselo por enamorarse de él, después de todo. No cuando ha encontrado a ése alguien con quien no teme ser su esencia. No se le puede recriminar nada cuando sus colores se juntan y crean una gama de matices que es armonía y caos al mismo tiempo.
Jace lo está observando, así que a Alec no se le puede recriminar que se le cierre un poco la garganta y se le iluminen los ojos.
(Tampoco se lo puede hacer responsable del sonido mezcla jadeo/suspiro cuando su parabatai lo besa como saludo de buenos días; ni de la risa que emite desde lo más hondo de lo que es, luego de que Jace lo abraza por la cintura y empieza a susurrarle palabras inentendibles al oído, los dos aún en la cama, a punto de empezar un nuevo día juntos.)
Jace lo observa, a Alec se le iluminan los ojos.
