Tú no entiendes.

Resumen: "Puede ser que no entienda tu dolor, pero tú nunca comprenderás el dolor de un paria como yo". Viaje en el tiempo. SasuNaru. MinaKushi. FugaMiko.

Advertencias: Mención de violación. Pensamientos algo tristes. Omegaverse.

Si no es de tu gusto el drama, ni de los personajes con pensamientos auto-destructivos, te recomiendo que no leas este fanfic.

Puede ser que no esté bien escrito, ni que sea de tu gusto... pero le puse mucho esfuerzo. Y en mi opinión humilde, eso es lo que vale.

Probablemente encuentren faltas ortográficas.

El próximo capítulo será contado desde la perspectiva de Sasuke.


Con un suspiro tembloroso, el rubio obligó a sus piernas a seguir esforzándose. Cada paso costaba más que el anterior, pronto sus piernas se darían por vencidas. Su mano derecha se arrastró por la pared rocosa, obteniendo rasguños en sus palmas que no hacían más que aumentar las lágrimas acumuladas en sus ojos. Su habitual sonrisa se había desvanecido momentos atrás, y una vez más, su máscara se rompió en pedazos. De los cuales nadie estaba a su lado para recoger.

Tragó saliva al mirar con el brazo derecho, este también temblaba como si estuviera a punto de romperse.

Una sonrisa irónica se formó en sus labios. Sus ojos resplandecieron momentáneamente. Sin embargo, no era aquel habitual brillo de felicidad falsa que todos veían, sino todo lo contrario. Eran las lágrimas contenidas desde hacía mucho tiempo.

Tiempo atrás había decidido no llorar más, que sería fuerte.

Pero ahora, ¿por qué sería fuerte si nadie estaba para felicitarle? ¿Por quién sería fuerte, si nadie estaba para agradecerle?

Estaba sólo. Debía aceptarlo. Era simple, pero a la vez tan difícil...

Finalmente había llegado a un punto de quiebre.

Al momento de pensar en ello, su cuerpo al fin decidió ceder. Se derrumbó en el suelo, sucio y polvoriento, igual que su vida. Su espalda se raspó al caer tan rápidamente, dejándose tras de sí un escozor que lamió su piel como llamas abrasadoras.

Soltó un siseo, sus ojos parpadearon para despejar las lágrimas acumuladas. Pese al dolor, y el temor de encontrarse descubierto en un momento tan débil y patético, su cuerpo no respondió.

Estaba asustado, su propio cuerpo no respondía a sus órdenes.

¿Por qué no se movía? ¿Por qué no se levantó como siempre, para luego dirigirse a su casa con el rabo entre las patas, como la escoria que todos decían que era?

Muévete, muévete cuerpo estúpido; urgió con una mirada llena de pánico.

No quería esperar a que los aldeanos le encontraran, no sabía si esta vez saldría vivo. Varias veces se había defendido, al igual que su cuerpo había sanado, pero las veces anteriores había escapado cuando los aldeanos habían tenido un momento de distracción.

No obstante, si su cuerpo no respondía a sus llamadas, no sabía cómo saldría con vida esta vez.

Se quedó ahí, sentado al lado de un basurero en el fondo de un callejón oscuro, rogando porque nadie le encontrara.

Mordió su labio con fuerza, pensando que, por una vez en su vida, alguien de allá arriba le concedería algo de buena suerte. Dudaba mucho de ello, porque nunca había tenido tanta suerte, o al menos hasta el momento.

¿Así se sentían las mascotas abandonadas, qué a pesar de ser pateadas continuamente, seguían con su vida pese al sufrimiento? ¿Llegaría el momento en qué dejaría de confiar, y se volvería salvaje como ellos?

Aquella sería una razón más para que los aldeanos se deshicieran de él.

Quizás ... era el momento de pedir ayuda. Dejar su orgullo atrás, porque su orgullo no ayudaba en una vida plasmada de desgracia.

Cerró los ojos, sintiendose estúpido.

¿Cómo llegaría la ayuda si no podía siquiera moverse?

La ayuda no llegará, admitió.

Todos le odiaban, era así de simple. Pero saberlo era una cosa, aceptarlo otra.

Salió de sus pensamientos destructivos al sentir un doloroso pinchazo en la esquina izquierda de su boca. Su lengua pasó por el labio, en el momento descubrió que estaba más hinchado de lo usual. En un abrir y cerrar de ojos se mano se elevó hasta llegar a su mandíbula, sus nudillos recorrieron esta con paciencia, rayando el temor, contraria a la expresión horrorizada que rápidamente se formó en su rostro.

Su mandíbula estaba mojada y pegajosa.

Volvió su mano al frente hasta nivelarla a la altura de sus ojos, su rostro perdió todo color al verla. La misma sustancia pegajosa, de un profundo color rojo oscuro, estaba situada en sus nudillos. Era poca la cantidad, sin embargo aquel hecho no logró tranquilizar al niño.

Su cuerpo podía moverse otra vez, pero esto pasó desapercibido para el niño. Estaba demasiado concentrado en la sustancia que recorría sus nudillos.

El pánico acudió otra vez, aunque la sensación helada la compensaba con creces, formando un nudo en su garganta que le impidió soltar un alarido angustioso.

No le temía a la sangre. Patrañas, ¡siempre terminaba sangrando!. Era el hecho de cómo llegó a lastimarse instintivamente para escapar de su dolor lo que le preocupaba.

Enterró su rostro entre sus piernas, negándose a mirar su mano ensangrentada. En ese instante se percató de los colmillos puntiagudos que sobresalían de su boca al apretar su mandíbula.

El horror dio paso a su sistema al ver unos ojos rojos maliciosos en su mente, sus oídos temblaron al escuchar la palabra prohibida.

''Demonio''.

La misma voz oscura, profunda, inhumana, soltó una carcajada.

''Un patético demonio que se revuelca en su propia miseria''.

Un sollozo escapó de sus labios antes de siquiera darse cuenta. Sus escudos se re-quebrajaron , y el mundo ante sus ojos volvió a ser cruel y despiadado. Hacía tanto tiempo no se había sentido de aquella forma... como un pequeño e insignificante niño en un mundo lleno de adultos que le odiaban por algo que estaba fuera de su comprensión.

Llevó sus manos hacia sus rodillas, las envolvió, imaginando que su madre le rodeaba en un amoroso abrazo sin importarle sus problemas. Que le amaba pese a todo.

''¡Por tu culpa mi familia está muerta!'' El niño huérfano, igual a Naruto, gimió.

''No eres más que un asesino. No comprendo por qué Hokage-sama no acabó con tu miserable existencia al nacer''.

''Deberías estar muerto... eso haría feliz a todos''.

¡Basta!Exclamó, sin percatarse del hecho de estar sólo en esa oscura noche sin luna.

''Tus padres debieron haberte odiado tanto para abandonarte''.

¡No, no, me amaban! ¡Todavía me aman!.

''Estás sólo pequeña sabandija''.

— No estoy sólo — Susurró, temblando inconscientemente.

''Estoy asqueado de haberte tocado, debo estar contaminado ahora'' Recordó la mirada despectiva del niño, mientras tiraba la pelota que él había agarrado minutos antes. La madre del niño miraba horrorizada la pelota, para luego levantar a su hijo en un fuerte abrazo y salir corriendo.

Se abrazó con más fuerza.

''No sé en qué pensé en aquel momento para haberte golpeado. Debo estar aún más loco por haberte tocado'' Retrocedió disgustado, dejando a un Naruto, de diez años, tirado en el suelo junto al tacho de basura. Su pequeño cuerpo estaba cubierto de moretones, sus piernas temblaban mientras miraba el suelo. Una sustancia blanca recorría sus mejillas, su boca liberó el líquido en el suelo. Un grito escapó de sus labios mientras vomitaba el sucio líquido que ese hombre le había obligado a tomar, un sonido espeluznante, como un gorgoteo, fue el resultado de aquel grito junto al vomito que seguía saliendo. ''Al menos te dí una lección, nada menos para un demonio como tú'' Escupió, la saliva cayó en el cabello del niño.

Se abrochó los pantalones, y luego salió. Dejó detrás de sí un niño tembloroso, sollozando por un castigo que no merecía.

Dio un alarido.

Por qué... ¿Por qué nadie me quiere? Sakura-chan... ¿Por qué lo dijiste? — Sollozó.

''¡Basta Naruto-baka! ¡Nunca saldría con un demonio como tú!'' Los ojos de Sakura parpadearon, dándose cuenta tardíamente de su error. Una mirada llena de horror acudió a su rostro, pero el rubio sabía que no estaba arrepentida de sus palabras, sino del hecho de haber difundo las palabras de, seguramente, sus padres. '' Lo siento Naruto... , en verdad lo siento, mamá no quiere que esté contigo...''.

No había compasión en su mirada, tragó saliva.

Naruto dio un paso hacia atrás, sus ojos estaban enfocados en la pequeña Sakura avergonzada, con su mirada en el suelo.

Avergonzada por su error, pensó nuevamente.

Avergonzada por sus palabras.

Avergonzada por gritar.

Avergonzada por no aguantar la molesta actitud de Naruto.

Avergonzada por perder la compostura frente a su Sensei y Sasuke.

Avergonzada por el castigo que recibiría de sus padres.

Padres... todo lo que no tenía.

''P-pero estamos en el mismo equipo... pensé que eramos amigos'' Tartamudeó, mirando dolorosamente a Sakura. Deseando que no dijera lo que estaba temiendo.

Por favor, por favor, no lo digas; rogó.

'' Mi mamá dijo que no me juntara contigo más de lo necesario, que no te tocara. Porque eres inmundo'' Susurró, queriendo que Naruto no escuchara las palabras de su madre, porque recaía en su madre el castigo. Pero para su mala suerte, Naruto escuchó perfectamente, al igual que su sensei y compañero de equipo.

Dio otro paso hacia atrás, negándose a mirar a su sensei y a Sasuke. Su mirada seguía fija en Sakura, quien parpadeaba para despejar las lágrimas en sus ojos.

Tan avergonzada de su error, tanto... que hasta lloraba.

Pero no sentía pena por Naruto.

Nadie la sentía.

Tragó saliva, sintiendo un nudo en su estómago. Abrió la boca lentamente, para decirle qué era más importante para ella, qué pensaba de él. Sin embargo, a pesar del fuerte impulso de gritarle y explotar en lágrimas, sus labios susurraron otras palabras.

''N-no importa, Sakura- chan. ¡Estoy bien, ttebayo! Hazle caso a tu madre, las madres siempre desean lo mejor para su hijo...'' Forzó una sonrisa deslumbrante, pero las lágrimas que caían silenciosamente por sus mejillas dijeron lo contrario.

Maldición, me he roto; pensó.

En ese momento, Naruto salió corriendo del Tercer Campo de Entrenamiento. No miró hacia atrás, y no le importó el hecho de que tenía una nueva misión. El gato podía esperar.

Después de todo, él era como un gato perdido, pero sin un hogar al cual regresar. No tendría una familia que le cuidara.

Finalmente se dio cuenta del hecho de que estaba sólo. Era un niño abandonado.

Al llegar al callejón, se derrumbó silenciosamente en el sucio suelo.

Levantó la cabeza, miró el cielo estrellado con nostalgia, justo como lo había hecho anteriores veces antes de dormir.

— Nadie me va a adoptar — Aceptó para sí mismo — Si mis propios padres me odiaron, ¿por qué otros no lo harían?.