Y ella espera que correr sin rumbo en su destierro le sirva para olvidar. Pero nada va a borrar las maldiciones mundanas del amor, de la muerte, de la felicidad.

Porque todo pasa en un instante.

Y los bosques se disipan, los ríos se desbordan, y las ciudades se apagan.

La vida mortal en un segundo se concluye.

Su arco ha sido quebrado, y para un elfo silvano ya no hay más. Su corazón partió hace ya muchas longevidades. Se lo dio a Él.

Fue el precio de descubrir a su lado los corazones palpitantes de alegría, las atmósferas festivas, la compañía esperanzadora; de estar completa.

Y le duele tanto cada movimiento al deambular.

Se refugia en la luz distante, fría, de las estrellas, hasta la eternidad.