KERORO GUNSO PERTENECE A MINE YOSHIZAKI, NO A MÍ
Se copiaba de él en los exámenes, mordía sus lápices y le devolvía los apuntes rotos y arrugados.
Todos los juguetes con los que le dejaba jugar acababan destrozados, siempre le hacía ligársela en los juegos y ni siquiera tenía el detalle de esperarle para empezar.
Jamás le devolvió el libro que le prestó.
Nunca le dijo "por favor" ni "gracias", ni le defendió en los momentos extremos. Tampoco pareció darse nunca cuenta de que no le parecía divertido correr a toda pastilla con las naves.
Crecieron y siguió igual, sin que ocupar el cargo de sargento le inculcara ni siquiera un poco de responsabilidad y empatía.
En muchas ocasiones llegó a temerlo, e incluso a odiarlo.
...Pero ¿a quién quería engañar?
Dororo no podía vivir sin Keroro.
