Serie: One life, one story.

Rating: T {Lenguaje soez}.

Disclaimer: Fujimaki Tadatoshi es el amo y señor de todos estos músculos.


Haizaki: Deja de fingir.

Lo hacía de puta madre.

Tenía una lengua caliente, jugosa y suave que se enroscaba por el tronco de mi polla hasta intentar estrangularme la punta. Después succionaba, tragándose los restos de saliva tibia que iba dejando atrás y el pre-semen que me robaba a la fuerza. No bastándole con eso, volvía a descender, siguiendo con los labios entreabiertos un par de surcos venosos antes de tirar de la piel y rozarme con los dientes, provocándome un escalofrío de gusto que me hacía gemir.

Lo vi después apoyarse en uno de mis muslos y bajar la cabeza, haciéndome cosquillas en la ingle cuando pretendió meterse mis huevos en la boca. Jadeé, gruñendo, y le empujé la cabeza para poder mientras frotarme entre el hueco del ojo y la nariz.

Con el paso del tiempo, había aprendido a tener una técnica de la hostia. O puede que simplemente le viniese de serie y yo me la estuviese perdiendo, vete tú a saber. El caso es que, si lo hacía con ganas, podía correrme un par de veces seguidas en una tarde sin ningún problema, y aquella no sería la excepción.

—Sube —le ordené, relamiéndome antes de peinarle el largo flequillo hacia atrás con los dedos. Con ese aspecto que tenía ahora era como estar dentro de una escena porno; con la guarra de turno comiéndotela mientras te mira. E incluso aunque no me mire, el efecto sigue siendo el mismo: me calienta. Su boca me pone. Tanto que cada vez que me la chupaba me obligaba a echar la cabeza hacia atrás y soltar un suspiro húmedo, a la vez que le colocaba una mano en la nuca y echaba la cadera hacia delante, buscando más.

Me dio un manotazo y me lanzó una mirada llena de ira que le devolví. Ya te lo he dicho, gilipollas; vete a mirar mal a tu puta madre.

Lo cogí de ambos lados de la mandíbula y le embestí la garganta, que me frenó cuando llegué al tope. Utilicé las piernas para evitar que se revolviese y se apartase usando toda la fuerza de su cuerpo y volví a hacerlo. Se le tensó la tráquea cuando tuvo un par de arcadas, y gran parte de la saliva que se le acumulaba se le derramaba por el mentón hasta caer en la ropa. Me arañó los antebrazos, frunció el ceño e intentó empujarme por el pecho. Volvió a mirarme con rencor y un par de lágrimas forzadas en las esquinas del lacrimal.

—Que estés cabreado me la pela. Igual que me la ha venido pelando en todos estos años, Ryouta —se asfixió cuando volví a enterrársela más atrás de la campanilla, pudiendo ver perfectamente como aquel pedazo de carne duro le taponaba completamente la boca. Menuda imagen…—. Deja de fingir que no te gusta y cómetela. He quedado dentro de media hora.

El ritmo al que la saco y vuelvo a metérsela es una pasada. Bombeo con tantas ganas que sin darme cuenta he empezado a mover la cadera sobre la cama y busco un orgasmo que no tarda. Joder, es genial. A veces pienso si es posible que mi semen le salga por la nariz cuando me corro, ¡tiene que ser la polla ver eso!

¡Nfh-…! —me dio un golpe con el puño cerrado en el brazo y yo sólo lo empujé hasta que su nariz se hundió en el pelo rizado de mis ingles. Mi chico palpitó, soltando un primer chorro de semen que tuvo que tragarse a la fuerza, seguido del resto. ¡Dios! No me cansaré de esto…

Cuando me olvidé de soltarlo me dio un mordisco, haciéndome apartar las manos. Quiso apartarse rápido, escupir y coger aire, pero le levanté el mentón y le cerré la boca antes de que pudiese pensar en hacerlo.

—Trágatelo. Y esta vez no vomites. Hazlo. Ya.

Medio minuto después cedía, porque empezaba a necesitar más el aire que su dignidad como hombre. Anda, no… Que la dignidad se le había quedado por el camino mucho antes.