Ya saben que Klaine no fue mi culpa. Estas historias llenas de miel, sí :P


A million pieces.

Uno.

Dos.

Tres.

¿Cuántos segundos son necesarios para enamorarse? ¿Cuántos pasos tiene que dar el reloj para que sea válido hablar de destino? ¿Cuántos? Creo que a mi corazón le bastó uno solo, creo que mi corazón lo supo desde aquel instante, desde el momento en el que sus ojos azules detuvieron el tiempo y pude ver, en aquella mirada el reflejo de las calles europeas por las que caminaba.

Vagaba sin destino, caminaba sin saber a dónde me llevarían mis pasos. Aquellos pasos me llevaron a él, a él y a su cara de molestia absoluta cuando mi cuerpo se estrelló con el suyo; a él y a la mirada mordaz, helada como la cumbre de las montañas que vigilaban la ciudad, una mirada fría pero aun así… tan distinta. La gente dice que en el mundo existen miradas que no se parecen a ninguna otra y la suya era una de ellas. Una mirada diferente, un encuentro casual que no podía ser una casualidad de ningún modo.

Digo que el tiempo se detuvo y sé que no estoy mintiendo. Cuando sus ojos me miraron, cuando su rostro pálido se dibujó en mis pupilas color avellana entendí aquello de que hay eternidades que pueden caber en un segundo. El segundo en el que todo sucedió, el segundo en el que decidí que aquel extraño de ojos azules y brillantes merecía ser llamado mi destino.

En aquel entonces sonreí, sonrío aún ahora sabiendo que fui testigo de la magia que el universo a veces deja caer sobre la tierra. Su cuerpo impactó con el mío, sus ojos me fulminaron, el sonido de sus pasos me convocó a seguirlo después de que él, sin detenerse, continuara con su camino, seguramente sin importarle haberse encontrado conmigo. Mis pies no sabían a donde iban pero mi corazón parecía entender algo que mi cerebro no.

Mi cuerpo dio la media vuelta, mis pies empezaron a moverse y justo al quinto paso mis ojos chocaron con un papel tirado en medio de la calle, lo levanté. Mis ojos se abrieron de par en par al tiempo que mis labios sonreían. Era el camino. El camino que tenía seguir para impactar de nuevo con él. Como un meteoro, como una ráfaga de viento que puede cambiarlo todo.

Mis pies se movían en medio de aquellas calles desconocidas, era como si las conociera. Me sentía en la mitad de una de las obras que suelo presentar en Broadway, podía escuchar la música incidental de fondo, esa clase de música feliz que precede siempre a los grandes encuentros ¿Sabes? Ese tipo de música que te hace creer que todo es posible, que el mundo en el que caminas es un lugar bello, que hay sorpresas por todos lados si es que sabes mirarlas.

Es extraño que el encuentro con unos ojos pueda hacer que el mundo entero cambie, que hagas cosas absurdas que no tienen explicación pero que sean esas precisas cosas las que le den sentido a todo: a tus pasos, al sonido apurado de tu corazón, al latido incesante que te dice que estás cerca de algo aunque no sepas qué demonios sea ese algo. Hasta que te topas de frente con aquello que no estabas buscando pero que parece ser precisamente aquello que necesitabas.

No sabes por qué necesitas la mirada de aquellos ojos sobre tu piel pero eso necesitas y cuando tus ojos se topan de nuevo con aquella piel, cuando la sombra de los árboles de aquella plaza te reciben con un escalofrío fruto de la certeza de estar en el lugar correcto, o causa del aire helado del invierno que desde las montañas, cuando el viento te trae la esencia de un lugar nuevo al que no podrás olvidar, sabes que de verdad es una necesidad, que es necesario encontrarte con él una y mil veces si debe pasar así.

Una sonrisa se extendió en mis labios cuando me di cuenta de que aquella lista de lugares por visitar era real de verdad. Aquel extraño miraba embelesado la fuente antigua de piedra que constituía el atractivo principal de aquella plaza. Me acerqué a él temblando un poco, si bien en Estados Unidos era conocido de más, no estaba seguro de que aquel chico pudiera reconocerme, no sabía pues cómo tener una interacción decente con alguien a quien jamás me había topado antes. No es como si pudiera simplemente acercarme a su lado y decirle "Escucha, no sé cómo puedo saberlo pero sí sé que te ge estado buscando siempre… no sé quién eres pero no me hace falta saberlo, lo sé por tus ojos, lo sé por tu andar, y si pudiera verte sonreír estaría mil veces más seguro aún: eres tú."

Las palabras me hicieron sonreír mientras el viento helado que descendía desde las montañas agitaba mi abrigo oscuro. Aquello era una locura pero en realidad estaba seguro de querer hablar con él. Mi cuerpo empezó a moverse guiado por aquella certeza. Tenía que presentarme, tenía que decir algo… tenía que…

-Haz que no sea capaz de olvidar esto- escuché que decía él con los ojos cerrados cuando llegué a su lado, frente a la fuente- he tenido que olvidarlo todo, pero no esto, no el sueño de mi vida. Estoy donde debo estar, sólo estaré aquí unos días. No me dejes olvidarlo, no me dejes…

Sus manos lanzaron una moneda a la fuente y el "plop" del impacto del metal con el agua helada pareció resonar en mi corazón también. Olvido… ¿Por qué él estaba luchando de aquel modo contra el olvido? ¿Qué había tenido que olvidar antes?

-¿Por qué estás siguiéndome?- dijo su voz, interrumpiendo la retahíla de preguntas sin respuesta que se arremolinaban en mi mente confundida.

Ni siquiera tuve tiempo de sentirme avergonzado ante su pregunta. Sus ojos azules y fríos, del mismo tono que el cielo despejado de aquel día de otoño me miraban directamente. Aquel chico era hermoso, elegante en cada gesto, bello de pies a cabeza. El aire pareció congelarse en mis pulmones pero mi corazón ardía de certeza. Era él, me seguía gritando que todos esos años la respuesta a la pregunta del amor, estaba escrita en aquellos ojos. Yo sonreí con inocencia y sus cejas se levantaron en señal de interrogación. Me gustó que nada parecía amedrentarlo, me gustó aquella forma de mirar, como si estuviera seguro de todo lo que él era, como si supiera exactamente quién era y estuviera feliz de serlo.

-¿Siguiéndote?- dije yo con calma- me parece que cometes un error.

-No, no lo hago- dijo él con aquella inaudita seguridad- te vi antes, en la calle. Chocaste conmigo, ¿tratas de secuestrarme o algo así?

-No, nada de secuestros, espero que vengas conmigo de común acuerdo.

El chico soltó un resoplido cansado y yo me arrepentí de aquellas palabras apenas salieron de mi boca. De verdad que yo era un imbécil. Él comenzó a caminar, alejándose de mí, pero lo seguí y detuve su camino sabiendo que no debía dejarlo ir pensando que yo era el loco más idiota de la galaxia, quizá lo era, nadie podía negarlo, pero también podría ser otra cosa.

-¿Sí?- dijo él tratando de disimular una sonrisa divertida- ¿Ahora qué? No iré contigo a ninguna parte.

-Lo sé, lo sé…- dije yo con un suspiro algo dramático- es sólo que… no soy un secuestrador, vaya, sólo soy un turista más… ¿Vienes solo a esta ciudad?

-Sí, regalo de graduación- dijo el otro chico y supe por la mirada de sus ojos que se arrepentía de haberme dado aquella información- estás asuntándome… ¿Quién eres?

- Blaine Anderson- dije yo extendiendo mi mano, mano que él no tomó- ahora ya no soy un extraño ¿Lo ves? También vengo solo de vacaciones y me preguntaba si… bueno… ¿Es tu primera vez en esta ciudad?

-Sí…- dijo él con la mirada llena de ilusión.

-Yo conozco todo acerca de este lugar- dije yo un poco más animado- Puedo mostrarte los lugares más asombrosos… ¿Has visitado ya la catedral? A la hora del ocaso, la música suena y miles de parejas bailan en el atrio y… ¿Me dejarías acompañarte? No soy un raro, ok, sí lo soy pero… ¿Podría…?

-No, Blaine- dijo él con seriedad y aun así, haciendo que mi corazón se derritiera por la forma en la que su voz pronunciaba mi nombre- estoy bien así, ahora si me disculpas…

-¡Hagamos una apuesta!- dije yo totalmente a la desesperada cuando sus pies comenzaron a moverse de nuevo.

-¿Apuesta?- dijo él, sonriendo ahora de forma espontánea, haciéndome pensar que en efecto, aquella sonrisa era una respuesta para todo también.

-Sí, una apuesta legal, de hombre a hombre- dije yo sintiéndome todo lo intrépido que no había sido durante mi vida- escucha… si volvemos a encontrarnos en otro lugar, me dejarás acompañarte y si no, los dos podremos olvidarnos de todo esto.

-Olvidar…- dijo él con la mirada triste de pronto, pero aun así mirándome con interés- ¿Cómo puedo estar seguro de que no vas a terminar siguiéndome?

-Te daré media hora de ventaja- dije yo sonriendo de forma tranquila- no saldré de aquí en todo ese tiempo. Tú puedes ir a donde sea en ese tiempo ¿No crees? Si volvemos a encontrarnos, te llevaré al lugar del que te hablé y si no, bueno, tú ganas y asunto terminado.

El chico sonrió divertido y tentado a ser parte del juego. Yo lo observaba con calma, desenado que dijera que sí, temiendo no poder encontrarlo de nuevo, pero aun así, seguro de que volveríamos a toparnos. Era el destino, tenía que ser nuestro destino.

-Está bien…- dijo él sonando realmente divertido- nos veremos pronto, entonces…

-Ok…- dije yo reprimiendo las ganas de ponerme a bailar de felicidad- por cierto, ¿Cómo debo llamarte cuando te encuentre?

-Encuéntrame y te lo diré- dijo él con una sonrisa juguetona que me aceleró el pulso- nos vemos después, Blaine…

Mis ojos se quedaron prendados en él, absorbí cada segundo de su figura perdiéndose entre las calles, de su cabello castaño brillando bajo la tibia luz del sol. No sabía que estaba haciendo, ninguno de mis actos parecía tener sentido pero no me importaba. Sólo sabía que tenía que encontrarlo de nuevo, que volver a perderlo era una equivocación. Que quizá mi espíritu y el suyo habían estado unidos desde siempre, esperando, sólo esperando por aquel encuentro.

Con un suspiro lleno de fe, mis manos sacaron la hoja de papel arrugado que contenía la lista de sitios que él planeaba visitar. Sonreí. Era una locura pensar que él en realidad iría a aquellos sitios en orden pero si no pasaba de ese modo, al menos seguía teniendo pistas. Mis dedos acariciaron el nombre del sitio que estaba después de aquella fuente, se trataba de un mercado de artesanías y libros antiguos que no quedaba nada lejos de aquel lugar.

Miré mi reloj y dándome cuenta de apenas habían pasado unos minutos desde que él se fuera, me acerqué a la fuente sacando de la bolsa de mi saco una moneda pequeña. Me sentía un poco tonto, pero aquel día parecía que la suerte estaba de mi lado así que, sin esperar más me descubrí lanzando aquella moneda al aire y pronunciando aquellas palabras con firmeza, con fe:

-Haz que vuelva a encontrarlo, haz que después de eso no volvamos a perdernos jamás.


NDA: Tenía planeado que esto fuera un ONE SHOT pero después de terminar todo mi trabajo (hartas actividades para mis clases) (sí, es que tenía que quejarme en algún lado) me di cuenta de que HOY ES EL CUMPLEAÑOS NÚMERO 2 DE ONE AND ONLY¡ Así que, fiesta¡ Sirva este pequeño escrito como regalo de mí para ustedes por toda la compañía, buena vibra y palabras bonitas que siempre me han regalado. Así que... nos leeremos pronto con la segunda parte de esta pequeña historia :D Ojalá les guste, y no se preocupen hermanas Seblainers¡ Pronto he de volver a TDD, no me odien :)