Hola :B éste es el primer capítulo de un fanfic dedicado a la pareja Hermione & Ron, inmediatamente post séptimo libro. Lo tengo pensado como para mayores de 18 años. Cualquier comentario es bien recibido =).
E
Ron miraba a Hermione durante largos minutos, hiciera lo que hiciera le parecía estar mirando a una criatura muy peculiar, muy bella, muy mágica… y muy gruñona cuando se lograba percatar de que el pelirrojo llevaba rato observándola.
- ¿Qué te sucede? – le preguntaba ella, con ojos grandes, a veces preocupada, a veces sonrojada, a veces irritada.
- Nada – le contestaba él, no pudiendo expresar, la mayoría de las veces, lo que de verdad sentía.
Hacia tan sólo unas semanas habían perdido a muchos seres queridos, otros tantos conocidos, sin embargo la vida continuaba y la mayoría de las personas, incluso los que habían sufrido pérdidas, se encontraban deseosos de hallar la felicidad. Y así se sentía Ron. Aunque Fred hubiese muerto, aunque ya no fuesen 7 hermanos, sino 6. Aunque ya no hubiese gemelos. Incluso habiendo todo eso, sentía paz. Y sobre todo ganas de estar con Hermione. Parecía que la represión de sus sentimientos durante tanto tiempo había llegado a su clímax, ya no podía ocultar su amor, su cariño, ni su deseo por ella. Le frustraba sentirla tímida a veces, lejana muchas otras.
Hermione había sufrido mucho cuando, al acabar todo y encontrar a sus padres en Australia, se encontró con la sorpresa de que devolverles la memoria iba a ser un proceso paulatino, muy lento, debido al largo tiempo en el que ellos estuvieron sin tener los recuerdos de su única hija. Muchas veces Ron la veía estudiar hasta largas horas de la noche, buscando la forma de apurar el proceso, sin encontrar una respuesta que la satisficiera del todo.
- Llevas mirándome todo este tiempo, Ron – le recriminó ella, algo apagada.
- Te miro porque me pareces preciosa – se apuró a contestar él.
Ambos se sonrojaron levemente. Ron se acercó a ella, despacio, estaban sentados uno al lado del otro, con sus rostros a tan sólo centímetros de distancia. Él no podía evitar sentir una oleada de calor cada vez que estaban así de cerca, y sobre todo cuando se quedaban solos en la madriguera. Sin embargo esas instancias parecían poner nerviosa a Hermione. El pelirrojo pareció notarlo, y sólo la besó en la mejilla dulcemente.
Harry pasaba mucho tiempo en casa de la madre de Nymphadora Tonks. Ella cuidaba a Ted, y luego de la muerte de los padres del pequeño, que tristemente incluían a su única hija, se sentía muy contenta y a gusto cuando el pelinegro la visitaba. Harry se sentía muy comprometido con su crianza, sentía que el niño era en parte suyo. No lo veía como su hermano menor, ni menos como un sobrino. Era su padrino, y eso le confería un grado de padre y amigo a la vez. Y Ginny siempre estaba contenta de acompañarlo.
- ¿A qué hora vuelven tus padres? – le preguntó ella.
- Creo que a la noche – no podía evitar mirarle los labios cuando estaban tan cerca.
- ¿Está muy mal tu tía?
- Algo así, es que no tiene nadie quien la cuide.
- Aaaah... tengo sueño, ¿te parece si dormimos una siesta?
Un poco más y se cae de la silla. La miró con los ojos grandes de sorpresa, incredulidad y expectación. Era la primera vez que ella insinuaba compartir la misma cama. Y solos en casa.
- ¿Estás segura? – preguntó atropelladamente.
- Ron, sólo dormiremos una siesta.
Le pareció ver una sonrisa en su rostro. Era la sonrisa más hermosa del mundo. Subieron a la habitación del pelirrojo. Él no había ordenado su cama, así que se apresuró a estirar las ropas, para que pudieran recostarse encima. Sin embargo, Hermione se quitó las zapatillas y se metió entre las sábanas. Él la imitó, todavía más sorprendido/emocionado. Ambos estaban boca arriba, sin mirarse. Un poco tímidos, un poco expectantes. Ella fue la primera que habló.
- Ron…
- ¿Sí?
- Discúlpame.
- ¿Por qué?
- He estado muy rara contigo estas semanas… no quiero que pienses que no te quiero.
El pelirrojo se apresuró a mirarla. Se había sonrojado de nuevo. Se recostó de lado para observarla mejor.
- No pienso eso Herms, sé que es por… bueno, tu sabes.
- De todas formas, Ron. Discúlpame.
- Ya, tranquila – la besó en los labios, despacio. Siempre que podía besarla, incluso cuando no era tan caluroso como él añoraba, trataba de disfrutarlo lo más posible. Muchas veces un beso que partía dulcemente, terminaba en una separación abrupta de parte de Hermione debido a que Ron comenzaba a estrecharla más de la cuenta.
- ¿Qué puedo hacer para recompensarte?
- ¿Có-cómo?
Hermione, que hasta entonces estaba de espaldas en la cama, también se puso de lado. Comenzó a besarlo lentamente en los labios, sin irrumpir con su lengua en la boca de Ron. Ella sabía lo que provocaba en él, y le gustaba. Pero a veces se sentía sobrepasada por la situación. Era una mezcla de miedo a hacerlo mal, de nerviosismo e incomodidad, pues nunca sabía con certeza cuanto tiempo estaban solos. Fue él quien introdujo la lengua primero. Siempre que podía lo hacía, era exquisito escuchar el leve, casi inaudible gemido que ella profería. La besó más profundamente y apenas un poco más rápido. Era primera vez que se besaban en una cama, tan juntos, tan vulnerables, tan cercanos. La mera situación lo excitaba como no lo había estado nunca. No pudo evitarlo, ni siquiera lo pensó. Se estiró y se colocó sobre ella. Hermione, sin pensarlo tampoco, abrió levemente sus piernas para que el cuerpo de él cupiera. Sabía que estaban sobrepasando cualquier límite al que hubiesen llegado antes. A este nivel ella sólo se dejaba besar, estaba bastante sorprendida. La situación era lo más erótico que hubiese hecho en su vida. Sentía la pelvis de Ron sobre ella, rozándola, él se movía un poco, pero sin aplastarla. Ahora dejaba de besarla en la boca y se dirigía a su cuello. Hermione sentía que cada vez se alejaba más del suelo, no podía reprimir gemir, apenas se percataba de que gemía cuando ya lo estaba haciendo, era algo incontrolable. Estaba vestida con un sweater delgado con escote en V, y Ron jaló un poco de el para hacerse de más piel. Besó su cuello, algo torpe, y no pudo evitar besar lo poco que se veía de sus clavículas. No pensaba en nada, él simplemente se dejaba llevar hasta donde ella no le había dejado nunca, sobre todo con esos leves y dulces gemidos de fondo. Movía un poco más su pelvis contra ella, quería rozarla y se sentía exquisito, aunque fuese a través de sus jeans. De pronto alargó una mano hacia un pecho. Y ella lo detuvo.
- ¿Qué – qué sucede? – preguntó, sorprendido.
Ella no supo qué responderle. Una parte de ella le rogaba seguir disfrutando, pero otra le advertía que, cruzado ese límite, iba a ser casi imposible detenerse. Le encantaba descubrirse menos niña con él, pero le asustaba pasar al siguiente nivel.
- Vamos muy rápido, Ron – se sonrojó al instante. Sintió vergüenza y un poco de tristeza. Él pareció notarlo.
- Perd… – lo dijo rápido, tan sólo al notar los ojos húmedos de ella.
- ¡No! No digas eso – se sonrojó de nuevo, no quería que sonara como si no quisiera repetirlo – yo quiero hacerlo contigo – Ron abrió tanto los ojos que sintió que se les irritaron levemente. Merlín sabía que él sólo quería hacerla suya, entrar en ella, ser el primero, pero también sabía que Hermione no era una chica fácil precisamente, sobre todo ahora que se encontraba triste por lo de sus padres – pero no todavía…
- Lo sé, Herms, perdóname, no debí…
- Ron, yo quiero hacer el amor contigo.
Ella lo miró de forma tan profunda, que se sintió invadido. El brillo de sus ojos castaños lo hizo tragar saliva rápidamente. Él también sentía eso, pero no había tenido la valentía para decírselo, y en cambio ella, se lo decía así como si nada.
- Y yo contigo – no pudo replicar más.
- Pero no todavía.
Hermione lo besó en los labios, y se dio vuelta, dándole la espalda. Ron se quedó quieto mirándola mucho tiempo. La situación era, por lo bajo, surrealista: allí estaban los dos, amigos durante 7 años, novios durante semanas, tocándose, rozándose por primera vez. Ella, vulnerable, triste pero apasionada como siempre; él, sorprendido, confundido, pero impulsivo como siempre. Solos en la madriguera, solos en la cama. En la misma cama. No supo cuantos minutos estuvo mirándole el cabello, sin tocárselo, tan sólo contemplando su espalda mientras la sentía respirar lenta y compasadamente. De pronto algo se estrelló en su ventana, se levantó con sigilo y miró. Era una lechuza pequeña, traía una carta:
"Ron, tendremos que quedarnos más de lo planeado, quizás una o dos semanas. Harry y Ginny cuidarán a Teddy junto a Andrómeda. Por favor no le prendas fuego a la casa. Tu mamá dice que te "cuides". Cariños. Papá."
Comenzó a latirle el corazón fuertemente. Volvió a mirar a su cama, con la carta todavía entre sus manos.
- Solos, dos semanas…
No se lo propuso, pero una sonrisa apareció en sus labios.
