¡Hello! Traigo una nueva historia que se me había ocurrido hacia tiempo pero no sabía cómo comenzarla. Iba a ser más... cómo decirlo... ¿salvaje? Sep, con más groserías y cosas sucias o.o pero luego pensé y dije "Nah... no es mi estilo", y escribí esto. La idea de esta historia es contar las diferentes formas en la que Daryl y Beth pudieron conocerse si no hubiese ocurrido lo de la serie. Espero que sea de su agrado. Esta pareja me pareció muy muy repentina que al principio no la estimaba, pero les he ido tomando cariño, sobre todo a Beth con quien he notado varias similitudes jaja xD Mi primer fic sobre Bethyl, tengan piedad u.u

Como siempre acepto quejas, opiniones, ideas, críticas y demás. Soy todo ojos.

¡Nos leemos abajo!


El sitio más oloroso...

Hacía ya tiempo en que negó la existencia de las hadas, el Conejo de Pascua, Santa Claus y alguna otra tontería que los adultos inventan para animar a los niños. Y comenzaba hacerlo con los milagros. El destino debía odiarla demasiado, o tal vez fue un ser extremadamente malvado en su vida anterior. Sólo aquello explicaría el motivo de sus impericias. Cual nube negra acumulada de lluvia que muestran en los dibujos animados, ella, era acechada por la enfermedad llamada mala suerte.

Meditando sobre ello se percata que su vida tomo un giro de 360 grados cuando comenzó a trabajar en el bar de Jake. Necesitaba un trabajo y optó, como última medida claro está, trabajar en el mal oliente y lúgubre bar para ganarse unas cuantas monedas y así juntar para la universidad. Las cosas comenzaron bien, hasta que le tocó los turnos nocturnos.

Motoqueros, borrachos desempleados, tipos en busca de mujeres, apostadores y algún otro tosco sujeto frecuentaban el bar. Y por Dios, no había noche donde alguna disputa o pelea hasta no poder más, no fuera el espectáculo estelar. Ya había barrido casi de todo, hasta dientes ensangrentados.

Pero eso no era lo peor... bueno, para ella.

Cada noche del viernes, al bar concurría el grupo The Walking Dead. Así, les llamaba Jake porque luego de unos cuantos tragos, los tipos eran el espejo de un muerto, sólo que podían respirar y formular alguna que otra frase casi imperceptible para los oídos humanos. Si alguna vez se les acercó un borracho a hablarles lo entenderían. Este grupito constando de cinco miembros eran los que le ponían los pelos de punta. Era perpetuamente llamada por ellos para que les sirviera cervezas y maní mientras se reían de ella, mofándose de su actitud asustadiza e introvertida. Sí, ella no pega nada en un bar de hombres. Motivo de esto, su torpeza se agudizaba cuando escuchaba llamar su nombre al cabecilla del grupo.

A veces deseaba que le llamaran por su nombre y no con adjetivos. Odiaba de gran manera cuando el tal Merle la llamaba "Lindura". O su compañero le decía "Ricitos de oro" a causa de su melena rubia. ¡Sin mencionar lo vulgares que eran!

No obstante, dentro del grupo había un sujeto que la ignoraba por completo. Como si su existencia fuera tan insignificante para él que no mereciera su atención... Ni el apodo de cualquier objeto. No. Él se dedicaba a beber y reírse de vez en cuando con las sandeces que los demás del grupo decían.

Fue por eso que generó un interés por él hasta el punto de cuestionarse a sí misma sobres sus sentimientos. Enloqueció cuando una tarde del sábado, aburrida en su casa, escribió sin pensar Daryl reiteradas veces en una hoja de cuaderno. Había escuchado al fin su nombre la noche anterior. Al caer de golpe a la realidad, percatarse de los hechos y la hoja con el nombre escrito de varias formas, creyó que el corazón le saldría por entre medio de las costillas. El golpeteo agitado y reiterado contra su pecho era imposible de controlar. Arrugo la hoja y la tiró lejos clamando que la tragase la tierra.

Ahora deseosa de un milagro para que le quite la descabellada idea de sentir algo por el sujeto mudo, le es imperativo. Ella jamás pensó que su corazón y cuerpo entero se estremecería con solo verle la oreja. Menos siendo un tipo que no parecía ser sociable o mostrar signo de predilección hacia la joven. Todo lo contrario.

-¡Oye, nena! ¿Por qué no me acompañas, eh? Acá tengo un espacio para ti.

Los días viernes le son agotadores. Cada tipo afanoso de acción, -y por acción ya saben a qué me refiero- acosaba a las mujeres como si sus intentos de conquista fueran cien por ciento factibles. Para colmo, además de atender a los TWD, le toca atender a un sujeto que llegó ya ebrio con olor a animal muerto destilando de su boca. El rostro de desagrado al verlo y sentirlo le fue inevitable.

-No gracias, señor. Debo atender las otras mesas. -Masculla tímida. El sujeto ebrio insiste con un agarre de su brazo. -Disculpe pero estoy ocupada... -La rubia intenta zafarse en vano lo que alerta a los demás.

-¡Eres una maldita perra! ¡Te he dicho que te quedes!

El sujeto se levanta súbitamente agarrándola con la otra mano del cabello, acercándola hacia él de manera abrupta. Los esfuerzos son infructuosos a causa de la fuerza de su agresor; y aunque advierte el ajetreo a su espalda para ayudarla, el tiempo le es eterno estando forcejeando. Quiere gritar, pero es interrumpida cuando el agarre del sujeto desaparece producto del golpe que le dan en su mejilla derecha.

Contempla a su ayudante y su corazón le da un vuelco. Junto a ella, con una mirada penetrante, por quien escucha canciones románticas en la radio, permanece dispuesto a volver demostrar su fuerza en el sujeto hostigoso. Mas éste, luego del golpe, queda gimiendo asustado en una posición fetal. La escena no puede ser más patética para la joven, quién comienza a sentir lástima por el ebrio.

Mira de reojo al castaño comprobando qué hace. El silencio que fue desarrollado luego del puñetazo, es quebrado cuando su salvador parece querer largarse del lugar. Hace caso omiso a los gritos de su grupo interrogando su inesperada acción. Su paso es firme hacia la salida y la rubia teme no volver a verlo. Se quita el delantal y lo sigue despacio hasta la desolada calle.

-Espera...

La rubia lo sigue con un trote suave hasta alcanzarlo y posicionarse junto a él para caminar a la par. El castaño parece ignorarla otra vez sacando de sus bolsillos un cigarrillo y encendedor.

-Gracias... por haberme ayudado. No sé qué pasó por la mente del sujeto. -La joven sacude la diestra para apartar el humo de cigarro que se expande por el ambiente. -Así que... sólo eso. -

Cesa el paso de a poco hasta detenerse al no recibir respuesta. Él continúa caminando.

-¡Daryl, detente ahí!

Su grito llega hasta los oídos del castaño quien se detiene de inmediato y se gira hacía ella. Las mejillas pálidas de la rubia se tiñeron a rojizas cuando sin pensar dio la orden. Se tensó aún más cuando él camino hasta pararse frente a ella.

-¿Qué?

-No sé... grité sin pensar. -Confiesa encogiéndose de hombros. Agradeció que la calle sombría ocultase sus mejillas carmesí y lo nerviosa que se encontraba. - Por... ¿Por qué me ignoras?

Logra formular la pregunta de manera que se oyera sin titubeos. El castaño alza una ceja castaña y exhala el humo de sus pulmones.

-Porque no eres mi tipo. -La respuesta es como una patada en la cabeza. En el rostro del mayor se dibuja una leve sonrisa. - Si la próxima semana me das una cerveza gratis, puede que te lo diga.

La rubia entre cierra los ojos mirándolo con desconfianza. Y luego suspira resignada, preguntándose si aquello es una excusa para beber más o para alargar la charla. Sin embargo, no podía pedir más. Después de todo al fin pudo hablar con él y tiene el presentimiento que así será por un largo tiempo.