Dolor.
Disclaimer: Ninguno de los personajes vistos aquí me pertenecen, son todos obra y creación de J.R.
El pequeño Hobbit escondió su cara entre sus manos y dejo salir las lágrimas de manera desconsolada, justo al lado del cadáver del que por meses había acompañado en su travesía, del que había sido su amigo a pesar de las primeras malas primeras impresiones, aquel hombre a pesar de haberse consumido por la codicia de todo aquel oro, su rey, Thorin.
Bilbo volvió a desviar la vista al hombre que ya hacia muerto a su lado, más que muerto parecía estar dormido, con el rostro apacible y en paz, muy diferente al rostro que hace semanas atrás había estado presenciando gracias a la maldición del oro, todo aquello había pasado por el maldito oro…todo había pasado por que había entregado la maldita piedra del arca en su búsqueda de reconciliar a Thorin y lograr que se disipará la maldición…pensó que lo que Thorin necesitaba era la piedra, pero no, Thorin lo había querido todo…la maldición lo había hecho así.
Como deseaba no haber sido tan débil, si tan solo no se hubiese dejado golpear, si tan solo hubiese peleado Thorin aun estaría vivo, pero ya no había tiempo para lamentos, el pasado pisado y el ya no podía hacer nada para salvar a su amigo, a la única persona por la cual sintió amor, amor genuino, amor real, amor que jamás pudo concretar.
El pequeño ser trago en seco y se alejó del cadáver sin mirar atrás, sentía un dolor en su corazón y sentía que si miraba el cuerpo de su amigo otra vez no sería capaz de abandonarlo, quería ser enterrado junto a él, así sin más. Se sentó en un escalón que le quedaba próximo y trato de regular su respiración, volvió a meter su cara entre sus manos y soltó un suspiro, cerró los ojos y se quedó así por un largo rato hasta que sintió pisadas subiendo los escalones, levanto la cara y se encontró de frente con el rojizo atardecer.
¿Así acababa todo? Al parecer por más muertes que habían pasado al tiempo no le importaba pues allí estaba el atardecer, hermoso como siempre y teñido de rojo aunque no hubiese batalla alguna. Bilbo empezó a cuestionarse si todo había valido la pena, haber conocido a Thorin había abierto una brecha gigante de alegría en su corazón y ahora con su muerte aquella brecha había quedado solo rellena de simples recuerdos, recuerdos de Thorin, recuerdos de Kili y Fili, recuerdo de todos sus compañeros, pero al final de todo ¿valía realmente la pena?
El Hobbit salió de su ensimismamiento cuando sintió que alguien se sentó a su lado, era Gandalf que empezó a limpiar su pipa con vehemencia, Bilbo trato de no descargar su ira y dolor contra aquel hombre, puesto a que por su culpa había llegado allí, por su culpa había conocido a Thorin y indirectamente era su culpa que estuviese sufriendo.
Le dirigió una mirada analítica al hombre que parecía no estar triste por tanta muerte y destrucción, parecía estar en una paz apacible que nadie, ni el ser más oscuro sería capaz de revocar. El viejo hechicero le dirigió una mirada y sonrió, una sonrisa grande y autentica que hizo que Bilbo se quedara pensativo.
Que tonto había sido, claro que todo aquello había valido la pena, cada lagrima, cada gota de sangre, cada pelea, cada risa, cada batalla y cada amistad forjada había valido la pena, inclusive las muertes habían valido la pena, después de todo la muerte solo es otro camino, uno que todos debemos tomar, muchos que viven merecen la muerte y muchos que mueren merecen la vida, pero es algo inevitable que a todos ha de llegar, tarde o temprano solo somos hijos del tiempo que llega a reclamar algo que le pertenece, algo que teníamos prestado.
